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Traición en la política uruguaya


Aparicio Saravia da Rosa (Cerro Largo,1 16 de agosto de 1856 - Santana do Livramento, Rio Grande do Sul, Brasil, 10 de septiembre de 1904) fue un político, militar y caudillo del Partido Nacional de Uruguay. Asesinado por el Partido Colorado.



La época de los dos gobiernos

El 1 de marzo de 1903 fue electo Presidente de la República, por primera vez, José Batlle y Ordóñez. Su elección se dio de la siguiente manera: el Partido Nacional pensaba otorgar su apoyo al Dr. Juan Carlos Blanco, candidato por un sector colorado a cambio de mantener el Pacto de la Cruz. Pero Eduardo Acevedo Díaz (también del Partido Nacional) consiguió suficientes votos blancos para elegir a Batlle y Ordóñez, en una votación más que suficiente: 55 a 33. Esta situación llevará a la expulsión de Eduardo Acevedo Díaz del Partido Blanco.
Para Batlle y Ordóñez era inaceptable que el país conviviera con dos gobiernos, uno en Montevideo encarnado en él y otro en la campaña, cuyo jefe formal era Saravia. En consecuencia, Batlle y Ordóñez según el Pacto de la Cruz renovó las Jefaturas Políticas de los 6 departamentos reservados para los blancos. Las Jefaturas Políticas de los Departamentos Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres, Maldonado, Flores y San José tendrían que ser provistas con ciudadanos de filiación blanca, nominados de común acuerdo entre el Gobierno y el Partido Nacional. Sin embargo en dos de ellas, Batlle y Ordóñez nominó a hombres de Eduardo Acevedo Díaz.
De esta forma, Saravia convocó de nuevo a la revolución de los blancos, cuyas fuerzas se movilizaron en esos Departamentos. La guerra civil fue evitada, sin embargo, por una misión que viajó a entrevistarse con Saravia, y el 22 de marzo de 1903 logró con él un nuevo pacto, en la localidad de Nico Pérez, por el cual se estableció que las Jefaturas políticas de esos Departamentos serían asignadas a ciudadanos blancos designados en consulta con el Directorio del Partido Nacional.



Segundo enfrentamiento

Sin embargo, a pedidos del Jefe político del departamento de Rivera (de filiación blanca), el gobierno envió a ese departamento al ejército por temerse una incursión brasileña, a causa de la detención efectuada por la Policía de Rivera, y siguiente fuga hacia el Brasil, del hermano del alcalde de Santana do Livramento. Este hecho fue tomado por Saravia, como una nueva violación al Pacto de la Cruz, desencadenándose una guerra civil.
A partir de mediados de enero de 1904, se sucedieron varios combates entre fuerzas gubernistas y saravistas; los combates de Mansavillagra (14 de enero), Illescas (15 de enero) y en especial la batalla de Tupambaé, el 24 de junio.
La batalla decisiva se libró en la frontera con el Brasil, en Masoller, el 1 de septiembre de 1904, en el lugar de confluencia de los límites de los Departamentos de Rivera y Artigas.



Masoller

La batalla de Masoller fue reñida, ambos bandos contaban con armamento moderno en su época, en especial los fusiles Remington y los más recientes Mauser, de gran precisión y largo alcance.
El 1 de septiembre de 1904 por la tarde, los combates se prolongaron durante alrededor de tres horas; pugnándose por unas posiciones ocupadas por las fuerzas del Gobierno en unos cercos de piedra (los que eran usuales en los campos, antes de su alambramiento) desde los cuales hostigaban a los revolucionarios con nutrido fuego de fusilería. Éstos, a su vez, lograron varias veces desalojar a los gubernamentales de esas posiciones; pero recelando que estuvieran minadas, luego no las ocupaban, y eran retomadas por el ejército gubernista. Entretanto, los revolucionarios procuraban que los gubernamentales consumieran sus municiones, para atacarlos más tarde.
Aparicio había planificado separar a los ejércitos colorados de Vázquez y el General Pablo Galarza. Con ese objetivo dio la orden a la vanguardia cuyo jefe era Basilio Muñoz hijo "de avanzar para pasar primero que el enemigo por Masoller rumbo a Rivera; se preveía que el enemigo trataría de tomar las fuertes posiciones de los cercos dobles de piedra que salen de Masoller por la Cuchilla de Haedo y así lo hicieron. La vanguardia roja se parapetó en los cercos tomando la delantera", según relata Nepomuceno Saravia (hijo y colaborador de Aparicio Saravia). La causa, según éste, fue que la vanguardia blanca "no cumplió con lo ordenado".
Sin embargo, el hijo del general Basilio Muñoz asegura que la historia es otra:

"El 31 de agosto de 1904, día anterior a la batalla, a primera hora de la tarde mi padre, que comandaba la vanguardia nacionalista, tendió su división para atacar a la vanguardia del ejército gubernista que tenía mucha menos gente y estaba mal municionada. Conozco esos detalles con precisión porque en esas fuerzas coloradas venía quien después fue mi suegro, el que al tiempo confesaría a mi padre que cada soldado tenía apenas diecisiete cartuchos. Cuando el general Basilio Muñoz se aprestaba a avanzar vino un chasque con la orden de Aparicio de "no comprometer ninguna acción". Mi padre no entendió tan extraña decisión y envió al doctor Bernardo García para que procurara convencer a Saravia de lo fácil que sería vencer a la vanguardia gubernista, pero la respuesta del caudillo fue la misma: no atacar. Entonces el general Basilio Muñoz fue personalmente a hablar con Aparicio y le dijo que en media hora podía liquidar el combate. Ni aun así Saravia modificó su posición. ¿Cómo se explica? Por las conversaciones de paz entabladas con Mascarenhas, un hecho que mi padre ignoraba y que no fueron más que una trampa para hacerlo perder tiempo. En esas veinticinco horas que Aparicio esperó, el ejército colorado pudo unirse y tomar lugares estratégicos en las alturas de los montes. A las diez de la mañana del día 1o de septiembre los marcos estaba ocupados y recién a las tres de la tarde Saravia dispuso el ataque, obligando a su gente a ser sometida a un fuego terrible, desde dos flancos. Lo sensato hubiera sido retirarse del lugar de la batalla, dejarles las alturas a las tropas del gobierno y buscar una posición más propicia, pero no ocurrió así. Como consecuencia, la batalla de Masoller se libró en las peores condiciones imaginables"
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Los colorados aplastaron a los blancos porque contaban con la superioridad tecnológica de las armas, cortesía del Imperio Británico


Sea cual sea la causa, el ejército del gobierno colorado había logrado llegar a Masoller unido, y con más municiones y hombres. En esas circunstancias, Aparicio Saravia salió a recorrer el frente de fuego, para estimular a sus soldados; pero su figura resultaba claramente reconocible por el sombrero y el poncho blanco que usaba, así como por estar acompañado por un abanderado. Se trataba de una actitud sumamente arriesgada, porque estaba al alcance del fuego enemigo; y así ocurrió que fue gravemente herido por una bala de Mauser, que le atravesó el vientre de izquierda a derecha, lesionándole los riñones e intestinos. Francisco Trotta logra sacarlo y atender sus heridas -todavía en pie- "trataba de sonreír, pero perdía mucha sangre". Trotta lo acuesta sobre su propio poncho y luego junto a otro médico -Martínez- y cuatro personas más lo trasladan a fuerza de "poncho". Posteriormente es llevado hasta el cercano Brasil, hacia una estancia distante alrededor de cinco kilómetros de la frontera. Fue asistido también por el estudiante de medicina Arturo Lussich.
Durante 10 días Saravia estuvo agonizando, sufriendo una peritonitis aguda a causa de los derrames internos causados por las lesiones de la bala. No se logró acuerdo inmediato para designarle un sustituto en el mando superior de las fuerzas revolucionarias; y en definitiva su orden de volver a atacar a los gubernistas en la siguiente madrugada, con fuerzas de relevo, no fue cumplida, retirándose el ejército revolucionario tras la frontera, luego de lo cual prácticamente se desbandó, quedando así derrotada la última revolución civil. Es que el panorama era extremadamente claro, tal como lo explicó el coronel Carmelo Cabrera, uno de los jefes que había pasado al Brasil: "este es un ejército saravista. Caído Saravia, es imposible mantener su cohesión".


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