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¿Tiene el Gobierno de Kiev un plan?

Nota del editor: Sergei Kirichuk es uno de los líderes del movimiento socialista “Borotba” (Lucha). Durante años ha luchado contra el régimen oligarca de Viktor Yanukovych. Hoy Kirichuk y sus camaradas organizan la resistencia contra las nuevas autoridades. Por ello se han convertido en blanco del terror de la extrema derecha y de la represión policial. Los propagandistas de Kiev han calificado a Kirichuk como uno de los líderes “separatistas” y los nacionalistas de extrema derecha ucranianos han incluido su nombre en la lista de “enemigos de la nación ucraniana”



Ucrania lleva mucho tiempo al borde del colapso económico. Pero el reciente empeoramiento de la crisis económica refleja un fallo convulsivo y generalizado del sistema financiero del país. El valor abismalmente bajo de la divisa nacional, que ha pasado de la marca de 14 hryvnas por dólar, no ha supuesto el estímulo esperado para las exportaciones. Al contrario, la depreciación de la moneda ha venido acompañada por un declive en la producción y un aumento de precios, indicadores clásicos de la estanflación (combinación de estancamiento económico, aumento de las tasas de paro e inflación). En otras palabras, el aumento del paro no está provocando una caída de los precios, mientras que la inflación no estimula el crecimiento de la producción, que debería ganar competitividad debido a la depreciación de la moneda nacional.



La población es la principal víctima de la inflación, ya que sus ingresos declinan precipitadamente. En el pasado, los zares económicos de Ucrania habrían recurrido a la intervención monetaria: inundar el mercado de divisas a expensas de las reservas estatales. Pero el Fondo Monetario Internacional ha prohibido ahora al Banco Nacional reducir sus reservas de oro y divisas extranjeras, que tiene que mantenerse en los niveles actuales para poder obtener otros créditos del FMI.




Mientras tanto, los sectores de mayor tecnología de producción industrial se están hundiendo. La producción de la planta automovilística de Zaporozhye se limita, mientras Motor-Sich, que produce motores de aviación, anuncia que traslada su producción a Rusia. La planta de montaje Kremechug (que manufactura vehículos para Geely y SsangYong), que en 2013 ensambló alrededor de 10.000 vehículos, 2,8 veces más que el año anterior, acaba de anunciar su cierre y traslado a Kazajistán. Kherson Shipyard, uno de los fabricantes de barcos más importantes de Ucrania, acaba de declararse en bancarrota.

Como es natural, se espera un cese o reducción de producción en las industrias de alta tecnología (la producción de turbinas, por ejemplo), cuya producción tiene como mercado la Unión Aduanera Euroasiática.



Los hipotéticos beneficios de la entrada en el mercado libre de la Unión Europea no solo no compensarán las pérdidas económicas, sino que causará aún más problemas para industrias antes en auge. Por ejemplo, los productores agrícolas, que han exhibido cierto dinamismo en los últimos años, tendrán que competir con productores de la UE que reciben enormes subsidios de sus gobiernos. Además, los productores de artículos de alto valor añadido (como comidas precocinadas, por ejemplo) encontrarán reticencias de parte delos consumidores del mercado europea. Como ocurre con los consumidores ucranianos, los compradores europeos prefieren comprar productos locales cuando van al supermercado.

El conflicto armado también ha agravado la situación del sector energético. Como el gas ruso solo estará disponible, como mucho, en bajas cantidades, el país necesita aumentar su producción de carbón. El último domingo de agosto, cuando Ucrania tradicionalmente celebra el día de los mineros, fue uno de los días más tristes de toda la existencia de la industria. Las minas, que habían sido bombardeadas, destruidas o simplemente cerradas, no pueden cubrir las demandas de combustible del sector energético del país.




En los últimos años, muchos patriotas han llegado a la conclusión de que las minas de Donbass no son rentables. Muchos han llegado a sugerir que el sangriento conflicto militar en el este sería una buena vía para deshacerse de la obsoleta industria soviética y tirar a la basura de la historia al carbón. Pero la inminente crisis económica y la llegada del invierno amenazan la infraestructura de la mayor parte de ciudades ucranianas. Alrededor del 42% de la electricidad ucraniana deriva de las plantas térmicas, que necesitan carbón. Sin combustible, las plantas térmicas no solo no pueden crear calor, sino tampoco electricidad, con lo que el creciente número de calefactores de agua caliente o sistemas independientes de calefacción no resolverán el problema de la calefacción o el agua caliente, sino que empeorarán significativamente la crisis a causa de aplicar una carga excesiva sobre el cuadro eléctrico.





Aunque el Primer Ministro Arseniy Yatseniuk ha estimado en 5 billones de metros cúbicos las necesidades de gas ruso, el antiguo Ministro de Energía, Ivan Plechkov, cree que el Gobierno está utilizando información falsa y subestimando el nivel de escasez energética. Según Plechkov, Ucrania necesita entre 10 y 15 billones de metros cúbicos de gas.



Los gobiernos europeos y las principales compañías de gas, todas ellas relacionadas formal o informalmente con Gazprom, no tienen prisa por rescatar a Ucrania, mientras que la idea de revertir el curso del gas desde Eslovaquia no es una solución práctica.

Es posible que en un futuro cercano seamos testigos del colapso de la infraestructura urbana de Ucrania. Es simbólico que la “Revolución de la Dignidad” proclamada como una guerra contra el pasado totalitario soviético, que declaró superfluo a todo el que no la apoyara como una “celebración de la vida”, se vea obligada a batallar contra los elementos más fundamentales de la economía y la infraestructura, todo ello en nombres de la integración europea. La “elección europea” es, en el campo económico, el rechazo a la manufactura industrial y a las minas “no rentables” y a todos los elementos de la población que trabajan en esas industrias, así como a las regiones en las que se lleva a cabo la producción.




La experiencia de Bulgaria, Rumanía y los estados Bálticos enseña como acaba la integración capitalista europea: desindustrialización rampante, reducción de instalaciones energéticas y una completa reorientación de importaciones. Para estos países, la libertad de movimiento de la mano de obra compensó parcialmente las pesadas consecuencias de estas políticas. La parte educada y económicamente activa de su población partió hacia las principales economías europeas (Alemania y Reino Unido) y ocuparon las posiciones peor pagadas de esos mercados laborales. Un cuarto de la población de Letonia, por ejemplo, ya ha emigrado en busca de trabajo. La economía ucraniana no tiene esa oportunidad de compensar las pérdidas: en primer lugar porque no dispone de la posibilidad de eliminar los requerimientos de visados en un futuro próximo, y en segundo lugar por la reducción de empleos en Europa. Mientras tanto, los trabajadores inmigrantes de los más recientes miembros de la UE están creando presión a la baja en el mercado de bajos salarios. En otras palabras, los trabajos menos valorados de la UE ya están cubiertos y no se prevé una expansión del mercado laboral que sería necesaria para acomodar a los trabajadores de la estancada Ucrania.





Mientras tanto, el Gobierno de Kiev ha declarado la guerra económica a Donbass. Los residentes en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk han dejado de recibir beneficios sociales. Los gobiernos de las repúblicas ya han anunciado que garantizarán los pagos de estos beneficios en la región. Como es natural, no sorprende a nadie el poco interés que el Gobierno ucraniano muestra por el bienestar de sus ciudadanos medios mientras que sí muestra interés por las empresas. A pesar de las operaciones militares, de la muerte y de la destrucción, las autoridades fiscales continúan imponiendo multas a las empresas por impago de impuestos, mientras que los acreedores aumentan la presión sobre los deudores de pagos.

En la esfera política, el Gobierno de Kiev trata de imponer una dictadura populista de derechas. Y si para ello el Gobierno emplea tácticas de violencia policial directa, destrucción de oficinas, arrestos e intimidación de izquierdistas, su relación con la extrema derecha es aún más compleja. No es solo que esta tenga un apoyo significativo entre la población, sino que están bien armados y organizados. Ejercen presión política sobre el Presidente, lo que le ha puesto visiblemente nervioso. La estrategia de Poroshenko en lo que a la extrema derecha se refiere es su envío masivo al frente, esperando su destrucción física, mientras que ocupa el flanco derecho con payasos políticos como Lyashko (protegido de Sergei Levochkin).





La derecha es perfectamente consciente de los planes del Presidente, por lo que prepara un golpe político-militar a cambio. Parece que el actual gobierno de derecha podría girar incluso más a la derecha.

La situación militar empeora para el Gobierno con cada día que pasa. La ofensiva de la República Popular de Donetsk sobre Mariupol y la derrota de Ilovaisk han forzado al Presidente Poroshenko a declarar que existe una invasión militar rusa. Al mismo tiempo, las autoridades ucranianas se han resistido a declarar la guerra o la ley marcial por temor a las consecuencias de dar ese paso.Declarar la ley marcial no solo haría imposible la celebración de elecciones parlamentarias, sino que haría imposible recibir la asistencia militar que Kiev espera.






El Gobierno ha puesto sus esperanzas en la histeria patriótica que ha barrido la capital y otras zonas del país. En estas circunstancias, cualquier forma de protesta se calificaría como actos subversivos y se reprimiría con dureza. Pero aún hay regiones que ven al Gobierno de Kiev con escepticismo. Kharkov y Odessa, que siguen bajo el control de las fuerzas del Gobierno, no comparten esos “sentimientos patrióticos” y podrían convertirse en trampolín de la resistencia política al Gobierno. Esas líneas, regiones donde la lealtad al Gobierno es mínima, podrían convertirse en un segundo frente en condiciones de crisis, ya que los residentes de Kharkov, Odessa y otras muchas ciudades, no están dispuestas a congelarse y pasar hambre en nombre de la guerra contra Donbass y Rusia, con los que simpatizan.

El encarcelamiento y la detención previa a juicio de cientos de prisioneros políticos por cargos inventados es otro de los problemas del régimen. Estas detenciones están recibiendo atención en occidente y se espera que la cuestión de los prisioneros políticos de Kiev llegue a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y a los parlamentos de los países europeos, los mismos que apoyan la guerra y la represión de los activistas de derechos humanos en Ucrania.






En general, se puede resumir la estrategia del Gobierno en que tratará de “apretar los tornillos” en la política doméstica mientras que trata de internacionalizar el conflicto, por ejemplo atrayendo a la OTAN. La pregunta es qué piensa hacer el Gobierno en la esfera económica, ya que el actual gabinete carece de una estrategia clara para estabilizar la economía. Los únicos recursos disponibles son los fondos del FMI, que no pueden resolver el problema de la inminente suspensión de pagos. Si el Estado entre en bancarrota, la estrategia política y económica dará un giro completo. Esto requerirá una táctica nueva, más coherente y sensata por parte del frente completo de la oposición y es aquí donde las fuerzas intelectuales de la resistencia deberían conentrarse.

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