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Werner Von Braun Estuvo en Roswell


Werner Von Braun Estuvo en Roswell






Como ustedes recordarán, en 1947 se produjo el acontecimiento tal vez más importante de la historia ovni y, posiblemente, también el más polémico. El escenario fue el estado norteamericano de Nuevo México, concretamente cerca del pueblo de Roswell. En el "Caso Roswell", como se lo conoce desde entonces, lo que quedó de un artefacto extraterrestre fue hallado esparcido en ese lugar luego de estrellarse por circunstancias desconocidas. Además del ovni, varios cuerpos de sus tripulantes pudieron ser recuperados de entre esos restos. La Fuerza Aérea norteamericana y el Gobierno Federal han guardado desde entonces un hermético silencio sobre el caso, y luego de haber reconocido en un primer momento el incidente, cambiaron inmediatamente de criterio y sostuvieron hasta hoy una cerrada opinión afirmando que el objeto en cuestión era un proyecto de globo de altitud cuyo código era Mogul, diseñado para descubrir explosiones nucleares en la entonces Unión Soviética. Los cuerpos que se encontraron, según el USAF, eran maniquíes de prueba de paracaídas que se habían soltado sobre el desierto, y habían flotado para caer en el área de Roswell.





Durante mis largos años de labor en el periodismo, dediqué mucho tiempo a la investigación espacial y tuve la fortuna y el privilegio de haber sido invitado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos para visitar todas las bases de la NASA y recibir información muy importante sobre las actividades y proyectos astronáuticos de ese país. Entre esos contactos figuraron los Científicos alemanes que habían sido llevados por el gobierno de Washington luego de la Segunda Guerra. Esos hombres eran los responsables de los programas de cohetes alemanes (V1 y V2) controlados per el Tercer Reich y que hicieron estragos sobre Londres. Eso me dio la oportunidad de hablar largo y tendido con al doctor Werner von Braun, el líder del grupo de elite (con quien aparezco en las fotos, en su despacho) considerado el padre de la astronáutica norteamericana, y varios otros científicos de ese origen, en su bunker de Huntsville, en Alabama, donde daban los primeros pasos para el viaje a la Luna y la construcción de una plataforma especial, incorporados a la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio. En esa larga conversación intercalé en dos oportunidades preguntas sobre los ovnis. La primera vez, el notable científico germano hizo una larga pausa "mirando como para adentro", para finalmente contestarme: "Todavía no vi ninguno".





Luego de aproximadamente una hora, casi sobre al final de la entrevista, volví a la carga y su respuesta fue otro largo y significativo silencio, acompañado por una mirada como expresando: "Entienda que no puedo hablar de eso". Es que yo era un invitado oficial del gobierno, estaba con un intérprete oficial y no podía arriesgarse a ese tipo de información. Cuando se produjo lo de Roswell, eI y su equipo estaban lejos de allí, luchando -aún frescos los recuerdos de la guerra- con la hostilidad de la mayoría de los estadounidenses. Uno de sus ayudantes, un técnico alemán de baja estatura, increíblemente vivaz y movedizo, que trepaba a las torres preparadas para el enorme cohete Saturno -que estaban desarrollando- con una agilidad asombrosa felizmente era mucho más comunicativo que su jefe y me confesó que habían estado en Roswell días después del accidente, a pedido de la USAF. Pese a que muy probablemente haya fallecido, al igual que su célebre jefe, debo mantener la prometida reserva de su nombre, pero entiendo que no de todo el relato-revelación. Von Braun y ese técnico estuvieron en Roswell inspeccionando el lugar de la caída del ovni y sus restos. Confió en mí al contarme el increíble hecho, porque juré no darlo a conocer en ningún medio de difusión. Cumplí hasta hoy, pese a haber escrito mucho sobre Von Braun y la actividad astronáutica, pero, transcurridos más de treinta años y desaparecidos sus protagonistas, estimo que esto se puede ya dar a conocer, en parte por lo menos, también porque el trascendido de esa importante inspección en Roswell se filtró por otras fuentes, aunque sin demasiados detalles. En definitiva, hablamos con el técnico alemán sobre cosas que oficialmente "no existen". Pero Von Braun y él estuvieron allí, para desesperación de la mayoría de los militares que controlaban el secreto. Hicieron un análisis rápido pero bastante detallado de lo que fue encontrado luego de estrellarse el ovni. Confirmó que los restos que vieron no parecían ser de metal, por lo menos de los metales conocidos en nuestro planeta. En algunos había inscripciones indescifrables. Agregó algo que aún no alcanzo a entender: dijo que esos materiales parecían ser creados por algo biológico, como la piel. Aún estoy desorientado por "eso" que él no vacilaba en asegurar que era una "cosa viva". También vieron los cuerpos recuperados que estaban guardados temporalmente en una tienda médica cercana. Eran pequeños, muy frágiles y tenían cabezas grandes. Sus ojos eran grandes. Su piel grisácea y de textura que podría compararse con la de un reptil. Concretamente expresó que parecía similar a la piel de las serpientes. No dijo cuántos cuerpos vieron. Confesó que la inspección de los restos de la nave los dejó confundidos. Era un material muy delgado, como aluminio, plateado, que reflejaba muy bien la luz. El interior del UFO estaba casi vacío en cuanto a equipos, como si la nave y las criaturas que la tripularon fueran parte de una sola cosa o unidad , inseparables. Ese es otro de los detalles confusos que no puedo aclarar bien o que no entendí, ya que la comunicación no era precisamente fluida entre un alemán cerrado hablando inglés y un argentino con dificultades auditivas en ese idioma, sin contar durante esa recorrida con la ayuda de un intérprete, el señor John Andersson, que si estuvo en la reunión con Von Braun, tal como lo expresé. Pero lo realmente trascendente de esta nueva confirmación, es que lo de RosweIl no fue un "invento" de la prensa y que Von Braun y su equipo fueron llamados a opinar sobre lo que allí aún está celosamente guardado y planteando tantos misterios como el primer día. Los alemanes no fueron informados sobre un ET que habría sobrevivido al accidente y que habría revelado algunos secretos que condujeron, por ejemplo, a la "invención" del transistor, clave para el explosivo desarrollo de las comunicaciones. Coincidentemente, los avances científicos en prácticamente todos los campos, pero sobre todo en el de las comunicaciones y la exploración espacial, registraron una vertiginosa evolución a partir de ese momento.

EL INICIDENTE DE ARKANSAS

El UFO caído en 1947 es considerado legítimamente el caso superior en la historia del enigma de los platos voladores. Pero el técnico alemán recordó, durante la charla mencionada, la recuperación de otro disco ocurrida al parecer en el Estado de Arkansas, alrededor del mes de octubre de 1946 y al que también le asignaban mucha importancia. El disco capturado, no sabemos exactamente en que circunstancias, habría servido, según se decía, para intentar construir un prototipo del que se pensaban hacer varios con fines experimentales. Pero solamente las formas del plato volador se tomaban como base, ya que no se disponía de ningún otro detalle. Evidentemente el proyecto se abandonó, porque no trascendieron más detalles del mismo. Y el secreto se quebró cuando un guardia calificado del edificio donde se guardaba el artefacto, invitó a un íntimo amigo a ver algo extraño y extraordinario. La sorpresa del invitado fue mayúscula: delante de é1 había un disco de algo más de cuatro metros y medio de diámetro y unos dos metros de alto.






En su relato graficó la imagen diciendo que se parecía a dos platos de sopa unidos. Tenía "ventanas" rectangulares rodeando al disco. Hizo un boceto del plato que pudimos recuperar de archivos periodísticos y es el que publicamos en esta nota. Es el ovni típico, observado en distintas partes del mundo. Su amigo, el guardia, le contó que varios científicos estaban intentando descubrir una entrada al plato, sin conseguirlo. Probaron usar un poderoso taladro con mechas de diamante para penetrar el "vidrio", pero todo era inútil. No había ninguna puerta o compuertas, a la vista por lo menos. Ninguna insignia, ninguna escritura, ningún número. Estaba construido, de un material continuo, sin indicios de uniones de ningún tipo. Parecía ser aluminio muy pulido, pero impenetrable. Llamaba la atención que no tenía ninguna soldadura, ningún remache, ninguna unión visible. Se veía el interior, pero no se apreciaba ningún tablero de mandos, ningún asiento, ninguna compuerta, ninguna entidad, nada. Solamente un cilindro estaba en el centro del recinto. Tenía un metro de diámetro y posiblemente alojó la unidad de poder, según se creía. El lugar estaba al mando del coronel Nathan Twining, quien años después ocupó un alto cargo en el Pentágono. Reiteramos que, a nuestro juicio, son dos de los hechos más importantes que guarda la historia del fenómeno ovni y el relato-confirmación del técnico alemán le asigna, principalmente a Roswell, una trascendencia fundamental. Ellos estuvieron allí y lo vieron todo. Seguramente está en esos restos la clave para descifrar el misterio, pero es más que probable que, pese a que poseen en el Pentágono muchos detalles, aún no encontraron la "piedra de Rosetta" que permita interpretarlo en toda su magnitud.


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