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Vnzla: Ladrones y asesinos

Sin ninguna duda y sin ser criminólogo, jurisconsulto o magistrado del máximo órgano de justicia nacional, que la denominación de ladrón no tiene atenuantes sino agravantes, pues se le llama ladrón a quien se roba una aguja como también a quien se roba un avión. Son las leyes las que clasifican o tipifican la gravedad del delito y corresponde a los entes de justicia la imputación de los cargos para que al final del respectivo proceso judicial se produzca la sentencia. Así pues que ladrón es ladrón aquí y en Burundi igualmente. Sin embargo, hay ladrones cuyos delitos generan consecuencias expansivas en la colectividad hacia el futuro y por tanto mayores niveles de ira en quienes somos las víctimas, la sociedad entera.

Nuestra referencia de hoy es sobre los reiterados hechos de robos a instituciones escolares y la sustracción grosera de insumos médicos en hospitales y ambulatorios de la red pública, los cuales se multiplican cada día y pareciera que, por lo reiterado más la impunidad de quienes los cometen, nos estamos acostumbrando a soportarlos estoicamente como algo "normal" o "común" y por tanto, algunas autoridades sencillamente se hacen los ignaros e incluso cómplices en algunos o tantos casos, es decir, los afectados debemos resignarnos con la negativa frase interrogativa ¿Qué podemos hacer?

En mi modesta apreciación de un hijo de campesinos formado en medio de limitaciones económicas, pero con un amplio conjunto de valores humanos para apreciar con vehemencia el sistema escolar público, ese mismo donde el estado venezolano aportó gran parte de los recursos humanos y materiales, así como nuestra familia otro tanto, más la dedicación amorosa para impulsarnos a superar niveles y llegar a ser el profesional universitario que soy, puedo entonces asegurar que los robos a las instituciones escolares es para la Nación entera la castración del futuro, es amputarnos las extremidades para impedirnos avanzar hacia el progreso, es ensañarse contra la infancia y la juventud para que su porvenir sea fúnebre, sombrío y desesperanzador.

Los robos contra simoncitos, escuelas, liceos y universidades, en la situación económica actual venezolana y para siempre, deben ser considerados por la comunidad entera como crímenes aterradores por las consecuencias que conllevan o las secuelas que causan. Quitarles a los alumnos los equipos de informática, múltiples materiales didácticos de indispensable necesidad en el proceso de enseñanza y aprendizaje, así como los alimentos del Programa Alimentario Escolar, además del costosísimo valor monetario que significan, es un crimen tan devastador para la infancia y la juventud, como los efectos causados por las drogas y demás vicios, porque tales hechos nos impiden formar los hombres útiles que el país necesita para superar el atraso, la pobreza y el subdesarrollo en sentido general.

También sucede lo mismo cuando los robos suceden en hospitales y ambulatorios donde acuden las grandes mayorías del pueblo carente de recursos y necesitados de atención, muchas veces de urgencia, es decir, cuando los segundos, los medicamentos, los equipos y la atención oportuna del médico son determinantes para mantener vivo al ser humano afectado. Es un asesinato contumaz robarse los aparatos e insumos médicos de la red pública, porque tal actuación nefasta es condenar a la muerte a la inmensa cantidad de seres humanos, quienes sin recursos económicos se apersonan en hospitales y ambulatorios para ser atendidos.

Lamentablemente no es secreto que tanto en el caso de las instituciones escolares como en las hospitalarias existe la complicidad interna de algunos funcionarios jerárquicos como de subalternos también, es decir, la corrupción y el desmedido deseo de lucro ha enfermado parte de la comunidad laboral de esos Dos grandes sectores que hasta hace muy poco tiempo, por la naturaleza de sus ocupaciones, se tenían como los de mayores meritos y depositarios del gran aprecio social. Obviamente debo hacer énfasis en que no son todos, porque eso está alejado de la realidad y sería totalmente injusto contra la gente honesta y abnegada que ha hecho de la educación y la salud una misión y pasión de vida, además sería admitir que todo está perdido y por tanto entregarnos a la desgracia, lo cual es inadmisible para una ser sensato o reflexivo.

Lamentablemente los cómplices y los rufianes alcahuetes existen en este tipo de casos, así como es innegable las mafias criminales que se crean o actúan en esos espacios intimidando, amedrentando y hasta asesinando a quienes honestamente intentan confrontarlos, porque entienden la gran importancia y necesidad de las instituciones educativas y de salud. Es por ello que al conocer las características genéricas de los robos, o el llamado modus operandi, comentadas entre la gente cercana o trabajadora de esos sitios, se puede inferir la participación interna y hasta las conexiones con funcionarios de seguridad o custodia.

Por lo pronto, el espacio no permite mayores argumentos para afincar con más vehemencia nuestro llamado a la sociedad, que de una u otra manera rodea o se vincula con instalaciones escolares y hospitalarias, para que colaboren de cualquier forma en preservarlas; nos queda la cuota de corresponsabilidad personal, en nuestro caso actual, de manifestar y exponer el tema en el parlamento regional, a objeto de hacer el llamado necesario a las autoridades pertinentes para que se produzca un mejor accionar de los organismos de seguridad y justicia, así como también de los controles internos de esas instituciones.
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