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¿Roger Waters era un envidioso? Parte 2



Primera parte
Segunda parte
Tercera parte



Final II. Flatmates, 101 Cromwell Road.


Aubrey "Po" Powells y "Scottie" los misioneros visionarios del ácido, Duggie Fields el artista psicodélico rival, Lindsay la novia ideal y luego Iggy, la esquimal de la portada de "Madcap Laughs", como una especie de mini-Yoko Ono, Jonty Meades el straight-cat, las visitas de Pete Townshend, Mick Jagger y Marianne Faithful...

Ácido.

Y los traumas de la infancia. La pérdida de su padre y una madre sobreprotectora que lo presiona para que sea algún tipo de estrella. "Todo el mundo dice que fué feliz de niño, no sé por qué, pero yo no lo fuí". Dice Syd Barrett. Es curioso, oyendo sus canciones. Esta es más o menos la versión oficial, la que le interesa a los Floyd y a la que se le echa leña periodística. Es lo que pasó, se juntaron el hambre y las ganas de comer y patapún, Syd explota. Como muchos de sus contemporaneos, cae víctima de la droga, Joplin, Hendrix, Wilson, Green... la bruma púrpura se levanta y solo se ve un montón de cadáveres. Todo cuadra.

En la grabación de "See Emily Play" Syd empieza a dar las primeras muestras de cuelgue serio. No responde a las conversaciones y su mirada, entre burlona y ausente, espanta a su grupo.
La desastrosa gira americana pone sobre a viso a todo el mundo, desde el grupo a Peter Jenner, manager ( luego abandonaría el barco a la vez que Syd), el cual más tarde diría que el ácido era a la vez fuente y sumidero para Syd: " Estoy seguro que su creatividad salía de su locura. El ácido trajo la creatividad, pero lo que és más importante, trajo la locura."

Syd se olvida su guitarra, se olvida su ropa y su dinero en ella por todos los rincones de los USA donde tocan. No sabe si está en Las Vegas o si está en Hollywood. Desafina su guitarra y permace en el escenario tocando una y otra vez el mismo acorde amorfo. Aún así, hay quien cree que Syd no es una víctima de la droga: "a pesar de que hay muchos afectados en estos tiempos, Syd no es uno de ellos. Simplemente, él es de Marte".

Scotty es un predicador del ácido, un colocado de campeonato. Por lo que se dice de él, es como uno de esos curas del oeste que esconden una botella dentro de la Biblia recortada, solo que él escondía una botella de LSD puro. Syd es el loco de la fiesta, el despreocupado y el alma libre (como veis, una vez más aparece de víctima) y es el objetivo natural de las aves de rapiña y graciosos de todo tipo. Le colocan a todas horas, en el té, en el agua, como sea. Cuando se desfasa demasiado le encierran en el armario. Incluso suministran ácido a los gatos de Syd, "Pink" y "Floyd". "El pobre chico no sabía si estaba colocado o no, no tenía la oportunidad de saber cuando se estaba restableciendo la realidad". Todos los que visitan el piso lo saben y evitan tomar nada allí, recelan de todo, menos del agua del grifo, y sólo si se la sirven ellos mismos. Como Jimi Hendrix y todos los que le pegan al ácido bien pegado, pasan de los secantes y se dan al ácido líquido, lo cual es bastante decir. Preparan terrones de azucar cargados con ácido, pero como lo tocan al untarlos, el ácido penetra por absorción cutánea y se colocan en el proceso, olvidándo cuales son los cargados y cuales no. Añaden al asunto unos cuantos Mandrax (mandies), unas pastillas de derivados barbitúricos que estaban de moda y que eran el Trankimazin de la época alucinógena, destinadas a calmar el sistema nervioso después de un viaje. Aunque las grandes dosis impiden pensar normalmente, ver normalmente y percibir normalmente el tiempo y el espacio.

Es famoso el incidente del Mandrax y el Brylcreem (un producto para el estilismo capilar masculino, ligado a la historia del pelo y el rock´n roll). Syd está en camerinos ansioso porque su pelo no le queda bien. Al parecer esta vez la permanente que le acaban de hacer en Vidal Sassoon es una cagada. Cansado de intentar arreglárselo, opta por una salida curiosa. Mezcla un porrón de mandies con Brylcreem y se lo unta en su cabellera. Sale a escena y con el calor de los focos, poco a poco la mezcla se vá derritiendo y resbalando por sus ojos, su cara... las niñas de la primera fila se horrorizan. ¡Syd parece una figura de cera derritiéndose!.

La rotura de Syd empieza a ser cada vez más notoria. Las cosas se van complicándo y empiezan a circular rumores cada día un poco más extraños. El más horrendo y el que más corrió es el siguiente: Lindsay, la novia perfecta de Syd aparece en las escaleras de la casa de Jenner seriamente maltratada."Estaba empezando a ponerse algo loco(por navidades)(...)la esquizofrenia se había instalado" decía Lindsay Korner antes del incidente. El alcance de las lesiones que presenta es confuso, debido a la variedad de declaraciones. Al final, parece que o bien el incidente no fué para tanto, o los testigos decidieron silenciarlo debido a la gravedad, para no manchar la imagen de Barret. Se dice que le rompió una guitarra en la cabeza, se dice que la tuvo encerrada durante dos semanas en una habitación, pasándole la comida por debajo de la puerta, solo entrando para pegarla.. No se sabe si esto pasó de verdad, pero algo si pasó, pues Lindsay ya no volverá.

yd Barrett ya es un muñeco roto certificado. Esquizofrénico o no, pillado o no, Syd ya no se sentía en si mismo, cosa que desde la letra de "Jugband Blues" hasta hoy en día deja claro, como se puede ver en sus incoherentes y descompuestas declaraciones. Sin embargo, nunca hablará explicitamente de traumas de la infancia, ni tampoco mencionará las famosas "voces". Si se referirá a una extraña descomposición de su psique, habla de "poner las cosas en su sitio".

Gilmour presiona para que un psiquiatra examine a Syd, pero no hay mucho entusiasmo en la estrella que esta muriendo. Finalmente deciden consultar a un psiquiatra algo abierto de miras, prescindiendo de médicos ortodoxos que (sin duda) sepultarían a Syd en una institución mental para siempre. Se ponen en contacto con R.D. Laing seguidor de la hipótesis de que la locura solo está en el ojo del espectador. Escucha una cinta de Syd conversando. Su veredicto: "incurable".

La banda le ha dejado en la estacada, por lo imposible que es sacar algo de él. Sin embargo, intentan, especialmente David Gilmour, que Syd siga ocupado. Se puede decir que literalmente le agarran a la silla y le pegan la mano a los trastes para que siga componiendo. Pero Syd está muy mal. Se recluye en su foso y solo camina y camina por las calles de Londres. Tiene incidentes con la policía (antes ya los tuvo por viajar de ácido en un tejado) por dormir al aire libre.. Pasa semanalmente por la oficina a cobrar los derechos de las canciones, renta de la que vivirá hasta el futuro. Siguen los rumores, una vez que Syd está ya en la periferia de la razón. El ha mencionado algo en su mumble-mumble acerca de "trabajar realmente". Se comenta que ha estado trabajado en una fábrica durante una semana y luego lo ha dejado. Se dice que se ha enrolado en la Escuela de Arquitectura y luego lo ha dejado. En realidad, Syd parece ser que se dedica a pintar. Pinta sus cuadros y luegos los quema. "Yo no pinto, pero el chico que vive en la puerta de al lado lo hace y eso es suficiente". Será su pasatiempo favorito en estos 35 años de ermitaño, junto con pintar las puertas de su casa de diferentes colores. David Bowie y otros adinerados fans de Barrett logran hacerse con ejemplares salvados de la quema.

Pero Syd no se abandona totalmente. Desde que deja la banda hasta el 71 saca sus dos discos en solitario (pegándole aún bastante al mandrax, todo hay que decirlo). Aunque se puede decir que los discos se graban más por la fé y por la voluntad de David Gilmour que por el deseo de Barrett. En las tomas David se colocaba en la puerta, con dos pedazos de alfombra enrollados en cada pie para no hacer ruido en las grabaciones, y cada vez que Syd se descolocaba o se movía de la silla, entraba a ponerlo de nuevo en su sitio indicándole que debía hacerlo. Pero al final todo sale bien, procesable de alguna manera. Y en la conocida entrevista de ese año al Melody Maker anuncia aún más trabajos y buenas canciones. Menciona que le gustaría poder producirse a si mismo (pongamos esto en parámetros del Final I: Roger Waters. Quiere librarse de la larga mano de Waters. Ahora volvamos a lo nuestro, Final II: Flatmates, 101 Cromwell Road) , y lo dice casi como condición sine qua non. Está "poniendo las cosas en su sitio". El pelo le está creciendo de nuevo (se lo rapó al cero: "Adios a ser una estrella del pop") y, aunque reconoce que es imposible para él volver a hacer giras y volver a ser lo que fué para su público, parece que vá a seguir trabajando, desde un enfoque un poco más relajado. No quiere hablar del ácido, incluso niega que lo tomara.

Un año después se embarca en un nuevo proyecto con su nueva banda de directo: Stars, formada por el bajista James Monk y un tal Twink, batería. Ambos sospechosos en grado sumo de oportunismo. Con ellos dará su último concierto, el 24 de Febrero de 1972 en Cambridge. Rob Chapman, de Mojo, estuvo allí:

"La mayoría de la peña se había achantado cuando los Stars aparecieron por allí. No debía haber ni 30 personas en ese sitio. Debía de ser la una de la mañana y las luces estaban encendidas cuando ellos entraron. A Syd se le veía brillante, con pantalones de terciopelo púrpura, botas de piel de serpiente, pelo indomable, ojos espantados... Tocaron seis o siete canciones, Lucifer Sam del "Piper..", algunas de los álbumes en solitario, Octopuss y Gigolo Aunt y la inevitable, informe, improvisación de blues, después de la cual Syd dijo "No me acuerdo del título de esta". Había atisbos de brillantez, pero de nuevo todo volvía a degenerar en el caos. Se cortó los dedos con la guitarra en cierto momento y una chica se subió al escenario a bailar con ese espíritu de los 70 tipo "vamos a unirnos todos". Syd la miró de reojo y se marchó. Los demás empaquetaron sus instrumentos y también se fueron."

La semana siguiente no aparece en una cita apalabrada en la Universidad de Essex. No lo volverá a hacer. La carrera de Syd Barrett ha acabado para siempre.

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