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Teseo - Parte IV - La huida de Creta

Tras matar al Minotauro, Teseo retrocedió rápidamente sobre sus pasos.

"Y la ingeniosa indicación,
preparada en secreto por la enamorada doncella,
guió sus pasos por el curvado laberinto".


Catulo.


Tras llegar al lugar donde su barco había echado anclas, se encontró a Ariadna y a sus compañeros esperándole y, tras embarcar, ordenó a los marineros que levaran anclas lo antes posible. Casi se encontraban lejos del alcance de las costas cretenses, cuando Talo hizo acto de presencia, el cual, consciente de que los prisioneros de su señor estaban a punto de escapar, se inclinó para coger la embarcación por su cordaje.

Teseo, tras ver lo que se proponía, saltó y le asestó un golpe tan terrible al gigante que éste perdió el equilibrio y cayó al profundo mar, donde se ahogó, y donde las fuentes termales son aun testigos del calor de su cuerpo de bronce.



El barco, favorecido por el viento y la marea, llegó al puerto de Naxos, y sobre sus orillas descendieron los jóvenes y las doncellas para contemplar la bella isla. Ariadna se apartó a un lado y se tumbó en el suelo para descansar, y antes de que se diera cuenta, se quedó dormida. Teseo, aunque muy valiente, era de carácter voluble, y ya se había cansado del amor de Ariadna; cuando la vio dormida, convocó despreciablemente a sus compañeros, embarcó con ellos y levó anclas, dejándola sola en la isla, adonde Dionisio pronto llegó para consolarla por la pérdida de su infiel amante.

Teseo, habiendo cometido un acto atroz ante los ojos de los dioses y los hombres, fue condenado a sufrir un castigo justo. En su preocupación, olvidó totalmente su promesa de cambiar las velas negras por unas blancas, por lo que Egeo, viendo desde la costa rocosa las velas negras del barco que se aproximaba a tierra, supuso inmediatamente que su hijo estaba muerto, y en un arranque de dolor se arrojó al mar, el cual se conoce desde entonces como el mar Egeo, donde él pereció:



"Al igual que las nubes son conducidas desde las nevadas cimas
de las montañas, por las duras ráfagas del cielo,
así huyeron ante la memoria de Teseo perdido
los preceptos, que ante tal razón se tambalearon;
pero ahora su padre, desde las alturas de las murallas,
bañado en lágrimas, dirige su anhelante vista;
sobre el ancho mar, dilatado por el vendaval,
espiando, con perplejo asombro, las espeluznantes velas".


Catulo.


Mientras entraba en la ciudad, Teseo se enteró de la muerte de su padre, y cuando se dio cuenta de que había sido a causa de su descuido, se vio abrumado por el dolor y el remordimiento. Todos los ciudadanos reales y las sabias medidas que tomó para hacer feliz a su gente no pudieron apartar su mente de tan terrible catástrofe: finalmente, decidió dimitir de sus poderes y salir de nuevo en busca de aventuras, para olvidarse de sus infortunios. Consiguientemente, emprendió un viaje a la tierra de las Amazonas, lugar que ya había visitado Hércules, y de donde se trajo a Hipólita, con la cual se desposó.

Teseo fue desde entonces muy feliz, y todas sus esperanzas se vieron coronadas con el nacimiento de su hijo, a quien llamó Hipólito. Poco después de tan alegre acontecimiento, su país fue invadido por las Amazonas, bajo el pretexto de rescatar a su reina secuestrada; durante la batalla, Hipólita fue accidentalmente herida por una flecha, exhalando su último respiro entre los brazos de Teseo.

A continuación, Teseo se encaminó con el ejército ateniense a luchar contra Pirito, rey de los lapitas, el cual había osado declarar la guerra; sin embargo, cuando los dos ejércitos estuvieron frente a frente, los dos jefes, asaltados por una súbita simpatía mutua, arrojaron sus armas y, arrojándose al cuello del otro, se abrazaron para jurarse amistad eterna.

Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog: http://thechestofdreams.blogspot.com.es/
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