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openSUSE Factory Impresiones



Que los desarrolladores de openSUSE decidieran transformar Factory como versión rolling release de la distribución fue una gran noticia, esperada durante mucho tiempo por muchos ‘opensuseros’ ¿Y a qué está acostumbrado el opensusero? A una experiencia actualizada, pero estable. openSUSE Factory ha remachado el concepto.

Quien instaló openSUSE 13.1, puede estar utilizando ahora KDE 4.11 o KDE 4.14, Linux 3.11 o Linux 3.16, etc., a través de repositorios extra -al estilo PPA, pero mejor organizado y presentado-. Asimismo, existe Tumbleweed. Pero el primer método hay que controlarlo bien para que no sea contraproducente y resulte en un desastre de paquetes que terminan por romper el sistema, y el segundo ha sido un intento loable pero descafeinado al que le quedan dos telediarios.

Así, openSUSE Factory no era una necesidad imperante, pues hay medios para permanecer actualizado. Lo que permite esta nueva vía es tener un sistema más ordenado y sencillo de mantener, y todo en la forma de una rolling release o distribución de actualización constante.

Factory, el repositorio inestable de openSUSE donde se cocinan todos los cambios previos a una nueva versión, se ha partido en dos, dejando a Factory ‘to-test’ como lo que era, el sitio adonde llegan las nuevas versiones de todos los paquetes que componen el sistema “en crudo”, sin probar. El caos es entonces filtrado mediante las herramientas automáticas de control de calidad (openQA) y si va bien, entran en Factory.




¿Evita el proceso los errores? Respondamos con otra pregunta: ¿las nuevas versiones estables, finales, de cualquier sistema operativo, están libres de errores? Pues eso. Evidentemente, cuanto mayor sea el proceso de prueba, mayor será la estabilidad. E igualmente hay que recordar que una rolling release, en el término regular que usamos, no equivale a un sistema que se actualiza a toda costa con las ultimísimas versiones de todo, con alfas, betas y demás. El software que llega es considerado como estable, pero son nuevas versiones y ya hemos dicho lo que pasa.

Tampoco se puede decir mucho de la estabilidad porque una semana de uso parece poco tiempo para aseverar nada. Además, el Steel 20 y los componentes del aparato son bastante amigables. Otra cosa sería el Graphite 30, pero ese ya tiene cita con openSUSE 13.2

openSUSE Factory está ganando relevancia y la prueba de ello -algo que preocupaba, es que está bien surtida de repositorios. Más que eso, hace irrelevantes algunos repositorios clásicos del tipo “aplicaciones extra para GNOME”, lo que simplifica la gestión de estos, reduce el tiempo de actualización -lo que más tarda siempre y de lo que la gente se queja, porque Zypper es rapidísimo, es la actualización de la lista de paquetes nuevos en el servidor- y en definitiva, hace la tarea más cómoda.

openSUSE Factory se asienta sobre dos repositorios básicos: OSS, con solo software libre, y NON-OSS, que ya os podéis imaginar qué contiene. De manera adicional están Sources y Debug, con el código fuente y herramientas de depuración y compilación respectivamente. Para el usuario corriente, estos dos últimos no son necesarios por lo general. Según el esquema tradicional de openSUSE, el repositorio de actualización principal se queda fuera.

De momento lo que no hay son repositorios comunitarios accesibles desde YaST, aunque afortunadamente con acudir a la búsqueda de paquetes del openSUSE Build Service (OBS) las posibilidades aumentan exponencialmente. Ahí está el imprescindible Packman y muchos otros: Mozilla, VLC, juegos, herramientas de seguridad… La gran ausencia son los controladores gráficos privativos, que todavía no tienen un hueco.




Y no hay nada más decir. ¿Conocéis openSUSE? Es lo mismo, con lo bueno y lo exclusivo, pero con actualizaciones brutales cada semana: van cayendo paquetes día sí, día no, y una vez a la semana diluvia. Con KDE instalado y poco más, anteayer la actualización era de “tan solo” dos mil y pico paquetes y 1,7 GB para descargar… Este es el precio del rolling release. Por lo tanto, si el interés no gira tanto en estar siempre a la última con todo, sino con ciertos elementos, es preferible echar mano de algún repositorio extra… sin pasarse, claro.

Bueno, sí que puedo añadir algo más: subirse al carro de Factory es sencillo tanto desde cualquier versión de openSUSE como mediante las imágenes de instalación, pero en este caso, una advertencia: el sistema de archivos por defecto en la propuesta de particionado ha cambiado a Btrfs / XFS; yo os recomiendo permanecer fieles a EXT4, por si acaso.

A pesar de las geniales sensaciones, no queda apenas tiempo que pasar con Factory; el deber lleva a seguir saltando de flor en flor y guardarse esta grata experiencia para retomarla en un futuro. Porque si las cosas están así ahora, en un año, cuando se hayan pulido los aspectos que flaquean y -esperemos- Factory haya crecido, estaremos sin duda ante una de las mejores alternativas del panorama Linux de escritorio. Que openSUSE ya lo es, pero con Factory lo será por partida doble.
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