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'Forza Horizon 2', la velocidad al servicio de la belleza



La segunda entrega del juego de carreras para Xbox One es magnífica y solo tiene un defecto: acaba haciéndose repetitiva

Es curioso cómo dos juegos de la anterior generación aparentemente tan dispares como 'Burnout Paradise' y 'Test Drive Unlimited' definieron las bases de lo que se supone que debe ser un título de carreras moderno: un mundo abierto por explorar y multitud de pruebas al alcance de tu mano. 'Forza Horizon 2' recoge el testigo y lo hace de forma magnífica. 'Forza Motorsport 5', el hermano mayor, más serio y con la simulación como bandera, ya demostró el salto cualitativo en el modelado de los vehículos.

Todo eso sigue igual: la fibra de carbono, el aluminio, el plástico, los parabrisas, las rejillas de ventilación, los faros... Todo está recreado al detalle y parece cobrar vida con la incidencia de la luz sobre cada material y con los cambios dinámicos de la meteorología. Las gotas de agua y, llegado el caso, el barro impregnan cada centímetro del coche y lo hacen de forma fotorrealista. Existe, incluso, un modo fotografía para recrearse con las imágenes. Las sensaciones se incrementan al volante, cuando el asfalto resbaladizo por el agua actúa directamente sobre las ruedas del vehículo. La conducción, algo más arcade de serie aunque pueden ajustarse los valores para complicar las cosas, tiene personalidad -cada coche es un mundo- y resulta muy gratificante.

Pero es que además 'Forza Horizon 2' se beneficia del cambio de escenario. El título de Playground Games evita el paisaje tejano de la anterior edición y lleva al jugador a Europa, concretamente por los campos, ciudades, pueblos y carreteras del sudeste francés y la costa italiana. Las pintorescas villas, los campos de cultivo, las montañas... Es un escenario idílico -solo el modelado de algunos edificios deja algo que desear- que, además, otorga cierta libertad al jugador. En efecto, es posible atravesar kilómetros del mapa sin tomar una carretera -de hecho, hay carreras campo a través con la única limitación de pasar por unos puntos de control, una de las novedades de esta entrega-, lo que aporta ciertas dosis de estrategia a la hora de afrontar cualquiera de las pruebas del título.

Sobre esta excepcional base tecnológica y una personalidad arrolladora se levanta un juego que basa casi todo su potencial en la experiencia de conducir en este entorno. De hecho, a medida que el jugador progrese -y en este sentido se han añadido puntos de habilidad que mejoran los multiplicadores de puntuación- tendrá que desplazarse hacia una de las seis localizaciones diferentes -gracias al micrófono de Kinect podremos pedir con la voz a nuestro GPS Anna que nos indique el evento más cercano-, en trayectos contrarreloj muy permisivos con el tiempo -la idea aquí es disfrutar del paisaje- para iniciar los distintos campeonatos de los que se compone el juego.


Un montón de pruebas

Son 168, si bien es cierto que completar 15 de ellos -los hay de todas clases, superdeportivos, turismo, 4x4, clásicos...- dará acceso a la final de Horizon, el pretexto en forma de festival musical por el que se ha montado la competición. Y es que en cifras el juego no se queda corto: posee más de 200 vehículos y 700 eventos en total. Entre estos últimos destacan las exhibiciones, donde compites contra aviones, trenes o globos aerostáticos, y las experiencias vitales que te permiten conducir coches raros sin necesidad de adquirirlos. A ello, hay que añadir todos los coleccionables ocultos por el mapa -carteles, vehículos abandonados y radares de velocidad-. Son más de cien horas de juegossi lo que se busca es completarlo al 100%.

Y, quizá por ello, el título a la larga puede volverse algo repetitivo. No hay tanta variedad en las pruebas y las que se desmarcan un poco de correr por correr resultan tímidos intentos por ofrecer cosas nuevas. De nada sirve que el juego haya heredado de 'Forza Motorsport 5' los drivatars, los avatares virtuales de nuestros amigos y de otros jugadores reales de 'Forza Horizon 2' porque tampoco se aprecian grandes diferencias con respecto a jugar contra la inteligencia virtual de un juego cualquiera -de hecho, el juego en sí es más bien de dificultad baja-, el multijugador -muy destacable la opción de crear nuestros propios clubs-, ni que el apartado musical goce de una buena calidad -siete emisoras distintas con música que va desde los Pixies hasta Mozart-. Y es una pena, porque si Playground hubiera arriesgado algo más en la ejecución de las pruebas estaríamos ante un juego verdaderamente brillante y no 'solo' el mejor juego de coches de nueva generación.


capturas del juego en las que se ven los escenarios y los modelados de los coches.

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