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Tengo 40 años y vivo con mis padres. ¿Qué hago?



Soy un hombre de 40 años que ha vivido mucho tiempo por su cuenta, pero que por diversas circunstancias tuvo que volver a casa de sus padres. No perdí mi empleo, afortunadamente. Más bien, la revista en que trabajo —soy diseñador gráfico— perdió varios anunciantes, por lo que presentí que no tardaría mucho en cerrar sus puertas definitivamente.

Por tanto, decidí no renovar contrato con mi casera, y usé el dinero destinado al pago de la renta para mudarme y arreglar mi antiguo cuarto, el cual pasó de geek a cool en sólo un día.

En cuanto llegué a casa le dije a mi madre que cada mes que durara la revista le daría a ella lo que yo pagaba de renta, y como es muy administrada y le alcanza bien con su pensión de jubilada, usó el dinero para remodelar su hogar, el cual tenía muebles casi tan viejos como yo.

Al mismo tiempo, mi hermano me convenció de seguir pagando lo que yo gastaba en servicio de cable, pero sumado a lo que ellos pagan —o sea, contratar el servicio más caro disponible— de manera que ahora tengo un internet mucho más rápido y un grabador digital con el que puedo ver todas las películas que pasan en cable, cuantas veces quiera y a la hora que quiera.

¿Valió la pena?
Y seguramente habrá quien piense: ¿Valió la pena perder tu libertad y tu dinero por temor a quedarte sin trabajo? A lo que yo respondo: fue una de las mejores decisiones que he tomado. Y les explico: cuando uno vive solo gasta mucho, pues todos los gastos de la casa son responsabilidad tuya, pero en el momento en que unes fuerzas con alguien más, tu estilo de vida mejora y ahorras dinero al mismo tiempo.

De hecho, estoy ahorrando tanto que pude hacer un viaje a Cancún con la familia sin tocar el dinero destinado a mi retiro o a los gastos del mes. Viviendo solo seguramente no habría podido juntar tanto dinero en tan poco tiempo, así que habría tenido que pagar con tarjeta y endeudarme.

Y en cuanto a perder mi libertad, yo no lo siento así. Todo lo que siempre quise hacer ya lo hice, así que ahora puedo disfrutar de una vida tranquila en familia, sin excesos ni desvelos. Y si quiero puedo hacerlo, tampoco es como si tuviera prohibido irme de parranda. Eso de “mi casa, mis reglas” se acabó en el momento que dejé de actuar como un niño.

No me he vuelto loco…
Ha pasado casi un año desde que volví a casa y la revista sigue viva. Nos cambiaron a una zona donde la comida es cara —antes comía en fonda todo el tiempo—, así que ahora cargo topers con comida casera, la cual es otra ventaja de vivir en casa de tus padres: gastas menos y comes más sano, por lo que también ahorras en medicina.

Yo preferí darle a mi madre el dinero que gastaría comiendo en la calle para apoyar a la casa y para no ser una carga para ella, y aún así gasto menos de lo que me costaría comer en la calle cinco veces por semana.

El plan
Quizá piensen que mi tirada era dejar que mi madre me mantenga al perder mi empleo, pero no. El plan en un principio fue reducir todos mis gastos para no tener que preocuparme durante el tiempo que me tomara encontrar otro trabajo, y sin dejar de pagar las cuentas del mes. ¿Y por qué sigo ahí después de casi un año? Porque mi capacidad de ahorro hoy es mucho mayor de lo que pude haber imaginado cuando vivía por mi cuenta. Es claro que volveré a independizarme en el futuro, pero de momento esa no es una prioridad para mí.

Los consejos
Finalmente quiero darle un consejo a todos los que trabajan y viven en casa de sus padres: no vean el darles dinero como una obligación, sino como una oportunidad de regresar un poco de todo lo que han recibido de ellos. Piensen que su presencia ahí genera un gasto de luz, agua, gas, etcétera. Traten de no ser una carga para ellos, pues esa es la base para poder independizarse.

Y una cosa bien importante: decidan desde antes qué van a hacer con el dinero para no tirarlo después en cosas que no piensan usar. Es decir, al sumar los ingresos de la familia con los tuyos puede parecer mucho dinero, por lo que empiezan a gastar en cosas que no necesitan realmente. En mi caso, pagar por una conexión más rápida sí tiene sentido, al igual que una señal de TV en alta definición, pues diario usamos estos servicios. De lo contrario habría sido dinero tirado a la basura.

Y por favor, destinen parte de ese dinero a su fondo para el retiro. ¿Recuerdan la parte donde les dije que mi madre tiene su pensión de jubilada? Probablemente ninguno de nosotros reciba un apoyo igual al cumplir 60 años, por lo que cada peso que ahorren de jóvenes será de gran importancia al llegar a la vejez. Acostúmbrense a ahorrar y a no tocar ese dinero, pues de nada sirve hacerlo durante muchos años si terminan por gastarlo antes de que realmente lo necesiten.

Y no dejen de leer Blog y Lana. Consejos como “gasta menos de lo que ganas” o “en época de abundancia es cuando más debes ahorrar” son la diferencia entre llevar una vida tranquila y estar sufriendo todos los meses para poder pagar tus deudas.

Yo sí estoy de acuerdo en que los hijos abandonen el hogar a los 25-30 años de edad, ya que es una experiencia necesaria para su crecimiento personal —y es mucho mejor hacerlo cuando viven los padres, pues ellos son tu red de seguridad en caso de que algo salga mal—. Lo que considero un problema es que no abandonen el hogar y tampoco ayuden con los gastos de la casa. Esa es una clara señal de inmadurez que tarde o temprano les traerá consecuencias negativas.
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