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Terceros y arañando [Relato Autobiográfico]

Terceros y arañando
por ozonowalklr


El paso transitorio de Independiente por la B Nacional quedará marcado en mi cuerpo y en mi memoria como uno de los episodios más traumáticos de mi vida.
Digo también en mi cuerpo porque llevo, en el dedo medio de la mano derecha, una cicatriz que más que negligencia propia parecería ser producto de una catarsis necesaria para tolerar casi 40 partidos de muerte distribuidos en 360 y pico de días por un Dios impiadoso.
Definitivamente hay luz después del túnel, pero a nosotros se nos hizo eterno en parte por los pecados cometidos años atrás por una dirigencia corrupta y por el exceso de inocencia de jugadores y dirigentes más cercanos en el tiempo, que casi nos dejan chapaleando boquiabiertos en el limbo.




Pero cada vez que nos caímos nos levantamos con más fuerza y esa actitud masoquista devino en un vicio irresistible durante los últimos encuentros en la segunda categoría del fútbol argentino.
Tres partidos consecutivos en los que empezamos perdiendo para terminar dándolos vuelta 2-1. Como si el cachetazo de realidad llegara para despertarnos de una pesadilla que creíamos lejana.
Así sucedió también en uno de los partidos clave contra Instituto en Córdoba, en la penúltima fecha, que pudimos revertir gracias a un zurdazo prodigioso de más de 20 metros del “Rolfi” Montenegro y el oportunismo goleador de Penco, que en un corner pescó un rebote debajo del arco poco antes de que finalizara el partido.



link: https://www.youtube.com/watch?v=AwpTnANeHUc

Instituto en ese momento estaba cuarto, a un punto de Independiente, y la derrota lo dejó afuera de la pelea por el Ascenso y al “Rojo” a una victoria de conseguirlo (finalmente el objetivo se postergó un partido de infarto más ante Huracán, que en la última fecha le ganó a Almirante Brown y lo mandó al descenso, alcanzó en puntos a Independiente y forzó a un desempate).
Todavía escucho las explosiones implacables de los cohetes que tiró algún vecino hijo de puta inmediatamente después del gol de Instituto, que –para aumentar el mal tino- convirtió un ex lateral de Independiente.




Tenía tanta rabia que, para sacármela un poco de encima, la culpé a mi vieja de mufa y le prohibí seguir viendo el partido conmigo.
También puteé a mi viejo (que pudo ver el primer tiempo antes de ir a laburar), por haber atraído la desgracia al recordarme el pasado “Diablo” de Raúl Damiani antes de que metiera la cola en el primer tanto.
Cuando Montenegro puso el empate, sacudiendo el arco de Chiarini de un bombazo, no lo grité demasiado. Hice un esfuerzo sobrehumano para contenerme y gritarle el gol al vecino hijo de puta a viva voz, pero en el atropello por querer salir al fondo se me vino abajo el vidrio de una de las hojas de la puerta y se me incrustó un pedazo de vidrio en el dedo llamado apropiadamente “fuck you”.



Mi viejo tuvo que interrumpir su trabajo para llevar al nabo de su hijo al hospital e impedir que muera desangrado.
Y tuve suerte que después del hospital no me encerraran en algún loquero, porque mis viejos tenían la sospecha –justificada, por cierto- de que había roto el vidrio intencionalmente de un puñetazo.
Por suerte la herida infligida en la yema del dedo era una prueba objetiva de que no había intentado arremeter a trompadas contra la puerta, pero aún así me costó bastante trabajo convencer a mi familia.
Me enteré del segundo gol de Independiente en el hospital, antes de que me atendiera la guardia y por intermedio de un enfermero de acento apesadumbradamente cordobés que estaba viendo el partido por TV junto a un grupo de doctores.
Salí del hospital con el dedo vendado y una sonrisa triunfal que no titubearía hasta el partido siguiente con Patronato, de locales, y no volvería a surgir franca y libertaria después del 2-0 ante Huracán y con el ascenso consumado.
Llegué a casa y me puse a festejarle el triunfo al vecino “en la cara”, entonando cánticos futboleros y revoleando la campera deportiva blanca toda salpicada de sangre, que flameaba como la bandera del club, metáfora perfecta de la victoria tan sufrida (lo mismo que el campeonato).
Terceros y arañando… lo había anticipado el defensor central Cristian Tula antes de que comenzara el torneo del Argentino B.




Siempre me voy a acordar de esas palabras y de otros tantos momentos que se las ingenian para caber en el tajo de 5 cm que me hice en el dedo de la mano derecha.
Afortunadamente la herida ya cicatrizó.
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