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50 bodrios de Grey: Una telenovela cara, larga y...

CRÍTICA

Una telenovela cara, larga y deserotizante

El irresistible magnate Christian Grey, uno de los solteros más codiciados del mundo, y Anastasia Steele, joven y bella estudiante de Literatura, se conocen en una entrevista. Se establece de inmediato una relación muy particular, marcada por la atracción sexual y las reglas que él va imponiendo en cada encuentro.

Guillermo Monti
LA GACETA





Cincuenta sombras de Grey | Melodrama - PM16 - 125’
Origen:
EEUU, 2015. Dirección: Sam Taylor-Johnson. Con: Jamie Dornan, Dakota Johnson. Violencia: con una escena. Sexo: con escenas. Lo insólito: ¿cómo pudo un músico talentoso como Danny Elfman entregar una banda de sonido tan sosa?

El señor Grey, el de las 50 sombras (en una hipotética secuela tal vez sepamos qué significan), tiene una habitación repleta de instrumentos de tortura. Pero a la hora de los bifes Grey aplica una ternura indigna de un sádico. Eso es porque Grey es un romántico incurable, que toca lánguidas melodías al piano, regala vestidos y paseos en planeador. A Grey lo encarna Jamie Dornan, un zoquete modelado en el gimnasio que jamás cambia la expresión, ni cuando sufre ni cuando goza. La dirección de actores no parece cosa de Sam Taylor-Johnson, tal vez porque estaba demasiada ocupada acumulando en dos horas de película todos los lugares comunes imaginables.

De erótica, “Cincuenta sombras de Grey” no tiene nada. Las escenas de sexo, que no son tantas, están calcadas de cualquier telefilm softcore que noche a noche regala la TV por cable. Taylor-Johnson las rodó a puro convencionalismo, cámara lenta incluida. Puro aburrimiento.

El problema de “Cincuenta sombras de Grey” no pasa por su hibridez formal, un melodrama con innecesarios pases de comedia romántica. Tampoco por el guión, teniendo en cuenta que la novela de E.L. James no es ninguna joya literaria. Ni siquiera por las malas actuaciones: el desconcierto de una gran actriz como Marcia Gay Harden en el par de escenas que le tocan lo dice todo. El problema de “Cincuenta sombras de Grey” es que no entrega ni una pizca de pasión. Tratándose de un intento por resucitar el erotismo que el cine perdió de un tiempo a esta parte, esa frialdad es un pecado capital.

Hay una gran película, llamada “La secretaria”, que partiendo de la ironía se mete decididamente en la perversa lógica del amo-esclavo, esa que “Cincuenta sombras...” sobrevuela a fuerza de clichés y superficialidad. Claro que “La secretaria” cuenta con una historia inteligente y con un actorazo como James Spader (¡que en la ficción se llama Mr. Grey!). I-sat suele pasarla.

Al tema de fondo, que no es otro que la degradación de las relaciones humanas, “Cincuenta sombras de Grey” lo ignora olímpicamente. En cambio, Taylor-Johnson filmó una telenovela cara y no precisamente de las buenas. Es todo un símbolo de la dirección que eligió el mainstream, la subestimación extrema del espectador. En fin, la belleza de Dakota Johnson no vale el precio de una entrada.





y...como si fuera poco, UNA PERIODISTA lo refleja a su manera



50 sombras de Grey: 14 apuntes de un estreno caliente
El filme que se prometía como “la pieza” de cine erótico, no conformó ni al público ni a la crítica.

Silvina Cena
LA GACETA




1- ¿En cuantos eventos públicos está socialmente aceptado -y hasta parece comprensible- que una persona imponga su voz por encima del murmullo general y grite “¡ya quiero sexo!”? Se demora el estreno de “50 sombras de Grey” en Tucumán, pero la espera tiene sus momentos divertidos.

2- Acá también se ha cumplido lo que en todo el mundo: es abrumadora la presencia femenina (edad promedio, 25 años) y, cada dos o tres filas, sobresale algún hombre (estos no la pudieron poner despues). Correspondientemente tomado de la mano de una chica, claro.

3 - Paradoja: en la que está anunciada como la película más caliente de los últimos años, los ventiladores tardan en prenderse. Algunos espectadores se abanican con ambas manos, un gesto recurrente durante toda la función.

4- Por fin sucede. En un acto simultáneo, se apagan las luces de la sala y se enciende la inmensa pantalla. Un homogéneo “¡ayyy!” se extiende por las butacas. Dos señoras se codean en las primeras filas. “¿Ya va a comenzar?”. “Sí, sí, quedate quieta”.

5- La primera escena es, más que una presentación, un golpe de efecto: Christian Grey (en la trabajada piel de Jamie Dornan) se prende la camisa frente a un espejo. No se ve su cara, sí sus pectorales, lo único que el público parece necesitar. Algunos de los comentarios que ese plano genera: “¡ahhh, bueno!”, “no, no, boluda, ya no doy más”, “¿por qué no conozco uno así?”.

6- Ante la duda, la risa. La devolución permanente a casi todo lo que sucede en la pantalla son expresiones risueñas. Algunas salen en forma de carcajada, otras son intervenciones apenas audibles, parecidas a la onomatopeya “jijiji”. Se ríe la gente en las escenas expresamente destinadas al humor, como cuando Ana Steel (Dakota Johnson) le pregunta a Grey si en su “habitación de juegos” guarda una Xbox, y en verdad lo que almacena es un arsenal útil a la práctica sadomasoquista. Se ríe el público -probablemente para aliviar tensiones- en los momentos calientes, sobre todo en los anteriores al primer encuentro sexual. Se ríen también para señalar los fragmentos con los que se identifican, como cuando, con bastantes copas de más y pese a las advertencias en contra, la protagonista marca en su celular el número de Grey. Se ríen para denunciar los clichés groseros, como el baile improvisado en el medio del lujoso living de él (Christian no sólo es un excelso amante y un millonario exitoso; además baila de maravillas).

7- Y, sobre todo, sonríen cuando aparece él. En la penumbra envolvente de la sala, Grey es una deidad meritoria de todo tipo de sacrificios (y suspiros).

8- Sobreviene el primer beso. Arrastra la carga de lo que se espera durante largo tiempo. Christian sujeta a Ana de la nuca, la atrae hacia él y la atrapa entre las paredes metálicas de un ascensor. En el público, una veinteañera se tapa los ojos con ambas manos y se hunde algunos centímetros en la butaca.

9- Diálogo escuchado en la sala:
- ¿Sabés si falta mucho para la cuestión?
- Pará un poco, che, si después vamos a tener de más.

10- Si “la cuestión” es el sexo puro y explícito, no llega jamás. Si se refiere a los momentos eróticos, con muchas más sugerencias de las que el libro perdona, no hubo de más; al contrario. ¿Por qué entonces tanto revuelo? Dejando de lado las explicaciones basadas en el marketing, sí puede decirse que los protagonistas saben construir una química y una tensión crecientes. Estados del alma y del cuerpo que luego solucionarán simulando encuentros sexuales recurrentes. O como resumió otro de los espectadores: “ohhh, ¡estos se agarran en cualquier lado!”. Sí. Pero hasta ahí nomás llega la cosa.

11- Él le ha confesado sus gustos sado.
Ella le ha confesado que es virgen.
En una concesión generosísima, él decide entonces tener una primera vez ‘normal’ con ella, sin ningún juego o agregado que la pueda intimidar.
Se desnudan (él la desnuda).
Un grupo de amigas larga una risita. “¡La mina no se ha depilado las piernas!”, se asombran.

12- Frase inmortal de Grey: “yo no hago el amor. Yo c... Duro”. A alguien, en las filas de atrás, se le caen los pochoclos.

13- Y, sin embargo, la escena que más alaridos y expresiones de asombro genera es una de la primera cita de Ana y Christian, aquella en la que él la espera frente a su propio helicóptero. “Así cualquiera tiene levante”, dirá un treinteañero a la salida.

14- La película lleva casi dos horas. Un chico intenta besar a su novia en la oscuridad.
- No, no, bancá. Ahora no.
- ¿Después sí?
- Después cuando quieras.



...EN FIN PELÍCULA Y NOVELA PARA AMA DE CASA DE PAPO GORDO.
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