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Kanye West – Yeezus: genialidad o locura, tú decides



Pocas veces se puede ver en un mismo artista el aunar la fama, el estar en los medios continuamente, el ser mainstream, con ser un verdadero genio, con la experimentación y con el ir a la vez por libre, pero si hay alguien de quien se pueda decir todo esto, ese es, sin lugar a dudas, Kanye West.
De hecho, tras haber amagado con decantarse por otros menesteres menos musicales, y haber vuelto al redil de forma muy comercial y para todos los públicos, con aquel Watch the Throne junto a Jay-Z, el ejercicio de estilo que West se marca en 2013 con Yeezus es verdaderamente dejarnos con la mandíbula inferior desencajada y a ras de suelo.

Porque Yeezus no es el disco continuísta que muchos fans desearían. Yeezus es un atrevido paso adelante, un claro ejemplo de lo que llamamos evolución, ni siquiera giro de estilo, que es un concepto que se queda corto en este caso.
Y ahí posiblemente esté la clave para entender Yeezus: habrá quienes lo odien y quienes lo adoren; los conservadores contra los que están abiertos al cambio, pero hay que mirarlo siempre teniendo claro que Yeezus será en unos años un clásico de su genero, que habrá marcado el camino a seguir para muchos de los que vienen detrás de los grandes del hip-hop.
Kanye West: haciendo lo que le viene en gana
En una nube de colaboradores a cual más llamativo (Daft Punk, Justin Vernon, Frank Ocean…) el nombre que más debería llamar nuestra atención es el de Rick Rubin, que se ha encargado de la producción del conciso Yeezus (10 temas, unos 40 minutos; corto, muy corto para lo que se estila en el rap) y es responsable en buena medida de haber sabido plasmar las genialidades (o locuras, según en el bando en el que te encuentres) de Kanye.
Yeezus es genialidad y locura a partes iguales, sorpresa tras sorpresa a la vez que se nos hace predecible por momentos, porque todo viene más o menos concentrado en los dos o tres primeros cortes del disco para luego ir repitiendo fórmula. Electrónica para las atmósferas opresivas, agobiantes, oscuras; gritos extraños por aquí y por allá, cortes bruscos y repentinos en las canciones y exabruptos vocales por doquier regados de sampleos de todo tipo.
Y luego está el mestizaje, la mezcla de estilos que aquí se dispara hasta la estratosfera, porque el hip-hop siempre ha tenido mucho que ver con la cultura de club y con la electrónica, pero nunca se había dejado engullir por ella de esta manera. Será ese otro de los elementos de Yeezus que más calienten a los sectores pro y contra de este álbum, un poco como ocurre aquí con el flamenco y sus sectores más arraigados frente a los que defiende que se puede mezclar con casi todo.
Yeezus, el mesías del hip-hop
Valgan dos botones como muestra: los que tienen a Daft Punk como infiltrados, ‘Black Skinhead’ y el encargado de presentar a Yeezus ante sus oyentes, ‘On Sight’. El primero ha servido como anticipo, con lo más parecido a un vídeo que se ha extraído del álbum. Ya nos familiarizamos con lo extraño, con lo sorprendente, cuando escuchamos por primera vez ese rabioso tema, sus idas y venidas sonoras, su percusión, sus angustiosos gritos de fondo… todo perfecto para poner el vello de punta y con el sello Daft Punk bien disfrazado, para que no se haga demasiado evidente.
Todo lo contrario que ‘On Sight’, que, con su título ya parece querer decirnos que los robots están bien a la vista: no hay más que escuchar ese inicio, digno de los Daft Punk de antes, casi más, de los Chemical Brothers de los dos primeros álbumes; nada que ver con el funky de los últimos tiempos. Todo un presagio de que vamos a escuchar un disco que no nos dejará indiferente; y si no, no hay más que llegar a ese coro infantil que parte el tema por la mitad.





Pero, si a muchos ya les decía bastante de la actitud de West el título del álbum, con Yeezus, Jesús, como protagonista, llegar al tercer tema, titulado ‘I Am A God’ y con la supuesta colaboración de dios, les puede dejar conmocionados. Y sí, hay un poco de chulería en todo esto, pero West tiene más de crítica en este tema que otra cosa (como además se presupone en cualquier disco de hip-hop/rap que se precie de serlo). Además, como cabría esperar de un tema que ataca y crítica a las religiones, el tono es de lo más oscuro que encontraremos en Yeezus, con la electrónica de nuevo como actor secundario tras la voz de Kanye y de nuevo con desgarradores gritos capaces de inquietar al más calmado.
En ‘New Slaves’, otro de los primeros temas de Yeezus que conocimos, aunque algo más clásico y menos sorprendente, tenemos lo mejor del álbum concentrado en unos pocos minutos. La colaboración de Frank Ocean es el perfecto contrapunto al omnipresente Kanye, mientras lo escuchamos atreverse otra vez con el racismo tras habernos hablado de ese Ku Klux Klan negro en ‘Black Skinhead’ y haber repartido un poco a la religión en ‘I Am God’. Kanye no ha venido a morderse la lengua.





Pero si el único problema de ‘New Slaves’ era no sorprender demasiado, ‘Hold My Liquor’ es justo lo contrario; más gracias a Justin Vernon al que, los que seguimos sus idas y venidas en sus propios proyectos nunca lo hubiéramos imaginado así, que Chief Keef, que pasa mucho más desapercibido en su autotuneada actuación.
En ‘I’m In It’ Justin Vernon, que repite sorprende más si cabe, en uno de esos cortes in crescendo, que va acumulando tensión para irla desatando a medida que avanza hasta que sin darnos cuenta nos encontramos en el otro punto álgido del disco: ‘Blood On The Leaves’. Un tema que tiene todo lo nuevo de Yeezus y lo viejo de otros trabajos de Kanye. El sampleo del ‘Strange Fruit’ de Nina Simone no tiene precio y es la espina que vertebra el tema mientras el mensaje, de nuevo contra el racismo, queda un poco disperso en una atmósfera repleta de tensión.
Kid Cudi, en cambio, pasa bastante desapercibido a medida que el disco comienza a flojear de nuevo con Daft Punk “a los mandos”, en ‘Guilt Trip’, en el que se repite una fórmula más previsible y se abusa del autotune y las voces distorsionadas, mientras que en ‘Send It Up’, junto a King L. tenemos un guiño a Jamaica y a su dancehall.





Y para terminar, la muestra de que el Kanye West de siempre sigue existiendo, aunque se deja ver poco, con ‘Bound 2’, el corte más luminoso, optimista y divertido del disco, aunque sin destacar por algo más especial que esto y el sampleo de Ponderosa Twins Plus One y su ‘Bound’ del 71 y el de Brenda Lee.
Así que, Yeezus es un disco que no dejará indiferente a nadie a quien le interese el rap/hip-hop. Unos pensarán que es una genialidad, la visión de un tipo con una cultura musical enorme, aplicada a un estilo ya de por sí bastante innovador hasta el punto de desbordar cualquier previsión posible. Prevista además para ser despachada del tirón, sin pausas y sin temas que destaquen por encima de otros; sin singles.
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