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El vinilo volvió con todo




A la reedición de clásicos de Spinetta o Virus, se suman discográficas que los producen en el país. Lo que se busca es “vivir la experiencia” de escuchar un disco



En tiempos en los que las canciones se pueden comprar en cantidades industriales desde un teléfono celular y las empresas que antes vendían CD ahora venden lavarropas, un fenómeno lento pero incesante parece volver a poner a la música en su lugar. El formato del vinilo, que ya tiene más de 60 años, volvió a tener presencia gracias a reediciones, ferias de intercambio, disquerías clásicas –que nunca dejaron de estar pero que ahora trabajan mucho más que antes– y hasta producción nacional de discos, algo impensado hasta no hace mucho tiempo, porque todas las fábricas de vinilos del país cerraron en los años 90.

Según datos de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), las ventas en todo el mundo se triplicaron entre 2007 y 2012. Y la Official Charts Company reporta que ya se llevan vendidos cerca de 800 mil vinilos en Gran Bretaña, una marca mayor a los 780 mil del año pasado. Los especialistas esperan que supere el millón de ejemplares, algo que no sucedía desde 1996.

El fenómeno también se siente fuerte en Argentina: muchos discos clásicos del rock nacional se están editando en vinilo, y además hay discográficas independientes (como Mínima y Hallo Discos) que editan discos fabricados en el país. “Lo que buscan quienes compran vinilos es vivir la experiencia de escuchar un disco”, dicen en la disquería Eureka, de San Telmo.

Esta última puede ser una de las tantas explicaciones de la vuelta del formato: después del consumo exagerado de música que generó Internet (¿cuántos de nosotros bajamos discografías enteras de bandas que después nunca volvimos a escuchar?), de alguna manera se volvió a las fuentes: amigos que se juntan a escuchar discos, la ceremonia de elegir un vinilo, ponerlo en el reproductor, darlo vuelta. Algo relacionado con lo físico, en las antípodas de poner música a través de un click.

En el bar Shanghai, por ejemplo, los miércoles de 20 a 2 es el día conocido como “Open Decks”, una invitación para que los visitantes al bar pasen sus vinilos como DJs invitados. También hay bandas y artistas que piensan en el vinilo como una alternativa de edición: algunos más conocidos, como Andrés Calamaro, Babasónicos y Miranda, pero también bandas y artistas independientes, como El Mató a un Policía Motorizado, Carca y Boom Boom Kid, entre otros.

Las discográficas locales también prestaron atención a este fenómeno y lanzarán una reedición de discos clásicos en formato vinilo. Una forma de ampliar su catálogo y quizás cosechar parte del mercado que perdieron con la caída del CD. Sony, por ejemplo, editará Divididos por la Felicidad, de Sumo, y Superficies de placer, de Virus, entre otras 17 títulos que incluyen a Spinetta, Cerati y Soda Stereo.

Lejos de la sorpresa, las disquerías clásicas disfrutan de este momento. “Abrimos hace 14 años y siempre tuvimos un público bastante fiel. Pero en los últimos tiempos notamos que empezó a venir gente de todas las edades, desde los coleccionistas hasta más pibes jóvenes, que buscan las bandas que se editan en vinilo”, dice Nacho, de Eureka. Hay discos usados por 50 pesos, pero los nuevos no bajan de 300. Y hay ediciones importadas que pueden costar 500 o 1.000.

Según todos los disqueros, el cierre de la importación perjudica al negocio. Y también es un problema para los usuarios que compraban por Internet. Pero contra todo el fenómeno crece: “Tengo 65 discos. Me gusta tener originales porque te obliga a escuchar la obra entera, con el orden de tracks como fue pensado. También valoro los artes de tapa y la fidelidad de sonido del vinilo. Es un lindo ritual que además le suma la genial sensación de salir en busca de joyas”, dice Francisco Pascual, productor de 33 años.

“Para los muy jóvenes, los que crecieron con música bajada de ‘la nube’, despersonalizada al extremo, sin soporte físico, el vinilo quizás les resulte un blasón de autenticidad que, además, suena muy bien, al menos cuando el vinilo es flamante, la púa impecable, el equipo de música fantástico, es decir, todas condiciones ideales, difíciles de sostener en el tiempo” dice Alfredo Rosso, periodista y crítico musical.

Pero Rosso también encuentra algunos problemas. “Concedo que el vinilo suena más cálido y ‘humano’, y no niego que hay álbumes que conservo en vinilo por afecto, pero más allá del romanticismo y la nostalgia, yo recuerdo los problemas: los grumos en los surcos, el ruido a púa, cada vez mayor a medida que se gastaba el disco, los discos mal centrados, doblados, rayados, y el hecho fundamental que el vinilo te ‘condena’ a una escucha estática, pero no lo podés llevar con vos. Por eso soy un defensor del CD, porque me parece la mejor síntesis de portabilidad, fidelidad y (relativa) inalterabilidad”, dice Rosso. Quizás en 20 o 30 años esta nota vuelva a ser escrita para hablar de la vuelta del CD.





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