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Un domingo trascendente para América Latina



La segunda vuelta electoral en Brasil enfrenta dos concepciones distintas, pero donde está en juego mucho más que un nombre o un partido; pone en la agenda latinoamericana temas vertebrales como el rol del Estado, las políticas de inclusión social y el modelo de integración regional.

Un triunfo de Aécio Neves marcaría el fin de un ciclo donde la dinámica, hechos y concreciones conseguidas hasta el momento, darían paso a otras formas de relacionamiento: Brasil redefiniría sus esquemas de alianzas, priorizaría mucho más sus relaciones bilaterales y buscaría fortalecer algunos aspectos macroeconómicos que lo han llevado a estar entre las seis economías más importantes del mundo.

Posicionado desde los BRICS, tratando de ser el principal interlocutor con Europa y África; y acercándose a otros esquemas de integración como la Alianza del Pacífico, no será la institucionalidad de la UNASUR, la CELAC o el Mercosur, la base de su estrategia internacional.
Una victoria de la derecha dejaría atrás ese concepto desarrollado por Lula de un Brasil avanzando en conjunto con las demás naciones suramericanas, para establecer otra mecánica que lo tenga, excluyentemente, en el centro de la escena.

Otras de las consecuencias inmediatas que una derrota de Dilma puede producir es que ese "clima" político se traslade a la segunda vuelta electoral en Uruguay, algo que propios y extraños reconocen como inevitable.

Allí blancos y colorados avanzan en un acuerdo programático que, por primera vez, plantea una estrategia no sólo para triunfar en ese escenario, sino para generar un programa que le dé sustentabilidad a un posible gobierno de derecha.

Los Estados Unidos no son ajenos a estas maniobras. Los grandes diarios en papel y digitales de la Argentina, Brasil y Uruguay (con la cobertura de la SIP) se vienen manejando con la misma lógica, buscando cotidianamente desgastar a Dilma, Cristina o Pepe Mujica, pero exponiendo una batalla frontal contra las concepciones que atraviesan transversalmente a estas gestiones. El espionaje al gobierno brasileño, el apoyo a las guarimbas de Venezuela, o el rol jugado por las distintas estructuras del gobierno de Obama en el tema de los fondos buitre forman parte de una misma lógica.

Es claro que la estrechez de las cifras que se manejan, la concreción de alianzas entre la derecha, la centroderecha y fuerzas políticas a las cuales de socialistas les ha quedado solamente el nombre, debe llamar a una profunda reflexión a los dirigentes, partidos y movimientos sociales de América Latina.

Los triunfos de Dilma y Tabaré, por otro lado, dejarán al descubierto que ya no hay margen para políticas que no vayan a cambiar la matriz productiva, a erradicar la pobreza, lo que históricamente en nuestro continente, ha significado enfrentar a los imperios, confrontar con los monopolios, y construir consensos para modificar leyes que representen un cambio cualitativo en las correlaciones de fuerza existentes.

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