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Anécdotas de Directores de orquesta

El gremio de los músicos tiene gran cantidad de anécdotas, las historias sobre los directores famosos son legión; comentarios sarcásticos que realizan durante los ensayos, los conflictos entre ellos y los cantantes de ópera, pianistas, violinistas y músicos de orquesta en los ensayos, sus debilidades y errores, y mucho más. Aquí hay algunos de los que nos han llegado a lo largo de los años: visita Música Bilbao

   El afable y excentrico director Inglés Sir Thomas Beecham tenían un ingenio comparable a Oscar Wilde; los músicos amaban su ensayos porque siempre acababa realizando algún comentario socrrón, a diferencia de los duros métodos de tiranos de la batuta como Fritz Reiner, Arturo Toscanini, y George Szell.

   En un ensayo con público de la famosa ópera de Verdi Aida, que tiene lugar en el antiguo Egipto y durante una escena espectacular donde se utilizaron todo tipo de animales vivos, un caballo "se quedó a gusto" en el escenario. Beecham disparó - "Dios, ¡qué crítico!".

   Otras famosas afirmaciones suyas fueron: "un musicólogo es a alguien que puede leer música, pero no la puede oír", y que "ninguna estrella de la ópera ha muerto todavía suficientemente pronto para mí".

   "Hay dos reglas de oro para una orquesta. Empezar juntos y terminar juntos. Al público no le importa un comino lo que pasa en medio".

   El famoso director de orquesta nacido en Alemania, Otto Klemperer, en una ocasión que estaba aburriendo a los músicos de la Filarmónica de Nueva York, con su interminable charla sobre el significado filosófico y espiritual de las profundas obras maestras de Beethoven y Brahms, que estaban ensayando. Los músicos estaban cansados de tanta perorata "¿Por qué no acababa de decirles cómo quería que tocaran y se ponían manos a la obra?"

   Al final, el oboísta principal de la orquesta, de origen italiano, y que era un hombre de pocas palabras, con un acento italiano muy cerrado, y además famoso por acortar nombres de las personas, se acercó al maestro Klemperer en el descanso del ensayo. Hay que imaginarse la escena, con el oboísta bajito, y Klemperer que medía cerca de 1'90. "Oiga Klemps, usted TALKA demasiado." El maestro entendió de que se trataba.

   El tirano del podio, el húngaro Fritz Reiner, fue un contemporáneo de Bela Lugosi, y tenía un extraño parecido con él, así que podría ser llamado "el Drácula de los directores". Tenía aterrorizados a los músicos por su forma extremadamente severa de llevar los ensayos, y su actitud totalmente implacable hacia los errores de los músicos. Podía detectar el más leve de los fallos al tocar y era conocido por despedir a músicos que consideraba incompetentes.

   En aquellos días, los directores de orquesta tenían un poder absoluto sobre los músicos, y podían despedirlos sumariamente. Pero abusaron de esta prerrogativa tanto y tan mal que en la década de 1960, el sindicato de músicos americanos tomó medidas para frenar sus despidos arbitrarios y proteger el empleo de los músicos, algo que ha llegado hasta nuestros días. Ahora, un director puede echar a un músico durante el primer año de prueba, pero tras este periodo, para poder echarle tiene que oírle en una audición pública y ante un tribunal que determine que es incompetente.

   Así que la broma entre los músicos de las orquestas americanas, como la Sinfónica de Chicago, que Fritz Reiner dirigió desde 1953 hasta su muerte diez años más tarde, fue "¡seguro que si pudiera despediría a sus propios portadores del féretro en el funeral!"

   Fritz Reiner también fue famoso (o conocido) por dirigir con gestos diminutos, a diferencia de otros directores que hacían grandes aspavientos. Lo hacía deliberadamente para mantener a los músicos a raya y hacer que le siguieran de cerca al menor movimiento. Un día, un músico llegó a un ensayo con unas grandes gafas. Reiner estaba desconcertado y le preguntó que estaba haciendo, y el músico le contestó: "Nada, tratando de ver el ritmo." A Reiner no le hizo gracia y le despidió.

   Durante la década de 1960, el director de orquesta austríaco legendario Herbert von Karajan ocupó diversos puestos de prestigio en Europa: director de la Filarmónica de Berlín, director musical de la Ópera Estatal de Viena y otros cargos. Algunos de sus contemporáneos se quejaban de que se su batuta se iba extendiendo por todas partes. Una historia apócrifa decía así: Karajan se mete en un taxi después de llegar a una gran ciudad europea. El conductor le pregunta a dónde va y Karajan le responde: "Puede llevarme donde quiera. Mis servicios están requeridos en todas partes".

   El famoso director de orquesta de origen húngaro Eugene Ormandy, quien dirigió la gran Orquesta de Filadelfia unos cuarenta años más o menos, hasta su jubilación en 1980, era famoso por destrozar el idioma Inglés con el virtuosismo del ex presidente Bush.

   Estas son algunas de las perlas de sus ensayos: a un músico: "¿Por qué siempre insistes en tocar cuando estoy tratando de dirigir?". A la orquesta: "Yo nunca digo lo que quiero decir, pero siempre me las arreglo para decir algo parecido" o, "Déjenme decirles lo que hago aquí, no quiero confundirles más de lo absolutamente necesario." Le pregunta un músico: -"¿esta nota que es, un sol, o un sol sostenido?",- Ormandy: "Sí".

    Y estas historias son sólo la punta del iceberg!

Para saber más sobre el mundo de la dirección orquestal, y como aprender un gesto correcto para dirigir, no deje de visitar: http://m.music.cbc.ca/blogs/2013/11/19-epic-examples-of-conductor-face

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