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a mi hijo no lo mato la guerrila, lo mato el ejercito

(Ibagué, agosto 7 de 2014) Hace ocho años don Raúl Carvajal Pérez viene luchando por el esclarecimiento pleno de la muerte de su hijo, Raúl Antonio Carvajal Londoño, 29 años de edad, que al momento de su crimen era suboficial del ejército nacional, adscrito al batallón Ricaurte con sede en Bucaramanga.



La versión que le suministraron los altos mandos militares que era que su hijo había caído en un cruento combate con la guerrilla en el municipio de El Tarra, Norte de Santander, lo cual al parecer no es cierto y todo indica que fue asesinado por el mismo ejército al negarse a asesinar a dos personas para ser pasadas como guerrilleros dados de baja en combate (falsos positivos). Su padre clama justicia y a pesar de las continuas amenazas sigue buscando apoyo. Quiere ir a la Habana ahora que se discute el tema de las víctimas para decir que no fue la guerrilla la que asesinó a su hijo su el mismo ejército nacional.



La entrevista concedida es la siguiente:

- ¿Quién era su hijo y cómo llegó a hacer parte de las fuerzas militares?

Era un muchacho bueno que terminó su bachillerato y como no podía darle más estudio, se presentó para buscar la libreta militar y así poder buscar trabajo. Le tocó irse y se quedó allá. Ya llevaba nueve años de servicio cuando lo ascendieron a cabo primero, trasladándolo para el batallón Ricaurte de Bucaramanga, que estaba al mando del teniente coronel Álvaro Diego Tamayo Hoyos, gran promotor de los falsos positivos en Colombia. Lo mandaron a asesinar dos muchachos para hacerlos pasar por guerrilleros caídos en combate, él no quiso y por eso lo asesinaron.



Lo sé porque él me llamó el 22 de septiembre de 2006, a las 8:38 de la mañana, aproximadamente, para darme la noticia de que tenía un nuevo nieto, que era una niña muy linda y que en diciembre iba para que la conociera.

Me dijo que se iba a retirar porque lo habían mandado a matar dos muchachos para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate y que él se había negado. Por eso se iba a retirar. El ocho de octubre de 2006, llamaron a mi hija para decirle que había caído en combate a manos de la guerrilla. Eso es mentira. Lo llevaron allá y lo asesinó el mismo ejército. Tengo suficientes pruebas. Incluso, lo llevaron amarrado, lo torturaron. Hicieron toda una película para hacer creer que había sido asesinado en combate, repito, a manos de la guerrilla.





- ¿En qué se fundamenta usted para afirmar categóricamente que su hijo militar fue asesinado por mismos militares?



Mi hijo fue asesinado por los mismos militares porque en primer lugar ellos no han querido que se haga una investigación a fondo, en segundo lugar, hay muchas inconsistencias y contradicciones en las versiones suministradas. Los dos declarantes afirman que mi hijo fue helitransportado incluso, que le colocaron suero antes de asesinarlo, porque estaba muy enfermo. Iba torturado, golpeado, le quitaron el celular. Para que aguantara llegar al cerro de La Virgen, le colocaron suero entrevenoso. Eso está en la declaración que dan los soldados.



- ¿Quiere decir que su hijo fue obligado por sus superiores a ir a ese supuesto combate enfermo?

Sí, a él lo sacaron enfermo de Bucaramanga. Sin embargo, nada de eso los superiores me han querido decir, mucho menos en qué condiciones lo hicieron. Yo me apego a la declaraciones de los dos soldados e investigaciones por aparte que he venido recuperando en estos ocho años de lucha por conocer realmente la verdad y que haya justicia para que el crimen de mi hijo no quede en la impunidad y el mundo sepa de lo que sucede en Colombia con las fuerzas militares. La esposa de mi hijo, sospechosamente también se niega a hablar, no está dispuesta a colaborar para que se esclarezca este horrendo crimen.



- ¿Qué dice la esposa del uniformado asesinado? ¿Cuál es realmente su comportamiento?

La conducta de su esposa es que ella no habla, no quiere decir nada. Se desapareció una vez ocurrió el crimen y la encontré cinco años después en Puerto Carreño, Vichada, con la niña. Ella se comprometió a llevármela una vez al año para verla, pero resulta que un día le dije que me gustaría que la niña fuera sometida a la prueba de ADN, desapareció. Al parecer ella no vive con la niña, se la regaló a una hermana suya que vive en Puerto Carreño.



- Tengo entendido que usted ha hablado con altos mandos militares y autoridades nacionales. ¿Con quienes exactamente?

Le protesté al ex presidente Uribe yendo hasta la hacienda el Ubérrimo, le llevé un camión; le hice protesta durante la inauguración de un colegio infantil, en el Centro de Convenciones, de donde me sacaron a la brava; después me tocó el general Buitrago con quien discutí porque supuestamente el presidente le dijo que me atendiera, pero lo que hizo fue tratarme mal, me mandaron en una camioneta a Montería para que firmara unos documentos, los cuales no firmé.



Después intentaron desaparecer el cuerpo de mi hijo porque me llamó Luis Fernando Quiroga Ferreira, inspector general de las fuerzas armadas, quien me llamó a preguntar por los restos, me imagino para desaparecerlos, porque no tenía por qué preguntar por ellos, sí ellos mismos me lo habían entregado a mí. Era para desaparecer las pruebas de que ellos mismos lo habían asesinado. Medicina legal dice que le falta un pedazo por donde le entró la bala y un pedazo por donde le salió, la cabeza la tiene partida en pedazos, y se la rellenaron de periódico para poder armarla nuevamente.



Después hablé con el coronel Juan Carlos Gómez de los derechos humanos en Bogotá y el coronel Luis Alfonso Abella en el CAN cuando me le metí a la brava haciéndole protesta con la gorra de mi hijo puesta y la bandera nacional. Me prometieron investigación, pero a la larga cerraron el caso. No hicieron nada.

- ¿En dónde fue asesinado su hijo?

Mi hijo pienso, estoy casi seguro que a él lo sacaron de Bucaramanga, amarrado, secuestrado con destino al municipio de El Tarra, Norte de Santander y allí montaron el teatro para hacer pasar su crimen como supuesta baja por parte de la guerrilla.



- Un teniente le contó a groso modo la forma como fue asesinado su hijo. ¿Qué le dijo exactamente?

A mí me mandó a decir un teniente cómo había sido: Que a mi hijo lo habían llevado de Bucaramanga a una trocha del municipio El Tarra enfermo y en una curva el puntero se le adelantó y cuando mi hijo asomó le disparó y el siguiente puntero le disparó al que le había disparado a mi hijo. Luego, se formó una balacera para disimular. Eso fue todo.




- ¿Qué espera usted hallar en esta larga y tortuosa búsqueda que ya supera los ocho años?

Lo único que espero es que se haga justicia y que se le haga saber al mundo que mi hijo no fue asesinado por la guerrilla sino que fue asesinado por el mismo ejército porque se negó a asesinar a dos inocentes y hacerlos pasar como guerrilleros caídos en combate.



Se trata de mostrar también los crímenes que los superiores cometen con los mismos soldados. Uribe y Santos llevaron niños, enfermos, ancianos para ser asesinados y aumentar supuestamente la baja de guerrilleros y decir que estaban ganando la lucha en Colombia.




Hay que recordar que Uribe no fundó las convivir, fundó el paramilitarismo y él es el comandante. Él no quiere que se sepa esto. Los campesinos sabíamos y sabemos que adelante iba los paramilitares asesinando en Córdoba porque yo viví allí y detrás los militares cuidándoles la espalda para que la guerrilla no los atacara.



Eso es vox pópuli. Eso lo sabe todo el mundo. En Colombia no se puede denunciar porque se es asesinado como ocurrió con el alcalde de El Roble. Él le pidió protección porque lo iban a matar, el gobierno no hizo nada y fue asesinado. Un día de estos me matarán a mí, pero mientras viva seguiré en la lucha por saber la verdad y que brille la justicia. Es tiempo de las víctimas.

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