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Paco de lucía habló de su relación turbulenta con la mús

“La guitarra es una hija de puta”


Dr. Jekyll. Dice que cuando se sube al escenario, es otro. “Ni yo mismo tengo conciencia de la fuerza y la energía que me vienen cuando tomo la guitarra".


Paco de Lucía atravesó hace unos meses la frontera de los sesenta. Su cumpleaños número 61 lo encontró caminando por el campo porque, el movimiento, dice, marcó su vida. Su historia musical comenzó a escribirse hace poco más de medio siglo, cuando a los siete empezó a tocar la guitarra. Cinco años más tarde, Francisco Sánchez Gómez –que así se llama cuando baja del escenario– ya estaba grabando su primer disco. Y desde entonces, en esto hay consenso, ningún guitarrista de flamenco lo ha superado. Hombre reacio a las entrevistas, habló con el diario Público de España, de la tensión de la música y de otras cuestiones.

–¿Se ha reconciliado ya con la guitarra? ¿O la odia cuando vuelven a aparecer los dolores de su tendinitis?

–No he estado nunca reconciliado con la guitarra. La guitarra es una hija de puta, la detesto. Es como una relación de amor y odio, que a mí me hace polvo. ¡Cómo me gustaría encontrar algo que me permitiera no tocar más! O tocar, al menos, como los brasileños, tan relajados; o como se toca la guitarra clásica. La tensión del flamenco te machaca. Pero sin pretexto, no hay manera. No me veo sentándome a ver el fútbol sin tocarla.

–Acaba de terminar la gira con su nuevo grupo. ¿Lo prefiere a su antiguo sexteto?

–No tengo conciencia de lo que hago, de mi discografía, ni de la repercusión que he podido tener en la guitarra. Y ocurre así por esa manía que tengo de perfeccionismo. Nunca oigo lo que hago. Aquel primer grupo fue más importante y éste es una consecuencia suya. Aquello fue partir de una guitarra para descubrir el cajón, meter una flauta, un saxo, montar un grupo totalmente original. No había precedentes. Creó la base para todos los conciertos de guitarra que se hacen hoy en día.

–Los guitarristas temen cada disco suyo, pero usted sigue tocando sobre todo para ellos.

–Ahora hay una savia nueva. Aunque estén influenciados, tienen todo el bagaje que a mí me ha costado sangre, sudor, lágrimas y años conseguir. Ellos lo tienen en video, en disco, ya empiezan a tocar con todo eso a la espalda. Con la energía, las ganas, los estímulos que suponen el reconocimiento y el hambre de éxito. Con toda esa información, el resultado es explosivo.

–¿Se reconoce usted en aquel niño prodigio de Los Chiquitos, en el joven arrollador del Teatro Real?

–No tengo conciencia de que todo eso me ha pasado a mí. Cuando me pongo el jogging me desconecto tanto que soy otro. Mi amigo Carlos me dice que soy el doctor Jekyll. Ni yo mismo tengo conciencia de la fuerza y de la energía que a veces me vienen cuando tomo la guitarra y subo a escena. No sé de dónde viene ni por qué sucede.

–Algunos críticos parecen desear que llegue el otoño de Paco de Lucía.

–La crítica que más hizo mella en mi vida fue una que publicó el New York Times cuando tenía unos 18 años. Me encantó, porque me enseñó, y creo que es la más mala que he recibido en mi vida. De pronto, uno lee críticas sin sentido en las que da la sensación de que estuvieran deseando machacar a alguien para hundir a quien parecía incombustible. Hay gente que parece estar deseando que a Superman le falle la kriptonita. No sé si para sentirlo, tal vez, más cercano, más humano. En Estados Unidos, cuando un artista se hace viejo, lo dejan en un altar.

–Camarón de la Isla sigue siendo número uno, 16 años después de su muerte.

–Cuanto más se va mitificando el nombre de Camarón, más vende. Creo que lo último que grabó en vida, el póstumo, Potro de rabia y miel, vendió cerca de cien mil discos. Lo que vende es el mito. Cuando conocí a Camarón, me decía: “¡Cómo canta este hombre, este viene de Marte, de la estratosfera!”.

–¿Se inclina por los cantaores que remiten a Camarón?

–No voy buscando a alguien que se parezca a Camarón. Para Camarón, ya estaba Camarón. Su influencia ha sido tal que todos los que están dentro del flamenco son camaroneros.


fuente: diario críticadigital

besos.
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