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Uno de cada tres argentinos es pobre.

La cantidad de pobres aumentó en la Argentina durante el último año y se acercaría peligrosamente al 30% de la población. El incremento de la gente con necesidades básicas insatisfechas es una consecuencia directa de la estrategia económica que lleva adelante Cristina e instrumenta Axel Kicillof. La constante inflación, la pérdida de empleo y la caída del salario generó este impacto: un mayor número de excluidos.

El crecimiento de la pobreza sería de uno a dos puntos, y los nuevos pobres suman entre 500.000 a 800.000. La conclusión surge de un conjunto de trabajos de organizaciones civiles e internacionales que miden la magnitud del problema en la Argentina.

Clarín tuvo acceso a los documentos que reflejan aumentos en las mediciones y otra cuestión: que la ayuda social que da el Estado no pudo frenar el deterioro que provoca la política económica.

El cuadro incluye un dato inquietante: por lo menos 2,3 millones de niños sufren porque viven en la pobreza.

La información desautoriza el relato oficial, en un tema sensible para Cristina: las condiciones sociales empeoraron durante los últimos cuatro años de su mandato, en lugar de mejorar como dice la arenga de la Presidenta.

Para el 2015 las proyecciones no son mejores: el tope salarial que impone Kicillof va a generar una nueva caída en los salarios.




El Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina terminó un estudio sobre la marginalidad que existía a fines del 2014 en la Argentina. Los datos reflejarán una conclusión inquietante: un aumento de la pobreza. Así, ahora se habrá ubicado entre uno y dos puntos por encima del 27,5% que había un año antes, en diciembre del 2013. En otras palabras: según este trabajo hoy uno de cada tres argentinos sería pobre y eso equivaldría a unas 12 millones de personas.

El documento es mantenido en reserva y se está buscando el momento propicio para difundir sus conclusiones. La prestigiosa UCA y la Iglesia no quieren interferir ni influir en el calendario electoral.

Además, primero, el Observatorio Social emitirá un trabajo sobre el creciente narcotráfico.

El propio Papa Francisco mantiene cautela y hasta sofocó en silencio un reciente escándalo diplomático en Roma. Eduardo Valdés, embajador en el Vaticano y Guillermo Moreno, agregado en la embajada de Roma, intentaron sin éxito desplazar a una institución social creada por el Papa. Ambos delegados de la Casa Rosada quisieron arrebatarle a la entidad educativa de bien público “Scholas Ocurrentes” la organización del Partido por la Paz a beneficio de la niñez. Intentaron sin éxito utilizar a Diego Maradona, pero sin ruidos Francisco abortó la operación de ambos diplomáticos.

Las proyecciones del informe social de la UCA son coincidente con otras evaluaciones recientes. El Centro de Estudios que lidera Claudio Lozano refleja un alza en la pobreza e investigaciones internacionales también confirman la magnitud del problema social que deja como herencia Cristina.

Un trabajo que realizó Unicef, con apoyo de la Cepal, precisa que la pobreza infantil en la Argentina alcanzaría al 23,5% de los niños. Se trata de un estudio que utiliza un criterio amplio para medir el fenómeno: no solo la canasta de alimentos, sino también indicadores de servicios sobre las necesidades insatisfechas. Es la metodología que reclamaba Kicillof en público, pero como los datos son adversos, la Casa Rosada intenta frenar la difusión de todos los documentos, porque desdicen seriamente el relato de la Presidenta.




La pobreza bajó con Néstor Kirchner y subió con Cristina.

Hasta ahora Kicillof tuvo una sola acción frente al creciente deterioro social en la Argentina: ocultar las estadísticas del INDEC sobre pobreza e indigencia y anular la difusión de los indicadores.

La serie del Observatorio Social es contundente: la pobreza comenzó el camino ascendente desde el 2012, cuando se profundizaron los errores económicos de la dupla Moreno-Kicillof.

El deterioro social es fruto de la desacertada estrategia económica, ya que desde que arrancó su gestión Kicillof acumula una colección de fracasos.

El ministro provocó el año pasado una caída fuerte del salario real: en promedio del 6%, y del 9% para los trabajadores alcanzados por Ganancias.

Ahora quiere limitar la recomposición y para eso fijó topes salariales. La decisión de frenar las paritarias libres va a provocar, en 2015, otra caída del salario.

Kicillof se lo confesó a dos empresarios que estaban a punto de cerrar un acuerdo del 30%. Primero habló con Carlos de la Vega y, enfurecido, le dijo : “Prohíbo que firmen ese aumento con Cavalieri.” Después le trasmitió a Osvaldo Cornide: “El ajuste máximo que permito debe ser del 23 al 24%.”

El acuerdo mercantil se cayó. Y Cornide se sinceró con Cavalieri: “En lugar de paritarias, el Gobierno sólo quiere un laudo salarial.”

Kicillof pretende lucir como heterodoxo para integrar la fórmula con Daniel Scioli. Pero su política cada vez se parece más al cóctel menemista: inició un proceso acelerado de endeudamiento, garantiza jugosas rentas con la bicicleta financiera y profundiza un atraso cambiario que afecta el crecimiento

Encima, ahora adhiere a otra perimida receta ortodoxa: quiere topes para bajar los sueldos porque cree –como los economistas liberales– que los salarios son los que generan la inflación.

El ministro convenció a Cristina de estas ideas y propuso una tibia reforma en Ganancias para contener a los gremios. Un parche encima confuso que reavivó una pelea cruenta: la interna entre Kicillof y Ricardo Etchegaray.


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