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Un doble desafío para Occidente: político y moral





ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Un doble desafío para Occidente: político y moral





Los llamados países occidentales tienen un doble desafío que afrontar. El riesgo es muy importante porque puede destruir los pilares en los que se sustenta Occidente. Además, se da la circunstancia de que estos dos problemas son de diferente índole: uno es político, y el otro es moral.


En la política internacional, el terrorismo global preocupa (y mucho). Los atentados del 11 de septiembre de 2001 hicieron ver a Estados Unidos y al resto del mundo que cualquiera puede ser un objetivo. Se van a cumplir 14 años de aquella trágica fecha y el problema no se ha resuelto.



Por si no fuera suficiente, el Estado Islámico ha irrumpido en Irak y en Siria, y supone una nueva amenaza.


Quieren imponer por la fuerza su visión del Islam y van contra cualquiera que no tenga sus creencias.


Sus acciones son salvajes, crueles y ampliamente difundidas a través de Internet.


Los terroristas islamistas conocen el poder que tienen las nuevas tecnologías para conseguir amedrentar al enemigo y para captar adeptos que se sumen a la causa.



Es ciertamente complejo acabar con el terrorismo islamista, aunque sí se ha avanzado en las medidas de seguridad.


Para resolverlo, es imprescindible aunar esfuerzos. Evidentemente, la lucha antiterrorista va a ocasionar numerosas bajas aliadas y desgaste para los gobiernos que la sustentan. Por tanto, es necesario contar con una implicación real, y sin medias tintas, de todos.



El otro desafío al que se debe hacer frente es el moral, y queda patente en el poco valor que se le da al prójimo.


Las imágenes en las que se ve a integrantes del Estados Islámico romper estatuas milenarias han conmocionado al mundo. Sin duda, es un grave atentado contra el arte y la historia en una zona tan valiosa como Nínive.


Aun así, muchos de los que se escandalizan por esta destrucción artística miran para otro lado cuando los terroristas islamistas persiguen y asesinan a miles de personas en ese mismo escenario, simplemente por no pensar como ellos.



Sin embargo, no hay que irse a un caso tan lejano para darse cuenta de que el problema moral ya está implantado en la sociedad occidental y es posible verlo. Mucha gente ya se preocupa y defiende más a los animales que a las personas. Además, todo se relativiza, el hombre se mira solo a sí mismo y se desentiende del prójimo.



En la vorágine actual, donde abunda el estrés y prima la inmediatez, las relaciones personales se están perdiendo porque ahora se hacen a través de una pantalla, en ocasiones menor de cinco pulgadas.


Es frecuente ver a personas caminando por la calle completamente abstraídas de lo que ocurre a su alrededor porque no levantan la vista del teléfono móvil. Incluso es posible observar a parejas y familias que quedan para comer y cada uno de ellos está más pendiente del smartphone que del compañero de mesa.



A lo largo de la historia, el hombre ha superado numerosos desafíos.


Solo en el último siglo ha sobrevivido a dos guerras mundiales, ha aguantado la tensión de la Guerra Fría, e incluso es posible que derrote al terrorismo islamista.


Sin embargo, habrá que ver si el ser humano es capaz de vencer a la crisis moral que sufre.

Más vale que lo haga, porque muchos de los problemas existentes son consecuencia de ella.





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