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Uruguay: Un país exótico para América Latina - Parte 1

Si el Uruguay estuviera situado en Europa, sería uno de los tantos pequeños países como Suiza o
Dinamarca, Polonia o Bulgaria, que hoy tratan de sobrevivir en un mundo cada vez más unificado por la tecnología de las grandes potencias.


http://www.taringa.net/post/info/18939106/Uruguay-vs-Europa.html

Pero situado como está en América del Sur, el Uruguay no es sólo el país más pequeño de esa región (175.000 km2; 3 millones 400 mil habitantes), sino el más exótico. Su exotismo consiste en no ser bastante latinoamericano, en no conformarse del todo a un supuesto modelo.

En un continente que se caracteriza por una geografía desmesurada –grandes selvas, enormes cordilleras,desiertos de fuego o de hielo, con inmensos ríos, volcanes y terremotos-, el Uruguay resulta una anomalía.

Está situado por completo fuera de la zona tropical o subtropical (30º5’ y 34º58’ de latitud sur y 53º12’ y 58º34’ de longitud); no tiene cordilleras ni montañas muy altas (Sierra de las Ánimas 540 m.); carece de desiertos, selvas o terremotos. Casi toda la superficie del país es habitable y de clima templado. La tierra es en general fértil y se parece, por su topografía ondulada y su clima, a las zonas del Norte del Mediterráneo o del centro de los Estados Unidos.



También es exótico el Uruguay desde el punto de vista de su población. En un continente que tiene la tasa de crecimiento demográfico más alta del mundo, el Uruguay tiene casi la misma tasa de crecimiento de países desarrollados como Francia, el control de la natalidad es una vieja costumbre allí.



En un continente mestizo, con grandes núcleos de población indígena que continúan viviendo como en la época colonial y que todavía no tienen acceso a la cultura moderna, el Uruguay es el único país latinoamericano que no tiene poblaciones indígenas y en que ya a fines del siglo XIX los aborígenes están totalmente mezclados y diluidos en una población predominantemente blanca y en su mayoría de origen inmigratorio.


Monumento a los últimos charrúas, Prado, Montevideo.


De ahí el exotismo de la cultura uruguaya en el contexto de la latinoamericana. Los cuatro mil indígenas que habitaban el Uruguay antes de la conquista española, vivían en un estadio muy primitivo de cultura. Divididos en varias tribus (la más importante, la de los charrúas) estos indígenas eran nómades, practicaban sólo una agricultura muy primitiva, y han dejado pocas huellas arqueológicas. Por su ferocidad, eran el terror de sus vecinos, los guaraníes del Paraguay, los que a su vez eran considerados salvajes por los Incas del Perú.

Este escalafón explica que los españoles no hayan podido dominar y colonizar a los charrúas, como sí lo hicieron con los incas y guaraníes. Aún a mediados del siglo XVIII, seguían levantándose contra el invasor blanco y asolando lo que consideraban legítimamente suyo.

Las últimas poblaciones indígenas del Uruguay fueron destruidas al constituirse el país como nación independiente. Los últimos cuatro charrúas, que aún vivían como tales, fueron llevados a la
Exposición internacional de París, y allí murieron, dando razón a los que sostienen que los uruguayos son tan afrancesados que hasta sus indios prefieren morir en París.



Sea como fuere, no dejaron una tradición cultural viable aunque tal vez los uruguayos hayan heredado de los charrúas el espíritu independiente y beligerante. Esto no quiere decir, como han escrito algunos historiadores, que no haya un aporte indígena a la población uruguaya. Lo hay, y esto lo advierte hasta el más superficial observador.

Por razones que se explicarán más adelante, tampoco la corona española tuvo mayor interés en el Uruguay hasta principios del siglo XVIII. Sólo a partir de esa fecha empieza realmente la colonización.

Desde el punto de vista histórico, el Uruguay resultó privado no solo de una cultura indígena rica y valiosa (como la de los aztecas en México, los mayas de Guatemala, los incas en el Perú) sino también de la cultura colonial española que florece en América Latina entre los siglos XVI y XVIII.

El Uruguay es un país que comienza realmente a existir en el momento de la decadencia del Imperio español y cuando se inicia la edad moderna.



Hay otros aspectos del exotismo del Uruguay dentro del contexto latinoamericano. A diferencia de México, de Cuba, de América Central, de Colombia, de Venezuela, incluso de Brasil, el Uruguay (como la Argentina) es un país que se libera de España no para caer en la órbita de la influencia política y económica de los Estados Unidos sino de Gran Bretaña.

Hasta 1914, el Uruguay funciona, desde el punto de vista de su economía y su orientación política internacional, como si fuera un estado asociado del Imperio británico, un huésped de esa comunidad mundial.

Aunque la influencia británica se debilita entonces, continúa bastante firme hasta finales de la segunda guerra mundial.

Sólo en 1945, al reorganizarse la Commonwealth con un sentido proteccionista, el Uruguay queda
afuera y empieza a gravitar inevitablemente hacia la órbita norteamericana. Pero sus estrechos vínculos con Inglaterra (principal responsable de la creación del Uruguay como país independiente) no se extienden a lo cultural.

Región colonizada por España en pleno siglo XVIII, cuando dicho país estaba bajo la influencia francesa, el Uruguay lleva desde sus orígenes el sello del Enciclopedismo, del rasgo racionalista del pensamiento francés, de la concepción analítica de la cultura humanística. Pero también lleva el sello de una admiración por todo lo que produce aquella nación que llega a veces a extremos patéticos de colonialismo cultural.



Como ha dicho Aldo Solari, uno de los principales sociólogos uruguayos, hay todavía mucha gente que cree allí que Francia es el país más democrático del mundo. Aún hoy que la influencia de la tecnología americana en el mundo (incluso en Francia) es cada vez mayor, y que la misma Sorbonne está en crisis, el Uruguay sigue adorando a los viejos dioses del humanismo tradicional.



Un último rasgo de exotismo: el Uruguay es el único país suramericano que dedica una mayor parte de su Presupuesto a Educación que a Defensa (0,9%). En tanto que no hay servicio militar obligatorio y el Ejército cumple funciones más decorativas que reales (los dos vecinos, Argentina y Brasil, son demasiado poderosos para pensar en enfrentarlos en ninguna acción bélica), la Educación primaria, gratuita y universal, data de 1877; la Educación secundaria y universitaria es también gratuita desde principios del siglo XX; la tasa de analfabetismo es la más baja de América del Sur (un 1% para los mayores de 15 años) y existe por la tanto una gran homogeneidad cultural en su población.



Esta diferencia notable entre el Presupuesto de Educación y el de Defensa explica el carácter democrático y civilista del estado uruguayo, su estabilidad en un continente amenazado siempre
por la violencia, muchas veces promovida por la intervención de las fuerzas armadas nacionales. Incluso explica la experimentación que allí ha tenido lugar con formas muy sofisticadas de organización democrática.

Más de una vez, se intentó reformar el Ejecutivo, convirtiéndolo en un Cuerpo colegiado de nueve miembros, en que estuvieran representados (en la proporción de seis y tres) los dos partidos mayoritarios.



Por diversas causas, el experimento incompleto de 1917 y el más completo de 1952/1966, no resultaron viables pero sirvieron para demostrar una fuerte tendencia a la participación y al compromiso político en la democracia uruguaya.

Estas circunstancias geográficas, históricas, demográficas y culturales, explican que el Uruguay haya sido el primer país latinoamericano en intentar la creación del Welfare State. Hacia 1920, cuando el resto de las naciones latinoamericanas se debatía ante problemas así insolubles de analfabetismo, desigualdad social y económica, grandes núcleos de población indígena inasimilable, miseria y explotación, ya el Uruguay había desarrollado un sistema de seguridad social que era no sólo único en América Latina sino de los más avanzados del mundo.



Es en las dos primeras décadas del siglo XX que se producen las reformas que transforman al Uruguay en un Welfare State: pensiones y jubilaciones muy generosas y que abarcan todas las profesiones y trabajos; educación secundaria y universitaria gratuita; leyes de divorcio que amparan a la mujer; jornada máxima de trabajo de ocho horas; abolición de la pena capital y legislación judicial extraordinariamente modernas: separación de la Iglesia y del Estado.



De esta manera, la imagen que proyecta Uruguay dentro del contexto latinoamericano es la de un país que no corresponde a las formas tradicionales de la organización latinoamericana y que, en cambio, corresponde más a la de una nación moderna de Europa. Aunque esta imagen necesite algún retoque y calificación es, aún hoy, verdadera.

Para comprender cómo ha sido posible llegar a este Uruguay de hoy, hay que repasar con algún detalle el curso de su evolución histórica, política, social y económica.


Parte 2 : http://www.taringa.net/posts/info/19055241/Uruguay-Un-pais-exotico-para-America-Latina---Parte-2.html
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