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Ricardo Iorio, escucha este terrible discazo

TANGO Y MILONGAS, LO ULTIMO DE IORIO.


link: https://www.youtube.com/watch?v=phARkBdW7y0

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ENTREVISTA

Ricardo Iorio: "Muerto voy a joder más"


El líder de Almafuerte, y máximo referente del heavy metal argentino, acaba de sacar un disco de tango y milongas con los guitarristas de Edmundo Rivero. Dice que lo hizo por rencor a los que ignoran la identidad nacional y se jacta de ser un artista fuera de catálogo.



Después de saludar a su mujer e hijas y cargar lo necesario, Ricardo Iorio se sube al asiento del conductor de su F-100 modelo 2002 y arranca. Una vez en camino, la acelera a fondo, como todos los vehículos que maneja. Los tres anteriores, estropeados: un auto, otro de su mujer, una Ranger. “Le encanta acelerar hasta romper el motor. Es una máquina de fundir autos”, describe Marcelo Caputo, su manager.

Desde Coronel Suárez, donde vive el cantor de Almafuerte, hasta la Ciudad de Buenos Aires, hay casi 600 kilómetros de rutas provinciales y nacionales, con la inmensidad pampeana a los costados: verde, amarilla, marrón, con el sol en retirada, vaquitas ajenas, penas propias, molinos. Va a toda velocidad por el asfalto que atraviesa los campos por los que otros pasaron “glifosateando”, un verbo nuevo que Iorio le debe a la era sojera, transgénica y envenenada.

Hace catorce años que se mudó de la ciudad al campo, “donde las armas no tienen por qué ser registradas, porque no llega el cartero”, y siempre llega a los recitales manejando, escuchando radios AM. Sus compañeros Claudio Marciello, Bin Valencia y Beto Ceriotti viajan en avión o micro de gira, según la distancia, y suelen quedarse un rato más después de los shows. Iorio, en cambio, tras haber cantado por hora y cuarenta ante cuatro mil personas en el Malvinas Argentinas, volverá en la chata directo a Guatraché: un pueblo sin wi-fi ni cobertura de celular, a 172 km. de la capital de La Pampa, donde tiene un terreno que está desmalezando (“la garrapata más chica mide un metro”) para construirse otra casa. “Antes que nada, soy conductor. Manejo más de lo que canto. Y esto es lo que siempre soñé: vivir muy lejos, en mi Provincia de Buenos Aires, donde hablan como yo.

Poyo , no polio . Porque si la unión latinoamericana es que vengan unos perucas a quedarse con la casa de mi abuela, no me cabe”, dice.

Está embriagado de alegría, con la mirada fija, vidriosa, chispeante, atenta. Ofrece su mano derecha pero no la estrecha, porque la tiene vendada. Abraza y abrasa: convida, aconseja, cuenta chistes, ríe, cita lo que cita habitualmente (José Larralde, Facundo Cabral, la Biblia, a sí mismo). Gesticula, arrastra las palabras, la lengua, responde como quiere, solicita preguntas, respeta el silencio. Hace semanas por fin editó su demorado segundo disco solista, Tangos y milongas, versiones del repertorio de Enrique Santos Discépolo, Cadícamo, Troilo y otros, interpretadas junto a los guitarristas de Edmundo Rivero, los hermanos Juan Carlos y Jorge Cordone. Y a minutos de salir al escenario, dice que tiene miedo. “Muchísimo miedo, pero no de caerme o de olvidarme la letra, sino de que nos tiren un muerto, negro. Ese es nuestro miedo, porque somos solos. Yo soy solo (sonríe)”.

¿Qué ves del “caso Cromañón”?


Que hay gente que no está por amor, sino por paracaidismo. Por supuesto que me sentí muy bien con que los muchachos (Callejeros) salieran en libertad, porque ellos no merecían estar ahí. No creo que tengan responsabilidad: el músico es músico, va a cantar. Y el artista no debe descender a las arenas políticas; yo no compro, no vendo, no cambio, no estorbo. Esto no es una manera de hacer política, lo pago yo.

Ni militás para vos mismo.


No, amigo, ni a palos. Solamente me saco las ganas. Por eso soy feliz. Ya estoy viejito, soy un hombre muy viejito. Y tengo poca calle. Invertí todo mi tiempo en difundir esta música que no se pasa en las AM, le dediqué toda mi vida. No creas que las giras te curten: fui a Neuquén, a San Juan, sí. Pero toqué en un escenario y volví.

¿Te sentís lejos o cerca de tu público?


Yo no creo que lo mío sea popular. Y los que me siguen son pocos, nadie, un puñado.

¿Vale la pena por ese puñado?


Vale la pena porque de acá comen 19 familias y es lo que sabemos hacer. De eso se trata. Y de entretener a las personas, siendo una de las bandas con más experiencia.

Siempre al margen.


Como tiene que ser. “Somos el barro que se subleva”, no somos hijos de músicos. Este país está lleno de grandes profesores... y yo no pasé ni por la vereda, men . Mis hijos ahora son músicos y me dicen: “Sus hijos son de familia de artistas”. Sí, me transformé en lo que odiaba (carcajea).

¿Cómo arrancó “Tangos y milongas”?


Por diversión. Y por odio y rencor hacia quienes ignoran que tenemos una identidad nacional. Esto no es de Puerto Rico, ni Satélite Kingdom ( sic, referencia a la banda de ska-reggae ). No tiene bandoneón, no es el mundial del tango. Cambié algunas letras porque los muchachos no saben de caballos, para enseñarles que la falopa no la inventaron Los Cafres ni Pity Alvarez. De eso se trata el disco. De compositores fuera de catálogo, que son los que más me gustan. Yo también estoy fuera de catálogo, ahora mismo. Muerto voy a joder más. Jamás vi a Mercedes Sosa ni a Sandra Mihanovich en Sadaic. Yo soy (se golpea el pecho dos veces) autor, loco. Y me jacto de interpretar a otra gente.

¿Qué más sos?


Un hombre que en el ocaso de su vida trata de dejar algo alegre, que motive y que dé aliento. Mi obra está dedicada a la reencarnación del espíritu. Y a expresar que a la deidad no le interesa por dónde vos hacés el sexo: lo que le importa es si sos buena gente o no. Que antes de que mueran papá y mamá, podamos bajar del colectivo con el bebé. Y saber que las tetas son para amamantar a la criatura, porque el que no tomó la teta... (chifla y tuerce las manos alrededor de su cara, desencajada por el gesto).

¿Cómo intentás ser buena gente?


Tratando de que no le falte nada a los que tengo alrededor, no dejar a mis pichones a merced de los vientos. Ni gastarla en las carreras. Yo no puedo jugar, porque sé qué número va a salir mañana y tengo miedo de que la deidad me diga: “Hijo de puta, con el hígado que te di encima querías ganar la lotería. No te llenás con nada”. Siempre tomé lo justo y lo necesario.

¿No tenés ambiciones?


No, ni tampoco difundí la falopa. Porque jamás tomamos cocaína. (Silencio largo). Tomamos remedios de Escalada. Placebos. Y siempre pagándolos, nunca de mangazo. Muchos millonarios de la música, que venden futilidades, nos encaran pidiéndonos... Escuchame, ¿qué me pedís falopa a mí si vos ganaste 60 millones de dólares cantando esa mierrrda? ¿Y sabés por qué no me drogaba ni me drogo? Por vergüenza a mis papás, loco. Vergüenza a no aprender lo que me enseñaron: estudiar, trabajar, hacer las cosas bien, tener limpita la casa, si se puede.
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