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Breve relato:

Llegamos a empedrado el Sábado y partimos muy rápido al amanecer, empezamos a sospechar que algo andaba mal por el río tan picado y el viento sur, la salida nos trató mal, nos tiraba de un lado al otro sin poder corregir, hasta tuvimos que remar fuerte para que no nos trague el banco de arena, algo totalmente diferente a un día tranquilo donde se puede hasta dormir sobre la embarcación en esa zona.
Seguimos ya con el río más tranquilo, mirando lanchas y barrancas con el viento sur y el río un poco menos agresivo... remamos hasta la mansión de invierno, donde fritamos unas milanesas mientras los vagres amarillos salían como uvas en un parral. Pensamos en comerlos, pero los hicimos carnada para la entrada al riacho Carayá. Aquí comienza una gran aventura; nos aventuramos a la entrada que nos guiaba al riacho y las olas empezaron a levantarse entre medio metro a metro y medio, pero las peleamos tranquilos sin mayor esfuerzo a pesar de algunos percances donde el viento y el oleaje nos giró 180º y nos costó un gasto a toda paleada enderezar. Seguimos por el canal exterior hasta llegar a la punta de un islote donde por cuestiones del destino (y buena elección) decidimos ir por el canal de adentro donde se desató lo que todos definieron como la tormenta de Santa Rosa, empezamos con río picado pero a los 300 mts. aproximadamente el río empezó a enfurecerse en manera progresiva hasta que se levantaron olas con viento brutal de sin mentir ni lugar a dudas de hasta 4 metros si no más por el medio del canal, lo que fue una experiencia muy emocionante y exigida pero peligrosa, por momentos atravesamos altas olas que nos golpeaban como muros de agua que gracias a la arquitectura de nuestros kayaks sorteabamos bien aunque algunas eran demasiado fuertes y sumadas al viento o los picos de olas cruzadas tendían a querer tumbarnos a la derecha, pero a fuerza de remo y descontracturaciones las enfrentábamos bien, también pasamos emocionantes "marejadas" lo más cercano a la experiencia de una montaña rusa, donde se sentía bajar una gran pendiente tobogán y la subida, la fuerza G era realmente gratificante para el espíritu. Desatamos toda nuestra fuerza para llegar al final hasta que una lancha de muy gran porte, cuasi un pequeño catamarán turístico casi nos atropella, pero nos tiró unas hermosas olas cruzadas que fueron el broche de oro del fin del primer y terrible recorrido.

Aquí llegamos a la boca del riacho, contracturados, cansados y mojados, pero llegamos con una gran alegría de haber pasado este primer gran desafío. Pusimos a secar lo mojado y rápido levantamos campamento mientras se desbarrancaba todo. Exhaustos comimos una picada y una palometa a la parrilla que çsalió a lo ultimo, en esa zona pescamos armados, vagres y paties. Dormimos bastante estresados por el fuerte viento y la llegada accidentada pero al otro día nos repusimos un poco con un buen desayuno y sin dudas nos aventuramos al riacho.

En el riacho fuimos haciendo caída en los kayak tirando la caña con sábalo de carnada para ver si sacábamos un dorado (a las 7 am Gaby sacó un dorado grandesito que fué nuestro almuerzo en la próxima parada, el barranco, nuestro barranco), luego Lico cocinó de manera excelente el dorado mientras pescabamos mojarras y tirábamos linea sin mucha suerte esta vez, aunque hubo piques y enganches fuertes. Luego del almuerzo bajamos el barranco y nos aventuramos a la segunda parada, en el trayecto avistamos enormes Yacarés y lamentablemente uno sin cola asesinado por los imbéciles de siempre. Nuestro lugar regular de parada estaba totalmente tapado por la crecida del río y optamos por un lugar más complicado pero muy agradable, aunque por la noche cayó un principio de helada que nos trató un poco mal. Allí en medio del nido de las bestias degustamos un exquisito chupin de armado de la mano de Don Lico que nos dio calor y nutrientes para enfrentar un gran trayecto del día siguiente para salir del riacho, donde se ensancha, corre poco y cansa tantas horas de remo. Hasta que llegamos a un barranco muy alto que escalamos y subimos las embarcaciones.

En el barranco, nido de anguilas, zorros y todo tipo de alimañas, aunque resguardados por sauces, salió un armado de unos 5 o 6 kilos si no más, una bestia prehistórica que rugía fuerte, no pudimos sacar más que armados y era peligroso bajar el barranco a sacar anguilas. Aquí cayó una helada brutal, de bajo cero, donde al amanecer descubrimos una capa de hielo duro sobre las embarcaciones y la pasamos bastante mal para dormir, dado que no esperábamos esa temperatura. Finalmente, bajamos el barranco, nos aventuramos a la hermosa ciudad de Bella Vista e hicimos parada para reponer provisiones. Finalmente partimos hacia el riacho continuo donde unos amables ladrilleros nos regalaron sabalo de carnada y acampamos enfrente en un desaguadero lleno de tarariras y todo tipo de animales, cansados comimos una rica choripaneada pero sin suerte con la pesca, hasta el día siguiente donde levantamos campamento y cruzamos y entre Lico y Gabyno sacaron bogas enormes que llevamos para nuestro almuerzo unos kilómetros más adelante 4 hs de remo constante aproximadamente. Mientras avanzamos a nuestro lugar de almuerzo avistamos un importante dorado y Lico fue a sacarlo así que tuvimos un espléndido almuerzo de bogas y dorado. Antes que nos de sueño rápidamente nos embarcamos atravesando imponentes paisajes que nos demoró por su atractivo hasta llegar a una punta con hectáreas de remolinos que tuvimos que bordear, pero no nos resistimos a bajar a sacar fotos.
Seguimos y nos separamos en el tercer riacho, que no nos inspiró confianza por la noche y el silencio, así que nos abrimos al canal y empezamos a sufrir frío y tensión sin poder parar a abrigarnos por la fuerte corriente y las puntas que nos llamaban a tumbarnos, hasta que por fin nos encontramos en un lugar kilometros adelante muy cansados, mojados y con frío pero con dos dorados grandes a la pomarola que comimos como si no nos alimentamos en una semana, lamentablemente el frío nos trató un poco mal para dormir a pesar de encimar ropa, con aislante y bolsas de dormir, pero l otro día nos repusimos con mate café y unos sandwichs, amontonamos la basura para ser quemada en la fogata y os aventuramos río abajo, con una correntada importante y peligros menores de bancos y puntas que te absorbían sumando remolinos. Hasta que tomamos un canal muy tranquilo de zona pesquera con el sol abrasante y por problemas de logistica tuvimoks que abandonar con el último almuerzo a pocos kilómetros de goya (hora y media mas o menos de remo fuerte) pero satisfechos, paramos en Avellaneda donde comimos un rico pescado frito al limon y especias con asado con leña de eucaliptus que le dió un sabor maravilloso. Descansamos hasta que nos buscaron y llegamos cansados y felices a la civilización donde tuvimos más preocupación por la ruta que por todos los lugares llenos de alimañas que recorrimos.