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Confesiones de un distrohopper



ATENCIÓN

este artículo tiene 3 años pero sus razonamientos son actuales.



lunes, 18 de junio de 2012


Confesiones de un distrohopper


Hola, me llamo shadow y soy distro-hólico. Podría empezar así una hipotética reunión de adictos a la enfermedad de Linux, ésa que te obliga a ir cambiando de distribución cada cierto tiempo, en ocasiones por puro aburrimiento, a veces porque algo muy importante falla. Los pocos - pero bien avenidos - que leen este blog con asiduidad saben que una de las razones de su existencia es servirme de terapia para esta compulsión.



El caso es que hoy, para variar un poco la temática, voy a centrarme en reflexionar sobre el distrohopping mismo. Ya adelanto que he vuelto a Arch con KDE, lo cierto es que una vez leí que cuando te haces arquero ya lo eres para siempre, y va a resultar que sí. Aprovecho este nuevo "salto" de distribución para pensar un poco en las motivaciones y los resultados de la decisión.

Me remonto al día en que a mi antigua instalación de Arch le da por no iniciar. Estaba empleando entonces la herramienta Appset para instalar software y actualizar el sistema, craso error que no se volverá a repetir. Tampoco tenía la recomendable costumbre de visitar la página principal de Arch antes de actualizar, pues siempre se publican potenciales problemas y sus soluciones. Para terminar de rematar la faena estaba usando los drivers Catalyst, privativos de ATI/AMD.

Fue entonces cuando, cabreado, me volví hacia Chakra y sus foros, donde se advertía del mal funcionamiento de Appset y se discontinuaba su uso en la propia distro. Pensé entonces que debía haber estado usando Chakra, y allá que me fui. Un poco asqueado de tanto cambio de distribución - asqueado conmigo mismo, que soy el que cambia - intenté por todos los medios crear raíces, lazos de unión con Chakra que me previniesen de volver a saltar a las primeras de cambio. Me registré en los foros, incluyendo los de Chakra Brasil, subí un paquete a CCR, escribí tutoriales y artículos de reafirmación y, lo más importante, renuncié al uso de ciertas aplicaciones que considero mis favoritas para adaptarme a la filosofía de la distribución.

Esto último, a la postre, es lo que ha resultado definitivo. Obligarse uno mismo a utilizar programas que no le convencen del todo, a sabiendas de que hay mejores opciones al alcance de su mano ha sido una estupidez. Me he llegado a sentir "prisionero" de Chakra. Es cuando uno cae en la cuenta y dice: "qué demonios, el único que se está obligando a usar Chakra eres tú".

La irrupción de SolusOS en el panorama linuxero también ha contribuido, es innegable. Volver a usar el viejo Gnome 2, en todo su esplendor, despertó en mí un ataque de nostalgia que me llevó, compulsivamente una vez más, a repetir la maniobra: registro en los foros, intento de ayuda a la comunidad, etcétera. Pensé que podía compatibilizar las dos distribuciones, de modo que una llenara los huecos que encontraba en la otra. Incluso me llegaba a plantear cuál de ellas iniciar al encender el equipo...

En resumidas cuentas, más y más tiempo perdido delante del ordenador que no tiene sentido alguno cuando deja de ser divertido. Entrar a los foros y ver que no tienes capacidad ni conocimientos suficientes para servir de ayuda lo convierte en una absurda obligación auto-impuesta que no conduce a nada. De manera que he vuelto a aquel entorno donde todo funcionaba (lo sigue haciendo) y donde podía emplear las aplicaciones que quisiera y bien integradas en KDE gracias a oxygen-gtk y qt-curve. Sé que si quiero mantener el escritorio en funcionamiento debo prestar atención a la hora de actualizar y usar los drivers libres, lo cual no me supone problema porque no utilizo la función de suspender a RAM desde hace tanto que ni me acuerdo - salvo en las revisiones, claro.


Así que, en referencia a los próximos artículos sobre las distribuciones que vayan saliendo, me siento obligado a informar de que se realizarán en una máquina virtual. He dejado el disco duro con solo cuatro particiones (Windows, Arch, la home y la de intercambio), de modo que cualquier ataque de locura distrohoppera obligaría al tedioso trabajo de tener que formatear, hacer copias de seguridad de la partición de datos y esas cosas. He creado una máquina virtual dentro de Arch donde he instalado SolusOS y Chakra, además de una tercera partición para hacer las pruebas, lo cual me asegura el poder recrear el entorno que tenía antes (a excepción de Windows, pero no lo considero un problema) tan fielmente que no creo que haya importantes diferencias en las revisiones a partir de ahora.


Sigo apoyando el uso de Chakra y SolusOS, porque sé que no todo el mundo se puede montar un entorno a su medida con Arch o Debian, o simplemente consideran su tiempo demasiado valioso para perderlo en estas tonterías. Chakra y SolusOS son rápidas, estables e innovadoras al mismo tiempo. Una tiene sabor KDE y la otra Gnome. Dos opciones muy válidas que recomiendo por encima de otras (son mis gustos personales, por supuesto). Fin del rollo, espero que entendais que un blog también puede y debe servir para reflexionar de vez en cuando.


2da. parte




martes, 18 de septiembre de 2012


Confesiones de un distrohopper II


Creo que antes de ser distrohopper fui un "softwarehopper". Cuando Linux era un mundo desconocido para mí, en los tiempos en que Internet se limitaba al IRC y el TIN en un centro de cálculo de una facultad, la compulsión de probar cosas nuevas se centraba en Windows y su mundo infinito de programas. Ya fuera shareware, abandonware, freeware o directamente "pirataware" pasaba muchas horas de mi tiempo libre descubriendo todo aquello. Eran años en los que, efectivamente, tenía horas de asueto.



Digamos que hace más de quince años de todo eso. El imberbe que aporreaba teclas en casa y en la Facultad de Informática y Estadística ya peina canas y no es Informático. Desde que, en su forma ubuntera, Linux entrara en mi vida allá por 2007 se podría decir que he dedicado muchísimas horas a aprender, a ayudar y a probar distribuciones. Demasiadas, me temo. El blog está a punto de cumplir un año y, sinceramente, todo esto pesa. Me pesa a mí, consciente de que andar siempre de distro en distro, ya sea por gusto, compulsión o para tener material sobre el que escribir me crea un sentimiento desagradable. Lo apuntaba visesen en su excelente reflexión sobre esta enfermedad y es totalmente cierto: cuando te sientes agobiado, esclavizado por Linux, hasta el punto de que deja de ser divertido... es el momento de cambiar.

El problema alcanza tal magnitud que, habiendo adquirido un nuevo equipo hace algunos meses ya calculo que he debido pasar el 95 porciento del tiempo empleado en él probando distribuciones. Cambiando, configurando, trabajando a cambio de nada. Es la sumisión de la persona al ordenador y no al revés. El sistema operativo como fin, no como medio. Estaremos de acuerdo en que algo falla en esta actitud, los sistemas nos permiten usar el ordenador, pero si es el sistema lo único en lo que se fundamenta dicho uso, mal vamos.

Pongamos todo esto en perspectiva analizando solo los últimos meses de distrohopping. Estaba establecido por fin en Arch Linux, como escribía en este artículo de marzo. Un mes después, el sistema se rompe, lo que me lleva a saltar a Chakra. Entonces ya empezaba a vislumbrar un problema en tanto cambio de distribución, de modo que intenté implicarme todo lo posible con la distro y su filosofía (que nunca he compartido, para qué engañarnos) de centrarse en KDE y dejar de lado todo lo que huela a gtk. A continuación irrumpe con fuerza en el panorama linux la distro de Ikey Doherty, SolusOS, que me trae todo lo que estaba echando en falta en Chakra. Y vuelta a saltar...

Decido entonces escribir una primera parte de estas confesiones, agobiado ya por el hecho de tener que elegir entre Chakra y SolusOS. Agobiado, lo leo y no lo creo... pero así era. Vuelvo entonces a Arch, la distro en la que todo funciona siempre a cambio de unas horas de configuración. Unas semanas después, poniendo a mi cuñado como excusa, retorno a Chakra. No había problemas reales con Arch, esto es un salto compulsivo de manual. Entra entonces en escena una revisión de una excelente distro, LMDE, que de nuevo sirve como refugio para escapar de aquello que nunca me ha gustado de Chakra. Y así se inicia de nuevo el bucle infinito del que no puedo salir.


Si a estas alturas del tocho sigues leyendo, te doy las gracias. Continúo, pues. Se obra finalmente el "clic" mental del que hablaba visesen en su artículo, el ser consciente de que esto es una adicción como cualquier otra y que hay que acabar con ella. Cortar por lo sano, sin medias tintas, como haría si alguna vez hubiera fumado y lo fuese a dejar. Visesen eligió Ubuntu, yo elijo Arch. Sin alternativas, es Arch Linux o Windows 7, no hay más. No me ha costado más de un día volver a aquel escritorio donde todo funcionaba bien, mejorado incluso gracias a systemd. Y, en caso de futuros problemas, en tanto los arreglo recurriré al sistema de Microsoft.

Hasta ese punto ha llegado mi necesidad de acabar con esto, hasta volver a instalar Windows en el equipo. Pero así debe ser, tengo 35 años, un trabajo, una familia y responsabilidades. Y, qué demonios, sentirse mal por un comportamiento anómalo no es una de ellas. Supongo que comprenderán, los pocos pero fieles lectores de este blog, que las revisiones se han terminado. Os pido disculpas si era eso lo que os mantenía por aquí pero a partir de ahora pienso seguir la línea de artículos sobre Linux en general o sobre Arch Linux en particular. Esto no es óbice para seguir recomendando una serie de distros, pero para mí no existe más Linux que Arch desde este momento. El seguir revisando otras distribuciones se me antoja como llevar un bar cuando se es alcohólico (y que nadie se moleste, no estoy comparando una adicción tan grave con mis tonterías de ordenadores, es solo un ejemplo).


Gracias por aguantarme, una vez más. Un saludo.
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