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Todos los Argentinos deberíamos leer esto

Yo se que en T! no agradan mucho los debates políticos (eso se arregla no foreando el post), pero me da la impresión de que como argentinos debemos empezar a reflotar estas cosas, y dejar de vanagloriarnos con esa argentinidad de Dulce de Leche, Maradona y Obelisco.

Este link que les dejo acá es lo que considero la acción de alguien con unas bolas tremendas. Es la carta que Rodolfo Walsh le escribió a la Junta militar al cumplirse un año del golpe de 1976. La carta estaba fechada el 24 de marzo. A Rodolfo lo desaparecieron el 25. Hay testigos de su muerte, así que no contó el cuento. Ningún diario de la época se animó a publicarla, aunque luego se hizo conocida pues también la mandó a corresponsales extranjeros.

La carta no tiene desperdicio.

Carta de un escritor a la Junta Militar





Para los que gustan de leer un poquito, les dejo una breve biografía de Rodolfo Walsh.


Rodolfo Walsh: un hombre que se animó hasta el final

Roberto Bardini

En la medianoche del 9 de junio de 1956, Rodolfo Walsh
juega al ajedrez en un café ubicado frente a la Plaza
San Martín, en La Plata. De pronto, él y los otros
asistentes, son sorprendidos por el ruido de disparos.
Walsh sale a la calle y comienza a caminar rumbo a su
casa, en la calle 54. Aunque vive a pocas cuadras,
demora dos horas en llegar. Observa movimientos
extraños, hombres que se reúnen en las esquinas, luces
cortadas. En la súbita oscuridad del trayecto percibe
que se trata de algo grave.

En la estación de ómnibus cercana, Walsh ve a un
vigilante que aferra su fusil y dice que "revolución o
no, a él no le iban a quitar el arma". Cuando por fin
llega a su casa,
descubre que la situación es peor que en el café y la
estación: hay soldados en las azoteas, la cocina, los
dormitorios y, sobre todo, en el baño. Como es
habitual en estos casos de tensión, muchos uniformados
tienen dificultad para controlar sus esfínteres; el
reiterado uso del inodoro está a punto de vaciar el
tanque de agua. Pegado a la persiana, Walsh escucha
cómo muere un soldado conscripto: "No me dejen solo,
hijos de puta", ruega el moribundo. Desde entonces
-escribió años después- le tomó aversión a las casas
ubicadas frente a un cuartel o una comisaría.

UN HOMBRE DE LENTES, POCAS PALABRAS Y ASPECTO TÍMIDO



A primera vista, Walsh carecía físicamente de los
atributos aparentes del héroe: era de baja estatura y
cuerpo menudo, usaba anteojos, hablaba poco y tenía
aspecto de
hombre tímido. Pero su apariencia engañaba, y él mismo
lo demostró hasta el último día de su vida, el 25 de
marzo de 1977.

Descendía de irlandeses, había nacido en 1927 en
Choele-Choel, provincia de Río Negro, y creció durante
la llamada Década Infame. Su padre, un capataz de
campo que se fue empobreciendo, murió al caer de un
caballo. En 1945, a pesar de su estatura, los lentes y
el aspecto tímido, Rodolfo militaba en la Alianza
Libertadora Nacionalista (ALN) y había participado con
entusiasmo en la marcha del 17 de octubre de 1945 a
Plaza de Mayo.

En la ALN y otros grupos de choque figuraban tres
jóvenes más a quienes el destino les reservaba otro
rumbo en la política, el periodismo y la literatura:
Jorge Ricardo Massetti, Rodolfo Walsh, Rogelio García
Lupo y Dalmiro Sáenz.

"A los dieciocho años no estaba en condiciones de
interpretar lo que vivía. Para mí era un año de
trompadas en la calle, de corridas", declarará Walsh
en el semanario Primera Plana en junio de 1972. "Tomé,
en la opción popular, la variante relativamente más
reaccionaria. La Alianza Libertadora Nacionalista
encerraba elementos muy contradictorios. Había
camaradas -así nos llamábamos- con fuertes problemas
antisemitas, por ejemplo; pero éramos auténticos en
nuestro antiimperialismo".

En 1944, a los diecisiete años, Walsh había ingresado
a la editorial Hachette, donde fue sucesivamente
corrector de pruebas, traductor y editor de
colecciones hasta 1950. Ese
año, ganó el segundo premio del concurso de cuentos
policiales organizado por la revista Vea y Lea. En un
intermedio aventurero de 1947, abandonó durante ocho
meses la rutina de la oficina y la máquina de escribir
para recorrer las provincias de Santa Fe, Córdoba,
Tucumán, San Juan y Mendoza. En 1951 comenzó a
trabajar en las revistas Vea y Lea y Leoplán. A pesar
de que estaba desvinculado de Hachette, los
responsables de ese sello le editaron su primera obra
de ficción, Variaciones en rojo (1953) y le
encomendaron la publicación de la Antología del cuento
extraño (también en 1953) y Diez cuentos policiales
argentinos (1954).



"HAY UN FUSILADO QUE VIVE"

El 9 de junio, los generales Juan José Valle y Raúl
Tanco, junto con el teniente coronel Oscar Lorenzo
Cogorno, encabezan una rebelión cívico-militar que
tiene sus focos aislados en Buenos Aires, La Plata y
Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa. El
intento es abortado en unas cuantas horas y concluye
en un baño de sangre. Sus planes habían sido
descubiertos desde semanas antes por el servicio de
inteligencia militar y no tenían ninguna posibilidad
de triunfar. El régimen de la Revolución Libertadora
los deja actuar para poder aplicarles una medida
"ejemplificadora".

Al día siguiente, a menos de veinticuatro horas del
levantamiento peronista y cuando ya no existían focos
de resistencia, el gobierno de facto de Aramburu y
Rojas lanza el decreto Nº 10.364, que impone la ley
marcial. La pena de muerte debía hacerse efectiva a
partir de entonces. Sin embargo, se aplica
retroactivamente a quienes se habían
sublevado el sábado 9 y ya se habían rendido y estaban
prisioneros. Veintisiete militares y civiles son
fusilados en seis lugares distintos. Los pelotones de
ejecución gastan más cartuchos que los que alcanzaron
a disparar los rebeldes condenados.

Hacía cien años que en Argentina no se fusilaba a
alguien por motivos políticos. La Revolución
Libertadora comienza a ser conocida como la
"Revolución Fusiladora".

Aquella noche de junio de 1956 en que jugaba al
ajedrez, Walsh tiene veintinueve años. En los meses
que siguen, no quiere recordar el fracasado
levantamiento cívico-militar, ni la voz del locutor
que anuncia en la madrugada que dieciocho civiles
fueron fusilados en Lanús, ni la ola de sangre que
inunda al país. Ya tiene demasiado para una sola
noche. Lo único que le interesa es volver "al ajedrez
y a la literatura fantástica que lee, a los cuentos
policiales que escribe, a la novela «seria» que
planea".

Pero aunque Walsh quiere apartarse de la historia,
seis meses después la historia le sale al paso. Una
calurosa noche de diciembre, frente a un vaso de
cerveza, alguien le dice:

- Hay un fusilado que vive.

El informante se refiere a una matanza del basural de
José León Suárez, y ese dato cambiará la vida de
Walsh. "Me siento insultado, como me sentí sin saberlo
cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la
persiana", escribirá después. Durante un año no
pensará en otra cosa e irá localizando, uno a uno, a
siete sobrevivientes. Durante un año, obsesionado,
abandonará su hogar y su trabajo, tendrá una cédula de
identidad falsa a nombre de Francisco Freyre, vivirá
en una casa prestada en el Tigre y en un rancho de
Merlo, llevará un revólver en la cintura. Durante un
año, con la ayuda de la joven reportera Enriqueta
Muñiz, hablará "con sobrevivientes, viudas, huérfanos,
conspiradores, asilados, prófugos, delatores
presuntos, héroes anónimos".

Walsh escribe los hechos "en caliente y de un tirón
para que no le ganen de mano". Pero los papeles se le
arrugan en el bolsillo porque nadie en la Argentina de
Aramburu y Rojas se anima a publicar nada. Y además,
el que dio la orden no escrita de los fusilamientos
anda tras sus pasos. Es el jefe de policía de la
provincia de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio
Fernández Suárez, un morocho de gruesos bigotes,
modales bruscos y voz ronca de fumador y bebedor
trasnochado.

"Mi labor en el periodismo me puso en contacto con
verdaderos asesinos, con verdaderos investigadores,
con verdaderos torturadores y también con algunos
verdaderos héroes", le comentará Walsh en 1970 al
escritor Ricardo Piglia. Después de varias ediciones
en hojas semiclandestinas que se agotan en pocos días,
la serie de notas se publica de mayo a julio de 1957
en veintiocho entregas del periódico nacionalista
Mayoría, de los hermanos Bruno y Tulio Jacovella.

En octubre de 1985, Bruno declaró ante un grupo de
estudiantes de periodismo: "El semanario Mayoría
apareció después de los fusilamientos de junio y yo
era subdirector.

Un día cae Walsh, a quien no conocía personalmente,
pero sabía quién era: yo había integrado el jurado que
le concedió el Premio Municipal por su libro
Variaciones en rojo. Walsh me dijo: «Tengo esto para
publicar». Se me pusieron los pelos de punta y dije:
«Dios, con esto nos fusilan también a nosotros». Y le
paso los originales a mi hermano Tulio y le digo que
conozco al autor. Le digo que es una excelente pluma.
Yo creía que él iba a decir que no, pero dijo: «Que se
publique, nomás». Y se publicó por entregas".

Algunos años después Walsh escribirá en un prólogo a
las notas transformadas en libro: "Por esa época los
hermanos Jacovella han sacado una revista. Hablo con
Bruno, espués con Tulio. Tulio Jacovella lee el
manuscrito y se ríe, no del manuscrito, sino del lío
en que se va a meter, y se mete".

La polémica que se desencadena a continuación, con
desmentidas y réplicas, se prolonga hasta abril de
1958. La dramática crónica de la matanza de civiles en
José León Suárez se conoció en forma de libro con el
título de Operación masacre, en una primera edición
financiada por el abogado Marcelo Sánchez Sorondo,
otro nacionalista.

Al momento de redactar estas líneas, Operación masacre
lleva más de veinte reediciones. Desde su aparición,
el libro se convirtió en una pequeña joya del
periodismo de investigación. Y, además, se adelantó en
años al denominado non fiction novel o "nuevo
periodismo", un género que erróneamente se considera
inaugurado en Estados Unidos en 1965 con A sangre
fría, de Truman Capote, y continuado por Tom Wolfe, el
autor de La hoguera de las vanidades.

LA CGT DE LOS ARGENTINOS

En abril de 1964, la Gendarmería desbarata un grupo
guerrillero en Orán (Salta). Es el Ejército
Guerrillero del Pueblo, conducido por el Comandante
Segundo, que no es otro
que Ricardo Jorge Massetti, un ex militante de la
Alianza Libertadora Nacionalista y ex periodista de
Radio El Mundo. Massetti, autor del libro Los que
luchan y los que lloran, había viajado a Cuba para
entrevistar a Fidel Castro cuando era un rebelde en
Sierra Maestra. Al bajar de las montañas, el
periodista era simpatizante de la revolución cubana y,
luego de su triunfo en enero de 1959, fue el fundador
de la agencia de noticias Prensa Latina. Allí también
se destacaron Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo.

Cuatro años más tarde, Walsh y García Lupo volverán a
coincidir en la Confederación General del Trabajo de
los Argentinos. La CGTA nació del Congreso
Normalizador "Amado Olmos", realizado del 28 al 30 de
marzo de 1968 en la sede de la Unión Tranviarios
Automotor (UTA). Fue una respuesta a los gremios
"participacionistas" y "dialoguistas" con el régimen
militar del general Juan Carlos Onganía, que se
agrupaban bajo el liderazgo de Augusto Timoteo El lobo
Vandor, de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Ya en
1964 Vandor se había atrevido a afirmar que "para
salvar a Perón hay que estar contra Perón".

Bajo la conducción del austero, religioso y casi
místico Raimundo Ongaro, las consignas de la CGTA
fueron elocuentes: "Más vale honra sin sindicatos que
sindicatos sin honra" y "Unirse desde abajo y
organizarse combatiendo". El famoso Programa del
Primero de mayo de la CGT de los Argentinos, redactado
por Walsh, proponía caminos de unidad de acción para
los grandes, pequeños y medianos empresarios
nacionales, profesionales, estudiantes, intelectuales,
artistas e, inclusive, religiosos.

En el seno de la CGTA se impulsaron experiencias
artísticas de militancia política, como las del pintor
Ricardo Carpani y las del Grupo Cine Liberación, de
Fernando Solanas y Octavio Getino, autores de la
película La hora de los hornos. El semanario de la
central obrera, dirigido por el propio Walsh, llegó a
editar un millón de ejemplares.

"CON EL ESTILO DE UN MAESTRO PRIMARIO RURAL"

El 1º de abril de 1995, el historiador Osvaldo Bayer
publicó una carta abierta a Rodolfo Walsh. Transcribo
algunos de sus párrafos:

"Tu carta a la Junta Militar lo previó todo, denunció
todo, dijo todo. La escribiste aquí, en tierra y de
frente. (...) ¿Y que dirán aquellos científicos de las
letras, faraones y
mandarines de cátedras e institutos que te calificaron
esteta de la muerte? Hoy se apresuran a poner tus
libros en las vitrinas oficiales. Pero nunca le diste
importancia a esas cosas. Con tu máquina de escribir
te metiste en los intestinos del pueblo, en el dolor y
la humillación de la pobrería (...). Trascendías a
todas las sectas de café y de cátedra. Estabas en la
calle con los perros y los piojos, los jóvenes y los
ilusos (...). Cometiste otro gran error que tampoco
los mandarines de las letras podían perdonarte:
hiciste la mejor literatura con un estilo directo,
claro, preciso, como el de un maestro primario rural.

Te entendían y te entienden todos. Rompiste el mito
sagrado que un intelectual debe ser un travesti de las
palabras y no un sembrador de quimeras y
rebeldías (...). Por algo quisieron silenciarte. Pero
no lo lograron. Tus libros están de nuevo en
bibliotecas y colegios. Con ellos se formarán nuevos
curiosos de la verdad. Porque la ética es como una
cadena sin fin que viene desde el comienzo de la
Historia. Y gracias a esa ética y gracias a los
Rodolfo Walsh que se fueron dando la mano, hoy todavía
hay vida en este mundo. Gracias Rodolfo. Qué alegría
nos ha dado el verte de nuevo entre nosotros, para
siempre".

Ahora, cuando Walsh ya ingresó a la historia de los
hombres éticos y valientes, muchos intelectuales de
café, teóricos de sobremesa, aguerridos editorialistas
de fin de semana y charlatanes de cátedra, lo
recuerdan y recomiendan sus textos. La mayoría de
estos memoriosos tardíos, lo único que no recuerda
mencionar es que Rodolfo vivió y murió como un
peronista revolucionario.

Algunas obras de Rodolfo Walsh:

Diez cuentos policiales (1953)
Variaciones en rojo (1953)
Antología del cuento extraño (1956)
Operación Masacre (1957)
La granada (1965, teatro)
La batalla (1965, teatro)
Los oficios terrestres (1965)
Un kilo de oro (1967)
¿Quién mató a Rosendo? (1969)
Un oscuro día de justicia (1973)
El caso Satanovsky (1973)
Los oficios terrestres (1986)
Cuento para tahúres y otros relatos policiales (1987)


BONUS PARA LOS QUE LEYERON HASTA EL FINAL


Librazo de Walsh en Descarga Directa.
http://www.viejoblues.net/ebooks/operacionmasacre.zip

muy groso el libro, lo lei hace un par de años recomendadisimo... en cuanto a los coments, pueden llevarlos al foro[/garga]

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