Nuevo Juego: LoS HoRoReZ dE HoRtOGraFia

Anoche se me ocurrio hacer un juego didactico y entretenido. Consiste en poner un texto -en este caso un cuento corto- en el que hay errores de ortografia. Ademas de entretenerte leyendo el cuento la idea es que detectes esos errores de ortografia y los pongas en un comentario.

Había una ves un campesino de nombre Ricardo Arrieta, quien vivía con su mujer en una granja, en las afueras del pueblo la Quebrada. Dedicado a la agricultura abía tenido barios hijos a los cuales llamaba según el nombre de los animales que tenía en la acienda, a pesar de los reproches de su espoza, por ejemplo al hijo mayor lo llamaba el burro porque este nunca quiso asistir a la escuela del pueblo, a su segunda hija la llamaba cariñosamente la cochinita porque estaba muy gorda y cachetona, al tercer hijo lo llamaba el loro, porque nunca parava de ablar y al hijo más pequenio de apenas dos años de edad, lo llamaba el sapo, porque en vez de caminar, se la pasaba saltando de un lado a otro. Un día mientras realizaba unas compras en un negocio del pueblo, don Ricardo se encontró con la maestra Juliana, quien le sugirió enbiara los niños al colegio, a lo que el anciano agricultor respondió: ¡Bueno mí estimada maestra para complacerla, el próximo lunes le enviaré muy bien bañado al burro, para ver si me le enseña algo! La maestra Juliana abrió los labios de par en par al escuchar lo que el anciano le había dicho y muy molesta, pensando que le estaba jugando una pesada broma le respondió: ¡Mire señor, como se le ocurre tan semejante cosa, como es eso que me va a mandar un animal al colegio!.Don Ricardo muerto de la risa le respondió: ¡No se moleste maestra, no se me ponga brava, mire yo llamo vurro a mi hijo mayor, porque él nunca ha querido asistir a la escuela!.Entendiendo la situación, la maestra Juliana exclamó: ¡Por fabor señor recuerde que tiene que llamar a sus hijos por sus nombres!. Don Ricardo nuevamente soltó una carcajada y le respondió: ¡Caramba maestra, mire es una tradición de mi familia llamarnos así, por ejemplo mí papá que en paz descanze, acostumbraba llamarme el mocho, porque cuando pequeño accidentalmente me corte un dedo de mí mano derecha!. Sorprendida la maestra continuó escuchando el relato de don Ricardo: ¡Yo recuerdo maestra, que la pelona siempre le reclamaba a mi papá esa actitud!. Por simple curiosidad la maestra juliana interrumpió para preguntar: ¿Quien era la pelona?. Don Ricardo respondió: ¡Mi difunta madre!. Un largo suspiro salió de la garganta de la maestra y estaba a punto de marcharse cuando don Ricardo le dijo: ¡Bueno maestra mí compromiso es enviarle a los muchachos al colejio, eso si primero tengo que consultar con la bruja, para que ella me de también su consentimiento!. Al escuchar aquella afirmación, el rostro de la maestra juliana se puso rojo como un tomate y exclamó: ¡Mire mi don, yo soy muy cristiana y no acepto que usted me diga tal barvaridad, como es eso que para enbiar a sus hijos al colegio, primero tenga que consultar la opinión de una bruja!. Don Ricardo bolvió a sonreír y respondió: ¡Disculpe maestra, espere y le explico, Yo llamo la bruja a mi mujer, la madre de mis hijos!. Nuebamente la maestra Juliana respiró con tranquilidad y en silensio pensaba que aquel señor era todo un caso y estaba a punto de salir del negocio, cuando escuchó a don Ricardo decir: ¡Bueno mejor me marcho a la cueva, ese relámpago en el cielo está anunciando un palo de agua, la otra noche la bruja me dijo que no saliera y yo no le hise caso, me fui para un baile en el pueblo, de regreso me agarró un aguacero que me mojó hasta el cogote, ese otro día me dio una pulmonía y hasta haora estoy sufriendo de un catarro que no se me quita y eso me pasó por no hacerle caso a la bruja, mejor me marcho!. Casi al mismo tiempo la maestra Juliana y don Ricardo se marcharon a sus casas, ambos ivan pensando en los pormenores y detalles de aquel día y de la peculiar conversasión que abían tenido.

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