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Efectos de la soja transgénica

Efectos de la soja transgénica


Soja Natural y Soja Transgénica. Por Dr. Luis Gorostiaga. [email protected]
Médico gastroenterólogo. Paraná, Provincia de Entre Ríos.
El lobby de la industria montada en derredor del fenómeno de la “alimentación saludable” llámese dietéticas, naturismo, vegetarismo, etc. intenta hacernos creer que la soja es un alimento básico en esta emergencia alimentaria nacional.
La soja tiene alto contenido proteico pero carece o es muy deficiente en aminoácidos esenciales y tiene otros como la lisina en concentraciones muy elevadas; la relación calcio-fósforo es inadecuada, la presencia de filatos dificulta la absorción de hierro y de calcio. Esto y mucho más está desvirtuado por las industrias de la alimentación y los formadores de opinión.
La soja no es una panacea nutricional y debe considerarse como el resto de las legumbres. Se recomienda su uso si la alimentación es variada y completa y al jugo no se le debe llamar leche porque no la reemplaza. Se desaconseja su uso en menores de 5 años.
Tiene ácido fítico que bloquea la absorción de Ca, Fe, Mg, Zn. Contiene isoflavonas (genisteina, daidzeina) que se asegura son cancerígenos; la planta de soja absorbe del suelo manganeso y en los niños su exceso no puede metabolizarse y se acumula un 8% en cerebro con alteraciones que se manifiestan en la adolescencia. Durante el procesamiento a altas temperatura y presión se forman nitrosaminas, nitritos y lisinoalanina.

El lobby pro soja indica menor incidencia de algunos cánceres en asiáticos pero no dice la alta incidencia de otras neoplasias como muestra de la falta de honestidad industrial.

Además está el tema de la soja modificada genéticamente. El reciente hallazgo de ADN desconocido en semillas de soja Roundup Ready producida por Monsanto confirma las críticas hacia la tecnologías transgénicas. Debido a que la información sobre los insertos y el ADN de la soja son incompletos no se puede llegar a una conclusión definitiva sobre efectos tóxicos o nocivos de la soja RR sobre seres humanos.

Luego está el tema de los agroquímicos. Con el cultivo de la soja RR el herbicida más vendido del país es el glifosato, que es un dato inquietante porque los estudios recientes toxicológicos realizados por instituciones independientes refutan su “benignidad toxicológica”. Se demostró toxicidad subaguda (lesiones de glándulas salivales), toxicidad crónica (lesiones gástricas), daños genéticos, trastornos reproductivos y carcinogénesis. Todo esto en ratas. Y cáncer tiroideo en ratas hembras.

Como si esto no bastara se agrega el alerta sanitario emitido por la OMS respecto a la presencia de acrilamida tóxica en alimentos cocidos estando casualmente relacionado con el glifosato. Las evidencias parecen indicar con precisión que la acrilamida es liberada por la poliacrilamida ambiental, cuya fuente principal se halla en las fórmulas herbicidas en base a glifosato.

Los últimos estudios científicos descubrieron que el tratamiento con glifosato de legumbres incrementa el nivel de fitoestrógenos. Si esto es confirmado daría la evidencia de que los cultivos transgénicos no sólo son diferentes a los orgánicos, sino también podrían tener un impacto dramático sobre la salud y bienestar de quienes dependen del aporte proteico de la soja como pilar de su dieta (lo copié textualmente). Monsanto para la aprobación de la soja RR presentó estudios sobre porotos no tratados con glifosato.

En genéricos hablamos de equivalentes y decimos que son intercambiables cuando son iguales (con la misma curva de bioequivalencia).

En este tema hablan de “equivalencia sustancial” que es un concepto seudocientífico porque en realidad no es más que una proposición económica y política que se pretende disfrazar como científica, con el fin de proveer una excusa para que no fueran requeridos los estudios bioquímicos o toxicológicos. En la práctica, cuando una variedad genéticamente modificada es considerada “sustancialmente equivalente” a otras variedades convencionales, ésta queda exenta de cualquier requerimiento de detección de ulteriores características imprevisibles.


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Estados Unidos, con el 63% del total de cultivos transgénicos en el mundo, firma acuerdos de libre comercio que facilitan sus exportaciones, invaden mercados y benefician a sus empresas. Como no existen métodos de control ni de elección, los consumidores de otros países también se exponen a los transgénicos sin percatarse.
Por otro lado, la contaminación genética es un hecho constatado y real, que conlleva la dispersión silenciosa de los transgenes a otras variedades y alimentos normales. En otros lugares del mundo, contrabando y plantaciones transgénicas ilegales. Vista gorda. Primero expandir de cualquier forma. Luego legislar, legalizar y finalmente monopolizar.

En la solidaridad se esconde otra forma de propagación muy peligrosa. En varios países se ha detectado ayuda alimenticia con porcentajes transgénicos. En Nicaragua, una ONG llamada 'Soy Nica', promociona el uso de la soja, incluso como sustituto del vaso de leche en niños de preescolar. Dispone de una microempresa de productos derivados de la soja, que fue financiada por la Fundación Interamericana-IAF. Basta un pequeño paseo por la web, para descubrir que 'La Fundación Interamericana (IAF) está gobernada por un Consejo Directivo integrado por nueve miembros designados por el Presidente de EE.UU...

En Argentina, con el 'Plan de Soja Solidaria' de telón de fondo, la diputada María E. Talotti elaboró una ley que pretende imponer la soja, obligando su inclusión en comedores, colegios, hogares y jardines maternos de Buenos Aires, alegando que se está '... contribuyendo a mejorar la situación de muchos niños, adolescentes y adultos que por distintas razones no reciben la alimentación adecuada.' Mientras, numerosos expertos desaconsejan la soja, especialmente en niños menores de cinco años y sobretodo en menores de dos.

Y este amor platónico a la soja ¿A qué se debe?. Es muy sencillo y a la vez monstruoso. Si se analiza que el 61% de la soja en el mundo es transgénica y patentada, se deduce el interés que tienen algunos en inventar nuevo hábitos alimenticios y de esta forma abrir mercados.

Los OMG no entienden ni obedecen las normas burocráticas y administrativas que el humano crea. Carecen de ética y moral. Un OMG no para cuando el semáforo está en rojo, no va a la iglesia, ni tampoco se indigna, al ver las fotos de presos torturados en Irak. Un transgénico, no sabe ni entiende si es de consumo humano o no.
El maíz transgénico Starlink no es apto para el humano, pero logró contaminar maíz normal que si lo era. Luego, se filtró a los 'Taco Bell' de la marca Kraft, hasta que se detectó. Para ese entonces, muchas personas ya lo habían ingerido, y hoy se cree que podía ser la causa de decenas de alergias, en ciudadanos estadounidenses.

Este caso deja clara una cosa: Las normas humanas no valen y la inocuidad de los transgénicos pasa por domarlos. Algo imposible hoy en día. Los manuales, los paquetes tecnológicos, la lógica y el saber científico se quedan en papel mojado, ante la cantidad y complejidad de fenómenos y procesos, que puede sufrir el ADN manipulado y el OMG dentro del ecosistema. Creemos conocer el universo y a duras penas llegamos a Marte.


Dijeron que no pasaría, pero parece que ya está pasando.


El estudio más importante, para determinar las consecuencias en la salud y el medio ambiente de un alimento transgénico, fue efectuado por el Dr. Arpand Pusztai, en el Instituto Rowett de Escocia. Las pruebas de laboratorio en ratas alimentadas con patatas transgénicas, mostraron debilitamiento del sistema inmunológico, desarreglos en el desarrollo de órganos internos, interferencia en el crecimiento de ratas jóvenes y cambios en la estructura y función intestinal.

El Dr. Stanley Ewen, histopatólogo consultante en el Grampian University Hospitals Trust (Aberdeen - Escocia), citó información que profundiza en las consecuencias gastrointestinales de ratas alimentadas con patatas transgénicas y narró efectos en el hígado de ratas femeninas, alimentadas con soja transgénica. Pruebas en ratones con patatas transgénicas portadoras de la toxina Bt, revelaron problemas en la parte inferior del intestino delgado (ileón).
Un informe presentado a la FDA, anterior al año 1999, descubría daños en el estómago de ratones femeninos, alimentados con tomates transgénicos Flavr Savs. En pruebas efectuadas a la soja transgénica RR, se detectó una reducción considerable de fitoestrógenos. Y en los estudios del maíz transgénico Chardon LL, se observaron diferencias significativas en grasa, fibras y proteínas, respecto a la contraparte natural.

Patrice Courvalin, Director de la Unidad de Agentes Antibacterianos del Instituto Pasteur, se adentra en otro de los riesgos: resistencia a antibióticos. El problema médico sería grave. Muchos antibióticos podrían quedar neutralizados por las bacterias patógenas. Advierte que las posibilidades y mecanismos de intercambio de material genético entre organismos es inmensa.
Bacterias patógenas podrían asimilar el gen transgénico de resistencia, en el aparato digestivo, a través de un alimento transgénico que lo contenga. También por las bacterias de los campos, una vez la planta transgénica se descompone. Courvalin cita genes de resistencia, utilizados ya por las multinacionales. El gen blaTEM-1, se inserta en un maíz transgénico de la empresa Novartis y es capaz de generar la penicilinasa, que puede degradar las penicilinas (penicilina G, ampicilina, amoxicilina, etc...).

En el año 2002, en la Universidad de Newcastle se realizaron las primeras pruebas en humanos, demostrando que después de una sola comida, material transgénico había sido adquirido por las bacterias del intestino, en tres de las siete personas con colostomía que participaron del ensayo. Contrariamente a lo que dice la ciencia corporativa y privada, el material transgénico no pudo ser eliminado en el aparato digestivo humano. Dicha persistencia, también permitiría que los genes transgénicos se pudieran transferir a la sangre y al genoma de células de mamíferos, con el riesgo de cáncer.

En Filipinas, personas que viven cerca de campos de maíz transgénico, tuvieron diversos problemas, coincidiendo con la época de mayor presencia de polen en el ambiente. Terje Traavik, director del Norwegian Institute for Gene Ecology, detectó que las muestras de sangre contenían los anticuerpos que el organismo genera, ante la presencia de la toxina Bt, que es la que contiene el maíz transgénico Bt11.
En Reino Unido, el York Nutritional Laboratory denunció años atrás, un aumento del 50% de alergias relacionadas a la soja. En Irlanda, el Irish Doctors' Environmental Association, detectó un incremento de alergias en niños, también relacionadas con la soja.
En los tres casos expuestos, no hay pruebas exactas de que el maíz y la soja transgénica, sean la causa de afectaciones y alergias; pero existen sospechas, que deberían inducir medidas preventivas e investigaciones profundas. Sobretodo, porque investigaciones realizadas por Tayabali y Seligy, detectaron que la toxina Bt11 y sus subespecies, producían toxicidad en células humanas expuestas.
Algunos tecnócratas, alegarán que el aerosol Bt utilizado en agricultura biológica, también produce dicha toxicidad. Pero omiten que solo puede afectar a quién lo aplica, si éste no toma las precauciones adecuadas. Y si se limpia bien la cosecha que se roció con Bt, se eliminarán las bacterias y sus esporas. Sin embargo, las cosechas transgénicas, llevan las toxinas Bt en cada una de sus células, por lo que la ingestión de éstas es inevitable. Además, se pueden propagar con el polen, contaminar otras cosechas y plantas silvestres y acabar filtradas en nuestra dieta, sin enterarnos (claro ejemplo, el del maíz Starlink).

Otro riesgo, es el consumo de alimentos transgénicos atiborrados con químicos. En Estados Unidos, según el Departamento de Agricultura, ha existido un aumento neto de 50 millones de libras de pesticidas, coincidiendo con el ascenso de los cultivos transgénicos.
En Argentina, en seis años se ha multiplicado por diez, la cantidad de Roundup (Glifosato) aplicado en los campos, debido al incremento de cultivos de soja transgénica que lo requieren. El glifosato es peligroso, puede provocar diversos problemas en la salud humana y como todos los agroquímicos, desarrolla un impacto negativo en el medio ambiente.

Existen otros factores de riesgo menos conocidos, como la alimentación de animales de granja, con forraje transgénico, o la proliferación en el ambiente, transferencia y posible recombinación, del transgén barnasa, utilizado para obtener la esterilidad en la planta.

Durante la fase de creación del OMG, también pueden surgir potenciales riesgos para la salud de las personas. La ingeniería genética permite crear rápidamente en un laboratorio, millones de recombinaciones genéticas inéditas, entre ADN de distintas especies, que no podrían ocasionarse en la naturaleza. Como se decía antes, los organismos transgénicos son altamente inestables, por lo que pueden fragmentarse, produciendo efectos inesperados y transfiriendo genes a otras especies cercanas (transferencia horizontal).
Por si fuera poco, los virus y bacterias son manipulados genéticamente y sirven de banco de genes para otras modificaciones. Por eso, en el año 2003, el Grupo de Ciencia Independiente advirtió que estos productos no son seguros y que sus peligros son inherentes al proceso mismo de ingeniería genética, afirmando que manejar genes puede causar la creación accidental de supervirus, secuencias transgénicas que pueden inducir cáncer o acelerar el desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos.

Conclusión: Dudas, anomalías, bacterias patógenas, falta de transparencia, incertidumbre, favoritismo, secretismo, virus, estudios incompletos, recombinaciones, científicos presionados, dólares, administración corrupta, riesgos, sospechas, química, debate, alergias, confrontación, laboratorios, falta de voluntad, informes defectuosos, procedimientos inadecuados, presiones, desinformación, equivalencias, cáncer, desconocimiento, interrogantes, etc... Creo que se me quitó el apetito. ¿Y a usted?

La Paradoja de los Transgénicos en Argentina. Por Lilian Joensen-Mae-Wan Ho


Los impulsores de los alimentos manipulados genéticamente sostienen que son necesarios para combatir el hambre en los países en desarrollo y reducir el uso de plaguicidas. La experiencia, sin embargo, demuestra lo contrario: los cultivos transgénicos exacerbaron la pobreza y el hambre, incrementaron el uso de herbicidas, crearon nuevos riesgos para la salud, provocaron deforestación y destruyeron tierras agrícolas y medios de vida.

En los años 90, durante el gobierno neoliberal de Carlos Menem (1989-1999), la política económica estimulada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial llevó a la privatización de los servicios de agua, electricidad, ferrocarriles, petróleo, gas, minería, etc.
La economía fue informalmente dolarizada por el llamado 'plan de libre convertibilidad' del peso, que fijó el valor de la moneda nacional al dólar. Así, se volvió más barato importar. La industria nacional no soportó la competencia y pronto sucumbió, mientras el capital transnacional obtenía rienda libre. Los recortes del gasto público provocaron un grave deterioro de los sistemas de salud y educación para la mayoría de la población.

En este marco, la investigación científica en las universidades y otras instituciones públicas fue secuestrada por las empresas multinacionales de biotecnología, lo que dio lugar a una orgía de experimentos transgénicos. Pronto, la agroindustria (Monsanto, Aventis, Dow, Bayer, Cargill, entre otras grandes empresas) controlaba libremente la política agrícola argentina.

Como resultado, Argentina produce hoy soja transgénica en casi 13 millones de hectáreas de su territorio. Esta enorme expansión ocurrió a expensas de los cultivos tradicionales de alta calidad y de la producción de ganado. Un país que producía alimentos variados y saludables para el óctuplo de su población, hoy debe importar leche, lentejas, arvejas, algodón y otros productos.

Unas 160.000 familias de pequeños agricultores argentinos abandonaron sus tierras en la última década, incapaces de competir con los grandes hacendados. La soja transgénica sirvió para exacerbar esta tendencia hacia la agricultura industrial, de gran escala, acelerando la pobreza.

La soja Roundup Ready de la empresa biotecnológica Monsanto requiere claramente más, y no menos, herbicidas que la soja convencional. En 2001, se utilizaron 9,1 millones de kilogramos más de herbicidas en plantaciones de soja transgénica que en la convencional. Además, el uso de glifosato se duplicó al pasar de 28 millones de litros en el período 1997-98 a 56 millones en 1998-99, y llegó a 100 millones en la última temporada (2002).

La soja Roundup Ready también rinde de cinco a 10 por ciento menos que las variedades no transgénicas cultivadas en suelos similares, como concluyeron estudios realizados en Estados Unidos. Científicos de la Universidad de Arkansas demostraron que el desarrollo de las raíces, la formación de nódulos y la fijación de nitrógeno son inferiores en algunas variedades de soja Roundup Ready, especialmente en condiciones de sequía o en campos de baja fertilidad. Esto se debe a que la bacteria simbiótica que fija el nitrógeno en la soya, la Bradyrhizobium japonicum, es muy sensible a la sequía y al Roundup.

Argentina comenzó a concentrarse en la exportación de soja cuando debió rembolsar deuda externa con ingresos obtenidos mediante productos básicos de exportación. En el último cuarto de siglo, la producción de soja aumentó a un ritmo sin precedentes, de una superficie de 38.000 hectáreas en la década de 1970 a 13 millones de hectáreas en la actualidad. Cerca de 70 por ciento de la soja cosechada se convierte en aceite, la mayoría del cual se exporta. Argentina provee 81 por ciento del aceite de soja y 36 por ciento de la harina de soja exportados mundialmente.

El mercado de la soja es floreciente, y la oferta de Monsanto de semillas de soja Roundup Ready subsidiadas y de glifosato barato en 1996 resultó irresistible para los agricultores argentinos.

Casi la totalidad de las 13 millones de hectáreas de cultivos de soja están ocupadas por soja transgénica, y en particular Roundup Ready. El algodón y el maíz transgénicos cubren otro millón de hectáreas en conjunto. Monsanto también solicitó permiso para cultivar maíz Roundup Ready.

Argentina es actualmente el segundo productor mundial de soja transgénica. El país ha convertido su tradicional agricultura mixta y de rotación, que aseguraba la fertilidad del suelo y minimizaba el uso de plaguicidas, en un virtual monocultivo de soja transgénica.

Los problemas financieros de los agricultores seguramente empeorarán ahora que Monsanto comenzó a cobrarles regalías por sus semillas. Antes, los agricultores podían utilizar sin cargo las semillas obtenidas en sus cosechas. Ahora, casi 10 millones de hectáreas de tierras pertenecientes a pequeños agricultores en quiebra van a ser rematadas por bancos.

Ante el incremento de la pobreza, la superabundancia de soja y el déficit de otros productos agrícolas, el gobierno comenzó a promover la soja como una alternativa saludable a alimentos tradicionales como la carne y la leche. Así, lanzó la campaña Soja Solidaria. Los comedores populares comenzaron a servir comidas a base de soja, y los libros de cocina incluyen recetas también a base de soja. Como resultado, muchos argentinos consumen soja a diario.

Sin embargo, abundantes pruebas científicas demuestran que una dieta con demasiada soja puede tener efectos perjudiciales, como inhibir la absorción de calcio, hierro, cinc y vitamina B12. Los médicos argentinos ya están observando esos síntomas. Uno de los problemas más preocupantes es la pubertad temprana en las niñas, posiblemente vinculada con los altos niveles de fitoestrógeno de la soja.

Otros problemas de salud son consecuencia del uso extendido de glifosato (Roundup), que está invadiendo el suministro de agua. Trascendió que el producto es a veces rociado desde el aire, sobre campos, casas y personas. Los efectos más visibles son irritaciones de la piel y los ojos, pero informes de médicos y residentes locales sugieren también un pronunciado aumento de la incidencia de cáncer en poblaciones cercanas a cultivos de soja Roundup Ready.

Campesinos de Santiago del Estero, en el norte de Argentina, denunciaron amenazas de grandes terratenientes vinculados a empresas semilleras y respaldados por fuerzas policiales y parapoliciales que pretenden sacarlos de sus tierras para plantar soja Roundup Ready, aunque han vivido allí durante generaciones. Uno de los métodos que utilizan para intimidarlos consiste en prender fuego a los bosques y hacer disparos.

Estudios realizados en la Universidad de la Provincia de Formosa revelaron graves problemas de salud en comunidades de agricultores debido a la fumigación con pesticidas sobre campos vecinos cultivados con soja Roundup Ready. Su producción vegetal y animal, de la que dependen para vivir, ha sido completamente destruida. Un juez prohibió el uso de pesticidas sobre soja Roundup Ready, pero las grandes empresas ignoran la prohibición y siguen fumigando.

También han aparecido hierbas resistentes al Roundup, entre ellas Commelia erecta, Convulvulus arvensis, Ipomoea purpurea, Iresine difusa, Hybanthus parviflorus, Parietaria debilis, Viola arvensis, Petunia axillaris, Verbena sp, Hybanthu sparviflorus, Tragopogon sp, Senecio pampeanus, Sonchu soleraceus, Sonchu sasper y Taraxa cumofficinale.
Para combatirlas, se volvió a utilizar herbicidas altamente tóxicos, a los que el glifosato supuestamente debía reemplazar, algunos de ellos prohibidos en otros países. Se trata de 2,4 D, 2,4DB, Atrazina, Paraquat, metsulfuron-metil e Imazetapyr. También ha surgido un hongo nuevo en Argentina (Phakopsora sp.), que se está extendiendo y requiere un fungicida adicional.
Para combatir el 'complejo de insectos' que invade las plantaciones de soja (Nezara viridula, Piezodorus guildinii, Edessa meditabunda, Dichelops furcatus), se recomienda a los productores usar endosulfato junto con cipermetrina, cuya mezcla es extremadamente tóxica para las abejas y los peces, y muy tóxica para las aves. Las recomendaciones incluyen el precio de los insecticidas, incluso de la fumigación aérea.

El equilibrio agrícola de Argentina se vio gravemente afectado por la concentración en la exportación de soja. La producción tradicional de leche, trigo y carne disminuyó, y ahora el país importa lo que antes exportaba. Otros productos, como lentejas, arvejas, maíz dulce y distintas variedades de papa y boniato han desaparecido, junto con las industrias que los procesaban.
Los productores de miel también fueron afectados por la contaminación transgénica, la pérdida de diversidad de flora y la muerte de abejas intoxicadas con herbicidas. Esto no sólo es malo para la economía nacional, sino también para la salud y la nutrición de toda la población.

La plantación de soja comenzó en la Pampa argentina, una de las seis regiones de mayor productividad agrícola del mundo, con unos nueve millones de hectáreas de suelo alguna vez rico en nutrientes y materia orgánica. Hace 10 años, se introdujo el método de siembra directa para reducir la erosión. Las semillas se plantan directamente en la tierra, sin ararla antes, y se utilizan herbicidas para eliminar las hierbas. La siembra directa es promovida como una técnica agrícola ambientalmente sustentable.

Cuando se lanzó la soja transgénica tolerante a herbicidas, fue ampliamente aceptada en Argentina, porque se adecuaba a la perfección al método de siembra directa. La tasa de adopción de la soja transgénica sobrepasó incluso las expectativas de los vendedores más optimistas de la industria, desde que los agricultores comenzaron a usar glifosato para eliminar hierbas en combinación con la soja transgénica, tolerante al glifosato.
Pero pronto aparecieron problemas. Aunque la siembra directa redujo el ritmo de erosión, aparecieron nuevas pestes, y el nivel de nitrógeno y fosfatos del suelo disminuyó de manera notable. Más recientemente, aparecieron hierbas resistentes a herbicidas, lo que hizo necesario el uso de productos más tóxicos, como ya se mencionó.

La conversión de tierras para plantaciones de soja Roundup Ready provocó deforestación en Argentina, con graves efectos sobre la biodiversidad y los recursos hídricos. 'Hemos perdido más de 130.000 hectáreas de bosques', lamentó Javier Corcuera, director de la Fundación Vida Silvestre de Argentina. 'Si seguimos así, sólo podremos esperar más inundaciones y menos recursos naturales para la población'.

La técnica de la siembra directa con soja Roundup Ready, promovida como forma de reducir las emisiones de dióxido de carbono, provoca además la compactación del suelo, lo que exige más agroquímicos cada año.

'En Argentina, la historia de 'éxito' de la soja debe atribuirse principalmente al marketing de las compañías semilleras involucradas, y no a razones científicas ni a la experiencia agrícola', afirmó Walter Pengue, Ingeniero Agrónomo especializado en mejoramiento genético de la Universidad de Buenos Aires.

http://www.bolinfodecarlos.com.ar/soja_efectos.htm#La_Paradoja_de_los_Transgénicos
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