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Cuirassier Ep 04/?? (serie propia)

Bueno señores, acá les traigo el episodio 4 de esta historia y como prometí, los voy a ir publicando semanamente. Pido disculpas porque no lo publiqué ayer, ya que me quedé sin intenet por tiempo indefinido y estoy en un ciber Gracias por el entusiasmo demostrado.


Debo aclarar de que algunas palabras y frases están en francés y japonés, después del vocablo en idioma extrajero, coloqué su significado entre corchetes, para su entendimiento.

Acá les dejo una lista de reproducción para que no se aburran leyendo, si tienen audiculares súbanle al máximo el volúmen y pongan play, esperen un poco para que carguen las canciones y disfruten del episodio.






CUIRASSIER EPISODIO 4
El descampado de Sekigahara


— ¿Estuviste llorando? —Me preguntó Francis.
— No —Le dije a pesar de que no podía ocultarlo —Me ocurre todo el tiempo, es normal.
No hacía falta ser una genia para saber que él pensaba “claro, como si no me diera cuenta”
— ¿Estás cansada? — Me preguntó porque estaba adormilada en el centro de un bosque.
—Daijoubu— Respondí. Al fondo se podía apreciar unas montañas con picos blancos. En el momento en que el viajero del tiempo dio un paso, quedó rodeado de nieve.
— ¡Demonios! —Dijo intentando calentarse frotándose las manos y soplándolas — ¡Tras que de por sí es tedioso cambiar de clima!
— ¿Dónde has estado? —Pregunté curiosa cuando se limpiaba la nieve.
— Nueva Zelanda, con el capitán Cook.
— ¿¡De verdad?! —Me sobresalté.
— Oui . Necesito que nos vayamos. ¿Por cierto, dónde estamos?
—Chile, Los Andes. Debería estar en Argentina, pero como tenía calor vine a un lugar más fresco. Vayamos a un lugar lindo —Programé mi Voyager y sonreí.
— ¡Debemos trabajar! ¿Vous avez compris? [¿Has entendido?]¡A ningún lugar lindo! —Me retó, pero me enojé y oprimí mi “C”, el mundo giraba a nuestro alrededor y cuando se detuvo, mi Voyager decía
“PARÍS, FRANCIA; 1889”

— ¡Mon Dieu! [¡Por Dios!] Estoy seguro que es París, ¿Pero qué año es este?
— La inauguración de la exposición universal de París de 1889. Es un evento que siempre imaginé, pero que nunca vi, así que... aquí estoy.
Francis me miró seriamente (básicamente “¬¬”) y yo sonreí.
—Aquí se inauguró la Torre Eiffel.
Francis me seguía mirando seriamente (Aún “¬¬”), pero esta vez me puso un círculo rojo con la inscripción “1600” en él. Yo lo miré con los ojos abiertos y él me dijo:
—Ahora no irás a ningún lugar—Y nos llevó a un lugar que a simple vista no reconocía, pero observándolo mejor, de a poco me resultaba familiar. Cuando observé mi Voyager éste decía:
“SEKIGAHARA, JAPÓN; 1600”

Miré a nuestro alrededor y descubrí un descampado enorme y verde. Un bosque rodeaba esa llanura repleta de árboles en la periferia, y montes repletos de estos árboles. A simple vista era un lugar maravilloso, muy diferente a la Sekigahara de mi época, sin monumentos, ni gente, sólo naturaleza. Francis, quien estaba a mi lado todo este tiempo no paraba de mirar para todas partes.
— ¿Qué ocurre? —Pregunté.
— ¡Idiot! ¿No sabes lo que ocurre aquí?
— Gomen [Perdón] ¿Ya ocurrió la batalla?
—En efecto, si miramos desde nuestro presente, ya ocurrió, pero como retrocedimos y aún no hay muertos a la vista, supongo que no ocurrió nada. Por cierto, no tengo la más pálida idea de historia Japonesa. ¿Me iluminas?
— Antes de comenzar, ¿Podemos estar en esta época vestidos de esta forma? — Lo decía principalmente porque nuestra ropa anterior era la típica del siglo XXI y sin embargo estábamos allí... en el principio del siglo XVII.
—Usualmente nos ponemos ropa típica de época, pero como no teníamos nada del 1600 en Japón... No sabía que ponernos— En ese momento, Francis se rió y nos llevó a otro lugar y el Voyager decía: XX XX XXXX, otra vez estábamos allí, en el quinto milenio después de Cristo. Rápidamente descubrí que estábamos en un armario (o estaremos en un armario) gigantesco que contenía ropa de todos los países y épocas. En la sección “Asia- Japón” buscamos en el principio y encontramos “Período Azuchi-Momoyama (1568 – 1600)” y nos pusimos ropas de época. Francis me miró esperando a que le diga que esté lista y una vez que asentí perpleja, volvimos a donde estábamos.
— ¿Qué fue eso?
— El armario cuirassier. Es sólo para nosotros y nadie más (es decir, para los viajeros en el tiempo). ¿Ahora me puedes iluminar?
—Claro—Dije aún en shock—Antes, Japón era un archipiélago gobernado por Daimyos, terratenientes equivalentes a tus señores feudales. Sin embargo vivían constantemente de lucha en lucha y vivían de eso, no se llevaban muy bien los unos con los otros. Sin embargo logró unificar la mitad de Japón. Siguió expandiéndose y no fue sino hasta que su sucesor Toyotomi Hideyoshi, que terminó de unificar el archipiélago, que su sueño se vio cumplido. El problema surgió cuando Hideyoshi, al llegar a su vejez sin ningún heredero de sangre, nombró a su hijo adoptivo como sucesor, y a una edad bastante adulta a decir verdad, el anciano tuvo un hijo, y para demostrar su lealtad, ordenó a su hijo que se suicidara. Sabiendo que su muerte traería problemas a largo plazo, mandó a hacer un consejo comandado por Tokugawa Ieyasu, para que ejerzan el poder hasta que el recién nacido cumpla la mayoría de edad. Sin embargo, el daimyo Tokugawa sabía que si se esperaba mucho tiempo, Japón nunca se vería unificado y logró rápidamente un poder casi absoluto, de forma implícita.
— ¿Entonces? —Me preguntó impaciente.
— La batalla de Sekigahara fue la última disputa entre los dos grandes bandos: Los que querían que gobernara Tokugawa, y los que creían que el poder lo debía tener definitivamente el hijo de Hideyoshi. Luego de esa batalla hubo una paz casi plena en todo el archipiélago.
— ¿Y acerca de la batalla?
— Lo interesante es que fue la batalla más importante de Japón, ya que según los historiadores, fue la más numerosa en suelo japonés, incluso más que en las guerras mundiales. Se estiman desde 160.000 a 250.000 guerreros. Además de implementarse los mosquetes y cañones occidentales que adquirió Nobunaga. Tres años después, Tokugawa se convierte en shogun, el general de más alto rango en la antigüedad, con tu equivalente al canciller, o primer ministro.
— ¿Hideyoshi o Tokugawa? —Dijeron de repente unos soldados vestidos totalmente de negro con katanas [espadas japonesas de la antigüedad, muy tradicionales y peligrosas]. Sorprendiéndolos, ya que no los habían escuchado acercarse.
— Tokugawa, obviamente—Dije instantáneamente cuando observé el mon [emblema] distintivo de su clan en la funda de la katana.
—Acompañadme, vosotros iréis también al campamento.
— ¿Por qué los exploradores llevan katanas? —Me susurró Francis. Lo que me sorprendió.
— ¡¿Entonces sabes algo de historia?! —Dije y sonreí, respondiendo —Porque el bando de Tokugawa creía que era más honorable de esa forma.
Francis se limitó a responderme mi sonrisa. Cuando llegamos al campamento, nos hicieron varias pruebas de lealtad, sin embargo no nos dejaron participar en nada, sólo seríamos espectadores. En cuanto a mí, me miraron con cierto rechazo, si bien Francis tenía rostro de extranjero, yo era mujer y al principio desconfiaban a pesar de que ya probé mi lealtad, pero no fue sino hasta que nos proveyeron de uniformes y parecía un hombre, que dejaron de verme con un singular susceptibilidad, aunque jamás nos proveyeron de armamento. Los soldados de negro se metieron en una gran carpa central y nosotros nos sentamos a esperar.
Cuando llegamos eran las 18:30, y para cuando los altos mandos terminaron de debatir la estrategia practicada por meses (si, por meses sino es que más), salieron de la carpa de a uno, primero los Daimyos con rango menor, luego los grandes generales y por último, con tres consejeros, salió un hombre con un círculo enorme en el centro de su pechera con tres hojas de malva color amarillas. Tokugawa entonces miró a su alrededor y se subió a un caballo que había allí. Sus consejeros ordenaron mover el campamento más cerca del enemigo y avisaron que un ataque nocturno estaba totalmente descartado ya que carecía de honor y era sólo para ejércitos menores cobardes.
—Debes ser cuidadosa—Me dijo Francis—No debes comentar ABSOLUTAMENTE NADA de lo que ocurrirá, ya que si alguien lo sabe, podría ser fatal para la historia.
Yo decidí que lo más prudente sería hacerle caso. Entonces recordé que los soldados estaban cansados ya que habían tenido una escaramuza anteriormente, y según la historia, no sería sino hasta las 6:30 de la mañana siguiente en que se disputaría la batalla.
—CAUTELOSAMENTE, intenta buscar al condamner con tu Voyager—Me advirtió Francis mostrándome que sigilosamente lo hacía—Una vez que lo capturemos nos vamos.
Entonces yo buscaría en los ejércitos menores, mientras que él comenzó a buscar en el ejército de Tokugawa y los altos mandos. De paso, los soldados creían que como Francis era extranjero, sabía cómo usar mosquetes. No era del todo acertado, pero supo enseñar bien y ganarse el respeto de sus compañeros al decirle algunos trucos para ganar tiempo en la batalla. Obviamente que lo miré muy disgustada ya que él hacía lo que me dijo que no haga, pero pronto recordé a lo que había viajado a esa época y seguí con mi labor. Probamos con cada soldado, con cada jefe y general, Francis incluso logró acercarse al daimyo Tokugawa lo suficiente como para “escanearlo” y no obtuvo el resultado deseado. Llegamos a la conclusión de que el ejército estaba limpio de condamners. ¿Entonces dónde se entraba el reo? Estuvieron pensando hasta que resolvieron buscar entre los enemigos al día siguiente. Eran ya las 02:00 a.m. cuando de lo cansados que estaban, quedaron dormidos.
Despertaron una hora después.
— ¿Qué ocurre? — Preguntó Francis.
— ¡El enemigo se prepara! —Gritaban de un lado a otro — ¡Ir levantándose!
— A las 04:30 Tokugawa estaba preparado y listo para atacar —Le dije al cuirassier.
— ¿Tan temprano? —Excusó.
—Creían que era la primera hora de la mañana y que debían estar lúcidos y preparados para una batalla justa entre Tokugawa e Ishida Mitsunari.
— ¿No era Hideyoshi quien lideraba la batalla?
— Hideyoshi aún no luchaba, sino que estaba en su palacio y fue Mitsunari, quien lo defendía y lideraba las tropas del sucesor del unificador.
Ver en vivo y en directo cómo ocurre lo que para mí es historia, es algo que me dejó maravillada, pronto presenciaría lo que muchos historiadores no concuerdan en lo que pasó de verdad, sino que está basado en estimaciones. A las 05:00 aún estaban preparados y Sakura prestó atención a lo que pasaba a su alrededor. Tal cual dicen los libros, enciclopedias, wikipedia y otras páginas en internet, la mañana amaneció lluviosa, bastante espesa y con una niebla terrible, tan abundante que no podía distinguir el rostro de Francis a pesar de estar a unos metros a mi lado. Eso arruinó un poco los planes de Tokugawa, quien lideraba el ejército del Este.
A eso de las 8 de la mañana la niebla se dispersó dejando a la vista el descampado de Sekigahara, el lugar donde se disputaría la batalla. En ese momento, Francis me dijo que iría con las tropas de Tokugawa para hacer de “espectador” allí, mientras ella se quedaba en el otro lugar del ejército.
—Nunca nadie estuvo seguro de quién inició realmente la batalla —Me dije para mí misma, cuando escuché que un cañón se disparó. En cuanto giré mi vista, estaba Francis con el cañón y la mecha consumida. “¬¬ ahora se terminó el misterio” Pensé.
No importó mucho, el Ejército del Oeste comenzó a correr en nuestra dirección, mientras que nosotros en su contra. Se nos prohibió participar en la batalla, pero escapamos y comenzamos a “escanear” a los del bando contrario, varias veces nos vimos envueltos entre la espada y la pared, pero salimos ilesos. Comencé a buscar a Francis, que no estaba en ningún lado. Me corrí de la batalla, y en cuanto me di cuenta, me perdí. No sabía cuál era el bando en el que me encontraba. No fue sino hasta que escuché a uno decir que el daimyo Mitsunari ordenó a Kobayakawa Hideaki, levantar armas en contra de Tokugawa, lo descubrí y me saqué rápidamente el uniforme del ejército del Este dejándome solamente el yelmo que era muy parecido al que traían. Me acerqué y luego de acercar la máquina del tiempo de viaje a cuanto hombre se me acercara, se me ocurrió cubrirme con Mitsunari, quien no debía ser capturado, sino hasta la huída, y por esa razón, estaría a salvo aunque sea por unos instantes.
Jamás debí hacerlo. En cuanto me acerqué al jefe del bando contrario, los números del Voyager comenzaron a alterarse y rápidamente cambiaban. No definían un número en concreto, sino que subían y subían rápidamente hasta que finalmente se detuvo en el “14 de Agosto de 1930”. Entonces entré en un estado en shock. Mi mundo se había desmoronado, ya que descubrí que una de las personalidades de la historia del Japón, no era ni de esa época, y ni siquiera estaba segura de que se llamaba de esa forma. No podía creerle a esa máquina. Y de repente, sentí un abrazo cálido en mi espalda. Cerré mis ojos y me dejé llevar por la calidez de ese abrazo. Entonces sentí al oído una voz que me decía “Tranquila, todo va a salir bien” y cuando abrí los ojos, estaba el cuirassier mirándome con preocupación.
—Un tal Hideaki Kobayakawa es el condamner que buscábamos— Dijo Francis a lo que yo me quedé con los ojos abiertos.
—Imposible—Dije y le mostré mi Voyager señalando a Mitsunari. Él abrió los ojos también, pero por dos cosas, una porque era extraño que dos condamners se encuentren en un mismo acontecimiento, y segundo, porque el mismo Mitsunari nos estaba viendo fijamente a los dos.
Comenzamos a correr a todo lo que daba nuestros pies y el jefe nos seguía. A simple vista parecía que nos iba a alcanzar, cuando desde una parte de la batalla, cerca de donde estábamos se escuchó el grito: “¡Nuestro objetivo es Ōtani Yoshitsugu [Otro Daimyo enemigo de Tokugawa]!” y Mitsunari, miró hacia donde nacía el grito.
— ¡Maldito Traidor! —Gritó dirigiéndose al otro condamner. Desde entonces vimos cómo los soldados del ejército del Oeste se desmoralizaban y huían despavoridamente de allí.
Francis de inmediato me tomó y apretó la “C” de su Voyager y el mundo giró a nuestro alrededor hasta que se detuvo en lo que parecía un juicio, en una plaza abierta. La Voyager mostraba que el tiempo sólo cambió:
KIOTO, JAPÓN; DOS DÍAS DESPUÉS

— ¿Y ahora que ocurrió? —Pregunté aún con adrenalina.
—Acordé con Hideaki [El segundo condamner] lo que ocurriría con Mitsunari [El primer condamner] —Me dijo y me mostró lo que pasaba. Era una ronda cercada para que nadie pasase. El cuerpo de Mitsunari fue traído y enterrado en un pozo vivo, hasta los hombros.
—Los aldeanos capturaron a Mitsunari—Dije—Y fue traído a Kioto donde fue enterrado hasta los hombros y... no quiero ver lo que sigue.
Sabía lo que pasaría: a Hideaki lo condecoraron. Francis me explicó que originalmente el condamner no tenía la intención de cambiarse de bando, pero que el cuirassier logró convencerlo para que la historia no se modifique, mostrándole que si no se cambiaba de bando, jamás obtendría la gloria que poseería si estaba con Tokugawa. El condamner Hideaki prometió hacer cumplir la historia y regresar a su época “24 de Marzo de 2005”. Yo, como cualquier persona, me quedé ojiabierta y luego lo ignoré ya que no me hacía bien pensarlo mucho.
Hideaki, como dice la historia, para remediar el error que había cometido en haberse puesto en contra del futuro Shogun Tokugawa, encabezó el asalto a Sawayama, donde terminó de afianzar el poder de la nueva dinastía y se ganó su confianza. Volvió a su época súbitamente dos años después, y para no arruinar más la historia, no tuvo ningún heredero, disolviendo así el clan Kobayakawa.
El condamner Mitsunari, como ocurría detrás de mí, al escuchar sus gritos supe lo que pasaba: le cortaron la Cabeza lenta y cruelmente con un serrucho de bambú y la expusieron en terreno público.
—A veces hay que dejar que las cosas pasen como debían de pasar.
— ¿Eres sádico o sólo asqueroso?
— Soy oyente, y si era por mí, los mandaba a la Prisión de Berlín, pero decidí la segunda opción, además, no podemos remediar lo que ocurrió.
—Las consecuencias de un hecho son inevitables —Dije— ¿O no? —Él sonrió.
— Voila [En este contexto, “Exactamente”]. Aunque yo lo decía porque una regla de un cuirassier corriente dice que no se puede remediar un error cometido. Cometería lo que en tu época llaman “Efecto Mariposa”.
Me acordé de una cosa y le sonreí. Él miró al cielo y después me dirigió una tierna mirada.
— Está bien. De vez en cuando debemos descansar —Me dijo y me abrazó. En cuanto me soltó tenía en su mano un círculo rojo y éste se rompió.
— ¿A dónde? —Pregunté.
— ¿Te parece a “París, Francia; 1889”?

FIN DEL CAPÍTULO 4



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Y nos vemos!


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