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Un feto es un parásito?

El feto es un ‘parásito’ que engaña al organismo de la madre, explican expertos

Científicos encontraron el mecanismo mediante el cual se suprimen las defensas de la mujer para que no rechace al cuerpo extraño creciendo en su interior. El descubrimiento podría ayudar evitar el rechazo en trasplantes de órganos.



Monterrey, México.- Aunque las mamás pongan el grito en el cielo porque alguien llamó a sus bebés “parásitos”, desde el punto de vista biológico lo son.

Es un cuerpo extraño, ajeno al organismo de la mujer, que se alimenta de sus nutrientes y que provoca una inflamación.

En cualquier otra circunstancia, estos “síntomas” dispararían de inmediato una respuesta inmune y, sin embargo, aquí estamos todos nosotros y millones de seres que durante miles de generaciones han logrado concluir exitosamente su gestación.

¿Cómo es esto posible? Fue la pregunta que los científicos se hicieron por largo tiempo y parece que investigadores de la Universidad de Nueva York por fin encontraron la respuesta.

En principio, para discernir entre lo que es parte de nuestro cuerpo y lo que no lo es, las defensas se valen de proteínas situadas en la pared de las células, a las que se conoce como Complejo Mayor de Histocompatibilidad (CMH).

Cada persona tiene un CMH distinto, incluso si se trata de madre e hijo, y esto es lo que hace que sea tan complicado realizar un trasplante de órganos sin que se presente un rechazo.

En el momento en que las defensas detectan un cuerpo ajeno a la persona, segregan unas proteínas llamadas quimiocinas, las cuales sirven para alertar de la presencia de algo que no debiera estar y “reclutar” a las células que se encargarán de combatir al extraño.

Usualmente, cuando hay inflamación este reclutamiento es más intenso, excepto en el embarazo, y los científicos descubrieron que, al momento en que el feto se implanta en las paredes del útero, las células del entorno pierden la capacidad de producir quimiocinas.

En dichas células, el ADN se modifica de manera que la región que se encarga de las quimiocinas se condensa hasta el punto en que deja de funcionar; lo maravilloso es que esta modificación no es permanente, pues la mujer recupera sus defensas luego de dar a luz.

Al entender este mecanismo, los científicos tienen ahora una nueva vía de investigación en la búsqueda de un método que evite el rechazo de tejidos trasplantados, lo cual en los próximos años salvará muchas vidas.
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