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Un tango para taringueros. Edmundo Rivero

Edmundo Rivero es la mas autentica expresión del tango campero 100 % criollo.

Un abuelo suyo, del que heredaria el segundo nombre -Lionel- murio lanceado por los indios Pampas durante un malon.

Lo que nadie sabia es que era un adelantado a su epoca.

Aca les dejo dos videos: el primero, profetizando la existencia de taringueros.

El segundo es mas que nada una curiosidad artistica. Se que muchos lo deben conocer.

Espero lo disfruten y no se olviden del Feo.
Un autentico criollo.



link: https://www.youtube.com/watch?v=lKA6OTTfuco


Este es el segundo video.


link: https://www.youtube.com/watch?v=o_jqJmly3HI


Una pequeña anecdota

En una época que se estilaba el levante telefónico, entre mate y charla, con su amigo Acha, marcaban un número al azar, y si la que atendía era una voz de mujer joven, le dedicaban una canción con acompañamiento y todo. Al no haber grosería ni maldad, la cosa a veces funcionaba. Cierta vez que hicieron eso la mujer que los había atendido y escuchado toda la pieza, preguntó:

«Dígame la verdad: lo que pusieron ¿era un disco o es alguien que está ahí?»
«No, no fue ningún disco, fue mi amigo Rivero —respondió Acha— y le pasó el fono al Feo.
«Cánteme un poco más, por favor» pidió la dama anónima. Edmundo siguió entonando para terminar de convencerla.
«Me gustaría que pasara por mi casa. Tengo un conservatorio y sería bueno que lo escuchara mi hermano. Está formando una orquesta, ¿sabe? Le pasó la dirección, en la calle México.
Cuando, días después, Rivero fue a visitarla, descubrió que era la casa de Julio De Caro.
La voz misteriosa era de su hermana Hermelinda y el que estaba formando la orquesta era otro hermano: José de Caro, que lo contrató, aunque el pago era casi inexistente. Esto ocurrió en 1935, pero dos años más tarde fue el propio Julio De Caro quien lo llamó para los carnavales en el cine Pueyrredón, del barrio de Flores.
Tampoco prosperó la cosa porque la gente se pasaba para escucharlo y a Julio eso no le gustaba.
«Cante de otra manera, que acá la gente viene a bailar», le advirtió.
Parece que Rivero no encontró esa otra manera y eso le costó el fulminante despido.
De todos modos le entró el gusto de cantar con orquesta y acepto de palabra un contrato con Humberto Canaro. Artísticamente no le fue mal pero económicamente resultó ruinoso. A partir de ahí comenzó su peregrinaje viendo a directores de orquesta y compañías grabadoras y las repuestas descorazonarían al más pintado:
«No, tiene la voz demasiado grave». «Usted tiene algo en la garganta, cúrese y vuelva»,
«Pero, ¿no estará enfermo del pecho?» Un conocido músico, desde el control de un estudio, y sin advertir que su voz se oía del otro lado de los cristales, sentenció:
«Díganle que se vaya. Pero ¿de dónde sacaron a ese perro!
Ese mismo músico, con el correr del tiempo, escribiría:
«Tiene una voz que es un privilegio de la naturaleza. En su garganta está la riqueza musical de un órgano».
Y el «gaucho» Rivero, que no guardaba rencores, terminaría por grabar varios temas de aquel que lo sentenciara radicalmente.
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