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Entendiendo a los Animales

El presente trabajo es una traducción y un resumen del Curso Comportamiento Animal virtual presentado por Raoul Mulder y Mark Elgar, de la Universidad de Melbourne, Australia en la plataforma de Coursera.org. Disponible en Ingles de manera gratuita en el siguiente enlace: www.coursera.org/course/animalbehav

Traducción y Edición: Astrid Strasser. Difusión Animalia www.difusionanimalia.blogspot.com.ar


Hacernos las Preguntas Correctas



Hay preguntas y preguntas. Algunas podemos responder, otras no. Por ejemplo, no hay respuesta a por qué la tierra es plana simplemente porque no lo es. Encontramos el mismo problema en la etología.



Imaginen que se encuentran en una playa tranquila en una isla tropical en verano. Están observando la caída del sol. La arena es cálida entre tus dedos, el escenario es tan hermoso como tu acompañante y, entonces, ves en el océano unos delfines saltando entre las olas. Inevitablemente, te preguntarás si se sienten tan felices como vos. Tengo que arruinar el momento diciendo que si bien la pregunta es intrigante, no tiene una respuesta sencilla, si es que tiene una. No tenemos forma de saber si los delfines se sienten felices de la misma manera en que lo hacemos nosotros.


Podemos, de todas formas, formular la pregunta de otra manera. Por ejemplo, el ritmo cardíaco de una vaca en una granja láctea aparentemente depende de la compañía que tiene. Como el ritmo cardíaco suele asociarse al estrés, podemos suponer que las vacas se sienten más estresadas cuando se encuentran en compañía de algunas vacas y menos en compañía de otras. Si eso implica que las vacas son más o menos felices con determinadas compañías es, sin embargo, una conjetura. Simplemente no sabemos si la vaca siente felicidad como lo hacemos nosotros.

En esta ilustración, vemos una zarigüeya y un perro atados con una correa. La correa fue pasada alrededor de una estaca para evitar que alcancen la comida. El perro tironea, intentando acercarse sin éxito. La zarigüeya retrocede, gira alrededor de la estaca y gana acceso así a la comida.




Al ver esto, podemos sentirnos tentados de preguntarnos porque la zarigüeya es más inteligente que el perro. Esta pregunta, sin embargo, no es correcta. Esta cargada de valorizaciones. Se asume que existe una relación entre la capacidad del animal de resolver este problema en particular y su inteligencia. Se transfiere también un atributo humano a otras especies. ¿Cómo podemos definir y medir la inteligencia de los perros, de las zarigüeyas y de cualquier otro animal? Medir la inteligencia humana es de por si un desafío. La pregunta de por qué el perro es menos inteligente que la zarigüeya es antropomórfica y cargada de valorizaciones.


Se defina al antropomorfismo como la adjudicación de atributos humanos o de personalidad a lo impersonal e irracional. En este caso, el comportamiento del animal es lo 'impersonal'. La pregunta explícitamente asume que los perros y los humanos somos inteligentes. Presumiblemente, desde como entendemos la inteligencia humana. Ya que aun estamos luchando por entender completamente la inteligencia humana, entender la de los perros y la de las zarigüeyas seria, como mínimo, desafiante. Por tanto, esta pregunta no nos llevara a ninguna parte.


Enmarcar las interrogantes con una perspectiva antropomórfica muchas veces nos lleva a no considerar preguntas más valiosas. Por ejemplo, preguntarnos: ¿porque puede la zarigüeya resolver el problema pero el perro no? Los perros se mueven en un espacio dimensional, horizontal, en los que es raro toparse con un obstáculo que demande retroceder y desandar camino. Las zarigüeyas, por el contrario, se mueven en un espacio tridimensional, entre las ramas de los árboles, donde toparse con un obstáculo que demande retroceder y desandar camino es común.


Este tipo de pregunta puede ser testeada con un experimento y también podríamos hacer predicciones de la capacidad de otros animales para resolver el mismo problema. Los canguros arborícolas, como su nombre sugiere, viven en los arboles y podrían resolver este problema más fácilmente que, por ejemplo, los canguros que viven en el suelo.


Se atribuyen intenciones humanas y emociones al comportamiento de los animales. Por ejemplo, una mujer que acaba de terminar con una relación particularmente infeliz con un hombre puede interpretar el canibalismo sexual de las hembras de las arañas como un comportamiento vengativo. Pero esta explicación antropomorfista es insatisfactoria desde dos puntos: primero, no sabemos si las arañas experimentan odio o rabia; segundo, no podemos responder científicamente a esta pregunta, ni por observación ni a través de un experimento.


Sin embargo, esto no significa que no podemos utilizar la experiencia humana para ayudarnos a entender el comportamiento animal. Por ejemplo, se sabe que las personas que han sido expuestas a eventos muy traumatizantes en su niñez estarán perturbadas más adelante en su vida. Uno de los legados más perturbadores de la guerra es que los individuos que sobreviven a la violencia, muerte y destrucción enfrentan una vida de lucha contra la depresión, el suicidio y otras alteraciones de la conducta. Esta condición, experimentada por aquellos que han sido expuestos a un trauma extremo, es llamada Trastorno por Estrés Post-traumático o TEPT, por sus siglas.


Estamos comenzando a entender algunas de las razones neurológicas y neurobiológicas detrás de esta condición. Las interacciones entre un infante y su madre usualmente facilitan el desarrollo de estructuras auto-regulatorias localizadas en el hemisferio derecho del cerebro. Pero con el trauma, puede desarrollarse una disfunción perdurable en el hemisferio derecho del cerebro, generando vulnerabilidad a sufrir TEPT. Hay también una predisposición a la violencia en la adultez. Una ruptura en el proceso de vinculación, como una separación crónica de la madre, privaciones o trauma, puede alterar el desarrollo del cerebro, llevando a una variedad de procesos neurológicos anormales.


Puede entonces que no nos sorprenda lo que ocurrió con un grupo de infantes profundamente traumatizados que vieron como su familia entera era muerta a balazos. Los huérfanos fueron transportados a otro lugar para que comenzaran vidas nuevas. Diez años después, estos huérfanos iniciaron una oleada de asesinatos que dejaron más de 100 víctimas. ¿Qué tiene que ver esto con el comportamiento animal? Los huérfanos en esta historia eran elefantes y las victimas, rinocerontes.


Este ejemplo de hiperagresión en los elefantes no es un evento aislado. Hay numerosos reportes de múltiples muertes por agresión de elefantes en cotos de caza donde existe un alto nivel de trauma. Esto se debe a los sacrificios, al tráfico ilegal, (N/T: existe también la caza “deportiva”, donde gente pudiente paga para cazar legalmente animales de gran porte o reputación, como elefantes y leones.), etc. Un alto grado de hormonas, hormonas de estrés, y problemas frecuentes con elefantes. Quizás estos elefantes sufren de TEPT.


En este caso, no me parece poco razonable extender lo que sabemos sobre los humanos a otras especies. Los elefantes y los humanos somos mamíferos y, por tanto, compartimos un número de atributos conductuales, neurológicos y fisiólogos. El punto más importante aquí es que esta historia involucra estos procesos y atributos compartidos incluso si algunos de los síntomas parecen ser emocionales. Para resumir: podemos utilizar la experiencia humana para comprender el comportamiento animal pero debemos evitar atribuir experiencias emocionales humanas para explicar el comportamiento de los animales.


Hay un segundo problema al formular interrogantes sobre el comportamiento animal. Fue identificado por primera vez por Thomas Huxley, un biólogo del siglo XIX, como un problema general de la biología. Una pregunta puede tener diferentes respuestas pero estas respuestas no son explicaciones alternativas. Reflejan diferentes tipos de interrogantes.


Por ejemplo, el pergoleros pertenece a un grupo de aves en el cual los machos se esfuerzan mucho para atraer la atención de las hembras. Además del nido convencional, construyen chozas con varios grados de complejidad, dependiendo de la especie. Las chozas consisten de dos filas paralelas de ramitas verticales y el área circundante decorada con flores, plumas, pequeñas conchas y, a veces, tapas de gaseosa y cepillos de dientes.



El macho cortejará a la hembra con una variedad de exhibiciones alrededor de la choza y ella solo se apareará dentro o al lado de la choza. Es un componente crucial del cortejo y la copula. No colocan huevos en ellas y los polluelos no son llevados allí para ser alimentados. Las chozas nada tienen que ver con el cuidado de las crías y no son tampoco un refugio. Los machos cuidan de las chozas todo el año pero la construcción, decoración y mantenimiento general se intensifica en la primavera. Podemos explicar este comportamiento desde cuatro perspectivas, conocidas como las Cuatro Preguntas de Tinbergen.

La primera opera en términos de causa material (o causal): ya que el día es más largo durante la primavera, el aumento en las horas de luz opera como un disparador que altera el nivel hormonal y lleva al macho a atender más su choza (N/T: explica los mecanismos).

La segunda respuesta opera en términos de valor adaptativo (Valor o Función de Supervivencia): el macho construye la choza para atraer a las hembras para reproducirse. Las hembras no ven a los machos sin chozas y, por tanto, estos no tienen descendencia.

La tercera respuesta opera en términos de historia evolutiva (Evolución-Filogenética): puede ser que el comportamiento se desarrollo de comportamientos de cortejo más simples que caracterizaban a los ancestros del pergolero satinado.


La cuarta respuesta opera en términos de desarrollo (Ontogenia): puede ser que los machos aprendan este comportamiento de sus padres o vecinos.

Se establece que estas preguntas brindan respuestas sobre causas próximas y causas últimas. Las causas últimas son, generalmente, aquellas que involucran explicaciones evolutivas; son, típicamente, preguntas con 'porque'. En contaste, las causas próximas pueden ser respondidas sin involucrar la teoría evolutiva; abarcan mas el 'como'.

La etología, como cualquier ciencia, es, generalmente un tema de distinguir entre explicaciones que compiten. Desafortunadamente, la gente a veces olvida los diferentes tipos de interrogantes y sugieren, incorrectamente, que las diferentes explicaciones representan explicaciones alternativas cuando, de hecho, responden a preguntas diferentes.

Cuando hablamos de una causa última, enfatizamos los costos y beneficios asociados a un comportamiento determinado y estamos constantemente atentos a variables ecológicas o de cualquier otro tipo que puedan estructurar el comportamiento. Por supuesto que también es necesario entender los mecanismos responsables del comportamiento y recordar que los mecanismos también evolucionan a través del proceso de selección natural.
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