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Estado actual de la industria del anime




He escrito este post con la intención de comunicar la información de la que me he enterado recientemente, todo gracias a la campaña de Kickstarter de Masahiro Ando, “Under the Dog”.

En el próximo par de días estaré hablando de la particular importancia del proyecto en cuestión. Sin embargo, para poder entender el verdadero significado detrás de esta campaña, es necesario estar al tanto del contenido que he plasmado en este post.

También pido por favor compartir este post con sus seguidores, para así poder llegar a más gente y potencialmente hacer que un mayor publico esté al tanto de la importancia de este proyecto.






De antemano aviso que este escrito está hecho como carne a medio asar. Como comenté hace ya unos días, he estado leyendo información sobre la parte más “técnica” de la industria del anime. He estado “atando” cabos entre extrañas afirmaciones que recordé haber leído en viejas entrevistas hace varios años. Finalmente, dándole una re-leída al reciente proyecto de Masahiro Ando en Kickstarter, "Under the Dog", he llegado a conclusiones tan deprimentes como alarmantes sobre el verdadero estado actual de la industria de la animación japonesa.

Quiero dejar en claro que este post no es la clásica crítica sobre “la industria está jodida solo por tanto moe y fanservice y ya”. Honestamente, de momento, dicho tema y la opinión general al respeto ya me hastía.

Aquí trataré de aclarar ciertos puntos y razones que explican la verdad detrás de la situación de la industria. Pido disculpas, pues esto no es ni de cerca lo más poético que he escrito, sin embargo es un tema tan deprimente que únicamente he encontrado los ánimos para escribir del mismo dado la urgente situación en la que, como audiencia, nos encontramos.

El tema tratado es bastante extenso, por ello he decidido resumirlo de la manera más rápida para digerir, puesto que sé que a más de uno no le interesa que pasa en el mundo detrás de los lindos dibujitos que vemos en la pantalla. Los principales puntos que resumen el estado actual, y futuro, de la industria del anime, particularmente en este momento, son los siguientes:





Como todos sabemos, los estudios producen las series que vemos, sin embargo son los “Seisaku Iinkai”, o “comités de producción”, quienes financian los proyectos en que se embarcan los estudios. En otras palabras, estos comités son los inversionistas de la industria del anime. A primera vista, y tal como era hace un par de décadas, el concepto de un inversionista no es malo, sin embargo en tiempos recientes estos comités han tomado un giro bastante oscuro.

En la actualidad, debido a costos de producción y con la intención de dividir ganancias, suele existir una corporación que financie cada aspecto de la producción de un anime por separado. De este modo, puede haber una corporación encargada para la animación, una para producción musical, una para el marketing, otra para la actuación de voz, etc. Esta forma burocrática de trabajo es un sistema adoptado por dichos inversionistas con la intención de reducir al mínimo el riesgo de sus inversiones.






En una entrevista hecha en 2005, Dai Sato (escritor en Cowboy Bebop, Wolf’s Rain, Ergo Proxy) hablaba con frustración sobre el giro que estaba tomando por aquel entonces la industria. En ella mencionaba el caos que existía actualmente en los estudios de animación, pues antes el director y su staff solían tener un organizado control sobre los diferentes sectores para producir una serie, como animación, escritura, composición, musicalización y doblaje. Mientras que Sato notaba que en la actualidad (2005) los directores iban perdiendo control sobre estos sectores, dado que cada uno se coordinaba por inversionistas distintos, generando de esta forma proyectos más inestables y de menor calidad. Sato afirmaba que veía con buenos ojos este cambio y que creía que en el futuro este problema se solucionaría, pues de lo contrarío podría significar la muerte (sustancialmente hablando) de la industria en cuestión de un par de décadas.


http://ota-peru.com/anime/sato-dai-el-anime-morira-en-unas-decadas.ota

En otra entrevista hecha en 2009 Sato comentaba como, para el momento, estos comités habían tomado un aterrador control sobre los sectores de producción de un proyecto. Al controlar cada corporación un campo diferente, estás siempre caían en disputas sobre cual, según cada quién, era el mejor camino a seguir por un anime para generar el menor riesgo de pérdida de inversión en su determinado campo. De esta forma, los de marketing tenían sus propios planes para vender la serie con sus personajes, esto chocaba con los escritores, quienes a su vez entraban en conflicto con los animadores y encargados de la actuación de voz.

Sato hablaba de como este conflicto de intereses destruía por completo el poder que antes tenían los directores de los proyectos, dado que les era imposible llevar el rastro a todos los elementos en constante movimiento en manos de tantas corporaciones.

Afirmaba Sato, como él mismo llegaba a escribir guiones que el director no llegaba a revisar, que no recibían corrección, que él mismo no llegaba a saber si estos habían sido aprobados o no hasta ya aireada la serie. Hablaba de como ocurría lo mismo en el campo de la animación, los animadores al no poder recibir correcciones de los jefes de animación terminaban produciendo escenas planas, sencillas, imperfectas y nada integradas.






Esta parte la conocemos bien. El rotundo éxito que tuvieron series como K-ON, y otras similares, que centraban su temática únicamente en el moe le abrió los ojos a los comités. Añadir moe en exceso a los proyectos de los estudios disminuiría el riesgo a perder sus inversiones, tal como por lógica todos sabemos.

El asunto está en que el daño de estos comités no termina con la inyección masiva de moe. Los comités de producción, en vista de una ahora más amplia y fría industria, donde la pasión por el arte nada vale, buscaron medios para explotar a quienes aún tenían amor por el anime.




En una de sus entrevistas Sato hablaba alterado de los métodos casi inhumanos con que las corporaciones manipulaban a aquellos amantes del arte. De por sí, un animador o un escritor, sin importar cuál sea la serie en cuestión, solo gana una suma mínima de dinero, en comparación con lo ganado por dicha serie en general. Adicional a eso, escritores y animadores únicamente reciben ganancia a partir del dinero generado la primera vez que se airea una serie en TV. Es decir, una vez la emisión culmina, no hay ganancia alguna para ellos, sin importar que tanto dinero se generé con la mercancía, BD o DVD de su propia obra.

Echando un ojo a la siguiente gráfica de las ganancias de las corporaciones entre 2002 y 2011, podemos ver que los ingresos generados por transmisión general de una serie en TV (verde oscuro) son solo un segmento del total de ganancias. Cabe mencionar que esta gráfica hace alusión a la ganancia de toda la temporada de una serie y sus múltiples emisiones. Recordemos que los escritores y animadores solo reciben un porcentaje de lo ganado en el episodio que trabajaron, únicamente durante la primera transmisión de ese episodio, y nada más.



(Ganancias generadas por las corporaciones)


Las corporaciones han sabido aprovechar esto para manipular cruelmente a los animadores y escritores. Por ejemplo, Sato comentaba como en más de una ocasión, los inversionistas los ponían entre una piedra y un lugar duro, al comunicarles que algún episodio en el que habían trabajado no sería aireado a menos que ellos aceptaran recibir una paga mínima o en ocasiones ninguna del todo, o de lo contrario cancelarían dicho episodio.

De la misma forma, a muchos animadores intermedios se les han impuesto contratos donde deben aceptar trabajar por pagas menores a lo habitual, ante las que deben aceptar o de lo contrario harían que equipos de animación chinos o coreanos tomarán su lugar. No es coincidencia que cada día se vean más nombres chinos y coreanos en comparación a hace varios años.

Las intenciones de limitar inversiones se extienden al punto de que ya muchos estudios tienen prohibido la producción de proyectos originales, estando limitados a producir adaptaciones de obras con éxito asegurado, como mangas o novelas ligeras con buenas ventas. En muchas ocasiones, estos proyectos son hechos con bajo presupuesto, con la única intención de que la fuerte crítica a la versión animada impulse las ventas de la obra original.

Solo hace falta echarle un ojo a las gráficas de ingresos generados por la industria para darnos cuenta que casi todos los gastos del consumidor promedios son en productos de mechandising (azul claro), siendo las series centradas en el moe o el fanservice, las que mayor potencial tienen en este campo.



(Gastos del consumidor promedio)







Si bien quien me conozca sabe que tengo la costumbre de atacar al moe, en el fondo siempre he creído que esta no es más que una etapa, como muchas otras, que eventualmente alcanzará un punto de saturación que obligue a la industria a dar un nuevo giro de 180°. Recientemente me he dado cuenta de que, aunque esto llegue a ocurrir, esta tendencia actual ha causado, y sigue causando, un daño permanente en el futuro de la industria.

Las corporaciones ven el anime como una inversión. Los directivos de los estudios ven el anime como un producto que deben mantener buenas ventas para que los inversionistas no les corten el tubo alimenticio. Esto lleva a producciones genéricas y comerciales. Estas producciones son llevadas a cabo por directores y animadores contratados como mano obra, sin pasión alguna. Gran parte de la animación es realizada por extranjeros sin control de calidad. Los escritores deben guionizar series sobre chicas viéndose lindas en pantalla, no hay reto literario.

¿A que nos lleva todo esto? Un director sin pasión no toma su trabajo enserio. Animadores sin un modelo a seguir o un mentor del cual aprender, jamás crecerán en su campo. Guionistas aún en gestación tendrán como ejemplo a seguir estas series genéricas. En otras palabras, el presente está arruinando el futuro.




No es coincidencia que en la actualidad los únicos grandes animadores y escritores son precisamente las leyendas de finales de los 90 o de comienzos de la década pasada. Muy pocos son los animadores y escritores que actualmente son sinónimo de excelencia.

Un claro ejemplo de esto es el proyecto Little Witch Academia. Siendo parte del Anime Mirai, la intención del proyecto es que un animador experto, en este caso Yoh Yoshinari, enseñara a un grupo de animadores novatos: Hisao Dendou, Masaru Sakamoto, Shouta Sannomiya, Shuuhei Handa y Yuuto Kaneko. Cosa curiosa que estos novatos, sobre los cuales en más de una ocasión Yoshinari mencionó les hacía falta muchísima experiencia, hayan sido casi todos Key Animators (animadores principales) de series como Medaka Box, incluso siendo Sakamoto director de varios episodios de la serie.





http://www.animenewsnetwork.com/encyclopedia/anime.php?id=13617

En otras palabras, dada la poca cantidad de verdaderos profesionales dispuestos a trabajar bajo las condiciones de las corporaciones, sumado al desinterés de las mismas, actualmente los estudios están dando a novatos cargos importantes como key animators y directores.

Un novato no puede aprender de otro, sin importar que tanto talento tengan. De este modo en un par de generaciones ya no escucharemos de grandes animadores, como tenemos el lujo de hacer actualmente.

Esto ocurre también en el campo de la escritura. Tomando como ejemplo al mismo Dai Sato (a quien personalmente considero uno de los mejores escritores), podemos ver como las únicas series recientes de calidad en que ha trabajado han sido “Lupin III: The Woman Called Fujiko Mine” y “Space Dandy”, colaborando en ambos proyectos gracias a su relación con Shinichiro Watanabe. De resto, Sato he tenido que rebajarse a trabajar en series como “Fūun Ishin Dai Shogun”. Un verdadero insulto a su capacidad creativa.






Otro aspecto a resaltar es la masiva cantidad de series producidas actualmente en cada temporada. Si bien todo mercado crece en cantidad y calidad, el anime tiende a sacrificar calidad por cantidad. Dai Sato menciona en su entrevista, como durante la producción de “Cowboy Bebop”, a los escritores se les daba total libertad para crear, teniendo como lapso en general más de tres meses para escribir cada episodio. Menciona como en la actualidad, debido a la gran cantidad de series por temporada, esos tres meses se han reducido a un par de semanas como mucho. Sin mencionar que la libertad creativa ha sido reducida a modo de no ser demasiado compleja para los fans actuales.

Basta echarle un ojo a cualquier cartelera de estrenos, o a esta gráfica sobre la cantidad de series trasmitidas en TV, para darse cuenta de la masiva cantidad de series que deben codearse en cada temporada.




(Cantidad de series emitidas por año)



En su entrevista del 2009, Sato mencionaba como si bien sigue amando a la industria del anime, ya no ve lugar para la gente como él dentro de ella. Incluso mencionó tener interés en mudarse a Estados Unidos y trabajar en proyectos occidentales, dado el estancamiento creativo japonés.



Sato no es el único que ha sido empujado lentamente fuera de un antes respetable medio. Yoshitoshi ABe (escritor de Haibane Renmei, co-creador de Lain y Texhnolyze) es hoy en día un ermitaño sin lugar en la industria. Junto a ABe, Chiaki Konaka (escritor de Lain, Texhnolyze, RahXephon) decidieron posponer indefinidamente la producción de "Despera", su más reciente obra, y sucesora espiritual de Lain, debido a la muerte del director Ryutato Nakamura (director de Lain, Colorful, Kino no Tabi), ya que no consideran que ningún director actual pueda llevar a cabo el proyecto.





Directores legendarios como Shinichiro Watanabe (Cowboy Bebop, Samurai Champloo) únicamente pueden ejercer de directores en proyectos dignos cuando son ellos quienes logran organizarlos, como es el caso de “Space Dandy”, o creando su propio estudio para producir las series que realmente desean, como es el caso de Hiroyuki Imaishi (FLCL, Evangelion, Gurren Lagann) con Trigger, sin embargo limitándose a producciones de relativo bajo presupuesto como lo fue “Kill la Kill”.

Tampoco es coincidencia que escuchemos los nombres de dioses de la animación, como Shinya Ohira (Akira, Animatrix, Ghost in the Shell 2) o Mitsuo Iso (End of Evangelion, Denno Coil, Blood: TLV), solo en producciones internacionales, propias, o en películas.





Ya se nos han ido grandes como Nakamura y Satoshi Kon (Perfect Blue, Paprika, Paranoia Agent), verdaderos genios del medio, de los mejores directores de anime que han existido. Curiosamente debido a su fallecimiento Kon nunca llego a terminar su última obra, "Dreaming Machine", la cual se tenía planeado culminar en honor al director en 2011, ya que los storyboards están hechos, sin embargo hasta la fecha, este proyecto no ha recibido financiación.




Recientemente falleció también Toshio HIrata (Pet Shop of Horrors). Hayao Miyazaki, (más allá de las diferencias que tenga con este director, su aporte a la industria es innegable) si bien aún vivo, se retiró ya de Ghibli, el estudio con mayor alcance internacional.

Sin mencionar que directores actuales de gran talento y aún mayor potencial, como lo son Tatsuya Ishihara (Clannad, Suzumiya Haruhi no Shoushitsu) y Akiyuki Shinbo (Ef: a tale of memories, Madoka Magica), se ven obligados a rebajarse a trabajar en las series que sus estudios les impongan, como Chuunibyou y Nisekoi, respectivamente.

En unas décadas, tristemente, ya no escucharemos nombres hoy en día grandes, como Shinichiro Watanabe, Mamoru Hosoda (Toki wo Kakeru Shoujo, Ookami Kodomo), Katsuhiro Otomo (Akira, Memories) o Mamoru Oshii (Ghost in the Shell, The Sky Crawlers). Ni siquiera escucharemos de sus sucesores, futuras caras de la industria, dado que las corporaciones actualmente no permiten que estos grandes maestros compartan su experiencia, y los animadores y directores actuales se crían en una industria donde “Shirobako” es cátedra sobre sobre el proceso detrás de la animación japonesa.









El anime siempre, sin importar que, será visto como una industria, un medio para la ganancia monetaria, al igual que todo medio narrativo audiovisual. El verdadero problema con el anime en particular, es la terrible audiencia a la que está dirigida: adolescentes japoneses.

Es ante este estancamiento del publico otaku nipón que ha nacido una nueva alternativa, proyectos financiados por, y producidos para, el público occidental. Esta iniciativa ha sido tomada por el animador Masahiro Ando (Ghost in the Shell, Evangelion, Cowboy Bebop) y un grupo de animadores y escritores que aún mantienen verdadera pasión por el anime, quienes juntos han creado el proyecto “Under the Dog”, el primer proyecto de animación japonesa 100% financiado por Kickstarter.





Hace poco la segunda OVA de “Litte Witch Academia 2” tuvo su propio proyecto, sin embargo este fue solo para alargar su duración.





Por su parte, “Under the Dog” es un proyecto nacido desde cero, que apunta a satisfacer a la audiencia occidental, dejando de lado la demanda de moe característica del público japonés.

Esto es porque la audiencia japonesa está estancada, quizás al punto de no retorno. Sin embargo, es por este estancamiento, convertido en fanatismo, que las corporaciones se han estancado en la producción de anime otaku-centricos. Es precisamente por aquel enfoque desmedido en el público nipón que las ventas en el extranjero han decaído con el paso del tiempo, como prueba de que el anime actual ya no atrae al público occidental tanto como antes.

Esta otra gráfica refleja también las ventas de la industria de la animación japonesa en general. En ella podemos observar como la venta en el extranjero (en rosa oscuro) ha disminuido con el paso del tiempo. (En las anteriores gráficas podemos observar esta misma disminución).




(Ingresos de la industria del anime)



Masahiro Ando y su equipo han decidido utilizar Kickstarter como su medio de producción, evitando así cualquier contacto con las corporaciones y comités que arruinan las obras en pos de mayor aceptación del público. Prueba de esto es que Ando escribió “Under the Dog” en 1995 y desde entonces ha recibido varias propuestas por parte de estudios para animar su obra, pero haciendo ciertas modificaciones para que la obra resultase más atractiva al público otaku. Ando ha rechazado todas estas propuestas, al no querer alterar la calidad de su obra.

Estas mismas “modificaciones” comerciales han sido impuestas en muchas series, siendo “Angel Beats” un buen ejemplo de lo que la fría mano de las corporaciones puede hacer a un proyecto con gran potencial.

Ando y su equipo han anunciado que de tener éxito con este, se embarcarán en futuros proyectos financiados por Kickstarter. A su vez, varios directores, animadores y escritores japoneses han afirmado estar prestando atención a este proyecto, pues de tener buen recibimiento por el público occidental, ellos también se sumaran a este movimiento de anime producidos por amor al arte, a la animación, a la escritura, y no solo al moe para una audiencia estancada y dañada.




Link a la campaña en Kickstarter, para todo aquel que esté interesado en el proyecto. Aviso que ya quedan solo 6 días para aquellos que deseen, y puedan, donar:








El anime siempre ha sido y será una industria. Los anime no son más que proyectos para generar dinero. El moe ha existido por décadas y seguirá existiendo. Estas verdades las sabemos y son incambiables. Sin embargo, llega un punto donde hay que saber diferenciar lo que hay que aceptar y lo que se nos impone aceptar. Las corporaciones detrás de la producción y deterioro de la industria son una verdad, pero aceptar que “el anime cambia y hay que adaptarnos” es una imposición a la que, como audiencia, hay que saber poner pie firme.

“Como occidentales no contamos como audiencia” dirán muchos, y no se equivocan. Hasta hoy, como audiencia occidental, más aún, como audiencia latinoamericana, no valíamos nada. Sin embargo, por primera vez, esto puede cambiar.

El proyecto “Under the Dog”, es el primero de posibles muchos otros en el futuro. Pero solo si como audiencia despertamos del dulce sueño en que las corporaciones nos han puesto, como triste espejo sucio del público japonés.

Todos parecemos coincidir en que obras como “Cowboy Bebop” o “Ghost in the Shell” son obras maestras. Pero, ¿Qué las hace obras maestras?






¿Repetimos lo que se nos impulsa a repetir, o realmente sabemos reconocer una obra maestra como “Lain” o “Perfect Blue” cuando la vemos?





Si es así, ¿cómo podemos reconocer la grandeza de “Akira” o “Ergo Proxy” y aun así inclinarnos a rendir tributo a los intentos de anime que la industria actual genera?




Como audiencia, “Under the Dog” nos ha permitido tener voz para ser escuchados, pero aún si este proyecto falla, aún si como extranjeros de aquel archipiélago en forma de arco al este no tenemos voz que se escuche en esa tierra del sol naciente, aún tenemos voz para escucharnos a nosotros mismos.

Tenemos que abrir los ojos a lo que realmente pasa con la industria del anime, no cerrarlos y encoger los hombros con indiferencia. Debemos decidir, ¿somos una mera copia genérica de la patética audiencia japonesa, o somos individuos con un juicio y mente propia?







Le pido a todo el que haya leído que por favor se tome un momento para echar un ojo al siguiente post referente a la importancia detrás del proyecto “Under the Dog” y su relación con el futuro de la animación Japonesa.


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