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Tú estás conmigo

El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Salmo 23:1-3

Tú estás conmigo

(Lea el Salmo 23)
David, quien escribió este salmo, fue pastor antes de ser rey. Su experiencia de pastor permitió a Dios revelarle, así como a nosotros, algo de su amor y sus cuidados. En los tiempos bíblicos, el pastor vivía con sus ovejas. Daba un nombre a cada una y, por su parte, ellas conocían a su pastor. Entre el pastor y sus ovejas había un vínculo muy fuerte.
¡Cuánto más cerca está Dios de los suyos! No se halla lejos ni es indiferente a nuestra situación; está muy cerca de nosotros, presente en nuestras vidas.
Esta presencia tiene un valor muy especial en los momentos difíciles. David pudo orar a Dios de esta manera: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (v. 4). Este es el pensamiento central del Salmo 23.
El que haya visto los extensos desiertos del Oriente Medio sabe lo difícil que es encontrar pasto para un rebaño. ¡Qué alivio siente el pastor cuando lo consigue! Jesús, nuestro verdadero buen Pastor, nos hace descansar “en lugares de delicados pastos”, nos pastorea “junto a aguas de reposo” (v. 2). Pone en nuestro corazón el deseo de leer la Biblia a fin de que hallemos en ella el gozo y la fuerza para nuestra vida. Así nos conduce a esos verdes prados donde hallamos alimento y agua.
¡Que podamos vivir, mediante la fe en el Señor Jesús, las palabras de aliento de este salmo: “Nada me faltará… Tú estarás conmigo… En la casa del Señor moraré por largos días”.