Coltrane: el hombre que enfrentó a dios

Coltrane: el hombre que enfrentó a Dios con su música




Había algo que no lo dejaba dormir. Se la pasaba las noches dando vueltas en la cama. No sabía qué Dios lo estaba tocando. Entonces un día se despierta y se encierra en el ático. Suzanne, su esposa, lo llama pero éste le responde detrás de la puerta. Le dice que no se preocupe, que por fin ha encontrado la espina que lo está atormentando. Durante tres días no bebió ni comió nada. En el ático sólo se escuchaban las estridentes notas de su saxofón.

Al cuarto día se escucharon sus pasos bajar por la escalera de madera. Se había sacado los demonios, Suzanne lo vio bajar y aún hoy en día, 50 años después, se emociona evocando ese momento “Era como Moisés bajando de la montaña, fue tan bonito. Bajó y tenía esa alegría, esa paz en el rostro, tranquilidad. De manera que le dije : ‘Explícamelo todo, no te he visto en cuatro días’.” Él le dijo “Ésta es la primera vez que me ha llegado toda la música que quiero grabar, en una suite. Ésta es la primera vez que lo tengo todo, todo listo”. Había nacido A love supreme la ofrenda de un pobre mortal a Dios.

El camino que emprendió John Coltrane para llegar a esta joya de perfección y precisión no había sido fácil, tuvo que vencer sus propios demonios, derrotar su terrible adicción a la heroína que cada día deterioraba más y más su talento. Todavía se acordaba con claridad la noche en que Miles Davis lo había humillado en público propinándole dos puñetazos en la cara sólo porque él ya no estaba allí, él era un cuerpo que comenzaba a podrirse. No tenía ni el amor propio para responderle a Miles. Poco después sería echado del grupo, tocaba fondo pero no se dejó ahogar. Se retiró al desierto como Cristo y volvió renovado listo para acompañar a Davis, es en ese ascenso al Everest que es Kind of blue, pero Coltrane quería tener una voz propia, y con Giant Steps vislumbró las cosas que podía llegar a realizar. Pero nadie se imaginó que este negro taciturno fuera un pobre enviado de Dios en la tierra destinado a ofrendar a su creador.



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Desde Bach nadie se preocupó tanto por ofrecerle su música al creador. La dedicatoria en la contratapa “Esto es para ti Señor” es muy poco comparado con el fervor que le dedicó Coltrane a este disco. En una época donde el miedo atómico devastaba al mundo, donde los existencialistas proclamaban la muerte de Dios e imponían la absurda presencia de la nada, Coltrane volvía a hablar de paz, de amor y entonces la música empezó a cambiar y los jóvenes supieron del poder del jazz y del amor.

Como su hermano Kind of blue, éste es un disco que ha influenciado a cientos de músicos. Todos recuerdan la primera vez que lo escucharon. Bono fue uno de los que sintió la presencia de Dios al escucha esta creación de Coltrane “Hay tanta maldad en el mundo… pero la belleza es nuestro premio de consolación…la belleza de la voz aflautada de Coltrane, sus susurros, su astucia, su sexualidad maliciosa, su alabanza a la creación. De esta manera empecé a entender a Coltrane. Pulsé el botón de repeat y me quedé despierto escuchando a un hombre enfrentándose a Dios con el don de su música”

Este hombre no podía descansar porque siempre tenía la música en la cabeza. Era una especia de asceta, de un viejo artista del medioevo empecinado en encontrar esa presencia divina, la voz con la que se pueda comunicar con Dios. Con toda la humildad que tenía le hizo un poema a su creador, se lo entregó en sus pies y recitó una oración.

Coltrane su murió sin saber que su humilde ofrenda había superado a su Dios.