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William Heirens, un asesino adolescente

William Heirens era un niño de clase alta, nacido en Chicago en 1929, época de la gran depresión, la cual no afectó la economía de su familia.
A los once años vio a una pareja practicando sexo, se lo contó a su madre y ésta le dijo que era algo sucio, que nunca debería tocar a otra persona porque podría contraer alguna enfermedad pero a los 17 años de edad, descubrió que el sexo no solamente era sucio, sino que también podría ser sangriento.
En 1942 le detuvieron por llevar una pistola al colegio. Luego se encontró un arsenal en su casa. Por ello, pasó tres años en una escuela de Indiana. En 1945 ingresa en la Universidad de Chicago; es allí donde comienza el allanamiento de casas. Entrar en casas extrañas le producía placer sexual.
El 3 de junio de 1945, William Heirens entró en el apartamento de Josephine Ross. Ella se despertó y se encontró con Williams. Él le atacó, le cortó la garganta y la acuchilló en el cuello multitud de ocasiones. Cuando vio la sangre se tranquilizó. Le vendó el cuello con trapos. Tras ello, recorrió la casa de estancia en estancia, experimentando varios orgasmos.
El 5 de octubre allanó otra vivienda. Era la casa de una enfermera. Esta le sorprendió y Heirens salió corriendo. La policía encontró huellas digitales en la casa, pero falló en la comparativa con las que tenían de su arresto.
Frances Brown fue su segunda víctima. El 10 de diciembre de 1945, cuando ella salía del baño, sorprendió a Heirens hurgando en su bolso. Ella empezó a gritar. Le disparó dos veces. Acabó su trabajo con un cuchillo de cocina. La llevó al baño e intentó lavar la sangre. Fue en vano. La tapó con una bata.
Suzanne Degnan, de seis años, fue su tercera y última víctima mortal. En enero de 1946 entró en su casa. Secuestró a la niña y dejó una nota de rescate para despistar a la policía. La llevó a un sotano cercano y la desmembró. Envolvió las partes en papel y las fue tirando por los desagües.
Un día la policía recibió una llamada en la que avisaban que había alguien merodeando cerca de su casa, en la parte norte de Chicago. Llegaron al lugar y tuvieron un enfrentamiento armado con Heirens, quien disparó dos veces. Margaret Houster abrió la ventana y desde su segundo piso pudo observar como media docena de policías mantenían un tiroteo contra un hombre agazapado que se escondía en el porche de su casa. La mujer cogió una de sus macetas y se la lanzó al desconocido. Se escuchó un golpe seco, un grito y, luego, silencio. La policía consiguió detenerle.
El detective Harold se hizo cargo del caso. Inició una investigación por homicidio, a pesar de no tener pruebas. Lo único que tenía es la declaración de Heirens, quien al ser detenido gritó: "Atrapenme antes de que vuelva a matar, no puedo controlarme". Pero pasaba el tiempo, no encontraban nada y estaban a punto de liberarlo debido a la presión de la familia. Pero, como en una película mala, hubo un giro inesperado en la investigación. Las huellas de Heirens coincidían con las encontradas en la escena del crimen de los tres asesinatos.
Comienzan las investigaciones sobre los asesinatos. Uno a uno fueron tomando forma. Heirens fue confesando los crímenes y así se puedo encontrar el cádaver de su víctima la niña Suzanne Degman, diseminado por las alcantarillas.
“A los otros los maté porque me encontraron robando en sus casas, pero no era yo, era George Murman , es él quien los mata. No yo.”
Afirmaba tener doble personalidad, que se apoderaba de él y le obligaba matar. Estudios psicólogos que le hicieron negaron la doble personalidad y le describieron como una persona mentalmente sana. Fue condenado a tres cadenas perpetuas.
Ocho años después de comenzar su condena se convirtió en el primer preso de los Estados Unidos en sacar un título universitario por haber cursado estudios dentro de la cárcel.
Murió el 6 de Marzo de 2012, siendo diabético, casi ciego y en silla de ruedas. Se ha presentado varias veces para obtener la libertad bajo palabra. La última audiencia fue el 26 de julio de 2007. "Dios te perdonará, pero el estado, no".


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