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Teseo - Parte III - El Minotauro

Esta terrible historia encendió el amor por la aventura de Teseo, fortaleciendo su decisión de acompañar al triste convoy para medir sus fuerzas contra el imponente Minotauro y, a ser posible, salvar su país de futuras exigencias similares.

"Así gruñía Ática, oprimido con las desgracias;
los males de su país encienden el corazón del valiente Teseo;
su generoso espíritu resuelve salvar
a la gran prole de Cécrope de una tumba atemporal".
Catulo.


Ni siquiera las lágrimas y ruegos de su padre pudieron hacerle desistir de sus propósitos y, habiendo llegado la hora, subió en la embarcación de velas negras que habría de transportar el tributo anual a Creta, prometiendo que cambiaría las velas negras por unas blancas como la nieve si era lo suficientemente afortunado como para volver victorioso.

Vientos favorables arrastraron pronto la galera hacia la lejana Creta, y mientras navegaban por la costa buscando el puerto, fueron retados por el gigante de bronce Talo, quien daba tres vueltas diarias alrededor de la isla, matando con el contacto de su cuerpo incandescente a todo aquel que fuera ajeno a la isla.



Sin embargo, consciente de que el barco de velas negras traía un surtido fresco de muchachos y doncellas para el Minotauro, los dejó pasar sin causarles ningún daño; las víctimas fueron presentadas ante Minos, quien inspeccionó personalmente la nueva mercancía, para asegurarse de que no estaba siendo engañado por los atenienses.

Al lado del monarca permanecía su bella hija Ariadna, cuyo buen corazón se llenó de compasión cuando contempló a las frágiles doncellas y a los apuestos muchachos que estaban a punto de sucumbir ante una muerte tan odiosa. Teseo, por derecho de nacimiento, reclamó el derecho de ser la primera víctima, petición que fue concedida por el rey con una sardónica sonrisa, antes de regresar impávido a su festín.

Sin ser vista por nadie, Ariadna salió de palacio y, arropada por la oscuridad, se introdujo en la prisión donde Teseo estaba prisionero. Allí le ofreció temblorosa un ovillo de hilo y una afilada espada, pidiéndole que atara un extremo del ovillo a la entrada del laberinto y guardara el otro en su mano como forma de encontrar de nuevo la salida si la espada le permitía matar al temido Minotauro. Como muestra de gratitud por esta oportuna ayuda, Teseo prometió solemnemente llevar a Ariadna a Atenas como su prometida, si tenía éxito en su empresa.

Al amanecer del día siguiente, Teseo fue conducido a la entrada del laberinto, donde se le dejó a merced del Minotauro. Como todos los héroes, prefirió ir en busca del peligro antes de permanecer inactivo, por lo que, teniendo en mente las instrucciones de Ariadna, ató un extremo del ovillo a la entrada, introduciéndose después audazmente en los intrincados caminos del laberinto, donde los huesos esparcidos le revelaron el destino que habían corrido los que le habrían precedido.

No había caminado mucho cuando ya se encontró con el Minotauro - una criatura más horrible de lo que la fantasía pudiera llegar a describir-, por lo que se vio forzado a usar todas sus habilidades e ingenio para evitar caer víctima del apetito del monstruo y toda su fuerza para acabar con él de una vez por todas.

Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog: http://thechestofdreams.blogspot.com.es/
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