11 años de promesas incumplidas

El 19 de noviembre de 2003 Néstor Kirchner prometía en La Plata la reactivación de los Talleres Ferroviarios de Gambier. A 11 años de la promesa, el lugar luce en ruinas. Una imagen que retrata el penoso presente de un sistema ferroviario que fue ejemplo en Latinoamérica.






En la campaña electoral de 2003 y durante sus primeros meses de gobierno, Néstor Kirchner prometía reactivar el sistema ferroviario. Así lo hizo el 19 de noviembre de ese año en La Plata, cuando aseguró que se iba a poner en marcha la reapertura de los talleres ferroviarios de Gambier, ubicados en las avenidas 31 y 52.

A las palabras se las terminaron llevando el viento, como así también a los anuncios de que, en Gambier, la empresa francesa Alstom iba a construir el estrambótico tren bala que promocionaba tanto Kirchner como su inefable secretario de Transporte, el multidenunciado Ricardo Jaime.

En los talleres de Gambier, se realizaban y reparaban todo tipo de vías, como así también elementos auxiliares de las obras ferroviarias. Pero en los ’90, con la privatización del sistema ferroviario que instrumentó el menemismo y que apoyaron los Kirchner desde Santa Cruz, los talleres se cerraron. Luego, durante la mal llamada “década ganada”, las promesas sobre su reactivación proliferaron. Pero actualmente en el predio lo único que se observan son edificios que se derrumban, sin vidrios, repletos de escombros y yuyales. A su vez, las máquinas están abandonadas y el óxido ha carcomido su estructura, tornándolas inservibles.

Las grúas que se mantienen en pie también reflejan el paso del tiempo y los especialistas afirman que ya es prácticamente imposible que vuelvan a funcionar. Lo mismo sucede con los vagones desmantelados, sin techo, con puertas y ventanas rotas, que se ven en el lugar. Lo único que funciona en el predio de 35 hectáreas es una cooperativa recicladora de basura, lo que le da una imagen aún más tétrica al lugar. Luce una imagen cargada de olvido, desesperanza y abandono, muy lejos de aquel taller que supo ser ejemplo para toda Latinoamérica en sus momentos de esplendor por los años 70.

En diálogo con Hoy, el ingeniero ferroviario Élido Veschi, exsecretario general de la Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles Argentinos (APDFA), señaló que “luego de las palabras de Kirchner más de 8.000 personas se inscribieron para comenzar a trabajar en los talleres y en lo que se prometía que sería su reactivación. Hubo largas cuadras de cola de gente que quería trabajar nuevamente en los talleres. Todos fueron defraudados por las palabras oficiales”.

El autor del libro “Relato sobre el saqueo del sistema ferroviario nacional”, aseguró que “con la firma francesa Alstom no trabajaron más de 30 personas, lo que significó una verdadera vergüenza. La maquinaria existente en el lugar no se recuperó nunca. Todo el proceso de industrialización que se podría haber encarado con los talleres ferroviarios, no les interesó en lo absoluto”.

Lejos de ser una situación aislada, esto se repite a lo largo y ancho del país. Por ejemplo, los talleres ubicados en Tafí Viejo (Tucumán) llegaron a ser los más grandes de América Latina, con 22 hectáreas y 5.500 obreros. Su ubicación en el centro noroeste argentino les garantizaba conexión con todo el país, lo que le imprimió un perfil industrial a la ciudad. Hoy, los talleres tucumanos, también están abandonados.

Junín es otro ejemplo de cómo los talleres ferroviarios fueron la fuente de trabajo durante generaciones. Allí se fabricaban y reparaban vagones y locomotoras. Tenían 65 secciones, entre ellas tornería, tapicería y carpintería, todo ello alojado en un predio de 30 hectáreas, en donde se emplearon hasta 4.000 personas, y significó un gran crecimiento económico y demográfico.

Detrás de esta inacción, se esconden oscuros negocios. Por ejemplo, el gobierno en los últimos dos años gastó decenas de millones de dólares en importar trenes ensamblados de China, actividad en la que participó el empresario Franco Macri, quien, sin ponerse colorado, no dudó al afirmar que votaría a alguien de La Cámpora como presidente. Las consecuencias están a la vista: los trabajadores denuncian que a cinco meses de la puesta en servicio de los trenes chinos, en la Línea Sarmiento comenzó el desguace de las formaciones nuevas para reparar las viejas, ante la falta de repuestos que no se fabrican en el país.

“El gobierno lanzó al abandono el sistema ferroviario porque no le interesó. El negocio es mantener las concesiones y seguir el sistema menemista, con mayor incidencia de la corrupción, caso Jaime. La pasión principal que tienen los funcionarios es hacer negocios de tipo personal y esa estructura terminó de liquidar lo que quedaba de la industria ferroviaria” subrayó Veschi.

Mientras tanto, el país que tuvo la mayor red ferroviaria del continente, sigue incomunicado. Y pasajeros del área metropolitana que no tienen otra alternativa que usar este transporte, viajan como ganado.