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Tierra arrasada.





Con muy buen criterio la nueva administración prefiere no mencionar este tema en forma pública.

Pero no pueden ocultar que si el nivel de reservas disponibles era negativo,
el déficit fiscal es de un insólito 6% del PBI y la emisión monetaria para cubrirlo excede todo límite razonable,
el nivel de pobreza supera el 15% y se oculta,
uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja,
la inflación era ya mayor al 25% y una de las mas elevadas del mundo,
la moneda estaba artificialmente sobrevaluada,
las cifras oficiales sobre cualquier tema eran falsas,
el 43% de la población económicamente activa cobra de los diversos gobiernos,
se instaló la mayor presión impositiva mundial,
la emisión de moneda fue necesaria principalmente para subsidiar desde la oculta pobreza extrema el transporte público y comercial en forma corrupta hasta la filmación de películas nacionales, pasando por la creación de elefantes blancos improductivos la mayoría con el nombre de un presidente muerto,
corrupción estatal y privada apenas inferior a Venezuela y Nigeria,
el vicepresidente procesado por varios presuntos delitos,
la obra pública paralizada,
el narcotráfico instalado con total comodidad y complicidad a 500 metros de la Casa de Gobierno y un equipo económico que al retirarse destruye toda la información a su paso, quema los discos de las computadoras o los borra por completo en todos los ministerios y no ofrece ninguna información a sus sucesores.

Claramente puede afirmarse sin error que el ejército derrotado ha dejado Tierra Arrasada.


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La nueva administración ha confirmado en sus primeras acciones de peso que se encamina a cumplir con todos sus compromisos electorales. Sin embargo aún no ha presentado cual será la política monetaria que utilizará para reducir el formidable déficit fiscal, para luego poder fijar metas realistas de inflación.

Han manifestado que el déficit se achicaría en 2016 gracias a la reducción del gasto público en apenas un 0,8 por ciento del PBI y en 1,5 por ciento del PBI en base a modificación de subsidios que afecten a quienes estén muy por encima del nivel de pobreza, habrá también un aumento de tarifas tratando de eliminarlo gradualmente hasta hacerlo desaparecer en un realista 2019 sin afectar a los más vulnerables.

Queda por resolver el problema del default para poder establecer un programa de endeudamiento internacional de costo apropiado que permita realizar las inversiones comprometidas y la consolidación de las reservas.

Son muchos temas complejos y muchas incógnitas, no obstante los analistas económicos mediáticos y los periodistas especializados ambos por su obligada omnipresencia, se ven forzados a asumir supuestos y pronosticar los más variados escenarios sin suficiente información y sin más análisis que sus educados razonamientos no sustentados en números, lo cual acerca sus pronósticos más a una charla de café que a la rigurosidad que exige recomendar acciones que afectan el patrimonio de terceros.


Que es lo que se puede asumir con menor incertidumbre respecto de tipo de cambio e inflación.

Las intenciones de la nueva administración son que luego de un 2016 complicado se logren niveles de inflación gradualmente más bajos hasta llegar a 2019 con una inflación de alrededor de 5 puntos. Difícil meta, pero con el enorme valor de ser realista y de mediano plazo, algo que luego de 12 años de prueba y error resulta casi exótico y tranquilizador.

Hay que asumir lo ya inevitable y cuantificable: la economía argentina no saldrá de la recesión este año y la inflación llegará al 30% con un dólar que nadie – excepto los jugadores de futuros – se animan a pronosticar con el bolsillo y no con palabras, pero que inevitablemente acompañará a la inflación por lo cual el piso no estará por debajo de lo obvio: $ 16. a menos que se continúe con la política anterior, algo ligeramente improbable.


El nivel de actividad

También puede esperarse – sin caer en digresiones abstractas – que habrá un muy leve crecimiento o una leve caída del PBI estimable en 0,5% pero que en 2017 se recuperará con un aumento imposible de pronosticar seriamente, siempre y cuando se alcancen las metas que la nueva administración se proponga.

La nueva administración afirma que este año la economía crecería entre 0,5 y 1%. No hay forma que eso ocurra sin inversiones, con la retracción de los salarios reales y sin sinceramiento de tarifas, hechos que no se producirán hasta el término del primer semestre con lo cual no habrá tiempo para el crecimiento, solo para el ordenamiento.

Las condiciones externas tampoco ayudan por la baja en los precios de las materias primas, sumado a las crisis de Venezuela y Brasil que afectan las exportaciones.

Inflación y tipo de cambio esperables

En cuanto a la inflación, los pronosticadores habituales: consultoras serias y de las otras, bancos y locuaces economistas de TV prevén más de 32% este año, aunque en algún caso llegan hasta el 40%,

La consultora fundada por Martín Lousteau- la estimó en 36%. Varios bancos 35%, (Deutsche Bank, Citi, HSBC).

Para el año 2017 parecen estar todos de acuerdo que será 19,5%, pero resulta inexplicable saber en qué se basan, excepto en su pensamiento ilusorio.

Las estimaciones en cuanto al valor del dólar hechas por los mismos gurúes lo ubicaron en $ 15,70 en promedio este año, pero el Citi (siempre el más alerta y realista) llegó a $ 18, The Economist Intelligence Unit, $ 17; Itaú, $ 18.

Los conservadores fueron BMI, con $ 13,75, Econométrica y UBS, con $14

Entonces: para 2017, los analistas esperan que el tipo de cambio sea en promedio $ 17,75 algo bastante tan obvio como que surge de multiplicar $13.65 * i (o sea el valor de hoy multiplicado por la inflación esperable de los próximos 10 meses). Para llegar a esa elemental conclusión han trabajado equipos de economistas que cobran por ello.

Ninguno se privó de estimar que el desempleo se ubicará en el 8,4%; la industria quedará estancada (0% de variación); el déficit fiscal será del 4,5% del PBI; la cuenta corriente tendrá un déficit de 1,6%; la balanza comercial subirá 3,6%; las reservas del Banco Central se ubicarán en US$ 32.200 millones, y la deuda se ubicará en el 50,6% con relación al PBI.

Un carnaval de predicciones de lo más diversas y – dicho con respeto profesional – no del todo sustentables.

Lo que han hecho es tomar un conjunto de supuestos (información concreta no existe porque ni siquiera comenzaron las negociaciones con los holdouts) cuantificarlos e introducirlos en un modelo econométrico torturando los números hasta que confiesen lo que cada uno quiso escuchar y sin duda los sufridos números les dijeron lo que necesitaban para pronosticar lo anterior.


El día a día

Tras la unificación del mercado cambiario, el acuerdo con las aceiteras para contar con una oferta inmediata de dólares y el levantamiento parcial del cepo a la importación, el tipo de cambio se ubicó inicialmente en $13 pesos para fluctuar luego entre esa cifra y $ 14.

Debe tenerse en cuenta que el valor que el mercado controlado le asigne al dólar será una consecuencia de un programa y no el núcleo del programa.

Mientras no se conozca la política fiscal, monetaria, salarial, tarifaria y comercial el nivel del tipo de cambio será un dato vinculado a lo que ocurra en el mercado más que un resultado de una política ejecutada.

La oferta y demanda del nuevo mercado, con intervención eventual del Banco Central será lo que marque el tipo de cambio.

El tipo de cambio es un reflejo de lo que sucede con los precios internos y con las monedas, los precios y las tasas de interés en el mundo. Ante un contexto internacional desfavorable, el tipo de cambio tendrá tendencia a subir.

Los precios de las materias primas son de la mayor importancia para el tipo de cambio por la incertidumbre sobre la demanda de China y las dificultades que enfrenta Brasil sobre su nivel de actividad.

Pero lo que importa es el nivel de tipo de cambio real, no el nominal porque lo que necesita la economía es tener por un tiempo prolongado la mejora de competitividad, conteniendo la inflación y dejando que el tipo de cambio nominal se acomode solo a niveles que no impacten el nivel de actividad.

Hasta el momento, el comportamiento de los precios después de la devaluación es igual a 2014.

La inflación de diciembre de 2015 (el mes de la devaluación) dio 3,9%, similar a la de enero de 2014.

La primera semana de enero de 2016 parecía normal pero de pronto los formadores de precios de alimentos se dispararon llegando en algunos casos a incrementos fuera de lugar. Por eso es probable un enero de alta inflación.

Un dólar de 14 pesos es el tipo de cambio real oficial promedio de Argentina de los últimos 65 años ajustado a precios de hoy. Sin embargo el promedio histórico de 14 pesos es un tipo de cambio real promedio tramposo porque nunca se mantuvo por mucho tiempo en ese valor.

Concretamente, 14 pesos es casi el tipo de cambio real de Argentina de 2010 y en aquel momento había una enormidad de reservas que luego se dilapidaron.

Un análisis debe contemplar: i) si este dólar intermedio es suficiente para reacomodar el equilibrio del sector externo y la rentabilidad de los sectores y cómo se hará esta vez para sostener este tipo de cambio real de 14 pesos.

Un ejercicio intelectual sería comparar la situación actual con otras del pasado.

En el momento de la salida de la Convertibilidad el gobierno de entonces quiso fijar el dólar a 14 pesos de hoy (equivalente al 1,40 de entonces) pero no pudo y llegó a 25 pesos pero fue en medio de una crisis política terminal, con la deuda en cesación de pagos y en plena corrida bancaria. Además, las condiciones internacionales eran muy negativas. La situación fue muy diferente a la actual.

El otro momento sería 2010 cuando el tipo de cambio real era 14 pesos de hoy. Las condiciones generales también eran diferentes a las actuales. En el plano internacional, todo jugaba a favor de Argentina y en lo local los desbalances económicos aún no habían sido ejecutados. Para las condiciones locales e internacionales favorables de ese momento, un tipo de cambio real de 14 pesos de hoy era razonable. Hoy los $14 están muy ajustados.

En cuanto al sector privado hay dos importantes: uno es el agro y las economías regionales y el otro es la industria manufacturera. El agro recuperó rentabilidad por la suba del tipo de cambio y la baja de retenciones. Las economías regionales fueron beneficiadas a nivel de no seguir perdiendo.

Sion embargo para la industria, falta saber cuál será la suba de salarios.

Habrá que analizar si el mercado interno brasileño seguirá comprimido y si la paridad peso – real sigue siendo una de las más desfavorables de la historia para Argentina aun después de la suba del tipo de cambio a 14.

Hoy la oferta y la demanda de dólares marca un tipo de cambio entre $13 y$14.

Pero la oferta ha estado artificialmente alterada por ventas concertadas con las aceiteras y la demanda está incompleta porque todavía falta que aparezcan los importadores.

Cuál resultará el tipo de cambio que equilibre el mercado cambiario cuando la oferta y la demanda de divisas entren en régimen es una incógnita.
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