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15 días. Parte 6

Día 7
Mi perro nunca tuvo nombre, creo mejor dicho que nunca lo necesitó, le decía ven y sabía que no me podría estar refiriendo a nadie más que a él. Llegó hasta mi departamento luego de que alguien lo abandonara, lo encontré luego de volver del trabajo, atado al pie de un árbol. En estos 5 años junto a él, aprendí muchas cosas de tan noble animal. Por ejemplo que a diferencia de los hombres, nunca morderá la mano de quien le da de comer. Tengo total confianza en que es feliz y siempre me será fiel, solo a cambio de agua y comida. Como conclusión puedo decir que ha sido el ser más humilde que he conocido en mi vida y por lo tanto no lo puedo dejar en manos de cualquiera.
Salimos temprano al parque, no me gustaba ponerle la correa y estoy seguro que tal como yo, él disfrutaba caminar libre cerca de mí. Mientras el perro busca el árbol ideal para sus necesidades, me senté en un banco e inmediatamente mi mirada se fijó en una mujer en un banco cercano al mío, no solo su belleza llamó mi atención, sino, que al igual que yo, paseaba a su mascota. Tenía la certeza de que era una buena persona con los animales y que sería perfecto si ella aceptara adoptar a mi perro. Me acerqué hasta su lado para conversar, me sonrió en una primera instancia para luego escuchar atentamente lo que le quería proponer.
Le mentí, le dije que era una enfermo terminal. Pues no tenía intenciones de que por algún extraño motivo me preguntase por que decidí suicidarme o peor aún que tratara de ofrecerme su ayuda. Ella se conmovió profundamente y aceptó quedarse con mi perro, dijo que no podía negarse a tal petición y que ella amaba a los animales y se sentiría muy bien cuidándolo. Me pregunto su nombre entonces le dije que nunca me había preocupado de buscarle uno. Pareció desconcertada, pero enseguida le dije que ahora ella podría bautizarlo a su gusto.
Me dolió mucho separarme de él. La mujer me prometió con una sonrisa sutil que lo pasearía todos los días por el parque, así yo podría verlo antes de la hora decisiva. Acepte la propuesta, acaricié en señal de despedida a mi fiel mascota y vi como él desde su interior también se conmovía.

Día 6
Quedan solo 6 días. Pero hoy prefiero hacer una pausa en la lista y dedicar este día a otras cosas, entre ellas recordar. Por primera vez estoy escribiendo esto en la mañana y no en la noche a modo de resumen de la jornada. Este día lo dedicaré a meditar, a reflexionar, no sobre mi final, porque en eso ya no hay vuelta atrás, pero los últimos 9 días me han hecho pensar como no lo hacía en años.
Y así, cuando estoy a menos de la mitad del camino, puedo decir tranquilamente que he aprendido a vivir sin tiempo, sin restricciones, sin esos malditos hilos y es triste pensar que solo podemos vivir con tal libertad cuando estamos a punto de morir.

Día 5.
Hoy durante el mediodía recibí la llamada de mi amigo. Me había invitado a comer a su casa ya que deseaba mucho que conociera a su esposa y sus hijos. Por un momento lo dude, recuerdo que muchas invitaciones habían rechazado antes, y no sabría explicar muy bien porque lo hacía, digamos simplemente que es parte de mi personalidad enemiga de las reuniones sociales con gente que no conozco. Pero como iba a morir, terminé por aceptar la invitación.
Me alegró mucho ver que él por lo menos era feliz, y la idea de que todos podemos ser felices pasó fugaz por mi mente, pero no tardó en desaparecer, yo había sido feliz en estos últimos días, pero solo porque estaba resignado a morir. Recordé una clase en la universidad. Carpe diem, dijo el profesor de literatura, mientras analizábamos una obra que en este momento no recuerdo. Y de eso se trata justamente, vivir el día como si fuéramos a morir mañana. Yo lo estaba haciendo, pero la muerte para mí no era una suposición sino una realidad, por tal motivo puedo decir que yo era más feliz durante este último tiempo, aún con mis depresiones momentáneas, de lo que fui en toda mi vida.
El tiempo pasó volando, luego de comer me quedé a conversar, me recomendó algunos libros para leer y me preguntó si no había cambiado de idea, le volví a reiterar que no tenía intenciones de retractarme. Aproveché el momento para darle una copia de la llave de mi departamento, para que pudiera entrar sin problemas, aquel último día, la idea aun le molestaba y dudo un instante antes de aceptar la llave.
Llegué tarde por lo que debí aplazar un día más mi lista. 4 días y 4 cosas más por hacer.

Continua

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