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Una multinacional del terror



El Emirato Islámico tiene intenciones de restar protagonismo a sus combatientes árabes y promover a los chechenos, georgianos y chinos, amablemente puestos a su disposición por los servicios secretos georgianos.

Otra señal de alarma comienza a sonar en momentos en que el Emirato Islámico divulga a través de las complacientes redes sociales las imágenes de la tercera decapitación de un ciudadano occidental: después de extenderse en Siria e Irak, el llamado Emirato Islámico está penetrando en el sudeste asiático, según advierte el periodista y geógrafo Manlio Dinucci en las páginas del periódico italiano Il Manifesto.

El alerta proviene de la firma Muir Analytics, que se dedica a proporcionar a las transnacionales información de inteligencia contra el terrorismo, la violencia política y la insurreccion. Muir Analytics es una de las auxiliares de la CIA en Virginia y la “casa madre” la utiliza a menudo para divulgar informaciones útiles para sus operaciones.

Es un secreto a voces que fue Estados Unidos el que favoreció el nacimiento del Emirato Islámico en un clima social fertilizado por sus guerras (las guerras estadounidenses en el Medio Oriente), en el marco de una estrategia que busca en primer lugar la destrucción total de Siria, impedida hasta ahora por la mediación rusa a cambio del desarme químico de Damasco, y la preocupación por Irak, que estaba alejándose de Washington y acercándose a Pekín y Moscú. El pacto de no agresión en Siria entre el Emirato Islámico y los rebeldes moderados es parte de esa estrategia.

En mayo de 2013, el senador estadounidense John McCain penetraba ilegalmente en Siria para reunirse allí con el estado mayor del Ejército Sirio Libre (ESL). El senador no tuvo problemas en dejarse fotografiar con Abu Yusef, oficialmente buscado por el Departamento de Estado estadounidense bajo el nombre de Abu Du’a y también buscado por la ONU bajo el nombre de Ibrahim al Badri. Este jefe del ESL (que los occidentales presentan como “moderado”) era al mismo tiempo el jefe del Emirato Islámico (extremista) y hoy se hace llamar califa Ibrahim.

En ese contexto, la alarma sobre la penetración del Emirato Islámico en Filipinas, Indonesia, Malasia, y en otros países geográficamente cercanos a China –alarma lanzada por la CIA a través de una firma que se dedica a esos menesteres–, sirve para justificar la estrategia que ya había entrado en aplicación, y en cuyo marco Estados Unidos y sus principales aliados están concentrando fuerzas militares en la región Asia-Pacífico. Precisamente allí donde –advertía el Pentágono en 2001– existe la posibilidad de que surja un rival militar con una formidable base de recursos, con capacidades suficientes como para amenazar la estabilidad de una región fundamental para los intereses estadounidenses.

Según el periodista Thierry Meyssan, el Emirato Islámico comenzó haciendo ostentación de su origen árabe. Esta organización surgió de Al Qaeda en Irak, que no luchaba contra los invasores estadounidenses sino contra los chiitas iraquíes. Luego se convirtió en Emirato Islámico en Irak y posteriormente en Emirato Islámico en Irak y el Levante (EIIL). En octubre de 2007, las fuerzas terrestres de Estados Unidos capturaron en Sinjar al menos 606 fichas de miembros extranjeros de esa organización, fichas que fueron cuidadosamente analizadas por expertos de la Academia Militar estadounidense de West Point.

Sin embargo, días después de la confiscación de las fichas, el emir Al Baghdadi declaró que su organización contaba solamente con 200 combatientes y que todos eran iraquíes. Esa mentira es comparable a las de las demás organizaciones terroristas que operan en Siria y que declaran que entre sus miembros sólo hay algunos extranjeros, cuando el Ejército Árabe Sirio estima en al menos 250 mil el número de yihadistas extranjeros que han pasado por Siria en los tres últimos años. En todo caso, el califa Ibrahim (nuevo nombre del emir Al Baghdadi) ahora reconoce que su organización se compone ampliamente de extranjeros y agrega que el territorio sirio ya no es para los sirios, sino para “sus” yihadistas.

Meyssan señala que según las fichas capturadas en Sinjar, un 41% de los terroristas extranjeros miembros del Emirato Islámico en Irak ostentaban la nacionalidad saudita, un 18,8% eran libios y solamente un 8,2% eran sirios. “Si relacionamos esas cifras con la población de cada uno de los países mencionados, veremos que la población libia ha proporcionado dos veces más combatientes que la de Arabia Saudita y cinco veces más que la de Siria”, concluye el periodista francés residente en Damásco.

Desde hace dos semanas, se ha iniciado una purga entre los oficiales provenientes del Magreb. Los tunecinos que tomaron el aeropuerto militar de Raqqa, el 25 de agosto de 2014, fueron arrestados por desobediencia, juzgados y ejecutados por orden de sus superiores. El Emirato Islámico tiene intenciones de restar protagonismo a sus combatientes árabes y promover a los chechenos amablemente puestos a su disposición por los servicios secretos georgianos.

Bajo el nombre de Abu Omar al Shishani, un sargento de la inteligencia militar georgiana, cuyo verdadero nombre es Tarkhan Batirashvili, se ha convertido en uno de los principales jefes del Emirato Islámico.

Abu Anisah al Khazakhi es el primer yihadista chino del Emirato Islámico muerto en combate, no era uigur sino kazajo.

Y ahora aparece un nuevo tipo de yihadistas: los yihadistas chinos. Desde junio de 2014, Estados Unidos y Turquía han introducido en el nordeste de Siria cientos de yihadistas chinos traídos incluso con sus familias. Algunos se convierten de inmediato en oficiales. Se trata principalmente de miembros de la etnia uigur, o sea chinos de la República Popular China pero musulmanes sunnitas turcófonos.

Es por lo tanto evidente que, a largo plazo, el Emirato Islámico extenderá sus actividades a Rusia y China, y que esos dos países son los blancos finales de sus acciones.

Para Thierry Meyssan, cuando la OTAN haya extendido el caos a todo el mundo árabe, incluso en el territorio de su aliado saudita, apuntará al Emirato Islámico contra las dos grandes potencias en desarrollo, que son Rusia y China. Es por eso que esas dos potencias deberían intervenir desde ahora y acabar con el embrión de ejército privado que la OTAN está reuniendo y entrenando en el mundo árabe. De no hacerlo ahora, Moscú y Pekín pronto tendrán que enfrentarse a ese ejército de todas maneras… pero será en suelo ruso y chino.

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