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El mal alumno


PERSONAJES > LARRY DAVID, EL HOMBRE QUE HACE DE WOODY ALLEN
Woody Allen interrumpió su etapa europea para volver a Nueva York a filmar un guión que escribió en 1978 y que tiene como protagonista a uno de sus alter ego a lo Alvy “Annie Hall” Singer. Por una vez parece haber acertado en la elección del protagonista con la difícil misión de reemplazarlo: Larry David es uno de los comediantes más importantes de la TV norteamericana, responsable de Seinfeld y Curb your Enthusiasm, que hizo de la misantropía un arte y que en Que la cosa funcione rinde honores a su maestro haciéndolo de la mejor manera: a su manera.
Por Javier Alcacer




En las últimas décadas, Woody Allen probó con distintos actores para canalizar el tipo de personajes de los que se solía ocupar cuando era más joven. Así fue como le tocó a un intérprete salido de la Royal Shakespeare Company como Kenneth Branagh o a un cómico de la escuela de Saturday Night Live como Will Ferrell hacer de versiones modernas de Alvy Singer en Celebrity y Melinda, Melinda, respectivamente; ninguna de las dos recordada como pico creativo en la carrera de Allen sino más bien lo contrario. No bastaba con la ductilidad de los actores y la repetición de los clichés –ese existencialismo flâneur de verba atolondrada y dubitativa–, en la mayoría de casos se notaba la mímesis, pero en su antepenúltima película (la última, Midnight in Paris, se está presentando en el Festival de Cannes en estos días y la penúltima fue la ya estrenada Conocerás al hombre de tus sueños), Que la cosa funcione, Allen rompe con la racha de malas elecciones al convocar a Larry David para hacerse cargo de su doble... y la cosa funciona.


Como Allen, David (1947) también es nativo de Brooklyn, también nació en el seno de una familia judía, empezó trabajando como guionista e hizo stand up comedy. Pero Woody Allen ya se ganaba la vida escribiendo a los 19 años, mientras que, dos décadas después, David fue vendedor de corpiños, taxista, chofer de limusina, cajero y técnico de televisión hasta descubrir que podía hacer reír a los demás. “Cuando caminaba por las calles y veía algún rincón, pensaba: ése sería un buen lugar para mí cuando me quede sin casa”, declaró alguna vez. En las clases de teatro a las que iba era uno más, hasta que una vez le tocó hacer un monólogo que arrancó carcajadas en sus compañeros. Desde entonces probó suerte en el stand up, pero la mezcla de ansiedad y agresión que caracterizaban a sus presentaciones no contribuyeron a su popularidad. Era admirado por otros comediantes (“eso significa que debía ser pésimo”, le dijo al New Yorker), que le recomendaban que hiciera su número un poco más accesible y más tranquilo. Uno de sus colegas era su amigo Jerry Seinfeld, bastante más simpático y exitoso que él. Durante los ‘80, David empezó a trabajar en la televisión como guionista. Llegó a ser parte del staff de Saturday Night Live, pero sólo uno de sus sketches llegó a salir al aire. Todo cambió cuando, con Seinfeld, crearon la sitcom que catapultaría el zeitgeist del fin de siglo XX. David tuvo tanta responsabilidad en la serie como su socio, aunque con una exposición menor: fue el productor, el guionista y la base para crear al personaje interpretado por Jason Alexander, George Constanza. A través de éste, David integró a la serie algunos de los momentos más humillantes e increíbles de su vida (como cuando renunció a Saturday Night Live, se arrepintió de inmediato y volvió al día siguiente como si nada hubiera pasado, o cuando en la reunión con los ejecutivos de NBC para venderles la serie le dio un brote de terquedad que casi termina con las negociaciones). Después de siete años de Seinfeld, un par de Emmy y unos cientos de millones acumulados, David probó suerte como director con Sour Grapes (1998), una comedia menor. Un especial de HBO, Larry David: Curb your Enthusiasm, lo hizo debutar como actor protagónico, haciendo una versión ficcional de sí mismo. La buena recepción lo envalentonó y lo llevó a preparar junto con algunos veteranos de Seinfeld la serie de culto Curb your Enthusiasm (que podría traducirse como “Moderá tu entusiasmo”), producida y emitida por HBO.


El resultado es el programa que David pretendía hacer cuando le presentó Seinfeld a la NBC, una serie con formato de documental, sin demasiada producción, “un show que no trate de nada”. Seinfeld mantenía la estructura de una sitcom (la pista de risas, el rodaje a tres cámaras en un estudio) pero, en Curb your Enthusiasm, David le dio la espalda a eso para narrar la vida de un pobre multimillonario aburrido en Los Angeles, semi-rretirado y bastante torpe en su comportamiento social. Esto lo hace, por ejemplo, propenso a ofender a las minorías en un país en el que la tiranía de la corrección política es ley. Filmada con un equipo mínimo y con la participación de colegas y amigos especialistas en la improvisación como Jeff Garlin (su manager) y Susie Essman (la mujer de éste), Curb... es una versión minimalista y pesadillesca de Seinfeld en las que cada instancia de interacción con el prójimo provoca, de manera inexorable, situaciones de profunda incomodidad; nunca una serie hizo tanto para ilustrar aquella sentencia sartreana que dicta que el infierno son los otros.

El guión de Que la cosa funcione fue escrito en 1978 y es la primera película que Allen filma en Nueva York desde 2005, un regreso a los orígenes en medio de su etapa europea. David es Boris, un soberbio y cínico profesor de ajedrez con un pasado como profesor universitario. Así como hacía Alvy Singer en Annie Hall, Boris suele romper la cuarta pared para hablar directamente con el espectador y decirle lo que piensa, por lo general, para burlarse de lo que está pasando. Algo que el personaje-Larry David jamás podría por estar tan inmerso en lo que pasa en Curb... que no toma la distancia suficiente para teorizar al respecto. La película (la traducción literal del título es “Lo que sea que funcione”) aboga por el pragmatismo para salir adelante del ridículo que es la existencia; Allen plantea que hay un refugio si uno quiere que lo haya. En cambio, en Curb your Enthusiasm no hay grandes revelaciones, ni panaceas. Para tapar –por un rato– ese enorme vacío (¿”la cosa”?) que es lo cotidiano, sólo existe la risa.







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