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Joe Satriani: con el impulso de su talento

El sábado y domingo en el Teatro Gran Rex, el guitarrista neoyorquino regresó a Buenos Aires después de dos años con un concierto de dos horas a la altura de su rica historia. Fueron 19 canciones, entre ellas varias de su más reciente disco, “Unstoppable momentum”.




Uno de los violeros de mayor fama mundial retornaba al país para lo que sería su octava visita -quinta con un recital pleno- en la que mostraría su interesante trabajo “Unstoppable momentum” (2013). Si bien, nos visitó en 2012 con el G3 desde aquel Obras de 2008 que no actuaba con un show en solitario, por eso las expectativas eran altas para verlo en acción nuevamente. Es más, los casi seis meses de promoción generaron una mayor ansiedad, a tal punto que se agregó una nueva fecha.

Esta vez estuvo acompañado de los talentosos Marco Minnemann (batería), Bryan Beller (bajista) y Mike Keneally (teclado y guitarra), y desde el arranque a las 21.35 con “Jumpin’ in” la banda sonó compacta y radiante, con músicos que se conectaban muy bien entre sí. Joe Satriani, como buen parteneire, les dio mucha participación, lo que provocó una gran química entre ellos. Con la metalera “Devil’s slide” y la querida “Flying in a blue dream”, el público tomó algo de protagonismo.

A diferencia de sus visitas de 2008 y 2012 donde se lo vio más extrovertido, aquí el violero volvió a mostrarse con una actitud algo parca, más preocupado por la ejecución de su instrumento y por la interacción con sus compañeros que por los espectadores. A estos poco les importó, sobre todo cuando en el escenario se escuchaban versiones fantásticas de “Ice 9″ y “The crush of love”. Sin lugar a dudas, Satriani no necesita de elementos extras para brindar un concierto entretenido.

Su trabajo de 2013 tuvo un lugar muy importante dentro del set. Es decir, 7 de las 19 canciones fueron de “Unstoppable momentum”, un disco que recibió buenas críticas y que lo volvió a posicionar en un lugar trascendente. Las más aclamadas fueron la hermosa “The weight of the world” y la adictiva “Three sheets to the wind”.

Por lo general los espectadores estuvieron tranquilos durante el set, disfrutando con admiración de la magia intacta de su ídolo. Sin embargo, en el segmento final todos se pusieron de pie y comenzaron a vibrar con la melodía agitadora de “Crown chant”. El cierre con su máximo clásico “Summer song” estuvo en la misma sintonía y con el plus de una zapada final que enloqueció aún más a todos. Tras dos horas exactas, Satriani se despidió con la satisfacción del deber cumplido.


¡Saludos!
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