Capítulo uno: "El otro Ministro"
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Era cerca de la medianoche, y el Primer Ministro estaba sentado solo en su oficina, leyendo un largo memorando que se cruzaba por su cabeza sin dejar el más pequeño rastro de entendimiento. Esperaba una llamada de un Presidente de un país muy lejano, y entre preguntándose cuándo el irritante hombre llamaría, y tratando de olvidar recuerdos desagradables de lo que había sido una larga, agotadora y dificultosa semana, no había más espacio en su cabeza para algo más. Lo más que intentó fue enfocar su vista en las impresiones de la página que estaba frente a él, lo más claro que el Primer Ministro pudo ver era la regodeada cara de sus opositores políticos. Este oponente particular había aparecido en las noticias ese mismo día, no sólo para enumerar las terribles cosas que habían ocurrido la última semana (como si alguien necesitaba que se las recuerden), pero también para explicar por qué cada uno y todos ellos era la falla del gobierno.
El pulso del Primer Ministro se aceleraba ante la gravedad de aquellas acusaciones que no eran ni justas ni ni verdaderas. ¿Cómo demonios iba a hacer el gobierno para detener el colapso de ese puente? Era un ultraje para quien sugiriera que no se habían ocupado de los puentes. El puente tenía unos 10 años, y los mejores expertos estaban perdidos al intentar explicar por qué se había dividido claramente en dos, enviando una docena de automóviles a las profundidades marinas del río. ¿Y cómo nadie podría atreverse a sugerir que la ausencia de la policía era la causante de esos dos desagradables y bien publicados asesinatos? ¿O que el gobierno debería haber previsto aquel peculiar huracán en el West Country que había casuado grandes daños tanto a personas como propiedades materiales? ¿Y era su culpa que uno de sus Ministros jóvenes, Herbert Clorkley, eligiera esta semana para actuar tan peculiarmente que ahora estaba pasando más tiempo con su familia?
'Una severa atmósfera ha azotado al país,' había concluído el oponente, apenas consolando su amplia sonrisa.
Y, desafortunadamente, esto era perfectamente verdad. El Primer Ministro se sintió a sí mismo; la gente se veía más miserable que de lo común. Hasta el tiempo era horroroso; toda esta fresca neblina a mitad de Julio ... No estaba bien, no era normal ...
Pasó a la segunda hoja del memorando, vio cuán larga era, y trabajó sin ganas. Estirando sus brazos por encima de su cabeza, recorrió su oficina mirando mortificadamente. Era una habitación muy agradable, con un fino hogar-chimenea de mármol frente a la gran faja de la ventana, firmemente cerrada para enfrentar el destemporado frío. Con un suave tiriteo, el Primero Ministro se paró y se dirijió hasta la ventana, mirando la delgada neblina que lo presionaba contra el cristal. Fue cuando, mientras permanecía de espaldas a la habitación, escuchó un débil estornudo detrás de él.
Sintió frío, cara a cara con su propio reflejo en el que se veía una mirada miedosa en el oscuro vidrio. Él conocía esa tos. La había escuchado antes. Se dio vuelta, lentamente, para ponerse nuevamente de frente a la habitación.
'¿Hola?' dijo, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.
Por un breve momento se esperanzó en que nadie pudiese responderle. Sin embargo, una voz respondió al unísono, una fría y decisiva voz que sonaba como si estuviese leyendo una declaración ya preparada. Venía - como el Primer Ministro se imaginó gracias al primer tosido - del pequeño hombre parecido a una rana, que tenía una larga y plateada cabellera que estaba descripta en una pequeña, sucia y antigua pintura en la lejana esquina de la habitación.
'Para el Primer Ministro de los Muggles. Visita Urgente. Amablemente respondió inmediatamente. Atentamente, Fudge.' El hombre en la pintura miró inquietamente al Primer Ministro.
'Este,' dijo el Primer Ministro, 'escucha ... no es un buen momento para mí ... estoy esperando una llamada telefónica, ya ves ... del presidente de ...'
'Eso puede cambiarse,' dijo el portarretratos al unísono. El corazón de Primer Ministro se sobresaltó. Había tenido miedo al respecto.
'Pero preferiría hablar-'
'Podríamos arreglar para que el presidente se olvide de llamar. Llamará mañana en la noche,' dijo el pequeño hombre. 'Amablemente respóndale inmediatamente al Señor Fudge.'
'Yo ... oh ... muy bien,' dijo el Primer Ministro débilmente. 'Sí, veré a Fudge.'
Se volvió a su escritorio, acomodándose su corbata mientras se iba. Apenas había dejado su asiento, y cambiado su cara en lo que esperó sea una expresión relajada y sin muestra de nada, cuando unas llamas verdes brillosas rompieron en el lugar, en la vacía reja que estaba debajo de la chimenea de mármol. Miró, tratando de no demostrar un parpadeo de sorpresa o alarma, cuando un hombre de porte se apareció de entre las llamas, dando vueltas tan rápido como un topo. Segundo después, se había incorporado a una muy antigua y agradable alfombra, sacándose las cenizas de las mangas de su larga capa a rayas, y de su sombrero en forma de palangana de color verde-lima que llevaba en una de sus manos.
'Ah ... Primer Ministro, ' dijo Cornelius Fudge, estrechándole su mano. 'Encantado de volverlo a ver.'
El Primer Ministro no pudo devolver honestamente este gesto, por lo que no dijo nada. No estaba para nada encantado de ver a Fudge, el cual se había aparecido en ocasiones, aparte de ser de evidentes alarmas, generalmente significaban que iba a escuchar muy malas noticias. Sin embargo, Fudge se veía agobiado. Estaba más delgado, canoso y grisáceo, y su cara tenía una mirada un tanto arrugada. El Primer Ministro ya había visto ese tipo de miradas en los políticos con anterioridad, y nunca lo notaba amigable.
'¿En qué te puedo ayudar?' dijo, estrechando la mano de Fudge por un corto instante y gesticulando hacia una de las sillas más masizas que estaba frente al escritorio.
'Difícil de saber por dónde comenzar,' murmuró Fudge, parando la silla, sentándose y poniendo su verde sombrero en sus rodillas. 'Qué semana ... qué semana ...'
'¿También tuviste una mala semana?' preguntó el Primer Ministro forzadamente, tratando de transmitir así que ya tenía bastante en su plato sin ninguna ayuda de Fudge.
'Sí, por supuesto,' dijo Fudge, entornando sus ojos y mirando malhumoradamente al Primer Ministro. 'He tenido la misma semana que tuvo usted, Primer Ministro. El Puente Brockdale ... los Bones y los asesinos Vance ... sin mencionar lo del West Country ...'
'Tu - este - tu - me refiero a, algunas de tu personas en el Oeste - estuvieron involucradas en esas - esas cosas, ¿no?'
Fudge reparó en el Primer Ministro con una mirada un tanto severa.
'Por supuesto que estuvieron involucradas,' dijo. '¿Seguramente se dio cuenta lo que está ocurriendo?'
'Yo ...' vaciló el Primer Ministro.
Era precisamente este tipo de comportamiento el que hacía que le gustaran tan poco las visitas de Fudge. Era, después de todo, el Primer Ministro, y no apreciaba ser tratado como un ignorante joven colegial. Pero, desde ya, había sido así desde su primer encuentro con Fudge en su primera tarde como Primer Ministro. Lo recordaba como si hubiese ocurrido ayer y sabía que llevaría ese fantasma hasta el día de su muerte.
Había estado solo en su oficina, savoreando su triunfo luego de tantos años de sueños e imaginaciones, hasta que escuchó una tos detrás de él, igual que esta noche, y darse vuelta para descubrir que el pequeño y feo portarretratos que le hablaba, anunciando que el Ministro de Magia estaba por llegar e introducirlo.
Naturalmente, había pensado que la larga campaña y el esfuerzo había causado que se vuelva loco. Se había atterrorizado al ver que un portarretratos le hablaba, a pesar de que esto no había sido nada de lo que había sentido al enterarse que un autoproclamado mago se había aparecido de entre el fuego y estrechado su mano. Se había quedado sin habla a lo largo de la amable explicación de Fudge de que había magos y brujas aún viviendo en secreto en todo el Mundo, y sus tranquilizantes de que no iba a molestarlos, ya que el Ministerio de magia tomaba toda la responsabilidad de toda la Comunidad Mágica, y prevenía que la población no mágica supiera de su existencia. Era, dijo Fudge, un trabajo muy dificultoso que acompañaba a todo lo referente con regulaciones del uso responsable de las escobas para mantener a la población de dragones bajo control (el Primer Ministro se recordaba agarrándose del escritorio para enfrentar este tema). Fudge había golpeado la espalda del boquiabierto Ministro en un modo un tanto paternal.
'Nada de qué preocuparse,' había dicho, 'sería extraño que no me vuelvas a ver. Te molestaré si hay algo realmente serio que ocurra en nuestro lugar, algo que puede afectar preferentemente a los Muggles - la población no-mágica, debería decir. De lo contrario, hay que vivir y dejar vivir. Y debo decir, que lo estás tomando mucho mejor que tu predecesor. Él intentó tirarme por la ventana, como si fuese un espía planeado por la oposición.'
A todo esto, el Primer Ministro había tomado la palabra al final.
'¿Tú no eres - tú no eres un espía, entonces?'
Había sido su último, y desesperado deseo.
'No,' dijo Fudge gentilmente. 'No, me temo que no. Mira.'
Y había convertido la taza de té del Primer Ministro en un gerbil.
'Pero,' dijo el Primer Ministro sin aire, viendo su taza de té mordisqueándose en la esquina de su próximo discurso, 'pero, ¿por qué - por qué nadie me lo dijo-?'
'El Ministro de Magia solo le revela a él o ella, que son el Primer Ministro de los Muggles al día,' dijo Fudge, guardando su varita en su campera. 'Encontramos que esta es la mejor manera de mantener el secreto'
'Pero luego,' baló el Primer Ministro, '¿por qué un ya formado Primer Ministro no me advirtió-?'
A todo esto, Fudge ya se había reído.
'Mi querido Primer Ministro, ¿vas a engañar a alguien?'
Todavía vacilando, Fudge había lanzando algún tipo de poder en el fuego, que se introdujeron en las llamas color esmeralda y se desaparecieron coun un chirrido. El Primero Ministro había estado ahí, un poco inmóvil, y se dio cuenta de que nunca, a lo largo de su vida, se atrevería a mencionar este encuentro a un alma viviente, ¿y quién le creería a lo largo y ancho del Mundo?
El shock había tomado un pequeño tiempo para surgir efecto. Por un momento trató de convencerse a sí mismo de que Fudge había acertado en armar una alucinación por falta de sueño durante su campaña de elección. En un vano intento de deshacerse de todos los recuerdos de este inconfortable encuentro, ya le habría dado el gerbil a su querida sobrina e intruído a su Secretaria Privada que sacase el portarretratos del pequeño hombre feo que había anunciado el arrivo de Fudge. Para consternación del Primer Ministro, sin embargo, el portarretratos había demostrado su imposibilidad de ser extraído. Cuando decenas de carpinteros, un albañil o dos, un historiador artístico y el Ministro de Hacienda habían tratado sin éxito de desencajarlo de la pared, el Primer Ministro había abandonado el intento y simplemente se esperanzó que la cosa permaneciera sin movimiento y en silencio por el resto de su estadía en esa oficina. Ocasionalmente pudo jurar haber visto al ocupante bostezando, o rascándose la nariz: regularmente, una vez o dos veces, simplemente caminando fuera del enmarque y dejando el lienzo de un color amarronada y como con barro. Sin embargo, intentó no mirar demasiado ese cuadro, y decírse a sí mismo firmemente que sus ojos le gastaban una broma cuando algo como esto ocurría.
Hacía tres años, una noche muy parecida a esta, el Primer Ministro había estado solo en su oficina cuando el portarretratos había anunciado una vez más el inminente arrivo de Fudge, quien se había aparecido de entre las llamas, empapado y en un estado de considerable pánico. Antes de que el Primer Ministro pudiese por qué había estado sudándose a lo largo de todo el Arxminster, Fudge ya había comenzado a despotricar acerca de una prisión que el Primer Ministro había escuchado nunca hablar antes, un hombre llamada 'Serious' Black, algo que sonaba como Hogwarts y un niño llamado Harry Potter, ninguno de los cuales le pareció tener sentido al Primer Ministro.
'... Recién acabo de llegar de Azkaban, ' jadeó Fudge, sacando un montón de agua del borde de su sombrero en su bolsillo. 'A Mitad del Mar del Norte, ya sabés, un vuelo desagradable ... los Dementores estaban alborotados -' se estremeció '- nunca han tenido una visita antes. De todos modos, he tenido que venir hasta usted, Primer Ministro. ¡Black es un conocido asesino de Muggles y estaría planeando unirse con Quien-Usted-Ya-Sabe!' Había mirado fíjamente y esperanzadamente al Primer Ministro por un momento, y luego dijo, 'Bien, siéntate, siéntate, me gustaría ponerte al tanto ... tomemos un whisky ...'
El Primer Ministro se había molestado un poco de que lo invitara a sentarse siendo ésta su oficina, y que se ofreciera su propio whisky, pero se sentó, de todo modos. Fudge había sacado su varita, acercado dos grandes vasos llenos de un líuido ámbar fuera del fino aire, poniendo uno de estos en una de las manos del Primer Ministro y arrimando una silla.
Fudge habló cerca de una hora. En ese punto, se retrajo de decir un cierto nombre en voz alta, y, para contrarrestar, lo escribió en un trozo de pergamino, que había confiado en una de las manos libres del Primer Ministro que no sostenía el vaso de whisky. Cuando Fudge se puso de pié, el Primer Ministro lo imitó también.
'Por lo que crees que ...' bajó su mano izquierda. 'Lord Vol-'
'¡El Que No Debe Ser Nombrado!' gruñó Fudge.
'Disculpe ... ¿entonces piensas que El Que No Debe Ser Nombrado está todavía vivo?'
'Bueno, Dumbledore dice que sí,' dijo Fudge, como si hubiese escuchado su capa a rayas bajo su barbilla, 'pero no lo hemos encontrado. Si me preguntas, él no es peligroso a menos que tenga apoyo, por lo que es Black por quien debemos preocuparnos. ¿Entendiste esa advertencia? Excelente. Bueno, ¿creo que no nos veremos nuevamente, Primer Ministro? Buenas Noches.'
Pero se habían visto nuevamente. Menos de un año anteriormente, un sorprendido Fudge se materializó en el fio aire del Gabinete para informarle al Primer Ministro que había habido un poco de molestia por la Copa Mundial de Kwidditch (o al menos así sonaba) y que decenas de Muggles se habían 'involucrado', pero el Primer Ministro pareció no significarle demasiado que se haya visto la marca de Quien-Usted-Tú-Sabes: Fudge estaba seguro que esto era un hecho aislado y que la Oficina Muggle de Contacto estaba intentando con todas las modificaciones mientras hablaban.
'Oh, y casi olvido,' agregó Fudge. 'Estamos importando tres dragones extranjeros y una esfinge para el Torneo de los Tres Magos, un poco de rutina, pero el Departamiento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas me dijo que está en las reglas que debo notificarle si traemos criaturas áltamente peligrosas al país.'
'Yo - qué - ¿dragones? farfulló el Primer Ministro.
'Sí, tres,' dijo Fudge. 'Y una esfinge. Bueno, qué tengas buen día.'
El Primer Ministro creía una y otra vez que los dragones y lasd esfinges podría ser lo peor de todo esto, pero no. En menos de dos años siguientes, Fudge se había aparecido de entre el fuego nuevamente, esta vez con las noticias de que había habido una fuga en masas de Azkaban.
'¿Una fuga masiva?' el Primer Ministro repitió habiendo escuchado.
'¡No hay que preocuparse, no hay que preocuparse!' había gritado Fudge, todavía con una pierna en el fuego. 'Ya los tendremos rodeados en poco tiempo - ¡solo pensé que debería saberlo!'
Y antes de que el Primer Ministro pudiese gritar, 'Ahoram, puede esperar solo un momento?' Fudge se había desintegrado en una lluvia de chispas verdes.
Diga lo que diga la prensa y la oposición, el Primer Ministro no era un hombre estúpido. No se le había escapado de notar que, a pesar de las garantías de Fudge en su primer encuentro, ahora se estaban viendo un poco más, ni Fudge se ponía nervioso con cada visita. No obstante, le gustaba saber del Ministro de Magia (o, como siempre llamó a Fudge en su mente, 'el Otro Ministro'), el Primer Ministro no podía ayudar, pero temía que la próxima vez que se apareciera Fudge sería con más graves noticias. El ver, por lo tanto, a Fudge saliendo de la chimenea una vez más, desaliñado y demasiado nervioso y severamente sorprendido de que el Primer Ministro no supiera exactamente por qué él estaba allí, fue la peor cosa que ocurrió en el transcurso de esta extremadamente abatida semana.
’¿Cómo podría saber lo que estaba ocurriendo en la – este – comunidad Mágica?’ chasqueó el Primer Ministro. ‘Tengo un país que manejar y suficientes preocupaciones por el momento sin –‘
’Tenemos las mismas preocupaciones,’ interrumpió Fudge. ‘El Puente Brock-dale no se desgastó. No fue un huracán. Esos asesinos no eran trabajo de Muggles. Y la familia de Herbert Chorley podría estar a salvo sin él. Estamos acordando para poder transferirlo al Hospital San Mungo de Enfermedades Mágicas. El traslado debe efectuarse esta noche.’
’A qué te ... Tengo miedo ... ¿Qué?’ protestó el Primer Ministro
Fudge tomó un gran y profundo suspiro y dijo, ‘Primer Ministro, lamento mucho decirte que él ha vuelto. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ha vuelto’.
’¿Ha vuelto? Cuando dices ‘vuelto’ ... ¿está vivo? Me refiero –‘
El Primer Ministro buscó en su memoria los detalles de aquella horrible conversación de tres años atrás, cuando Fudge le había contado acerca de un mago a quien temía todo el resto, el mago que había cometido miles de crímenes terribles antes de su misteriosa desaparición quince años atrás.
’Sí, vivo,’ dijo Fudge. ‘Eso es – No lo sé – es un hombre vivo si, ¿no puede ser matado? Realmente no lo entiendo, y Dumbledore no lo explicará bien – pero de todos modos, él tiene un cuerpo y camina y habla y mata, por lo que supongo, por los propósitos de esta charla, sí, él esta vivo.’
El Primer Ministro no sabía qué decir, pero un hábito persistente de desear estar bien informado de cualquier tipo de cosa que se le presente le hizo proyectar cualquier detalle que pudiera recordar de conversaciones previas.
’¿Es Serious Black con – este – El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado?’
’¿Black? ¿Black?’ dijo Fudge discretamente, poniendo su sombrero rápidamente en sus dedos. ‘¿Sirius Black te refieres? Por las barbas de Merlín, no. Black está muerto. Al final estábamos – este – equivocados con Black. Era inocente. Y no estaba ligado a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Me refiero,’ agregó en defensiva, haciendo girar su sombrero más rápidamente, ‘las evidencias señalan – tenemos más de cincuenta testigos – pero de todos modos, como digo, está muerto. Asesinado, de hecho. En las inmediaciones del Ministerio de Magia. Va a haber una investigación, por ahora ...’
Para su gran sorpresa, el Primer Ministro sintió un gugaz intento de pena por Fudge. Era, sin embargo, eclipsado casi inmediatamente por un resplandor de poco engreído, deficiente como si estuviese en el área de fuego donde se materializa, nunca había habido un asesinato en ningún departamento de gobierno bajo su cargo ... Hasta ahora no ...
Mientras el Primer Ministro surreptuosamente tocaba la madera de su escritorio, Fudge continuó, ‘Pero los Black ... El punto es que estamos en guerra, Primer Ministro, y se deben tomar medidas.’
’¿En guerra?’ repitió el Primer Ministro nerviosamente. ‘¿Seguramente es un poco exagerado?’
’El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado se ha unido ahora con esos seguidores que se fugaron de Azkaban en Enero,’ dijo Fudge, hablando más y más rápidamente y girando su sombrero tan rápido que parecía un desdibujado verde-lima. ‘Desde que se escaparon, han estado haciendo estragos. El Puente Borckdale – lo hizo él, Primer Ministro, amenazó a un montón de Muggles se matarlos a menos que estuviera lejos de él –‘’¡Qué dolor, por lo que es tu culpa que esa gente fuera asesinada y tengo que responder preguntas sobre el camión oxidado y corroer las juntas en expansión y no se qué más!’ dijo el Primer Ministro furiosamente.
’¡Mi culpa!’ dijo Fudge, sonrojándose. ‘¿Estás diciendo que habrías entrado en ese chantaje así?’
’Quizás no,’ dijo el Primer Ministro, parándose y dando zancadas en la habitación, ‘pero hubiese puesto todos mis esfuerzos en atrapar al chanta antes de que cometiera semejante atrocidad!’
’¿Realmente piensas que no he estado haciendo demasiados esfuerzos?’ demandó Fudge acaloradamente. ‘Cada Auror en el Ministerio estuvo – y está – tratando de encontrarlo y persigue a sus seguidores, pero ocurre que estamos hablando de uno de los magos más poderosos de todos los tiempos, ¡un mago que ha eludido la captura por más de tres décadas!’
’¿Por lo que supongo que me vas a decir que causó un huracán en el West Country también?’ dijo el Primer Ministro, su temperamento comenzaba a subir en cada paso que daba. Le enfuría descubrir la razón de estos terribles desastres y no poder decírcelo al público, casi peor que sea la culpa del gobierno.
’Eso no fue un huracán,’ dijo Fudge miserablemente.
’¡Perdóname!’ ladró el Primer Ministro, ahora pateando hacia arriba y hacia abajo. ‘Árboles caidos, techos rotos, alumbrados torcidos, daños horribles-‘
’Fueron los Mortífagos,’ dijo Fudge. ‘Los seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Y ... sospechamos que un gigante también participó.’
El Primer Ministro detuvo su caminada como si se hubiese golpeado con una pared invisible. ¿Qué participó?’
Fudge hizo una mueca. ‘Usó gigantes la última vez, cuando quería un gran efecto,’ dijo. ‘La Oficina de la Desinformación ha estado trabajando a reloj, hemos tenido equipos de Desmemorizadores tratando de modificar las memorias de todos los Muggles que vieron realmente lo que ocurrió, tenemos más en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas por Sumerset, pero no podemos encontrar al gigante – ha sido un desastre.’
’¡Ni lo digas!’ dijo el Primer Ministro furiosamente.
’No niego que la moral está un poco baja en el Ministerio,’ dijo Fudge. ‘Y con todo esto, y luego al perder a Amelia Bones.’
’¿Perder a quién?’
’Amelia Bones. Cabeza del Departamento de Esfuerzo por la Ley Mágica. Pensamos que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado podría haberla asesinado en persona, porque era una bruja muy eficiente – y toda la evidencia marca de que estuvo en un duelo.’
Fudge aclaró su gargante y, con esfuerzo, paró de gurar su sombrero.
’Pero ese asesinato estaba en los periódicos,’ dijo el Primer Ministro, momentáneamente desviado por su enojo. ‘Nuestros periódicos. Amelia Bones ... se dice que era una mujer de mediana edad que vivía sola. Fue un asesinato horrible, ¿verdad? Ha tenido mucha publicidad. La policía se desconcertó, ya ves.’
Fudge suspiró. ‘Bien, por supuesto que están,’ dijo. ‘Asesinada en una habitación que estaba cerrada por dentro, ¿no? Nosotros, por otro lado, sabemos exactamente quién lo hizo, nos lleva a tener información adicional para atraparlo. Y luego estaba Emmeline Vance, quizás no escuchaste hablar de esa-‘
’¡Oh, si he escuchado!’ dijo el Primer Ministro. ‘Ocurrió justo en la esquina de aquí, de hecho. Los periódicos han tenido un día muy participativo. ‘desglose de la justicia y orden en el jardín del Primer Ministro-‘
’Y como si no fuera suficiente,’ dijo Fudge, apenas escuchando al Primer Ministro, ‘tenemos a los Dementores por todos lados, atacando gente, por izquierda, derecha, y centro ...’
Había una parte feliz en esta oración que podría haber sido intangible para el Primer Ministro, pero ahora estaba más prudente.
’Pensé que los Dementores eran los guardianes de los prisioneros en Azkaban,’ dijo cautelosamente.
’Eran,’ dijo Fudge desgastadamente. ‘Pero ya no. Han vaciado la prisión y se han unido con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. No pretendo que fuese un golpe.’
’Pero,’ dijo el Primer Ministro, con un sensación horrible amanecer, ‘¿no me dijiste que son criaturas que absorven la esperanza y felicidad de las personas?’
’Correcto. Y las absorven. Eso es lo que causa toda esta neblina.’
El Primer Ministro dio un salto, con sus rodillas débiles, a la silla más cercana. La idea de criaturas invisibles vagando por las ciudades y el país, propagando desesperación y desesperanza en sus votantes, hizo que se sintiera como que se iba a desmayar.
’Veamos ahora, Fudge - ¡tiene que hacer algo! ¡Es su responsabilidad como Ministro de Magia!’
’Mi querido Primer Ministro, no puede pensar honestamente que todavía soy el Ministro de Magia después de todo esto? ¡Me despidieron hace tres días! Toda la Comunidad Mágica ha estado gritando por mi dimisión por las noches. ¡Nunca los he visto tan unidos en todo mi periódo de gobierno!’ dijo Fudge, con una sonrisa brava.
El Primer Ministro perdió momentáneamente las palabras. A pesar de su dimisión en la posición en la que estaba, todavía sentía algo por el hombre de mirada débil sentado frente a él.
’Lo siento mucho,’ dijo finalmente. ‘¿Hay algo que pueda hacer?’
’Es muy amable de tu parte, Primer Ministro, pero no hay nada. Fui enviado aquí para actualizarte con los eventos recientes e introducirte a mi sucesor. Raramente pensaría que esté aquí ahora, pero, por supuesto, está muy ocupado por el momento, con mucho para hacer.’
Fudge miró el portarretratos del pequeño hombre feo que tenía una larga peluca plateada y risada, que se metía en su oído. Notando la mirada de Fudge, el retrato dijo, 'Él estará aquí en un momento, está terminando una carta para Dumbledore.'
'Le deseo toda la suerte,' dijo Fudge, pareciendo amargado por primera vez. 'He estado escribiendo a Dumbledore dos veces al día en la quincena pasada, pero él no se moverá. Si él solo hubiera estado preparado para convencer al muchacho, yo todavía podría ser ... Bien, tal vez Scrimgeour tendrá más éxito.'
Fudge se hundió en lo que era claramente un silencio apenado, pero fue roto casi inmediatamente por el retrato, que de repente habló de su voz crujiente, oficial.
'Al primer ministro Muggle. Solicitud de una reunión. Urgente. Amablemente responda inmediatamente. Rufus Scrimgeour, Ministro de Magia.'
'Sí, sí, bien,' dijo el Primer Ministro distraídamente, y apenas se estremeció como las llamas en la rejilla se volvieron verde esmeralda otra vez, y reveló un segundo mago girando en su centro, vertiéndolo momentos más tarde en la antigua alfombra.
Fudge se puso de pie y, después de vacilar un momento, el Primer Ministro hizo lo mismo, mirando al recién llegado enderezarse, y sacudir el polvo de su larga túnica negra, y mirar alrededor.
El absurdo primer pensamiento del Primer Ministro era que aquel Rufus Scrimgeour parecía más bien un viejo león. Había rayas de color gris en su melena de pelo rojizo y sus cejas espesas; tenía ojos penetrantes amarillentos detrás de un par de gafas de metal con bordes y cierto rangy, con gracia aun cuando él anduviera con una cojera leve. Tenía una impresión inmediata de habilidad y dureza; el Primer Ministro creyó entender por qué la comunidad Mágica prefirió a Scrimgeour en vez de Fudge como un líder en estas peligrosas circunstancias.
'¿Cómo está Ud?,' dijo al Primer Ministro correctamente, ofreciendo su mano.
Scrimgeour estrechó su mano brevemente, sus ojos exploraron el cuarto, luego sacó una varita mágica de su túnica.
'¿Fudge le dijo todo?,' preguntó, cruzando de un tranco la puerta y tocando el ojo de la cerradura con su varita mágica. El Primer Ministro oyó el chasquido de la cerradura.
'Hem ... sí,' dijo el Primer Ministro. 'Y si no le importa, yo preferiría que la puerta permaneciera abierta.'
'Yo preferiría no ser interrumpido,' dijo Scrimgeour en seguida, 'o mire’ añadió él, apuntando su varita mágica hacia las ventanas, de modo que las cortinas se cerraron ante ellos. ‘Bien, puesto que soy un hombre ocupado, vamos al grano. Ante todo, tenemos que hablar de su seguridad.’
El primer ministro se levantó hasta su completa altura y contestó, ‘estoy absolutamente feliz con la seguridad que ya me he puesto, gracias muchas…’
‘Bien, nosotros no,’ interrumpió Scrimgeour. ‘Esto será una vigilancia pobre para los Muggles si su Primer Ministro es puesto bajo la Maldición de Imperius. El nuevo secretario en su oficina externa…’
‘¡No me deshago de Kingsley Shacklebolt, si esto es lo que usted sugiere!,’ dijo el Primer Ministro con vehemencia. ‘Él es sumamente eficiente, pasa dos veces por el trabajo, el resto de ellos…’
‘Eso es porque él es un mago,’ dijo Scrimgeour, sin un parpadeo de risa. ‘Un Auror sumamente entrenado, que le ha sido asignado para su protección.’
‘¡Ahora, espere un momento!,’ declaró al Primer Ministro. ‘Usted no puede poner a su gente en mi oficina, yo decido quién trabaja para mí...’
‘¿Pensé que usted era feliz con Shacklebolt?’ dijo Scrimgeour con frialdad.
‘Lo estoy - es decir, lo estaba...’
‘¿Entonces no hay ningún problema de que esté aquí?’ dijo Scrimgeour.
‘... bien, mientras el trabajo de Shacklebolt siga siendo ... er ... excelente,’ dijo el Primer Ministro sin convicción, pero Scrimgeour apenas pareció oírlo.
‘Ahora, sobre Herbert Chorley, su Asistente,’ continuo. ‘El que ha estado entreteniendo el público imitando a un pato.’
‘¿En cuanto a él?’ preguntó el Primer Ministro.
‘Él claramente ha reaccionado a una Maldición Imperius mal realizada,’ dijo Scrimgeour. ‘Esto afectó su cerebro, pero todavía podría ser peligroso.’
‘¡Él solo estaba cuaquiando!’ dijo el Primer Ministro débilmente. ‘Seguramente un poco de un algo ... tal vez vaya fácil sobre la bebida ...’
‘Un equipo de Curanderos del Hospital de San Mungo para Enfermedades y Heridas Mágicas lo examina, como hablamos. Hasta ahora él ha intentado estrangular a tres de ellos,‘ dijo Scrimgeour. ‘Pienso que es mejor que lo quitemos de la sociedad Muggle un ratito.’
‘Yo ... bueno... ¿Él estará bien, verdad?’ dijo el Primer Ministro con inquietud.
Scrimgeour simplemente se encogió, moviéndose hacia atrás, hacia la chimenea.
‘Bien, esto es realmente todo lo que tenía que decir. Lo mantendré al tanto de los acontecimientos, Primer Ministro - o, al menos, probablemente estaré demasiado ocupado para venir personalmente, en el caso de que yo no pueda, enviaré a Fudge aquí. Él ha consentido para quedarse en una capacidad consultiva.’
Fudge intentó reír, pero estaba fracasado; simplemente miró como si tuviera un dolor de muelas. Scrimgeour ya revolvía en su bolsillo para el polvo misterioso que ponía el fuego de color verde. El Primer Ministro los miró fijamente sin esperanzas durante un momento, entonces las palabras que él había luchado para suprimir toda la tarde, reventaron en él por fin.
‘¡Pero por todos los cielos ... ustedes son magos! ¡Ustedes pueden hacer magia! ¡Seguramente usted puede hacer ... bueno ... algo!’
Scrimgeour giró despacio sobre el terreno y cambió una mirada incrédula con Fudge, quien realmente manejó una risa esta vez cuando dijo amablemente, ‘el problema es, su lado puede hacer la magia también, Primer Ministro.’
Y con esto, los dos magos dieron un paso uno tras otro en el fuego brillante verde y desaparecieron.
Capítulo 2: Spinner's End
Muchas millas lejos de la fresca neblina que presionaba contra la ventana del Primer Ministro vagaba un sucio río que se metía de entre las orillas llenas de vegetación y de basura. Una inmensa chimenea, reliquia de un molino en desuso, se encontraba detrás, sombrienta y siniestra. No se escuchaba nada a parte de un escuálido zorro que se había acercado hasta la orilla para olfatear esperanzadamente un viejo pescado y baratos envoltorios en el alto pastizal.
Pero luego, con un muy imperceptible 'pop', una delgada y encapuchada figura se apareció de entre el fino aire, en la orilla del río. El zorro quedó inmovilizado, sus precavidos ojos quedaron tornados hacia ese extraño fenómeno. La figura pareció haberse tomado sus momentos por unos pocos minutos, luego iluminó, a rápidas zancadas, su propia capa que se arrastraba por el pastizal.
Con un segundo y más fuerte 'pop', otra nueva figura encapuchada se materializó.
'¡Espera!'
Su chillido hizo sobresaltar al zorro, ahora agachado casi desinflado en el pastizal. Saltó de ese lugar elevado hasta la orilla. Hubo un destello de luz verde, un aullido, y el zorro cayó muerto en las malezas.
La segunda figura dio una vuelta alrededor del animal con su dedo.
'Solo un zorro,' dijo una voz femenina con desprecio desde debajo de su capucha. 'Pensé que podría ser un Auror - ¡Cissy, espera!'
Pero su presa, que se había pausado y visto el relámpago de la luz, se estaba levantando de la orilla a la que el zorro había caído.
'Cissy - Narcissa - escúchame-'
La segunda mujer tomó a la primera y agarró su brazo, pero la otra se la arrebató.
'¡Vuelve, Bella!'
'¡Debes escucharme!'
'Ya he escuchado. Ya tomé mi decisión. ¡Déjame sola!'
La mujer llamada Narcissa alcanzó la cima de la orilla, donde una línea de viejas vías separaban el río de una calle estrecha y adoquinada. La otra mujer, Bella, la siguió. Lado a lado, permanecieron mirando a lo largo de la calle por las hileras e hileras de casas dilapidadas hechas de ladrillo, sus ventanas grises y poco visibles en la oscuridad.
'¿Vive aquí?' preguntó Bella con voz despreciable. '¿Aquí? ¿En esta colina de estiércol Muggle? Debemos ser los primeros de nuestra clase que la pisamos-'
Pero Narcissa no estaba oyéndola; se había interesado en un hueco que se encontraba en las oxidadas vías e iba hacia la calle.
'Cissi, ¡espera!'
Bella la siguió, su capa arrastrándose, y vio a Narcissa precipitándose hacia un callejón entre las casas dentro de una idéntica segunda calle. Algunos de los alumbrados de la calle estaban rotos; las dos mujeres caminaban de entre manchas de luces y profunda oscuridad. La alcanzó con su presa tan pronto como ella pudo tomar otra esquina, esta vez consiguiendo tomar su brazo y oscilándola para que pudieran verse cara a cara.
'Cissy, no debes hacer esto, no puedes confiar en él -'
'El Señor Oscuro confía en él, ¿o no?'
’El Señor Oscuro está ... creo ... equivocado,’ jadeó Bella, y sus ojos brillaron momentáneamente bajo su capucha mientras miraba alrededor para verificar que estuviesen efectivamente solas. ‘De todos modos, nos dijeron que no hablemos del plan a nadie. Es una traición del Señor Oscuro –‘
’¡Vayamos, Bella!’ gruñó Narcissa, y retiró su varita de debajo de su capa, sosteniéndola amenazadoramente en la cara de la otra. Bella simplemente se río.
’Cissy, ¿tu propia hermana? No lo harías-‘
’¡No hay más que no haría!’ respiró hondo Narcissa, un signo de histeria en su voz, y mientras bajaba su varita como si fuese una navaja, hubo otro destello de luz. Bella soltó el brazo de su hermana como si se quemara.
’¡Narcissa!’
Pero Narcissa se adelantó a prisa. Frotando su mano, la otra la siguió, tomando distancia ahora, mientras se movían intensamente en laberinto desierto de casas de ladrillo. Por fín, Narcissa se apresuró en una calle llamada ‘Spinner's End’, en la cual la chimenea de molino altísima pareció cernirse como un dedo gigantesco. Sus pasos resonaron sobre los adoquines, mientras pasaba cerca de ventanas alojadas y rotas, hasta que alcanzó la última casa, donde una luz tintillante brillaba tenuemente a través de las cortinas en el cuarto de abajo.
Llamó a la puerta antes que Bella, maldiciendo bajo su aliento, se había puesto al corriente. Juntas aguantaron la espera, jadeando ligeramente, aspirando el olor del río sucio que les fue llevado sobre la brisa de la noche. Después de unos segundos, oyeron el movimiento detrás de la puerta y se abrió una grieta. Una sombra de un hombre podía ser vista mirándolas, un hombre con el pelo largo negro separado en cortinas alrededor de una cara cetrina y ojos morados.
Narcissa se quitó su capucha. Era tan pálida que pareció brillar en la oscuridad; el pelo largo rubio cayó derramado en su espalda, lo miró como a un ahogado.
‘¡Narcissa!’ dijo al hombre, abriendo la puerta un poco más, de modo que la luz cayó sobre ella y sobre su hermana también. ‘¡Qué sorpresa tan agradable!’
‘Severus,’ dijo ella en un susurro filtrado. ‘¿Puedo hablarle? Es urgente.’
‘Pero desde luego.’
Él se apartó para permitirle que pasara a la casa. Su hermana todavía encapuchada siguió sin la invitación.
‘Snape,’ dijo ella de manera cortante al pasarlo.
‘Bellatrix,’ contestó él, en su boca delgada se dibujó una risa ligeramente burlona, y cerró la puerta con un chasquido detrás de ellas.
Estaban avanzando directamente a una sala diminuta, que tenía el aspecto de una celda oscura, acolchada. Las paredes estaban completamente cubiertas de libros, la mayor parte de ellos cubiertos con un viejo cuero negro o marrón; un sofá gastado, un viejo sillón, y una mesa desvencijada estaban de pie agrupado juntos al fondo de la luz débil arrojada por una lámpara de vela colgada del techo. El lugar tenía un aire de abandono, como si no fuera por lo general habitado.
Snape le señaló el sofá a Narcissa. Ella dejó su capa, se corrió a un lado, y se sentó, contemplando sus manos blancas y temblorosas en su regazo. Bellatrix bajó su capucha más despacio. Oscura al igual que su hermana, con párpados pesados y una mandíbula fuerte, no percibió la mirada fija de Snape y se movió para estar de pie detrás de Narcissa.
‘¿Pues de modo, qué puedo hacer por ustedes?’ preguntó Snape, sentándose en el sillón frente a las dos hermanas.
‘¿Nosotros... estamos solos, verdad?’ preguntó Narcissa silenciosamente.
'Sí, desde luego. Bien, Colagusano esta aquí, pero no contamos bichos, verdad?’
Él señaló con su varita en la pared de libros detrás de él y con un golpe, una puerta escondida se abrió, revelando una escalera estrecha sobre la cual un pequeño hombre estaba de pie congelado.
‘Como usted ha visto claramente, Colagusano, tenemos invitados,’ dijo Snape perezosamente.
El hombre se arrastró, jorobado, hacia con pocos pasos y se movió en el cuarto. Tenía ojos pequeños, acuosos, una naríz puntiaguda, y con una desagradable sonrisa de afección. Su mano izquierda sobaba su derecha, que miró como si fuera encerrado en un guante brillante de plata.
‘¡Narcissa!’ dijo él, con una voz chirriante. ‘¡Y Bellatrix!’ Cuanto gusto –‘
‘Colagusano nos conseguirá bebidas, si lo desean,’ dijo Snape. ‘Y luego volverá a su dormitorio.’
Colagusano se estremeció como si Snape hubiera lanzado algo en él.
‘¡No soy tu criado!’ chilló, evitando el ojo de Snape.
‘¿Realmente? Tenía la impresión de que el Señor Oscuro lo colocó aquí para asistirme.’
‘¡Asistir, sí - pero no hacerle bebidas y - y limpiar su casa!’
‘No tenía ni idea, Colagusano, que usted ansiaba asignaciones más peligrosas,’ dijo Snape suavemente. ‘Esto puede ser fácilmente arreglado: hablaré al Señor Oscuro –‘
‘¡Puedo hablarle yo mismo si quiero!’
‘Desde luego que puedes,’ dijo Snape, riendo. ‘Pero mientras tanto, tráiganos bebidas. Un poco del vino hecho por el elfo.’
Colagusano vaciló durante un momento, mirando como si pudiera discutir, pero entonces dio vuelta y se paró durante un segundo sobre la puerta escondida. Oyeron la golpeadura y un tintineo de vasos. Dentro de unos segundos estuvo de vuelta, sosteniendo una botella polvorienta y tres vasos sobre una bandeja. Los puso sobre la mesa desvencijada y se apresuró de su presencia, cerrando de golpe la puerta cubierta por libros detrás de él.
Snape destapó tres vasos del vino sanguíneo y dio dos de ellos a las hermanas. Narcissa murmuró una palabra de agradecimiento, mientras que Bellatrix no dijo nada, pero siguió frunciendo el ceño en Snape. Este no pareció enojarlo; al contrario, pareció más bien divertido.
‘El Señor Oscuro,’ dijo, levantando su vaso y drenándolo.
Las hermanas le siguieron. Snape volvió a llenar su vaso. Cuando Narcissa tomó su segunda bebida, dijo de prisa: ‘Severus, siento venir aquí de esta forma, pero tenía que verte. Pienso que eres el único quién puede ayudarme –‘
Snape sostuvo una mano para pararla, luego señaló con su varita otra vez en la puerta de la escalera oculta. Hubo un golpe ruidoso y un chillido, seguido del sonido de Colagusano que se apresuraba arriba.
‘Mis disculpas,’ dijo Snape. ‘H estado últimamente escuchando tras las puertas, no sé lo que quiere decir con ello... ¿Usted decía, Narcissa?’
Ella tomó un gran aliento, se estremeció y comenzó otra vez.
‘Severus, sé que yo no debería estar aquí, me han dicho de no decir nada a nadie, pero ...’
‘¡Entonces usted debería cerrar a boca,’ gruñó a Bellatrix. ‘¡En particular con la compañía presente!’
‘¿Compañía presente?’ repitió Snape sardónicamente. ‘¿Y qué se puede entender por esto, Bellatrix?’
‘¡Que yo no confíe en usted, Snape, como usted muy bien sabe!’
Narcissa soltó un ruido que podría haber sido un sollozo seco y cubrió su cara con sus manos. Snape dejó su vaso sobre la mesa y se sentó otra vez, puso sus manos sobre el mango de su silla, sonriendo con el ceño fruncido a Bellatrix.
‘Narcissa, pienso que deberíamos oír lo que Bellatrix tiene para decir; esto evitará interrupciones aburridas. Bien, sigue, Bellatrix,’ dijo Snape. ‘¿Por qué es que usted no confía en mí?’
‘¡Cien motivos!’ dijo ella en voz alta, andando a zancadas por detrás del sofá para poner de golpe su vaso sobre la mesa. ‘¡Dónde comenzar! ¿Dónde estabas cuando el Señor Oscuro cayó? ¿Por qué nunca tuviste ninguna tentativa de encontrarlo cuándo él desapareció? ¿Qué has estado haciendo todos estos años que has vivido en el bolsillo de Dumbledore? ¿Por qué le impediste al Señor Oscuro que consiguiera la Piedra Filosofal? ¿Por qué no volvió usted inmediatamente cuándo el Señor Oscuro renació? ¿Dónde estabas hace unas semanas cuando luchamos para recuperar la profecía para el Señor Oscuro? ¿Y por qué, Snape, Harry Potter está todavía vivo, cuándo lo has tenido en su piedad durante cinco años?’
Hizo una pausa, su pecho se desinfló rápidamente, sonrojando sus mejillas. Detrás de ella, Narcissa se sentó inmóvil, con su cara todavía escondida en sus manos.
Snape sonrió.
‘¡Antes de que yo le conteste … por supuesto, Bellatrix, voy a contestar! ¡Usted puede llevar mis palabras a los demás, quiénes susurran detrás de mi espalda, y llevan cuentos falsos de mi traición al Señor Oscuro! Antes de que yo le conteste, digo, haré yo una pregunta ahora. ¿Piensa realmente usted que el Señor Oscuro no me ha preguntado todas y cada una de aquellas preguntas? ¿Y piensa realmente usted que, si no hubiese sido capaz yo de dar respuestas satisfactorias, me sentaría aquí dirigiéndome a usted?’
Ella vaciló.
‘Sé que él te cree, pero ...’
‘¿Usted piensa que él está confundido? ¿O que lo he engañado de alguna manera? ¿Engañado el Señor Oscuro, el mejor mago, el más dotado en Legilimancia que el Mundo ha visto alguna vez?’
Bellatrix no dijo nada, pero miró, por primera vez, un poco disconforme. Snape no ejerció presión a este punto. Recogió su bebida otra vez, lo bebió a sorbos, y siguió, ‘Usted pregunta dónde estaba yo cuando el Señor Oscuro cayó. Estaba donde él me había ordenado estar, en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, porque deseó que yo espiara a Albus Dumbledore. ¿Usted sabe, supongo, que esto fue así por las órdenes que el Señor Oscuro me dio?
Ella sacudió la cabeza casi imperceptiblemente y luego abrió su boca, pero Snape la previno.
‘Usted pregunta por qué no intenté encontrarlo cuando desapareció. Por la misma razón que Avery, Yaxley, los Carrows, Greyback, Lucius’ — inclinó su cabeza ligeramente a Narcissa — ‘y muchos otros que no intentaron encontrarlo. Lo creí acabado. No estoy orgulloso de ello, me equivoqué, pero aquí está ... Si él no hubiera perdonado a nosotros que perdimos la fe en ese entonces, ya tendría a muy pocos seguidores.’
‘¡Él me tendría!’ dijo Bellatrix apasionadamente. ‘¡Yo, que permanecí tantos años en Azkaban para él!’
‘Sí, en efecto, lo más admirable,’ dijo Snape con voz aburrida. ‘De acuerdo, usted no era de mucho uso para él en la prisión, pero el gesto era indudablemente fino —‘
‘¡Gesto!’ chilló la mujer; en su furia pareció ligeramente loca. ‘¡Mientras soporté a los Dementores, usted permaneció en Hogwarts, cómodamente jugando a ser la mascota de Dumbledore!’
‘No exactamente,’ dijo Snape tranquilamente. ‘Él no me daría Defensa Contra las Artes Oscuras, usted sabe. Daba para pensar que esto podría causar, ah, una recaída … tentarme en mis viejos caminos.’
‘¿Éste era su sacrificio para del Señor Oscuro, no enseñar su ramo favorito?’ se mofó. ‘¿Por qué se quedó usted allí todo aquel tiempo, Snape? ¿Todavía divisando a Dumbledore para un maestro que usted creyó muerto?’
‘Apenas,’ dijo Snape, ‘aunque el Señor Oscuro esté contento que nunca abandoné mi poste: yo tenía dieciséis años de la información sobre Dumbledore para darle cuando él volvió, un presente más bien útil y bienvenido que reminiscencias interminables de como es Azkaban sea desagradable ...’
‘Pero usted se quedó —‘
‘Sí, Bellatrix, me quedé,’ dijo Snape, dando una indirecta de impaciencia por primera vez. ‘Yo tenía un trabajo cómodo que preferí, a un período en Azkaban. Ellos acorralaban a los Mortífagos, usted sabe. La protección de Dumbledore me guardó de la cárcel; era lo más conveniente y lo usé. Repito: el Señor Oscuro no se queja que me quedé, entonces no veo por qué usted lo hace.’
‘Pienso que usted después quiso saber,’ siguió él un poco más en voz alta, ya que Bellatrix mostró signos de querer interrumpir, ‘por qué estuve de pie entre el Señor Oscuro y la Piedra Filosofal. Esto es fácilmente contestado. Él no sabía si podría confiar en mí. Pensó, como usted, que yo me había dado vuelta del fiel Mortífago al títere de Dumbledore. Estaba en una condición lastimosa, muy débil, compartiendo el cuerpo de un mago mediocre. No desafió a revelarse a un antiguo aliado si aquel aliado pudiera volcarlo a Dumbledore o el Ministerio. Profundamente lamento que él no confiara en mí. Habría vuelto pronto para impulsar tres años más. Como lo fue, Quirrell sólo era avaro e indigno para intentar robar la Piedra y, confieso, hice todo que yo podría para frustrarlo.’
La boca de Bellatrix se enroscó como si hubiera tomado una dosis desagradable de la medicina.
‘Pero usted no volvió cuando él volvió, usted no volvió inmediatamente cuando sintió la quemadura de la Marca Tenebrosa.’
‘Correcto. Volví dos horas más tarde. Volví bajo las órdenes de Dumbledore.’
‘¿Bajo las órdenes de Dumbledore—?’ comenzó ella, en tono de ultraje.
‘¡Piense!’ dijo Snape, impaciente otra vez. ‘¡Piense! ¡Esperando dos horas, solamente dos horas, aseguré que podría permanecer en Hogwarts como un espía! ¡Permitiendo a Dumbledore pensar que yo volvía sólo al lado del Señor Oscuro porque me lo ordenaron, he sido capaz de pasar la información sobre Dumbledore y la Orden del Fénix desde entonces! Considere, Bellatrix: la Marca Tenebrosa había estado poniéndose más nítida durante meses. ¡Yo sabía que él debía estar a punto de volver, todos los Mortífagos lo sabían! ¿Tenía mucho tiempo para pensar en qué hacer, planear mi siguiente movimiento, evitarlo como Karkaroff, verdad?
El disgusto inicial del Señor Oscuro en mi retraso desapareció completamente, les aseguro, cuando expliqué que permanecí fiel, aunque Dumbledore pensara que yo era su hombre. Sí, el Señor Oscuro pensó que yo lo había abandonado siempre, pero se equivocó.’
‘¿Pero qué uso ha tenido usted?’ se mofó Bellatrix. ‘¿Qué información útil hemos tenido de usted?’
‘Mi información ha sido comunicada directamente al Señor Oscuro,’ dijo Snape. ‘Si él decide no compartirlo con usted …’
‘¡Él comparte todo conmigo!’ dijo Bellatrix, encendiéndose inmediatamente. ‘Él me llama su más leal, su más fiel …’
‘¿Él?’ dijo Snape, su voz delicadamente conjugada para sugerir su incredulidad. ‘¿Él? ¿Después del fiasco en el Ministerio?’
‘¡No fue mi culpa!’ dijo Bellatrix, acalorada. ‘El Señor Oscuro, en el pasado, me ha confiado con su más preciado — si Lucius no tuviera —‘
‘¡No te atrevas — no te atrevas a culpar a mi marido!’ dijo Narcissa, con una voz baja y mortal, alzando la vista en su hermana.
‘No hay ninguna razón para inculpar,’ dijo Snape suavemente. ‘Lo que está hecho, hecho está.’
‘¡Pero no por usted!’ dijo Bellatrix furiosamente. ‘¿No estaba usted otra vez ausente mientras el resto de nosotros corrió peligros, Snape?’
‘Mis órdenes eran permanecer detrás,’ dijo Snape. ‘¿Quizás usted discrepa con el Señor Oscuro, quizás usted piensa que Dumbledore no habría notado si yo hubiera unido fuerzas con los Mortífagos para luchar contra la Orden del Fénix? Y — me perdonan — usted habla de peligros... ¿usted enfrentaba a seis adolescentes, o no?’
‘¡Ellos se unieron, como usted muy bien sabe, a la mitad de la Orden recientemente!’ gruñó a Bellatrix. ‘¿Y, mientras estamos sobre el sujeto de la Orden, usted todavía demanda que no puede revelar el paradero de su oficina central, verdad?’
‘No soy el Encargado secreto; no puedo decir el nombre del lugar. ¿Usted entiende cómo el encanto trabaja, creo? El Señor Oscuro está satisfecho por la información que le he pasado sobre la Orden. Esto condujo, como quizás ha adivinado, a la captura reciente y el asesinato de Emmeline Vance, y esto seguramente ayudó a eliminar Sirius Black, aunque yo le dé el crédito lleno de acabarlo.’
Inclinó su cabeza. Su expresión, ni se ablandó.
‘Usted evita mi última pregunta, Snape. Harry Potter. Usted podría haberlo matado en cualquier momento en estos cinco años. Usted no lo ha hecho. ¿Por qué?’
‘¿Ha hablado usted de este tema con el Señor Oscuro?’ preguntó a Snape.
‘Él ... últimamente, nosotros ... ¡Le pregunto usted, Snape!’
‘Si yo hubiera asesinado a Harry Potter, el Señor Oscuro no podía haber usado su sangre para regenerarse, haciéndolo invencible …’
‘¡Usted reclama que previó el uso del muchacho!’ se mofó ella.
‘No lo reprocho; no tuve ni idea de sus proyectos; ya lo he admitido, imaginé al Señor Oscuro muerto. Trato simplemente de explicar por qué el Señor Oscuro está agradecido de que Harry Potter haya sobrevivido, al menos hasta hace un año ...’
‘¿Pero por qué lo mantuvo usted vivo?’
‘¿No me ha entendido usted? ¡Era sólo la protección de Dumbledore la que me salvaba de Azkaban! ¿Discrepa usted que asesinando a su estudiante favorito significaría ponerlo a él en mi contra? Pero había más de ello en todo esto. Yo debería recordarle que cuando Potter llegó a Hogwarts por primera vez había todavía muchas historias que circulaban sobre él, rumores que él mismo era un gran Mago Oscuro, y que era así como él había sobrevivido al ataque del Señor Oscuro. Ciertamente, muchos de los seguidores del Señor Oscuro pensaron que Potter podría ser un estándar al cual nos rodearíamos una vez más. Fui curioso, lo admito, y después de todo no me incliné a matarlo en el momento en que puso al tonto en el castillo.
’Por supuesto, se hizo rápidamente aparente de que no tenía ningún talento extraordinario después de todo. Luchó escapando de un montón de aprietos con la simple combinación de pura suerte con más talento de parte de sus amigos. Fue un mediocre en el último título, tan detestable y autosatisfecho como lo fue su padre con anterioridad. He hecho todo lo imposible por hecharlo de Hogwarts, donde apenas creo que pertenece, pero matarlo, o permitir que lo maten en frente de mí? Hubiese sido un tonto de arriesgarme con Dumbledore tan cerca.’
’Y después de todo esto, supongo que tendremos que creer que Dumbledore nunca sospechó de ti?’ preguntó Bellatrix. ‘Él no tiene idea de tu verdadera lealtad, ¿confía en ti implícitamente?’
’He jugado mi papel muy bien,’ dijo Snape. ‘Y tu pasas por alto la más grande debilidad que tiene Dumbledore: tiene que creerle a la gente más buena. Le conté un cuento con el más profundo remordimiento cuando me uní a su grupo, justo en mis días de Mortífago, y él me recibió con los brazos abiertos – pero, como digo, nunca dejándome estar cerca de las Artes Oscuras. Dumbledore ha sido un gran mago – oh sí, lo ha sido,’ (Bellatrix hizo un feroz chillido), ‘el Señor Oscuro lo reconoce. Estoy agradecido de decir, sin embargo, que Dumbledore se está poniendo viejo. El duelo con el Mago Oscuro el mes pasado lo shokeó. Desde entonces, ha tenido una grave herida ya que sus reacciones son más lentas de lo que fueron alguna vez. Pero durante todos estos años, nunca a dejado de confiar en Severus Snape, y allí descansa mi gran valor hacia el Señor Oscuro.’
Bellatrix todavía se veía un poco descontenta, como si pareciera insegura de cómo atacar mejor a Snape luego. Tomando ventaja de su silencio, Snape se dirigió a su hermana.
’Entonces ... ¿viniste a pedir ayuda, Narcissa?’
Narcissa lo miró, con cara de elocuente desesperación.
’Sí, Severus. Yo – pienso que eres el único que puede ayudarme, no tengo a quién más que me ayude. Lucius está preso y ...’
Cerró sus ojos y dos largas lágrimas se escaparon de sus lagrimales.
’El Señor Oscuro me ha prohibido hablar de esto,’ continuó Narcissa, con sus ojos todavía cerrado. ‘Desea que nadie sepa del plan. Es ... muy secreto. Pero –‘
’Si te lo prohibió, no me lo debes decir,’ dijo Snape al unísono. ‘La palabra del Señor Oscuro es ley.’
Narcissa largó un grito ahogado como si Snape la hubiese bañado con agua helada. Bellatrix miró satisfecha por primera vez desde que entraron en la casa.
’¡Ves!’ dijo ella triunfalmente a su hermana. ‘Hasta Snape lo dice: no debes hablar, ¡entonces manténte en silencio!’
Pero Snape se puso de pié y se acercó a zancadas hasta la pequeña ventana, forzando su mirada entre las cortina hacia la desierta calle, luego las cerró nuevamente de un tirón. Se dio vuelta para mirar a Narcissa con el ceño fruncido.
’Lo que ocurro es que sé del plan,’ dijo en voz baja. ‘Soy uno de los pocos a los que el Señor Oscuro le ha contado. De todos modos, yo lo he guardado en secreto, Narcissa, debes ser prudente de no traicionar al Señor Oscuro.’
’¡Pensé que lo deberías saber!’ sijo Narcissa, respirando aún mejor. ‘Él confía en ti, Severus ...’
’¿Sabes del plan?’ dijo Bellatrix, con una expresión de fugaz satisfacción reemplazado por una mirada atroz. ‘¿Lo sabes?’
’Efectivamente,’ dijo Snape. ‘¿Pero qué tipo de ayuda necesitas, Narcissa? Si estás imaginando de que puedo convencer al Señor Oscuro que cambie sus planes, me temo que no hay esperanza, ninguna.’
’Severus,’ susurró ella, con lágrimas cayendo por sus pálidas mejillas. ‘Mi hijo ... mi único hijo ...’
’Draco debería estar orgulloso,’ dijo Bellatriz indiferentemente. ‘El Señor Oscuro le está concediendo un gran honor. Y diré esto por Draco: no se escapa de su tarea, se lo ve contento, por esta chance de probarse a sí mismo, encantado ante la posibilidad-‘
Narcissa comenzó a lorar sin consuelo, mirando todo el tiempo fíjamente y en forma de súplica a Snape.
’¡Y es porque tiene dieciséis años y no tiene idea de lo que se oculta detrás de esto! ¿Por qué, Severus? ¿Por qué mi hijo? ¡Es juy peligroso! ¡Esto es una venganza por el error de Lucius, lo sé!’
Snape no dijo nada. Escapó su vista de la mirada llorosa de Narcissa como su fueron indecentes, pero no pudo evitar tener que oírla.
’¿Es por eso que escogió a Draco, no?’ peristió ella. ‘¿Para castigar a Lucius?’
’Si Draco tiene éxito,’ dijo Snape, todavía sin mirarla, ‘será homenajeado por encima de todos los otros.’
’¡Pero no tendrá éxito!’ sollozó Narcissa. ‘¿Cómo podrá tenerlo, cuando el mismo Señor Oscuro-?’
Bellatrix ahogó un grito; Narcissa pareció haberse descontrolado.
’Solo me refiero ... a que nadie ha tenido éxito aún ... Severus ... por favor ... tú eres, tú has sido siempre, el maestro favoritode Draco ... eres el viejo amigos de Lucius ... te lo suplico ... eres el consejero favorito en el que más confía el Señor oscuro ... ¿Hablarás con él, lo convencerás -?’
’El Señor Oscuro no será persuadido, y no soy tan estúpido como para intentarlo,’ dijo Snape desinflándose. ‘No puedo pretender que el Señor Oscuro no esté enojado con Lucius. Lucius estaba a cargo. Lo capturaron, con muchos otros, y fallaron al intentar recuperar la profecía. Sí, el Señor Oscuro está enojado, Narcissa, muy enojado, en efecto.’
’¡Tengo razón, ha escogido a Draco para vengarse!’ se atragantó Narcissa. ‘Eso no significa que tendrá éxito, ¡quiere que lo maten!’
Como Snape no dijo nada, Narcissa pareció perder su auto-moderación que poseía. Poniéndose de pié, se tambaleó hacia Snape y se colgó de su ropa. Se puso cara a cara con él, con lágrimas calléndole por sobre sus mejillas, y ahogó un grito, ‘Puedes hacer. Puedes hacerlo en lugar de Draco, Severus. Vas a tener éxito, por supuesto que lo tendrás, y él te recompensará en frente de todos nosotros-‘
Snape la tomó de las muñecas y sacó sus manos. Mirando hacia abajo, a la cara manchada de lágrimas, dijo lentamente, ‘Él pretende que lo haga al final, supongo. Pero determinó que Draco lo haga primero. Ya ves, en el raro casi de que Draco tenga éxito, podré permanecer en Hogwarts un poco más, cumpliendo mi útil papel de espía.’
’En otras palabras, ¡eso no significa que Draco sea asesinado!’
’El Señor oscuro está muy enojado,’ repitió Snape tranquilamente. ‘No pudo escuchar la profecía. Tú sabes, Narcissa, tan bien como yo, que él no perdona tan fácilmente.’
Ella se desplomó a sus pies, sollozando y gimiendo en el piso.
’Mi único hijo ... mi único hijo ...’
’¡Deberías estar orgullosa!’ dijo Bellatrix despiadadamente. ‘Si tuviera hijos, ¡estaría orgullosa de prestárselos para el servicio del Señor Oscuro!’
Narcissa dio un pequeó gritito de desesperación y tomó su larga cabellera rubia. Snape se detuvo, la tomó de los brazos, la levantó, y la condujo hasta el sofá. Luego le servió
En esta pagina esta todo el libro divido en capitulos:
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Era cerca de la medianoche, y el Primer Ministro estaba sentado solo en su oficina, leyendo un largo memorando que se cruzaba por su cabeza sin dejar el más pequeño rastro de entendimiento. Esperaba una llamada de un Presidente de un país muy lejano, y entre preguntándose cuándo el irritante hombre llamaría, y tratando de olvidar recuerdos desagradables de lo que había sido una larga, agotadora y dificultosa semana, no había más espacio en su cabeza para algo más. Lo más que intentó fue enfocar su vista en las impresiones de la página que estaba frente a él, lo más claro que el Primer Ministro pudo ver era la regodeada cara de sus opositores políticos. Este oponente particular había aparecido en las noticias ese mismo día, no sólo para enumerar las terribles cosas que habían ocurrido la última semana (como si alguien necesitaba que se las recuerden), pero también para explicar por qué cada uno y todos ellos era la falla del gobierno.
El pulso del Primer Ministro se aceleraba ante la gravedad de aquellas acusaciones que no eran ni justas ni ni verdaderas. ¿Cómo demonios iba a hacer el gobierno para detener el colapso de ese puente? Era un ultraje para quien sugiriera que no se habían ocupado de los puentes. El puente tenía unos 10 años, y los mejores expertos estaban perdidos al intentar explicar por qué se había dividido claramente en dos, enviando una docena de automóviles a las profundidades marinas del río. ¿Y cómo nadie podría atreverse a sugerir que la ausencia de la policía era la causante de esos dos desagradables y bien publicados asesinatos? ¿O que el gobierno debería haber previsto aquel peculiar huracán en el West Country que había casuado grandes daños tanto a personas como propiedades materiales? ¿Y era su culpa que uno de sus Ministros jóvenes, Herbert Clorkley, eligiera esta semana para actuar tan peculiarmente que ahora estaba pasando más tiempo con su familia?
'Una severa atmósfera ha azotado al país,' había concluído el oponente, apenas consolando su amplia sonrisa.
Y, desafortunadamente, esto era perfectamente verdad. El Primer Ministro se sintió a sí mismo; la gente se veía más miserable que de lo común. Hasta el tiempo era horroroso; toda esta fresca neblina a mitad de Julio ... No estaba bien, no era normal ...
Pasó a la segunda hoja del memorando, vio cuán larga era, y trabajó sin ganas. Estirando sus brazos por encima de su cabeza, recorrió su oficina mirando mortificadamente. Era una habitación muy agradable, con un fino hogar-chimenea de mármol frente a la gran faja de la ventana, firmemente cerrada para enfrentar el destemporado frío. Con un suave tiriteo, el Primero Ministro se paró y se dirijió hasta la ventana, mirando la delgada neblina que lo presionaba contra el cristal. Fue cuando, mientras permanecía de espaldas a la habitación, escuchó un débil estornudo detrás de él.
Sintió frío, cara a cara con su propio reflejo en el que se veía una mirada miedosa en el oscuro vidrio. Él conocía esa tos. La había escuchado antes. Se dio vuelta, lentamente, para ponerse nuevamente de frente a la habitación.
'¿Hola?' dijo, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.
Por un breve momento se esperanzó en que nadie pudiese responderle. Sin embargo, una voz respondió al unísono, una fría y decisiva voz que sonaba como si estuviese leyendo una declaración ya preparada. Venía - como el Primer Ministro se imaginó gracias al primer tosido - del pequeño hombre parecido a una rana, que tenía una larga y plateada cabellera que estaba descripta en una pequeña, sucia y antigua pintura en la lejana esquina de la habitación.
'Para el Primer Ministro de los Muggles. Visita Urgente. Amablemente respondió inmediatamente. Atentamente, Fudge.' El hombre en la pintura miró inquietamente al Primer Ministro.
'Este,' dijo el Primer Ministro, 'escucha ... no es un buen momento para mí ... estoy esperando una llamada telefónica, ya ves ... del presidente de ...'
'Eso puede cambiarse,' dijo el portarretratos al unísono. El corazón de Primer Ministro se sobresaltó. Había tenido miedo al respecto.
'Pero preferiría hablar-'
'Podríamos arreglar para que el presidente se olvide de llamar. Llamará mañana en la noche,' dijo el pequeño hombre. 'Amablemente respóndale inmediatamente al Señor Fudge.'
'Yo ... oh ... muy bien,' dijo el Primer Ministro débilmente. 'Sí, veré a Fudge.'
Se volvió a su escritorio, acomodándose su corbata mientras se iba. Apenas había dejado su asiento, y cambiado su cara en lo que esperó sea una expresión relajada y sin muestra de nada, cuando unas llamas verdes brillosas rompieron en el lugar, en la vacía reja que estaba debajo de la chimenea de mármol. Miró, tratando de no demostrar un parpadeo de sorpresa o alarma, cuando un hombre de porte se apareció de entre las llamas, dando vueltas tan rápido como un topo. Segundo después, se había incorporado a una muy antigua y agradable alfombra, sacándose las cenizas de las mangas de su larga capa a rayas, y de su sombrero en forma de palangana de color verde-lima que llevaba en una de sus manos.
'Ah ... Primer Ministro, ' dijo Cornelius Fudge, estrechándole su mano. 'Encantado de volverlo a ver.'
El Primer Ministro no pudo devolver honestamente este gesto, por lo que no dijo nada. No estaba para nada encantado de ver a Fudge, el cual se había aparecido en ocasiones, aparte de ser de evidentes alarmas, generalmente significaban que iba a escuchar muy malas noticias. Sin embargo, Fudge se veía agobiado. Estaba más delgado, canoso y grisáceo, y su cara tenía una mirada un tanto arrugada. El Primer Ministro ya había visto ese tipo de miradas en los políticos con anterioridad, y nunca lo notaba amigable.
'¿En qué te puedo ayudar?' dijo, estrechando la mano de Fudge por un corto instante y gesticulando hacia una de las sillas más masizas que estaba frente al escritorio.
'Difícil de saber por dónde comenzar,' murmuró Fudge, parando la silla, sentándose y poniendo su verde sombrero en sus rodillas. 'Qué semana ... qué semana ...'
'¿También tuviste una mala semana?' preguntó el Primer Ministro forzadamente, tratando de transmitir así que ya tenía bastante en su plato sin ninguna ayuda de Fudge.
'Sí, por supuesto,' dijo Fudge, entornando sus ojos y mirando malhumoradamente al Primer Ministro. 'He tenido la misma semana que tuvo usted, Primer Ministro. El Puente Brockdale ... los Bones y los asesinos Vance ... sin mencionar lo del West Country ...'
'Tu - este - tu - me refiero a, algunas de tu personas en el Oeste - estuvieron involucradas en esas - esas cosas, ¿no?'
Fudge reparó en el Primer Ministro con una mirada un tanto severa.
'Por supuesto que estuvieron involucradas,' dijo. '¿Seguramente se dio cuenta lo que está ocurriendo?'
'Yo ...' vaciló el Primer Ministro.
Era precisamente este tipo de comportamiento el que hacía que le gustaran tan poco las visitas de Fudge. Era, después de todo, el Primer Ministro, y no apreciaba ser tratado como un ignorante joven colegial. Pero, desde ya, había sido así desde su primer encuentro con Fudge en su primera tarde como Primer Ministro. Lo recordaba como si hubiese ocurrido ayer y sabía que llevaría ese fantasma hasta el día de su muerte.
Había estado solo en su oficina, savoreando su triunfo luego de tantos años de sueños e imaginaciones, hasta que escuchó una tos detrás de él, igual que esta noche, y darse vuelta para descubrir que el pequeño y feo portarretratos que le hablaba, anunciando que el Ministro de Magia estaba por llegar e introducirlo.
Naturalmente, había pensado que la larga campaña y el esfuerzo había causado que se vuelva loco. Se había atterrorizado al ver que un portarretratos le hablaba, a pesar de que esto no había sido nada de lo que había sentido al enterarse que un autoproclamado mago se había aparecido de entre el fuego y estrechado su mano. Se había quedado sin habla a lo largo de la amable explicación de Fudge de que había magos y brujas aún viviendo en secreto en todo el Mundo, y sus tranquilizantes de que no iba a molestarlos, ya que el Ministerio de magia tomaba toda la responsabilidad de toda la Comunidad Mágica, y prevenía que la población no mágica supiera de su existencia. Era, dijo Fudge, un trabajo muy dificultoso que acompañaba a todo lo referente con regulaciones del uso responsable de las escobas para mantener a la población de dragones bajo control (el Primer Ministro se recordaba agarrándose del escritorio para enfrentar este tema). Fudge había golpeado la espalda del boquiabierto Ministro en un modo un tanto paternal.
'Nada de qué preocuparse,' había dicho, 'sería extraño que no me vuelvas a ver. Te molestaré si hay algo realmente serio que ocurra en nuestro lugar, algo que puede afectar preferentemente a los Muggles - la población no-mágica, debería decir. De lo contrario, hay que vivir y dejar vivir. Y debo decir, que lo estás tomando mucho mejor que tu predecesor. Él intentó tirarme por la ventana, como si fuese un espía planeado por la oposición.'
A todo esto, el Primer Ministro había tomado la palabra al final.
'¿Tú no eres - tú no eres un espía, entonces?'
Había sido su último, y desesperado deseo.
'No,' dijo Fudge gentilmente. 'No, me temo que no. Mira.'
Y había convertido la taza de té del Primer Ministro en un gerbil.
'Pero,' dijo el Primer Ministro sin aire, viendo su taza de té mordisqueándose en la esquina de su próximo discurso, 'pero, ¿por qué - por qué nadie me lo dijo-?'
'El Ministro de Magia solo le revela a él o ella, que son el Primer Ministro de los Muggles al día,' dijo Fudge, guardando su varita en su campera. 'Encontramos que esta es la mejor manera de mantener el secreto'
'Pero luego,' baló el Primer Ministro, '¿por qué un ya formado Primer Ministro no me advirtió-?'
A todo esto, Fudge ya se había reído.
'Mi querido Primer Ministro, ¿vas a engañar a alguien?'
Todavía vacilando, Fudge había lanzando algún tipo de poder en el fuego, que se introdujeron en las llamas color esmeralda y se desaparecieron coun un chirrido. El Primero Ministro había estado ahí, un poco inmóvil, y se dio cuenta de que nunca, a lo largo de su vida, se atrevería a mencionar este encuentro a un alma viviente, ¿y quién le creería a lo largo y ancho del Mundo?
El shock había tomado un pequeño tiempo para surgir efecto. Por un momento trató de convencerse a sí mismo de que Fudge había acertado en armar una alucinación por falta de sueño durante su campaña de elección. En un vano intento de deshacerse de todos los recuerdos de este inconfortable encuentro, ya le habría dado el gerbil a su querida sobrina e intruído a su Secretaria Privada que sacase el portarretratos del pequeño hombre feo que había anunciado el arrivo de Fudge. Para consternación del Primer Ministro, sin embargo, el portarretratos había demostrado su imposibilidad de ser extraído. Cuando decenas de carpinteros, un albañil o dos, un historiador artístico y el Ministro de Hacienda habían tratado sin éxito de desencajarlo de la pared, el Primer Ministro había abandonado el intento y simplemente se esperanzó que la cosa permaneciera sin movimiento y en silencio por el resto de su estadía en esa oficina. Ocasionalmente pudo jurar haber visto al ocupante bostezando, o rascándose la nariz: regularmente, una vez o dos veces, simplemente caminando fuera del enmarque y dejando el lienzo de un color amarronada y como con barro. Sin embargo, intentó no mirar demasiado ese cuadro, y decírse a sí mismo firmemente que sus ojos le gastaban una broma cuando algo como esto ocurría.
Hacía tres años, una noche muy parecida a esta, el Primer Ministro había estado solo en su oficina cuando el portarretratos había anunciado una vez más el inminente arrivo de Fudge, quien se había aparecido de entre las llamas, empapado y en un estado de considerable pánico. Antes de que el Primer Ministro pudiese por qué había estado sudándose a lo largo de todo el Arxminster, Fudge ya había comenzado a despotricar acerca de una prisión que el Primer Ministro había escuchado nunca hablar antes, un hombre llamada 'Serious' Black, algo que sonaba como Hogwarts y un niño llamado Harry Potter, ninguno de los cuales le pareció tener sentido al Primer Ministro.
'... Recién acabo de llegar de Azkaban, ' jadeó Fudge, sacando un montón de agua del borde de su sombrero en su bolsillo. 'A Mitad del Mar del Norte, ya sabés, un vuelo desagradable ... los Dementores estaban alborotados -' se estremeció '- nunca han tenido una visita antes. De todos modos, he tenido que venir hasta usted, Primer Ministro. ¡Black es un conocido asesino de Muggles y estaría planeando unirse con Quien-Usted-Ya-Sabe!' Había mirado fíjamente y esperanzadamente al Primer Ministro por un momento, y luego dijo, 'Bien, siéntate, siéntate, me gustaría ponerte al tanto ... tomemos un whisky ...'
El Primer Ministro se había molestado un poco de que lo invitara a sentarse siendo ésta su oficina, y que se ofreciera su propio whisky, pero se sentó, de todo modos. Fudge había sacado su varita, acercado dos grandes vasos llenos de un líuido ámbar fuera del fino aire, poniendo uno de estos en una de las manos del Primer Ministro y arrimando una silla.
Fudge habló cerca de una hora. En ese punto, se retrajo de decir un cierto nombre en voz alta, y, para contrarrestar, lo escribió en un trozo de pergamino, que había confiado en una de las manos libres del Primer Ministro que no sostenía el vaso de whisky. Cuando Fudge se puso de pié, el Primer Ministro lo imitó también.
'Por lo que crees que ...' bajó su mano izquierda. 'Lord Vol-'
'¡El Que No Debe Ser Nombrado!' gruñó Fudge.
'Disculpe ... ¿entonces piensas que El Que No Debe Ser Nombrado está todavía vivo?'
'Bueno, Dumbledore dice que sí,' dijo Fudge, como si hubiese escuchado su capa a rayas bajo su barbilla, 'pero no lo hemos encontrado. Si me preguntas, él no es peligroso a menos que tenga apoyo, por lo que es Black por quien debemos preocuparnos. ¿Entendiste esa advertencia? Excelente. Bueno, ¿creo que no nos veremos nuevamente, Primer Ministro? Buenas Noches.'
Pero se habían visto nuevamente. Menos de un año anteriormente, un sorprendido Fudge se materializó en el fio aire del Gabinete para informarle al Primer Ministro que había habido un poco de molestia por la Copa Mundial de Kwidditch (o al menos así sonaba) y que decenas de Muggles se habían 'involucrado', pero el Primer Ministro pareció no significarle demasiado que se haya visto la marca de Quien-Usted-Tú-Sabes: Fudge estaba seguro que esto era un hecho aislado y que la Oficina Muggle de Contacto estaba intentando con todas las modificaciones mientras hablaban.
'Oh, y casi olvido,' agregó Fudge. 'Estamos importando tres dragones extranjeros y una esfinge para el Torneo de los Tres Magos, un poco de rutina, pero el Departamiento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas me dijo que está en las reglas que debo notificarle si traemos criaturas áltamente peligrosas al país.'
'Yo - qué - ¿dragones? farfulló el Primer Ministro.
'Sí, tres,' dijo Fudge. 'Y una esfinge. Bueno, qué tengas buen día.'
El Primer Ministro creía una y otra vez que los dragones y lasd esfinges podría ser lo peor de todo esto, pero no. En menos de dos años siguientes, Fudge se había aparecido de entre el fuego nuevamente, esta vez con las noticias de que había habido una fuga en masas de Azkaban.
'¿Una fuga masiva?' el Primer Ministro repitió habiendo escuchado.
'¡No hay que preocuparse, no hay que preocuparse!' había gritado Fudge, todavía con una pierna en el fuego. 'Ya los tendremos rodeados en poco tiempo - ¡solo pensé que debería saberlo!'
Y antes de que el Primer Ministro pudiese gritar, 'Ahoram, puede esperar solo un momento?' Fudge se había desintegrado en una lluvia de chispas verdes.
Diga lo que diga la prensa y la oposición, el Primer Ministro no era un hombre estúpido. No se le había escapado de notar que, a pesar de las garantías de Fudge en su primer encuentro, ahora se estaban viendo un poco más, ni Fudge se ponía nervioso con cada visita. No obstante, le gustaba saber del Ministro de Magia (o, como siempre llamó a Fudge en su mente, 'el Otro Ministro'), el Primer Ministro no podía ayudar, pero temía que la próxima vez que se apareciera Fudge sería con más graves noticias. El ver, por lo tanto, a Fudge saliendo de la chimenea una vez más, desaliñado y demasiado nervioso y severamente sorprendido de que el Primer Ministro no supiera exactamente por qué él estaba allí, fue la peor cosa que ocurrió en el transcurso de esta extremadamente abatida semana.
’¿Cómo podría saber lo que estaba ocurriendo en la – este – comunidad Mágica?’ chasqueó el Primer Ministro. ‘Tengo un país que manejar y suficientes preocupaciones por el momento sin –‘
’Tenemos las mismas preocupaciones,’ interrumpió Fudge. ‘El Puente Brock-dale no se desgastó. No fue un huracán. Esos asesinos no eran trabajo de Muggles. Y la familia de Herbert Chorley podría estar a salvo sin él. Estamos acordando para poder transferirlo al Hospital San Mungo de Enfermedades Mágicas. El traslado debe efectuarse esta noche.’
’A qué te ... Tengo miedo ... ¿Qué?’ protestó el Primer Ministro
Fudge tomó un gran y profundo suspiro y dijo, ‘Primer Ministro, lamento mucho decirte que él ha vuelto. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ha vuelto’.
’¿Ha vuelto? Cuando dices ‘vuelto’ ... ¿está vivo? Me refiero –‘
El Primer Ministro buscó en su memoria los detalles de aquella horrible conversación de tres años atrás, cuando Fudge le había contado acerca de un mago a quien temía todo el resto, el mago que había cometido miles de crímenes terribles antes de su misteriosa desaparición quince años atrás.
’Sí, vivo,’ dijo Fudge. ‘Eso es – No lo sé – es un hombre vivo si, ¿no puede ser matado? Realmente no lo entiendo, y Dumbledore no lo explicará bien – pero de todos modos, él tiene un cuerpo y camina y habla y mata, por lo que supongo, por los propósitos de esta charla, sí, él esta vivo.’
El Primer Ministro no sabía qué decir, pero un hábito persistente de desear estar bien informado de cualquier tipo de cosa que se le presente le hizo proyectar cualquier detalle que pudiera recordar de conversaciones previas.
’¿Es Serious Black con – este – El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado?’
’¿Black? ¿Black?’ dijo Fudge discretamente, poniendo su sombrero rápidamente en sus dedos. ‘¿Sirius Black te refieres? Por las barbas de Merlín, no. Black está muerto. Al final estábamos – este – equivocados con Black. Era inocente. Y no estaba ligado a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Me refiero,’ agregó en defensiva, haciendo girar su sombrero más rápidamente, ‘las evidencias señalan – tenemos más de cincuenta testigos – pero de todos modos, como digo, está muerto. Asesinado, de hecho. En las inmediaciones del Ministerio de Magia. Va a haber una investigación, por ahora ...’
Para su gran sorpresa, el Primer Ministro sintió un gugaz intento de pena por Fudge. Era, sin embargo, eclipsado casi inmediatamente por un resplandor de poco engreído, deficiente como si estuviese en el área de fuego donde se materializa, nunca había habido un asesinato en ningún departamento de gobierno bajo su cargo ... Hasta ahora no ...
Mientras el Primer Ministro surreptuosamente tocaba la madera de su escritorio, Fudge continuó, ‘Pero los Black ... El punto es que estamos en guerra, Primer Ministro, y se deben tomar medidas.’
’¿En guerra?’ repitió el Primer Ministro nerviosamente. ‘¿Seguramente es un poco exagerado?’
’El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado se ha unido ahora con esos seguidores que se fugaron de Azkaban en Enero,’ dijo Fudge, hablando más y más rápidamente y girando su sombrero tan rápido que parecía un desdibujado verde-lima. ‘Desde que se escaparon, han estado haciendo estragos. El Puente Borckdale – lo hizo él, Primer Ministro, amenazó a un montón de Muggles se matarlos a menos que estuviera lejos de él –‘’¡Qué dolor, por lo que es tu culpa que esa gente fuera asesinada y tengo que responder preguntas sobre el camión oxidado y corroer las juntas en expansión y no se qué más!’ dijo el Primer Ministro furiosamente.
’¡Mi culpa!’ dijo Fudge, sonrojándose. ‘¿Estás diciendo que habrías entrado en ese chantaje así?’
’Quizás no,’ dijo el Primer Ministro, parándose y dando zancadas en la habitación, ‘pero hubiese puesto todos mis esfuerzos en atrapar al chanta antes de que cometiera semejante atrocidad!’
’¿Realmente piensas que no he estado haciendo demasiados esfuerzos?’ demandó Fudge acaloradamente. ‘Cada Auror en el Ministerio estuvo – y está – tratando de encontrarlo y persigue a sus seguidores, pero ocurre que estamos hablando de uno de los magos más poderosos de todos los tiempos, ¡un mago que ha eludido la captura por más de tres décadas!’
’¿Por lo que supongo que me vas a decir que causó un huracán en el West Country también?’ dijo el Primer Ministro, su temperamento comenzaba a subir en cada paso que daba. Le enfuría descubrir la razón de estos terribles desastres y no poder decírcelo al público, casi peor que sea la culpa del gobierno.
’Eso no fue un huracán,’ dijo Fudge miserablemente.
’¡Perdóname!’ ladró el Primer Ministro, ahora pateando hacia arriba y hacia abajo. ‘Árboles caidos, techos rotos, alumbrados torcidos, daños horribles-‘
’Fueron los Mortífagos,’ dijo Fudge. ‘Los seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Y ... sospechamos que un gigante también participó.’
El Primer Ministro detuvo su caminada como si se hubiese golpeado con una pared invisible. ¿Qué participó?’
Fudge hizo una mueca. ‘Usó gigantes la última vez, cuando quería un gran efecto,’ dijo. ‘La Oficina de la Desinformación ha estado trabajando a reloj, hemos tenido equipos de Desmemorizadores tratando de modificar las memorias de todos los Muggles que vieron realmente lo que ocurrió, tenemos más en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas por Sumerset, pero no podemos encontrar al gigante – ha sido un desastre.’
’¡Ni lo digas!’ dijo el Primer Ministro furiosamente.
’No niego que la moral está un poco baja en el Ministerio,’ dijo Fudge. ‘Y con todo esto, y luego al perder a Amelia Bones.’
’¿Perder a quién?’
’Amelia Bones. Cabeza del Departamento de Esfuerzo por la Ley Mágica. Pensamos que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado podría haberla asesinado en persona, porque era una bruja muy eficiente – y toda la evidencia marca de que estuvo en un duelo.’
Fudge aclaró su gargante y, con esfuerzo, paró de gurar su sombrero.
’Pero ese asesinato estaba en los periódicos,’ dijo el Primer Ministro, momentáneamente desviado por su enojo. ‘Nuestros periódicos. Amelia Bones ... se dice que era una mujer de mediana edad que vivía sola. Fue un asesinato horrible, ¿verdad? Ha tenido mucha publicidad. La policía se desconcertó, ya ves.’
Fudge suspiró. ‘Bien, por supuesto que están,’ dijo. ‘Asesinada en una habitación que estaba cerrada por dentro, ¿no? Nosotros, por otro lado, sabemos exactamente quién lo hizo, nos lleva a tener información adicional para atraparlo. Y luego estaba Emmeline Vance, quizás no escuchaste hablar de esa-‘
’¡Oh, si he escuchado!’ dijo el Primer Ministro. ‘Ocurrió justo en la esquina de aquí, de hecho. Los periódicos han tenido un día muy participativo. ‘desglose de la justicia y orden en el jardín del Primer Ministro-‘
’Y como si no fuera suficiente,’ dijo Fudge, apenas escuchando al Primer Ministro, ‘tenemos a los Dementores por todos lados, atacando gente, por izquierda, derecha, y centro ...’
Había una parte feliz en esta oración que podría haber sido intangible para el Primer Ministro, pero ahora estaba más prudente.
’Pensé que los Dementores eran los guardianes de los prisioneros en Azkaban,’ dijo cautelosamente.
’Eran,’ dijo Fudge desgastadamente. ‘Pero ya no. Han vaciado la prisión y se han unido con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. No pretendo que fuese un golpe.’
’Pero,’ dijo el Primer Ministro, con un sensación horrible amanecer, ‘¿no me dijiste que son criaturas que absorven la esperanza y felicidad de las personas?’
’Correcto. Y las absorven. Eso es lo que causa toda esta neblina.’
El Primer Ministro dio un salto, con sus rodillas débiles, a la silla más cercana. La idea de criaturas invisibles vagando por las ciudades y el país, propagando desesperación y desesperanza en sus votantes, hizo que se sintiera como que se iba a desmayar.
’Veamos ahora, Fudge - ¡tiene que hacer algo! ¡Es su responsabilidad como Ministro de Magia!’
’Mi querido Primer Ministro, no puede pensar honestamente que todavía soy el Ministro de Magia después de todo esto? ¡Me despidieron hace tres días! Toda la Comunidad Mágica ha estado gritando por mi dimisión por las noches. ¡Nunca los he visto tan unidos en todo mi periódo de gobierno!’ dijo Fudge, con una sonrisa brava.
El Primer Ministro perdió momentáneamente las palabras. A pesar de su dimisión en la posición en la que estaba, todavía sentía algo por el hombre de mirada débil sentado frente a él.
’Lo siento mucho,’ dijo finalmente. ‘¿Hay algo que pueda hacer?’
’Es muy amable de tu parte, Primer Ministro, pero no hay nada. Fui enviado aquí para actualizarte con los eventos recientes e introducirte a mi sucesor. Raramente pensaría que esté aquí ahora, pero, por supuesto, está muy ocupado por el momento, con mucho para hacer.’
Fudge miró el portarretratos del pequeño hombre feo que tenía una larga peluca plateada y risada, que se metía en su oído. Notando la mirada de Fudge, el retrato dijo, 'Él estará aquí en un momento, está terminando una carta para Dumbledore.'
'Le deseo toda la suerte,' dijo Fudge, pareciendo amargado por primera vez. 'He estado escribiendo a Dumbledore dos veces al día en la quincena pasada, pero él no se moverá. Si él solo hubiera estado preparado para convencer al muchacho, yo todavía podría ser ... Bien, tal vez Scrimgeour tendrá más éxito.'
Fudge se hundió en lo que era claramente un silencio apenado, pero fue roto casi inmediatamente por el retrato, que de repente habló de su voz crujiente, oficial.
'Al primer ministro Muggle. Solicitud de una reunión. Urgente. Amablemente responda inmediatamente. Rufus Scrimgeour, Ministro de Magia.'
'Sí, sí, bien,' dijo el Primer Ministro distraídamente, y apenas se estremeció como las llamas en la rejilla se volvieron verde esmeralda otra vez, y reveló un segundo mago girando en su centro, vertiéndolo momentos más tarde en la antigua alfombra.
Fudge se puso de pie y, después de vacilar un momento, el Primer Ministro hizo lo mismo, mirando al recién llegado enderezarse, y sacudir el polvo de su larga túnica negra, y mirar alrededor.
El absurdo primer pensamiento del Primer Ministro era que aquel Rufus Scrimgeour parecía más bien un viejo león. Había rayas de color gris en su melena de pelo rojizo y sus cejas espesas; tenía ojos penetrantes amarillentos detrás de un par de gafas de metal con bordes y cierto rangy, con gracia aun cuando él anduviera con una cojera leve. Tenía una impresión inmediata de habilidad y dureza; el Primer Ministro creyó entender por qué la comunidad Mágica prefirió a Scrimgeour en vez de Fudge como un líder en estas peligrosas circunstancias.
'¿Cómo está Ud?,' dijo al Primer Ministro correctamente, ofreciendo su mano.
Scrimgeour estrechó su mano brevemente, sus ojos exploraron el cuarto, luego sacó una varita mágica de su túnica.
'¿Fudge le dijo todo?,' preguntó, cruzando de un tranco la puerta y tocando el ojo de la cerradura con su varita mágica. El Primer Ministro oyó el chasquido de la cerradura.
'Hem ... sí,' dijo el Primer Ministro. 'Y si no le importa, yo preferiría que la puerta permaneciera abierta.'
'Yo preferiría no ser interrumpido,' dijo Scrimgeour en seguida, 'o mire’ añadió él, apuntando su varita mágica hacia las ventanas, de modo que las cortinas se cerraron ante ellos. ‘Bien, puesto que soy un hombre ocupado, vamos al grano. Ante todo, tenemos que hablar de su seguridad.’
El primer ministro se levantó hasta su completa altura y contestó, ‘estoy absolutamente feliz con la seguridad que ya me he puesto, gracias muchas…’
‘Bien, nosotros no,’ interrumpió Scrimgeour. ‘Esto será una vigilancia pobre para los Muggles si su Primer Ministro es puesto bajo la Maldición de Imperius. El nuevo secretario en su oficina externa…’
‘¡No me deshago de Kingsley Shacklebolt, si esto es lo que usted sugiere!,’ dijo el Primer Ministro con vehemencia. ‘Él es sumamente eficiente, pasa dos veces por el trabajo, el resto de ellos…’
‘Eso es porque él es un mago,’ dijo Scrimgeour, sin un parpadeo de risa. ‘Un Auror sumamente entrenado, que le ha sido asignado para su protección.’
‘¡Ahora, espere un momento!,’ declaró al Primer Ministro. ‘Usted no puede poner a su gente en mi oficina, yo decido quién trabaja para mí...’
‘¿Pensé que usted era feliz con Shacklebolt?’ dijo Scrimgeour con frialdad.
‘Lo estoy - es decir, lo estaba...’
‘¿Entonces no hay ningún problema de que esté aquí?’ dijo Scrimgeour.
‘... bien, mientras el trabajo de Shacklebolt siga siendo ... er ... excelente,’ dijo el Primer Ministro sin convicción, pero Scrimgeour apenas pareció oírlo.
‘Ahora, sobre Herbert Chorley, su Asistente,’ continuo. ‘El que ha estado entreteniendo el público imitando a un pato.’
‘¿En cuanto a él?’ preguntó el Primer Ministro.
‘Él claramente ha reaccionado a una Maldición Imperius mal realizada,’ dijo Scrimgeour. ‘Esto afectó su cerebro, pero todavía podría ser peligroso.’
‘¡Él solo estaba cuaquiando!’ dijo el Primer Ministro débilmente. ‘Seguramente un poco de un algo ... tal vez vaya fácil sobre la bebida ...’
‘Un equipo de Curanderos del Hospital de San Mungo para Enfermedades y Heridas Mágicas lo examina, como hablamos. Hasta ahora él ha intentado estrangular a tres de ellos,‘ dijo Scrimgeour. ‘Pienso que es mejor que lo quitemos de la sociedad Muggle un ratito.’
‘Yo ... bueno... ¿Él estará bien, verdad?’ dijo el Primer Ministro con inquietud.
Scrimgeour simplemente se encogió, moviéndose hacia atrás, hacia la chimenea.
‘Bien, esto es realmente todo lo que tenía que decir. Lo mantendré al tanto de los acontecimientos, Primer Ministro - o, al menos, probablemente estaré demasiado ocupado para venir personalmente, en el caso de que yo no pueda, enviaré a Fudge aquí. Él ha consentido para quedarse en una capacidad consultiva.’
Fudge intentó reír, pero estaba fracasado; simplemente miró como si tuviera un dolor de muelas. Scrimgeour ya revolvía en su bolsillo para el polvo misterioso que ponía el fuego de color verde. El Primer Ministro los miró fijamente sin esperanzas durante un momento, entonces las palabras que él había luchado para suprimir toda la tarde, reventaron en él por fin.
‘¡Pero por todos los cielos ... ustedes son magos! ¡Ustedes pueden hacer magia! ¡Seguramente usted puede hacer ... bueno ... algo!’
Scrimgeour giró despacio sobre el terreno y cambió una mirada incrédula con Fudge, quien realmente manejó una risa esta vez cuando dijo amablemente, ‘el problema es, su lado puede hacer la magia también, Primer Ministro.’
Y con esto, los dos magos dieron un paso uno tras otro en el fuego brillante verde y desaparecieron.
Capítulo 2: Spinner's End
Muchas millas lejos de la fresca neblina que presionaba contra la ventana del Primer Ministro vagaba un sucio río que se metía de entre las orillas llenas de vegetación y de basura. Una inmensa chimenea, reliquia de un molino en desuso, se encontraba detrás, sombrienta y siniestra. No se escuchaba nada a parte de un escuálido zorro que se había acercado hasta la orilla para olfatear esperanzadamente un viejo pescado y baratos envoltorios en el alto pastizal.
Pero luego, con un muy imperceptible 'pop', una delgada y encapuchada figura se apareció de entre el fino aire, en la orilla del río. El zorro quedó inmovilizado, sus precavidos ojos quedaron tornados hacia ese extraño fenómeno. La figura pareció haberse tomado sus momentos por unos pocos minutos, luego iluminó, a rápidas zancadas, su propia capa que se arrastraba por el pastizal.
Con un segundo y más fuerte 'pop', otra nueva figura encapuchada se materializó.
'¡Espera!'
Su chillido hizo sobresaltar al zorro, ahora agachado casi desinflado en el pastizal. Saltó de ese lugar elevado hasta la orilla. Hubo un destello de luz verde, un aullido, y el zorro cayó muerto en las malezas.
La segunda figura dio una vuelta alrededor del animal con su dedo.
'Solo un zorro,' dijo una voz femenina con desprecio desde debajo de su capucha. 'Pensé que podría ser un Auror - ¡Cissy, espera!'
Pero su presa, que se había pausado y visto el relámpago de la luz, se estaba levantando de la orilla a la que el zorro había caído.
'Cissy - Narcissa - escúchame-'
La segunda mujer tomó a la primera y agarró su brazo, pero la otra se la arrebató.
'¡Vuelve, Bella!'
'¡Debes escucharme!'
'Ya he escuchado. Ya tomé mi decisión. ¡Déjame sola!'
La mujer llamada Narcissa alcanzó la cima de la orilla, donde una línea de viejas vías separaban el río de una calle estrecha y adoquinada. La otra mujer, Bella, la siguió. Lado a lado, permanecieron mirando a lo largo de la calle por las hileras e hileras de casas dilapidadas hechas de ladrillo, sus ventanas grises y poco visibles en la oscuridad.
'¿Vive aquí?' preguntó Bella con voz despreciable. '¿Aquí? ¿En esta colina de estiércol Muggle? Debemos ser los primeros de nuestra clase que la pisamos-'
Pero Narcissa no estaba oyéndola; se había interesado en un hueco que se encontraba en las oxidadas vías e iba hacia la calle.
'Cissi, ¡espera!'
Bella la siguió, su capa arrastrándose, y vio a Narcissa precipitándose hacia un callejón entre las casas dentro de una idéntica segunda calle. Algunos de los alumbrados de la calle estaban rotos; las dos mujeres caminaban de entre manchas de luces y profunda oscuridad. La alcanzó con su presa tan pronto como ella pudo tomar otra esquina, esta vez consiguiendo tomar su brazo y oscilándola para que pudieran verse cara a cara.
'Cissy, no debes hacer esto, no puedes confiar en él -'
'El Señor Oscuro confía en él, ¿o no?'
’El Señor Oscuro está ... creo ... equivocado,’ jadeó Bella, y sus ojos brillaron momentáneamente bajo su capucha mientras miraba alrededor para verificar que estuviesen efectivamente solas. ‘De todos modos, nos dijeron que no hablemos del plan a nadie. Es una traición del Señor Oscuro –‘
’¡Vayamos, Bella!’ gruñó Narcissa, y retiró su varita de debajo de su capa, sosteniéndola amenazadoramente en la cara de la otra. Bella simplemente se río.
’Cissy, ¿tu propia hermana? No lo harías-‘
’¡No hay más que no haría!’ respiró hondo Narcissa, un signo de histeria en su voz, y mientras bajaba su varita como si fuese una navaja, hubo otro destello de luz. Bella soltó el brazo de su hermana como si se quemara.
’¡Narcissa!’
Pero Narcissa se adelantó a prisa. Frotando su mano, la otra la siguió, tomando distancia ahora, mientras se movían intensamente en laberinto desierto de casas de ladrillo. Por fín, Narcissa se apresuró en una calle llamada ‘Spinner's End’, en la cual la chimenea de molino altísima pareció cernirse como un dedo gigantesco. Sus pasos resonaron sobre los adoquines, mientras pasaba cerca de ventanas alojadas y rotas, hasta que alcanzó la última casa, donde una luz tintillante brillaba tenuemente a través de las cortinas en el cuarto de abajo.
Llamó a la puerta antes que Bella, maldiciendo bajo su aliento, se había puesto al corriente. Juntas aguantaron la espera, jadeando ligeramente, aspirando el olor del río sucio que les fue llevado sobre la brisa de la noche. Después de unos segundos, oyeron el movimiento detrás de la puerta y se abrió una grieta. Una sombra de un hombre podía ser vista mirándolas, un hombre con el pelo largo negro separado en cortinas alrededor de una cara cetrina y ojos morados.
Narcissa se quitó su capucha. Era tan pálida que pareció brillar en la oscuridad; el pelo largo rubio cayó derramado en su espalda, lo miró como a un ahogado.
‘¡Narcissa!’ dijo al hombre, abriendo la puerta un poco más, de modo que la luz cayó sobre ella y sobre su hermana también. ‘¡Qué sorpresa tan agradable!’
‘Severus,’ dijo ella en un susurro filtrado. ‘¿Puedo hablarle? Es urgente.’
‘Pero desde luego.’
Él se apartó para permitirle que pasara a la casa. Su hermana todavía encapuchada siguió sin la invitación.
‘Snape,’ dijo ella de manera cortante al pasarlo.
‘Bellatrix,’ contestó él, en su boca delgada se dibujó una risa ligeramente burlona, y cerró la puerta con un chasquido detrás de ellas.
Estaban avanzando directamente a una sala diminuta, que tenía el aspecto de una celda oscura, acolchada. Las paredes estaban completamente cubiertas de libros, la mayor parte de ellos cubiertos con un viejo cuero negro o marrón; un sofá gastado, un viejo sillón, y una mesa desvencijada estaban de pie agrupado juntos al fondo de la luz débil arrojada por una lámpara de vela colgada del techo. El lugar tenía un aire de abandono, como si no fuera por lo general habitado.
Snape le señaló el sofá a Narcissa. Ella dejó su capa, se corrió a un lado, y se sentó, contemplando sus manos blancas y temblorosas en su regazo. Bellatrix bajó su capucha más despacio. Oscura al igual que su hermana, con párpados pesados y una mandíbula fuerte, no percibió la mirada fija de Snape y se movió para estar de pie detrás de Narcissa.
‘¿Pues de modo, qué puedo hacer por ustedes?’ preguntó Snape, sentándose en el sillón frente a las dos hermanas.
‘¿Nosotros... estamos solos, verdad?’ preguntó Narcissa silenciosamente.
'Sí, desde luego. Bien, Colagusano esta aquí, pero no contamos bichos, verdad?’
Él señaló con su varita en la pared de libros detrás de él y con un golpe, una puerta escondida se abrió, revelando una escalera estrecha sobre la cual un pequeño hombre estaba de pie congelado.
‘Como usted ha visto claramente, Colagusano, tenemos invitados,’ dijo Snape perezosamente.
El hombre se arrastró, jorobado, hacia con pocos pasos y se movió en el cuarto. Tenía ojos pequeños, acuosos, una naríz puntiaguda, y con una desagradable sonrisa de afección. Su mano izquierda sobaba su derecha, que miró como si fuera encerrado en un guante brillante de plata.
‘¡Narcissa!’ dijo él, con una voz chirriante. ‘¡Y Bellatrix!’ Cuanto gusto –‘
‘Colagusano nos conseguirá bebidas, si lo desean,’ dijo Snape. ‘Y luego volverá a su dormitorio.’
Colagusano se estremeció como si Snape hubiera lanzado algo en él.
‘¡No soy tu criado!’ chilló, evitando el ojo de Snape.
‘¿Realmente? Tenía la impresión de que el Señor Oscuro lo colocó aquí para asistirme.’
‘¡Asistir, sí - pero no hacerle bebidas y - y limpiar su casa!’
‘No tenía ni idea, Colagusano, que usted ansiaba asignaciones más peligrosas,’ dijo Snape suavemente. ‘Esto puede ser fácilmente arreglado: hablaré al Señor Oscuro –‘
‘¡Puedo hablarle yo mismo si quiero!’
‘Desde luego que puedes,’ dijo Snape, riendo. ‘Pero mientras tanto, tráiganos bebidas. Un poco del vino hecho por el elfo.’
Colagusano vaciló durante un momento, mirando como si pudiera discutir, pero entonces dio vuelta y se paró durante un segundo sobre la puerta escondida. Oyeron la golpeadura y un tintineo de vasos. Dentro de unos segundos estuvo de vuelta, sosteniendo una botella polvorienta y tres vasos sobre una bandeja. Los puso sobre la mesa desvencijada y se apresuró de su presencia, cerrando de golpe la puerta cubierta por libros detrás de él.
Snape destapó tres vasos del vino sanguíneo y dio dos de ellos a las hermanas. Narcissa murmuró una palabra de agradecimiento, mientras que Bellatrix no dijo nada, pero siguió frunciendo el ceño en Snape. Este no pareció enojarlo; al contrario, pareció más bien divertido.
‘El Señor Oscuro,’ dijo, levantando su vaso y drenándolo.
Las hermanas le siguieron. Snape volvió a llenar su vaso. Cuando Narcissa tomó su segunda bebida, dijo de prisa: ‘Severus, siento venir aquí de esta forma, pero tenía que verte. Pienso que eres el único quién puede ayudarme –‘
Snape sostuvo una mano para pararla, luego señaló con su varita otra vez en la puerta de la escalera oculta. Hubo un golpe ruidoso y un chillido, seguido del sonido de Colagusano que se apresuraba arriba.
‘Mis disculpas,’ dijo Snape. ‘H estado últimamente escuchando tras las puertas, no sé lo que quiere decir con ello... ¿Usted decía, Narcissa?’
Ella tomó un gran aliento, se estremeció y comenzó otra vez.
‘Severus, sé que yo no debería estar aquí, me han dicho de no decir nada a nadie, pero ...’
‘¡Entonces usted debería cerrar a boca,’ gruñó a Bellatrix. ‘¡En particular con la compañía presente!’
‘¿Compañía presente?’ repitió Snape sardónicamente. ‘¿Y qué se puede entender por esto, Bellatrix?’
‘¡Que yo no confíe en usted, Snape, como usted muy bien sabe!’
Narcissa soltó un ruido que podría haber sido un sollozo seco y cubrió su cara con sus manos. Snape dejó su vaso sobre la mesa y se sentó otra vez, puso sus manos sobre el mango de su silla, sonriendo con el ceño fruncido a Bellatrix.
‘Narcissa, pienso que deberíamos oír lo que Bellatrix tiene para decir; esto evitará interrupciones aburridas. Bien, sigue, Bellatrix,’ dijo Snape. ‘¿Por qué es que usted no confía en mí?’
‘¡Cien motivos!’ dijo ella en voz alta, andando a zancadas por detrás del sofá para poner de golpe su vaso sobre la mesa. ‘¡Dónde comenzar! ¿Dónde estabas cuando el Señor Oscuro cayó? ¿Por qué nunca tuviste ninguna tentativa de encontrarlo cuándo él desapareció? ¿Qué has estado haciendo todos estos años que has vivido en el bolsillo de Dumbledore? ¿Por qué le impediste al Señor Oscuro que consiguiera la Piedra Filosofal? ¿Por qué no volvió usted inmediatamente cuándo el Señor Oscuro renació? ¿Dónde estabas hace unas semanas cuando luchamos para recuperar la profecía para el Señor Oscuro? ¿Y por qué, Snape, Harry Potter está todavía vivo, cuándo lo has tenido en su piedad durante cinco años?’
Hizo una pausa, su pecho se desinfló rápidamente, sonrojando sus mejillas. Detrás de ella, Narcissa se sentó inmóvil, con su cara todavía escondida en sus manos.
Snape sonrió.
‘¡Antes de que yo le conteste … por supuesto, Bellatrix, voy a contestar! ¡Usted puede llevar mis palabras a los demás, quiénes susurran detrás de mi espalda, y llevan cuentos falsos de mi traición al Señor Oscuro! Antes de que yo le conteste, digo, haré yo una pregunta ahora. ¿Piensa realmente usted que el Señor Oscuro no me ha preguntado todas y cada una de aquellas preguntas? ¿Y piensa realmente usted que, si no hubiese sido capaz yo de dar respuestas satisfactorias, me sentaría aquí dirigiéndome a usted?’
Ella vaciló.
‘Sé que él te cree, pero ...’
‘¿Usted piensa que él está confundido? ¿O que lo he engañado de alguna manera? ¿Engañado el Señor Oscuro, el mejor mago, el más dotado en Legilimancia que el Mundo ha visto alguna vez?’
Bellatrix no dijo nada, pero miró, por primera vez, un poco disconforme. Snape no ejerció presión a este punto. Recogió su bebida otra vez, lo bebió a sorbos, y siguió, ‘Usted pregunta dónde estaba yo cuando el Señor Oscuro cayó. Estaba donde él me había ordenado estar, en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, porque deseó que yo espiara a Albus Dumbledore. ¿Usted sabe, supongo, que esto fue así por las órdenes que el Señor Oscuro me dio?
Ella sacudió la cabeza casi imperceptiblemente y luego abrió su boca, pero Snape la previno.
‘Usted pregunta por qué no intenté encontrarlo cuando desapareció. Por la misma razón que Avery, Yaxley, los Carrows, Greyback, Lucius’ — inclinó su cabeza ligeramente a Narcissa — ‘y muchos otros que no intentaron encontrarlo. Lo creí acabado. No estoy orgulloso de ello, me equivoqué, pero aquí está ... Si él no hubiera perdonado a nosotros que perdimos la fe en ese entonces, ya tendría a muy pocos seguidores.’
‘¡Él me tendría!’ dijo Bellatrix apasionadamente. ‘¡Yo, que permanecí tantos años en Azkaban para él!’
‘Sí, en efecto, lo más admirable,’ dijo Snape con voz aburrida. ‘De acuerdo, usted no era de mucho uso para él en la prisión, pero el gesto era indudablemente fino —‘
‘¡Gesto!’ chilló la mujer; en su furia pareció ligeramente loca. ‘¡Mientras soporté a los Dementores, usted permaneció en Hogwarts, cómodamente jugando a ser la mascota de Dumbledore!’
‘No exactamente,’ dijo Snape tranquilamente. ‘Él no me daría Defensa Contra las Artes Oscuras, usted sabe. Daba para pensar que esto podría causar, ah, una recaída … tentarme en mis viejos caminos.’
‘¿Éste era su sacrificio para del Señor Oscuro, no enseñar su ramo favorito?’ se mofó. ‘¿Por qué se quedó usted allí todo aquel tiempo, Snape? ¿Todavía divisando a Dumbledore para un maestro que usted creyó muerto?’
‘Apenas,’ dijo Snape, ‘aunque el Señor Oscuro esté contento que nunca abandoné mi poste: yo tenía dieciséis años de la información sobre Dumbledore para darle cuando él volvió, un presente más bien útil y bienvenido que reminiscencias interminables de como es Azkaban sea desagradable ...’
‘Pero usted se quedó —‘
‘Sí, Bellatrix, me quedé,’ dijo Snape, dando una indirecta de impaciencia por primera vez. ‘Yo tenía un trabajo cómodo que preferí, a un período en Azkaban. Ellos acorralaban a los Mortífagos, usted sabe. La protección de Dumbledore me guardó de la cárcel; era lo más conveniente y lo usé. Repito: el Señor Oscuro no se queja que me quedé, entonces no veo por qué usted lo hace.’
‘Pienso que usted después quiso saber,’ siguió él un poco más en voz alta, ya que Bellatrix mostró signos de querer interrumpir, ‘por qué estuve de pie entre el Señor Oscuro y la Piedra Filosofal. Esto es fácilmente contestado. Él no sabía si podría confiar en mí. Pensó, como usted, que yo me había dado vuelta del fiel Mortífago al títere de Dumbledore. Estaba en una condición lastimosa, muy débil, compartiendo el cuerpo de un mago mediocre. No desafió a revelarse a un antiguo aliado si aquel aliado pudiera volcarlo a Dumbledore o el Ministerio. Profundamente lamento que él no confiara en mí. Habría vuelto pronto para impulsar tres años más. Como lo fue, Quirrell sólo era avaro e indigno para intentar robar la Piedra y, confieso, hice todo que yo podría para frustrarlo.’
La boca de Bellatrix se enroscó como si hubiera tomado una dosis desagradable de la medicina.
‘Pero usted no volvió cuando él volvió, usted no volvió inmediatamente cuando sintió la quemadura de la Marca Tenebrosa.’
‘Correcto. Volví dos horas más tarde. Volví bajo las órdenes de Dumbledore.’
‘¿Bajo las órdenes de Dumbledore—?’ comenzó ella, en tono de ultraje.
‘¡Piense!’ dijo Snape, impaciente otra vez. ‘¡Piense! ¡Esperando dos horas, solamente dos horas, aseguré que podría permanecer en Hogwarts como un espía! ¡Permitiendo a Dumbledore pensar que yo volvía sólo al lado del Señor Oscuro porque me lo ordenaron, he sido capaz de pasar la información sobre Dumbledore y la Orden del Fénix desde entonces! Considere, Bellatrix: la Marca Tenebrosa había estado poniéndose más nítida durante meses. ¡Yo sabía que él debía estar a punto de volver, todos los Mortífagos lo sabían! ¿Tenía mucho tiempo para pensar en qué hacer, planear mi siguiente movimiento, evitarlo como Karkaroff, verdad?
El disgusto inicial del Señor Oscuro en mi retraso desapareció completamente, les aseguro, cuando expliqué que permanecí fiel, aunque Dumbledore pensara que yo era su hombre. Sí, el Señor Oscuro pensó que yo lo había abandonado siempre, pero se equivocó.’
‘¿Pero qué uso ha tenido usted?’ se mofó Bellatrix. ‘¿Qué información útil hemos tenido de usted?’
‘Mi información ha sido comunicada directamente al Señor Oscuro,’ dijo Snape. ‘Si él decide no compartirlo con usted …’
‘¡Él comparte todo conmigo!’ dijo Bellatrix, encendiéndose inmediatamente. ‘Él me llama su más leal, su más fiel …’
‘¿Él?’ dijo Snape, su voz delicadamente conjugada para sugerir su incredulidad. ‘¿Él? ¿Después del fiasco en el Ministerio?’
‘¡No fue mi culpa!’ dijo Bellatrix, acalorada. ‘El Señor Oscuro, en el pasado, me ha confiado con su más preciado — si Lucius no tuviera —‘
‘¡No te atrevas — no te atrevas a culpar a mi marido!’ dijo Narcissa, con una voz baja y mortal, alzando la vista en su hermana.
‘No hay ninguna razón para inculpar,’ dijo Snape suavemente. ‘Lo que está hecho, hecho está.’
‘¡Pero no por usted!’ dijo Bellatrix furiosamente. ‘¿No estaba usted otra vez ausente mientras el resto de nosotros corrió peligros, Snape?’
‘Mis órdenes eran permanecer detrás,’ dijo Snape. ‘¿Quizás usted discrepa con el Señor Oscuro, quizás usted piensa que Dumbledore no habría notado si yo hubiera unido fuerzas con los Mortífagos para luchar contra la Orden del Fénix? Y — me perdonan — usted habla de peligros... ¿usted enfrentaba a seis adolescentes, o no?’
‘¡Ellos se unieron, como usted muy bien sabe, a la mitad de la Orden recientemente!’ gruñó a Bellatrix. ‘¿Y, mientras estamos sobre el sujeto de la Orden, usted todavía demanda que no puede revelar el paradero de su oficina central, verdad?’
‘No soy el Encargado secreto; no puedo decir el nombre del lugar. ¿Usted entiende cómo el encanto trabaja, creo? El Señor Oscuro está satisfecho por la información que le he pasado sobre la Orden. Esto condujo, como quizás ha adivinado, a la captura reciente y el asesinato de Emmeline Vance, y esto seguramente ayudó a eliminar Sirius Black, aunque yo le dé el crédito lleno de acabarlo.’
Inclinó su cabeza. Su expresión, ni se ablandó.
‘Usted evita mi última pregunta, Snape. Harry Potter. Usted podría haberlo matado en cualquier momento en estos cinco años. Usted no lo ha hecho. ¿Por qué?’
‘¿Ha hablado usted de este tema con el Señor Oscuro?’ preguntó a Snape.
‘Él ... últimamente, nosotros ... ¡Le pregunto usted, Snape!’
‘Si yo hubiera asesinado a Harry Potter, el Señor Oscuro no podía haber usado su sangre para regenerarse, haciéndolo invencible …’
‘¡Usted reclama que previó el uso del muchacho!’ se mofó ella.
‘No lo reprocho; no tuve ni idea de sus proyectos; ya lo he admitido, imaginé al Señor Oscuro muerto. Trato simplemente de explicar por qué el Señor Oscuro está agradecido de que Harry Potter haya sobrevivido, al menos hasta hace un año ...’
‘¿Pero por qué lo mantuvo usted vivo?’
‘¿No me ha entendido usted? ¡Era sólo la protección de Dumbledore la que me salvaba de Azkaban! ¿Discrepa usted que asesinando a su estudiante favorito significaría ponerlo a él en mi contra? Pero había más de ello en todo esto. Yo debería recordarle que cuando Potter llegó a Hogwarts por primera vez había todavía muchas historias que circulaban sobre él, rumores que él mismo era un gran Mago Oscuro, y que era así como él había sobrevivido al ataque del Señor Oscuro. Ciertamente, muchos de los seguidores del Señor Oscuro pensaron que Potter podría ser un estándar al cual nos rodearíamos una vez más. Fui curioso, lo admito, y después de todo no me incliné a matarlo en el momento en que puso al tonto en el castillo.
’Por supuesto, se hizo rápidamente aparente de que no tenía ningún talento extraordinario después de todo. Luchó escapando de un montón de aprietos con la simple combinación de pura suerte con más talento de parte de sus amigos. Fue un mediocre en el último título, tan detestable y autosatisfecho como lo fue su padre con anterioridad. He hecho todo lo imposible por hecharlo de Hogwarts, donde apenas creo que pertenece, pero matarlo, o permitir que lo maten en frente de mí? Hubiese sido un tonto de arriesgarme con Dumbledore tan cerca.’
’Y después de todo esto, supongo que tendremos que creer que Dumbledore nunca sospechó de ti?’ preguntó Bellatrix. ‘Él no tiene idea de tu verdadera lealtad, ¿confía en ti implícitamente?’
’He jugado mi papel muy bien,’ dijo Snape. ‘Y tu pasas por alto la más grande debilidad que tiene Dumbledore: tiene que creerle a la gente más buena. Le conté un cuento con el más profundo remordimiento cuando me uní a su grupo, justo en mis días de Mortífago, y él me recibió con los brazos abiertos – pero, como digo, nunca dejándome estar cerca de las Artes Oscuras. Dumbledore ha sido un gran mago – oh sí, lo ha sido,’ (Bellatrix hizo un feroz chillido), ‘el Señor Oscuro lo reconoce. Estoy agradecido de decir, sin embargo, que Dumbledore se está poniendo viejo. El duelo con el Mago Oscuro el mes pasado lo shokeó. Desde entonces, ha tenido una grave herida ya que sus reacciones son más lentas de lo que fueron alguna vez. Pero durante todos estos años, nunca a dejado de confiar en Severus Snape, y allí descansa mi gran valor hacia el Señor Oscuro.’
Bellatrix todavía se veía un poco descontenta, como si pareciera insegura de cómo atacar mejor a Snape luego. Tomando ventaja de su silencio, Snape se dirigió a su hermana.
’Entonces ... ¿viniste a pedir ayuda, Narcissa?’
Narcissa lo miró, con cara de elocuente desesperación.
’Sí, Severus. Yo – pienso que eres el único que puede ayudarme, no tengo a quién más que me ayude. Lucius está preso y ...’
Cerró sus ojos y dos largas lágrimas se escaparon de sus lagrimales.
’El Señor Oscuro me ha prohibido hablar de esto,’ continuó Narcissa, con sus ojos todavía cerrado. ‘Desea que nadie sepa del plan. Es ... muy secreto. Pero –‘
’Si te lo prohibió, no me lo debes decir,’ dijo Snape al unísono. ‘La palabra del Señor Oscuro es ley.’
Narcissa largó un grito ahogado como si Snape la hubiese bañado con agua helada. Bellatrix miró satisfecha por primera vez desde que entraron en la casa.
’¡Ves!’ dijo ella triunfalmente a su hermana. ‘Hasta Snape lo dice: no debes hablar, ¡entonces manténte en silencio!’
Pero Snape se puso de pié y se acercó a zancadas hasta la pequeña ventana, forzando su mirada entre las cortina hacia la desierta calle, luego las cerró nuevamente de un tirón. Se dio vuelta para mirar a Narcissa con el ceño fruncido.
’Lo que ocurro es que sé del plan,’ dijo en voz baja. ‘Soy uno de los pocos a los que el Señor Oscuro le ha contado. De todos modos, yo lo he guardado en secreto, Narcissa, debes ser prudente de no traicionar al Señor Oscuro.’
’¡Pensé que lo deberías saber!’ sijo Narcissa, respirando aún mejor. ‘Él confía en ti, Severus ...’
’¿Sabes del plan?’ dijo Bellatrix, con una expresión de fugaz satisfacción reemplazado por una mirada atroz. ‘¿Lo sabes?’
’Efectivamente,’ dijo Snape. ‘¿Pero qué tipo de ayuda necesitas, Narcissa? Si estás imaginando de que puedo convencer al Señor Oscuro que cambie sus planes, me temo que no hay esperanza, ninguna.’
’Severus,’ susurró ella, con lágrimas cayendo por sus pálidas mejillas. ‘Mi hijo ... mi único hijo ...’
’Draco debería estar orgulloso,’ dijo Bellatriz indiferentemente. ‘El Señor Oscuro le está concediendo un gran honor. Y diré esto por Draco: no se escapa de su tarea, se lo ve contento, por esta chance de probarse a sí mismo, encantado ante la posibilidad-‘
Narcissa comenzó a lorar sin consuelo, mirando todo el tiempo fíjamente y en forma de súplica a Snape.
’¡Y es porque tiene dieciséis años y no tiene idea de lo que se oculta detrás de esto! ¿Por qué, Severus? ¿Por qué mi hijo? ¡Es juy peligroso! ¡Esto es una venganza por el error de Lucius, lo sé!’
Snape no dijo nada. Escapó su vista de la mirada llorosa de Narcissa como su fueron indecentes, pero no pudo evitar tener que oírla.
’¿Es por eso que escogió a Draco, no?’ peristió ella. ‘¿Para castigar a Lucius?’
’Si Draco tiene éxito,’ dijo Snape, todavía sin mirarla, ‘será homenajeado por encima de todos los otros.’
’¡Pero no tendrá éxito!’ sollozó Narcissa. ‘¿Cómo podrá tenerlo, cuando el mismo Señor Oscuro-?’
Bellatrix ahogó un grito; Narcissa pareció haberse descontrolado.
’Solo me refiero ... a que nadie ha tenido éxito aún ... Severus ... por favor ... tú eres, tú has sido siempre, el maestro favoritode Draco ... eres el viejo amigos de Lucius ... te lo suplico ... eres el consejero favorito en el que más confía el Señor oscuro ... ¿Hablarás con él, lo convencerás -?’
’El Señor Oscuro no será persuadido, y no soy tan estúpido como para intentarlo,’ dijo Snape desinflándose. ‘No puedo pretender que el Señor Oscuro no esté enojado con Lucius. Lucius estaba a cargo. Lo capturaron, con muchos otros, y fallaron al intentar recuperar la profecía. Sí, el Señor Oscuro está enojado, Narcissa, muy enojado, en efecto.’
’¡Tengo razón, ha escogido a Draco para vengarse!’ se atragantó Narcissa. ‘Eso no significa que tendrá éxito, ¡quiere que lo maten!’
Como Snape no dijo nada, Narcissa pareció perder su auto-moderación que poseía. Poniéndose de pié, se tambaleó hacia Snape y se colgó de su ropa. Se puso cara a cara con él, con lágrimas calléndole por sobre sus mejillas, y ahogó un grito, ‘Puedes hacer. Puedes hacerlo en lugar de Draco, Severus. Vas a tener éxito, por supuesto que lo tendrás, y él te recompensará en frente de todos nosotros-‘
Snape la tomó de las muñecas y sacó sus manos. Mirando hacia abajo, a la cara manchada de lágrimas, dijo lentamente, ‘Él pretende que lo haga al final, supongo. Pero determinó que Draco lo haga primero. Ya ves, en el raro casi de que Draco tenga éxito, podré permanecer en Hogwarts un poco más, cumpliendo mi útil papel de espía.’
’En otras palabras, ¡eso no significa que Draco sea asesinado!’
’El Señor oscuro está muy enojado,’ repitió Snape tranquilamente. ‘No pudo escuchar la profecía. Tú sabes, Narcissa, tan bien como yo, que él no perdona tan fácilmente.’
Ella se desplomó a sus pies, sollozando y gimiendo en el piso.
’Mi único hijo ... mi único hijo ...’
’¡Deberías estar orgullosa!’ dijo Bellatrix despiadadamente. ‘Si tuviera hijos, ¡estaría orgullosa de prestárselos para el servicio del Señor Oscuro!’
Narcissa dio un pequeó gritito de desesperación y tomó su larga cabellera rubia. Snape se detuvo, la tomó de los brazos, la levantó, y la condujo hasta el sofá. Luego le servió