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Un saqueo organizado contra los estados



Poderes - Angela Merkel logró frenar la trapisonda de los seguros antidefault. Obama, en su país, no.

Primero los bancos en quiebra obligaron a los estados a llevar a cabo operaciones de rescate. Se hundió la economía mundial sobre el precipicio y tuvimos que lanzar paquetes de recuperación, lo que aumentó nuestras deudas. Y ahora están especulando en contra de estas deudas. Eso es traición." La frase no pertenece a un poeta revolucionario del siglo XXI, tampoco a un funcionario griego dolido por las consecuencia de la hecatombe de las hipotecas subprime sobre su nación, sino a Angela Merkel, canciller y cara visible del poder político de Alemania. Merkel la comunicó el 18 de mayo de 2010 para explicar por qué su país había decidido prohibir los seguros contra default.

Pero lo más jugoso de las declaraciones de Merkel, una funcionaria reconocida por su cariz conservador y neoliberal, vino inmediatamente después cuando admitió que "los gobiernos deben recuperar su supremacía. Es una lucha entre los gobiernos y los mercados y estoy decidida a ganar esta pelea".

Sin embargo, lo llamativo es que la dama de hierro alemana no estaba sola en esta pelea. Detrás suyo, Barack Obama –sí, el mismísimo presidente de los Estados Unidos– dijo algo muy parecido, casi calcado. "Hasta cierto punto, esto es una batalla entre los políticos y los mercados. Pero estoy firmemente resuelto, y creo que todos mis colegas también, para ganar esta batalla ….", puntualizó el mandatario estadounidense.

No obstante, a diferencia de Merkel, Obama nunca consiguió subordinar a los "especuladores financieros" porque el Congreso de su país jamás aprobó una ley que impidiera el uso de estas herramientas financieras. Los seguros antidefault, más conocidos en la jerga como los Credit Default Swaps o Swaps de incumplimiento crediticio, son la piedra del escándalo que decidió al gobierno argentino a denunciar que el juez Thomas Griesa, por acción u omisión, está beneficiando a los buitres, encabezados por el fondo NML Capital, cuyo referente es el financista Paul Singer. Este controvertido instrumento financiero con la sigla CDS funciona de la siguiente manera. Se trata de un acuerdo bilateral entre comprador y vendedor de protección. En el mismo, el comprador del seguro se compromete a realizar una serie de pagos en el tiempo a modo de primas mientras que el vendedor se compromete a cubrir parte o el total del crédito asegurado en el caso de que este no sea cancelado. Los CDS son una herramienta financiera que se utiliza para asegurar los default de grandes corporaciones o los estados.

El vendedor de CDS usualmente es una entidad financiera mientras que el comprador es un inversionista que coloca un mínimo de U$S 10 millones para hacerse del seguro, aunque esta situación puede ser intercambiable, es decir que el banco sea quien compra los CDS a otra entidad financiera. Uno de los problemas centrales de este mercado de derivados es que se encuentra absolutamente desregulado, es decir no tiene ningún tipo de control efectivo por parte del Estado.

Según la página especializada elblogsalmon.com, el mercado de CDS o Swaps de Incumplimiento Crediticio (para que el lector no se pierda con el uso continuo de las iniciales) nació en 1990 como un instrumento para asegurar a las multinacionales después del derrame petrolero de Exxon Valdez en 1989.

A partir de entonces, el crecimiento del uso de esta herramienta fue exponencial porque pasó de los U$S 200 mil millones anuales a U$S 45.500.000.000.000 (casi el equivalente a todo el PBI mundial) en 2008.
A pesar de la magnitud de este mercado, las reglas de juego y los arbitrajes los establecen los propios jugadores, que pueden estar de uno y otro lado del mostrador.

Este parece ser el caso del fondo buitre NML, de Paul Singer, quien ha sido denunciado por la Argentina de haber comprado seguros antidefault de la deuda argentina pero al mismo tiempo es el propietario de los bonos que ahora fueron declarados en default y que, por ende, le permitirán a Singer cobrar los mencionados seguros porque el negocio es tan oscuro que nadie puede saber a ciencia cierta si es así porque se trata de un mercado absolutamente libertino.

El mismo Singer forma parte del comité de la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA) a través del fondo Elliot Managment , que se encarga, entre otras cosas, de determinar cuando se produce una situación de default, pasando por encima del marco jurídico legal que atañe a todos los mortales.

Es decir, que Singer no sólo es el litigante, sino que también está fuertemente sospechado de haber comprado seguros y a su vez forma parte del selecto grupo de entidades financieras que arrogándose la condición de juez, define cuando un país o una corporación ingresa en default y se disparan los Swaps de Incumplimiento Crediticio que les permiten cobrar el seguro. Por ejemplo, el caso argentino les permitirá a los que tenían seguros cobrar alrededor de U$S 1000 millones porque ISDA, integrada por Singer, decidió que el país había ingresado en un default pese a que el caso ni siquiera ingresó a la justicia y que además la Argentina hizo el pago que hasta ahora no se efectivizó en la jurisdicción Nueva York porque lo está frenando el juez Thomas Griesa. De esta manera, el fallo del Griesa ha invertido todo el proceso de reestructuración de deuda en una plaza estratégica como la de Nueva York, que puede servir de embrión también en un futuro promisorio para otras plazas de deuda internacionales como Londres y también expandirse como un reguero de pólvora a todas las plazas que emitan deuda y afectar a las naciones. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla. La relación entre un Estado deudor y sus acreedores está marcada por la relación de fuerzas. En la misma proporción en que crece el endeudamiento de los países también se debilita su capacidad para determinar las condiciones de repago de una deuda, incluso la posibilidad de fijar la jurisdicción en la que emite la deuda.

También, a medida que se multiplica la penetración de los fondos especuladores en el sistema político y jurídico, que rige la normativa de estas naciones, gana terreno la posición de los buitres para establecer las condiciones a un país sobreendeudado que necesita desesperadamente fondos para cubrir su funcionamiento cotidiano.

Además, se trata de fondos especulativos que manejan millones y millones de dólares y, por lo tanto, tienen mayor capacidad para comprar voluntades y modificar las leyes existentes.

Una ecuación que no es disparatada si usted analiza los cambios que se han producido en los últimos años, en los que el Estado de Bienestar, que caracterizó a los Estados Unidos y Europa en los años sesenta y setenta, se desmoronó en la misma proporción en la que se desvaneció la contracara socialista y se robusteció la financiarización de la economía, etapa superior del capitalismo.

De esta manera, el "juicio del siglo" en el que Griesa se volcó por los buitres, también les permite aceitar un nuevo mecanismo de saqueo contra los estados, que obliga, mediante una interpretación escandalosa del pari passu, a los países a pagar el 100% de la deuda, aunque se encuentren en un procedimiento de quiebra, y al mismo tiempo engorda un sistema de seguros que garantiza un negocio seguro adicional para aquellos que promuevan las condiciones para impulsar a los estados a un impago. Las naciones pelean con un enemigo silencioso, con un enorme poder de fuego, capaz de corromper y penetrar los sistemas políticos más reverenciados por el capitalismo. Cuentan con un apoyo clave y determinante: los poderes más retrógrados del sistema republicano de las potencias mundiales, particularmente el Congreso de los Estados Unidos y, fundamentalmente, el Poder Judicial. Se aprovechan que sus oponentes están integrados por organizaciones multilaterales burocráticas, poco representativas y con escaso poder de fuego efectivo para concertar acuerdos rápidos, conjuntos. Cristina Fernández de Kirchner, en su condición de presidenta de la Argentina, está en el medio de este fuego. Ha logrado internalizar el problema en los BRICS y en organizaciones internacionales como la OEA y la ONU. El gran desafío que existe por delante es encontrarle soluciones nuevas y operativas. No es una tarea sencilla, enfrente hay enemigos ágiles, pragmáticos y con una enorme solvencia económica-financiera que han comprendido que su capacidad para diseñar el nuevo capitalismo consiste en montarse en los elementos más conservadores del establishment y en los cimientos culturales que vienen edificando hace varias décadas. La única forma de romper con ello es descreer de las recetas tradicionales, apelar al pragmatismo y no perder de vista que el fin en sí mismo es defender los intereses colectivos, los de la Nación.

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