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Julio cesar Ardita El hacker latino mas famoso


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SEGURIDAD INFORMATICA: VULNERO LOS SISTEMAS INFORMATICOS DE LA MARINA DE ESTADOS UNIDOS

Habla el hacker argentino que puso en jaque al FBI

En 1995 Julio César Ardita accedió a información confidencial de EE.UU. desde la computadora de su casa · El FBI tardó en encontrarlo · Ahora es asesor en seguridad informática

PIRATAS INFORMATICOS. Se dedican a vulnerar la seguridad en computación.
DAMIAN KANTOR

Julio César Ardita, el ex hacker argentino más famoso, que en 1995 vulneró los sistemas informáticos de la marina estadounidense y la NASA desde su casa, finalmente accedió a contar su caso a un medio periodístico por primera vez. Clarín lo entrevistó en forma exclusiva, mientras espera turno para cumplir con las condiciones de la "probation", las tareas comunitarias que le impuso un tribunal oral a cambio de no ser juzgado por la presunta estafa que habría cometido contra Telecom.

Cuando su causa tomó estado público a fines de 1995, Ardita se refugió en el anonimato, tal como hacía en sus tiempos de hacker para evitar a tomar contacto con la prensa de todas partes del mundo, que buscaba conocer a la persona que estaba siendo investigada por el FBI y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

En diálogo con Clarín, un hombre del FBI, Andrew Black, experto en encontrar hackers, dijo que Ardita "fue uno de los mejores hackers que conocí en mi carrera" .

Ardita dialogó con Clarín en un bar frente al Jardín Botánico, donde suele ir a estudiar las pocas materias que le faltan para recibirse de licenciado en seguridad informática en la Universidad Kennedy.

Este joven morocho, flaco y de 1,80 metro de altura, no ocultaba que la entrevista le resultaba incómoda. Tratando de disimular sus nervios, arrancó sin esperar la pregunta: "Yo no hice nada malo. No robé ni destruí información. Todavía sigo sorprendido por las repercusiones que tuvo mi caso", dijo intentando romper el hielo. Después, analizó el comienzo de sus dos espinosas causas judiciales. Una en los Estados Unidos, donde lo condenaron a pagar 5.000 dólares de multa y a hacer tareas comunitarias, que, por razones de distancia, en la práctica quedaron sin efecto; y otra en la Argentina por el uso fraudulento de líneas de la empresa Telecom.

"En el momento que allanaron mi casa yo no estaba y cuando llegué, a eso de las tres de la mañana, supe que era una demanda de Telecom. Cuando allanaron, sólo estaban mis dos hermanas, que en ese momento estaban jugando al Tetris, y mi hermano Sebastián", recuerda.

- Al declarar ante el juez usted dijo que había ingresado a la red de computadoras de la empresa Telecom a través de una línea gratuita 0800. Y que de allí accedía a la central de la empresa que tenía acceso a Internet, para finalmente ingresar a sistemas informáticos de otros países.

-Técnicamente es así.

-Pero tenía que tener una clave de 14 dígitos y se sospechó que alguien de la empresa le había facilitado la contraseña.

-El tipo de red que tenían permitía recoger información del sistema, entre otras cosas, la clave. Esto cualquier manual de seguridad sobre este tipo de redes lo informa. Lo pude hacer porque había una falla muy grande de seguridad.

- A partir de su caso, se supo que había una actividad misteriosa y clandestina que consiste en infiltrarse en computadoras ajenas. Que quienes lo hacen se hacen llamar hackers. ¿Cómo es el "ambiente" de los hackers? -Hoy cambió mucho el ambiente. Hace tres años, como no había Internet, nosotros nos juntábamos más, había más comunicación. Había reuniones donde nos conocíamos personalmente. No es un ambiente como la gente se imagina. Básicamente, son grupos de chicos que en vez de salir de noche a bailar y hacer esas cosas, se metían a investigar con las computadoras. Se trata de jugar un juego mental contra el que hace la seguridad de un sistema informático. El quiere evitar que yo acceda y yo trato de hacerlo. No hay ninguna intención de daño. Al menos en el ambiente real.

Hace pocos días, Ardita cumplió 25 años y desde chico se acostumbró a vivir en distintos lugares del país, de acuerdo con el destino de su padre, que era militar.

"Viajábamos mucho- dice-, y conocí muchos lugares. Nací en 1974 en Río Gallegos. La primaria la hice en Jujuy y me gradué con honores. Allí me relacioné por primera vez con una computadora. Después, cuando nos radicamos en Buenos Aires, estudié el secundario en el Dámaso Centeno. Allí, con un grupo de amigos armamos un programa informático para el colegio para las notas y la facturación." En sus épocas de hacker, Ardita era conocido con el apodo de "El gritón", pero aclara que el porqué del apodo "es un secreto".

A medida que avanza el diálogo, la tensión inicial se afloja. Entonces sigue contando: "La mía era una vida común y corriente. Tenía una novia que se llama Verónica. Las novias son las peores enemigas de los hackers, porque cuando estás solo, tenés el ciento por ciento de atención en la computadora. Cuando yo me puse de novio, mi actividad decayó. Esto pasa en todo el mundo. Si uno analiza a los hackers va a descubrir que en su mayoría tienen menos de 20 años. Porque cuando uno va creciendo, les presta atención a otras cosas. Conoce mujeres o cosas más importantes que la computación y va dejando.

-¿A qué se dedica ahora? -Estudio y trabajo. Me faltan ocho materias para recibirme en licenciado especializado en seguridad informática. Hace tres años con otra persona pusimos una empresa, que se llama Cybsec, y hacemos consultorías en seguridad informática.
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