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Teófilo Gutierrez: "No tiraron los rates del server"

Es increíble. Pasarán muchos días y más noches para tratar de entender lo que le pasó a River ante un tal Juan Aurich. Habrá que ver si en el replay de alguna de las jugadas de Teo la pelota no sale caprichosamente hacia la red. Lo que se vivió en el Monumental fue un palazo. Un golpe de nocaut. Porque lo que era una posible goleada terminó siendo un agrio 1-1. Gabriel Mercado abrió el juego con un rebote. Y Marcos Delgado lo cerró con una piña tremenda. River quedó con tres puntos, compartiendo el último puesto del Grupo 6 con San José y comprometido para meterse en los octavos.

El gol del final de Juan Aurich desnuda todos los lamentos de River. Es que el equipo de Gallardo, que esta vez no fue de Gallardo ya que el Muñeco lo vio desde la platea, sigue sin ganar en la Copa. Se chocó con la misma piedra que la semana pasada: su impericia y falta de fortuna en los últimos metros. El ratio de llegadas y goles es mínimo.

La diferencia de River y Juan Aurich es mayor que la que existe entre el pasto del Monumental y la alfombra de Chiclayo, o la que hay entre Teo Gutiérrez y Tejada. Pero esa disparidad se abrevió en el arranque del segundo tiempo por la falta de intensidad de los muchachos de Gallardo. Tanto es así que, a fuerza paciencia y un poco de fortuna de su arquero Gallese, el equipo peruano llegó a emparejar durante un rato el juego.

River siempre supo que ganar era la única palabra posible. Arrinconó a su rival, le desarmó rápidamente esa endeble línea de cinco que los peruanos dispusieron cerca del arco de Gallese. Una lesión de Vangioni generó un cambio obligado: entró Funes Mori. El guión de River no se modificó. Fue, fue, fue. Abrió la cancha muy bien con Rojas. Y llegó al 1-0 gracias a una asistencia-blooper de Teo. Y al olfato de Mercado. A esa altura, parecía que llegaría la tranquilidad.

Nada de eso. Sabiendo que el partido estaba abierto, y por temor a sufrir como en Perú, River buscó precisión en velocidad con el ingreso del Pity Martínez en lugar de Pisculichi. La cancha se volvió a inclinar como en el primer tiempo. Pero el arco se fue cerrando. Y empezaron los palos. Y más llegadas de Mora. Hasta que Delgado generó un grueso dolor en el Monumental. Increíble.




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