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Toda la verdad sobre la defecación en el Imperio Romano

Hoy en día es bastante difícil imaginar una charla mañanera con un compañero, durante la primera defecación del día. Las adolescentes que siempre acompañan a sus amigas en las escapadas al servicio también despiertan cierta consternación. No siempre fue así. Por ejemplo, la actitud de los antiguos romanos hacia el tema de los procesos fisiológicos se caracterizaba por... mucha soltura.

Sobre todo, hay que señalar que los creadores del mayor imperio de la antigüedad se han acostumbrado a la defecación en grupo. Por si fuera poco, consideraban los retretes los mejores sitios en los que uno pudo encontrarse y charlar con los demás. ¡Muy práctico! ¿Para qué malgastar el tiempo para deshacerse del peso adicional y, luego, entablar una conversación, si es posible combinar las dos cosas?



Una simple visita mañanera en el servicio pudo reunir una manada de hasta varios décimos de romanos en un solo lugar. Los arqueólogos ocupados de desenterrar los restos de la ciudad de Dion se han topado con un complejo de termas romanas, que se componía, entre otros, de un baño con (¡ojo!) cincuenta plazas. Para colmo, sabemos que los sitios de este tipo eran coeducativos.

Por supuesto, había un riesgo. Los olores intensos podrían perjudicar las conversaciones y, teniendo en cuenta el papel social de la defecación, esto requería alguna solución. Por ello, se ha creado “cloaca máxima”: un canal en el que terminaban toda la suciedad “producida” en los baños públicos. Asimismo, cuidando el confort de los ciudadanos, dicho canal fue cubierto para impedir que los olores molesten a la gente. Después de pasar por toda la ciudad, las heces terminaban en Tíber: la fuente principal del agua potable... ¿A quién le apetece tomarse un vasito?



Las excentricidades relacionadas con la defecación no terminan ahí. Mirando los antiguos epitafios romanos, podemos sorprendernos bastante: entre las frases que expresan pena, tristeza o esperanza de una vida mejor, es posible encontrar también algunas advertencias extraordinarias. Por ejemplo: “qui hic minxerit aut cacaverit, habeat deos superos et inferos iratos!” (o sea, el que hace pis o caca aquí, será castigado con la ira de los dioses del cielo e infierno).

¿De dónde salió la idea de una maldición así? Los romanos enterraban a sus muertos fuera de los terrenos de la ciudad, a lo largo de las vías, a través de las cuales viajaban sin parar muchas personas que también tenían sus necesidades. Puesto que en las afueras no se levantaban los retretes, los que tenían ganas de evacuar tenían que acudir a los arbustos de al lado. Allí, ya sea accidentalmente, ya sea por maldad, podía adornar una de las lápidas de modo muy poco estético. La maldición citada anteriormente servía para proteger las tumbas de tales decoraciones.



Nosotros, la gente del siglo XXI, no nos imaginamos la existencia sin papel higiénico. Incluso se puede decir que hasta cierto punto es uno de los factores que determinan el progreso... Por supuesto, las personas de otros círculos culturales no necesariamente compartirán nuestra opinión: a los indios, o árabes, sólo les hace falta una mano y un poco de agua... Y ¿cómo era en Roma? Allí el papel era un bien común y... ¡reutilizable!

Obviamente, no era un típico papel higiénico, sino su sustituto: una esponja natural mojada con el agua salado. Más de una se encontraba en los baños para servir a sus clientes en todo momento. La visión de lavarse con una esponja anteriormente usada por un senador obeso puede ser algo aterradora, pero ¿qué le vamos a hacer? Cada país tiene sus costumbres...



Las religiones politeístas, como indica su nombre, se basan en la creencia en la existencia de numerosas deidades. También los romanos hasta el año 392 eran politeístas, por lo cual sus dioses se multiplicaban a una velocidad impresionante. No podía faltarles un protector celestial de la caca.

En el medio del Foro Romano fue levantado un templo dedicado a Cloacina: la diosa de las alcantarillas... Prestada de los etruscas, era también patrona de una exitosa vida sexual. También por ello, pronto se la empezó a identificar con la hermosa Venus. Quién lo pensaría... Venus: ¡la diosa de la belleza, del amor, y de las heces!

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