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RADIOHEAD. 40 canciones para siempre creer en ellos.

Muchos dicen que Radiohead ha llegado ya al pináculo de su carrera y creatividad, que con King of Limbs (2011) comenzaron la inevitable debacle y se dirigen hacia el rock de maduros y aburridos. Quizás exista algo de razón en todas esas diatribas de fans maduros y severos (¿cuánta vanidad alberga un artista como para creer que todas sus obras son dignas de atención y valía?), sin embargo algo es cierto: los fans colorados del quinteto de Oxford no son muy diferentes a los seguidores hardcore de la pornografía, quienes terminan por banalizar y erosionar el objeto de su obsesión.

La repetición y ausencia de “carnita” innovadora es palpable desde ciertos temas del Hail to the Thief (2003) hasta el King of Limbs, la actitud de Yorke y compañía ya no es tan arisca con los medios y el público y la luminosidad y relajamiento se han convertido en una impronta estilística hasta cierto punto chocosa, para quienes hemos sido fans del awite, azote y oscuridad del grupo.

Hoy en día, Radiohead cuenta con muchos más temas contundentes que los contenidos en los ocho discos de carrera condensados en poco más de 20 años de carrera. Resta decir que a muchos nos gusta todo, casi todo del grupo, incluyendo remixes, lados b y proyectos alternos, sin embargo la historia y la trascendencia dan al traste con una selección inequívoca, una que probablemente haga ver el The Best of.. como una compilación guanga y faciloide.

Si se es minucioso y escrutador, ¿qué temas quedarían grabadas en las piedras de la verdad musical de todos los tiempos?, ¿cúal sería la guía definitiva de uno de los grupos más potentes de todos los tiempos? Aquí la selección cronológica y pormenorizada al respecto.

Está casi imposible sentirse bien dándose licencias para eliminar canciones que ahora nos parecen bobaliconas a muchos, como “Creep”, “Fake plastic trees” o “Lotus flower”, pero escoger temas siempre trae mucho de arbitrario e íntimo. Aquí el muñeco de barro que nos queda tras una buena cirugía.

De entrada, habría que darle un reconocimiento a ese primer paso que parece nada que ver del 93 llamada Pablo Honey y no renegar de un pasado, que a la distancia se le puede ver como un gimnasio de entrenamiento. En canciones como “Any can play guitar”, “I can´t” y sobre todo en “Blow out” podemos escuchar esas ganas de ser pop y triunfadores, pero con unas ganas terribles por desmarcarse del montón.



De Pablo Honey nos quedamos con “Blow Out”, de preferencia esa versión que tocan en el Astoria en el 94, más “Stop Whispering” para comprender que la sensiblería nunca ha abandonado a Radiohead, “I can´t” porque tiene en su letra el sino de la inseguridad e imposibilidad juvenil, cosa que me parece muy acorde con un grupo que desde muy jóvenes mostraban cierta arrogancia de la edad y seguridad en sí mismos que hacía tiempo no le veía a nadie. Sin embargo, pocos se atrevieron a ver en ese grupo al futuro mamut en el que se convertiría no mucho después. Y nada más.

De un año después de editado el Pablo Honey, el EP My Iron Lung es el puente casi perfecto con el portento de guitarras y melodías que vendría al año posterior con The Bends. De ese EP del 94 hay unas canciones fenomenales como “The trickster” y la acústica con pinceladas arabescas “Lozenge of love”. El resto lo podemos olvidar aunque con cierto jaloneo, porque en siete temas (omitamos “Creep” acústica, por favor) logran una cohesión maciza de energía con emotividad que en Pablo Honey no les amarra del todo.

Es la maduración de esa fuerza melódica que mamaba de los Beatles, los Talking Heads, Roxy Music y los Pixies, entre un montón de referencias sugeridas más, la que detona una cosa completamente distinta. The Bends es uno de esos discos que podemos engullir apasionadamente de forma entera. Todos sus temas tienen algo mejorado. Las baladas edulcoradas contienen un poco más de “carnita” en sus letras, el trabajo en equipo está muy cuadrado y contundente, y sus guitarras son extraordinarias. De ahí nos quedamos con “Bones”, la hermosísima “(Nice Dream)” que tiene un juego final de voces muy precioso, la azotadísima “Black Star” (“La culpa es de la Estrella Negra. La culpa es del cielo que se cae. La culpa es del satélite, que me guía a casa.”), y sobre todo “Street spirit (Fade out)”, que es imprescindible y robusta.

Del sencillo de “Fake Plastic Trees” hay un tema ensoñador llamado “India Rubber”, que bien pudo haber sido la canción de desamor que Supergrass siempre quiso grabar y no pudo: “¿Lo hice todo por ti para que dijeras que nunca me quisiste de esa manera? Ahora los perros tienen su carne, creo que iré a conectar la red eléctrica”.

También “Talk show host” del Soundtrack de Romeo and Juliet de Baz Luhrmann, del 96, es una cosa tremenda que debe estar.

Para el 97 el tema se complica mucho. Ok Computer es otra cosa, sí, ya lo sabemos, pero parece que algo muy cabrón se devoró al grupo. Las distorsiones, la producción, los referentes, la paranoia, la congruencia y la descontextualización eran formidables. Lo son aún. Sin embargo, en un caso extremo podemos quedar calmos si nos llevamos “Airbag”, “Lucky”, “Climbing up the walls”, “Exit music (for a film” y de paso esa bestia rabiosa que es "Electioneering". Y lo demás lo dejamos ir con dolor de pecho y pena.



El EP Airbag/ How Am I Driving tienen tres temas estupendos: “A reminder”, “Palo Alto” y “Pearly”, que sería algo así como el cierre del “sonido The Bends”.

Thom Yorke se puso a estudiar todo el catálogo de la británica Warp Records, corto y pegó, compraron juguetes nuevos y Jonny Greenwood creció de forma brutal como compositor. Futurismo, más apocalipsis y una cosa aún más lúgubre que lo puesto en marcha en Ok Computer. De las grabaciones que engendraron Kid A (2000) y el Amnesiac (2001) tendríamos que elegir primero a “The National Anthem”, “How to disappear completely”, nos olvidamos de la muy Brian Eno “Treefingers”, tomamos “Idioteque” y “Motion Picture Soundtrack”.

Y del Amnesiac agarramos los pedacitos deconstruidos de “Like spinning plates” la versión de “Morning Bell” que tiene un humor más atractivo que la del Kid A, “You and whose army?”, pero sobre todo ese poderío de cierre, jazz y desolación que es “Life in a glasshouse”.

Podríamos prescindir de las versiones en vivo del I Might be Wrong: Live Recordings de 2001, si no tuviera su empalagosa y bella “True love waits”.

Hasta esa época, Radiohead había dividido ya a sus públicos y con Hail to the Thief pensamos que se nos iban con todo y séquito de fans. El disco tiene una mayoría irregular mas no mala. Se siente un halo conceptual muy forzado, evidente en su postura ideológica, y un tanto redundante y de analogía lineal en sus letras. Rescatamos temas con bastante madre y decoro como la escalofriante “We suckYoung blood”, esa épica fuerza de “There, There” y “A Wolf at the door”. Los cierres son lo suyo.



Fue entonces que el corte de caja se hizo presente, el convencionalismo se oía de nuevo y Radiohead ya no era ese grupo de creativitos mamones y globalifóbicos que para muchos se hacían los raros de su cuadra. Muchos nos fuimos con la finta de que los mejores años ya habían pasado. Entonces de un chingadazo que sueltan en la red el In Rainbows.

De ese estupendo disco del 2007, no podemos prescindir de “Nude”, “Weird Fishes/Arpeggi” es una pieza con una sensibilidad especial que tiene que ir, al igual que “Reckoner”, “Jigsaw fall into place” (pieza en la que vuelven a sonar cohesionados en los instrumentos, como banda como no sonaban desde The Bends. Incluso hay armonías ahí que lo sugieren). “Videotape” por supuesto va.

El King of Limbs es visto como un disco muy menor, de apenas dos o tres discos de alcance. Nos quedamos con “Feral”, “Codex” que deja entrever los dotes orquestales reprimidos en Radiohead de Jonny Greenwood y ese detallito folk y sensible calma que es “Give up the ghost”.



“¿Y el Bodysong? ¿El Eraser? ¿Atoms For Peace cuenta? ¿Los remixes, bien gracias? ¿Qué hay de sus buenos covers y reversiones? ¿’Follow me around’, ‘Paperbag writer’, ‘Alligators in New York Sewers’? A veces uno tiene que hacer sacrificios para conservar intacto aquellos que se atesora. Radiohead es un grupo muy querido, que el tiempo, el desgaste artístico y el amor desmedido de su público han hecho efecto. Thom Yorke se ve feliz y luminoso, tiene ganas de bailar. Phil Selway tiene sus proyectos y sigue manteniendo su discreto perfil. En tanto, Jonny se está encumbrando como un compositor serio y único (sus trabajos para cine tienen una complejidad, seriedad y madurez notables).

Radiohead sigue siendo un gran grupo. Las esperanzas de asombro y triunfo pueden seguir depositadas en un equipo de futbol, no en un grupo que ha grabado discos de ese calibre y sigue tocando en vivo con un músculo y una sensibilidad enormes. Así de increíbles.



http://open.spotify.com/user/noiseymx/playlist/3ZPppJQ6JZX8S6YoBHDBR7
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