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A pesar de los pronósticos, la saga con los fondos buitre no

Las perspectivas para los próximos meses Aún falta definir si se acelerarán los vencimientos de deuda y si Griesa liberará más pagos.



Muchos pensaron que el largo y duro enfrentamiento entre los fondos buitre y la Argentina culminaría el 30 de julio, última fecha que tenían las partes para ponerse de acuerdo y evitar el default. Esperaban un final feliz donde todo el mundo salía ganando.

Se equivocaron.

A menos que JP Morgan, Citibank, el HSBC y el Deutsche Bank logren arrancarle un acuerdo a los fondos buitre, la saga continúa.

Y la trama se está poniendo cada vez más complicada. En este nuevo capítulo habrá nuevos actores y nuevos juicios.

Durante la audiencia del viernes el juez Griesa se limitó a ordenar que las partes sigan negociando. Argentina pidió que cambie al mediador Pollack, a quien acusó de parcial. Pero Griesa lo ratificó. Esto significa que esta vía para solucionar el conflicto está en suspenso por tiempo indeterminado.

La discusión sobre si Argentina entró en “default”, “default parcial”, “default selectivo” o “Griesadefault” a esta altura es teórica. En la práctica las cosas comenzaron a definirse. No sólo las calificadoras de riesgo declararon a la Argentina en default, sino que ISDA, la agencia internacional encargada de regular los seguros anti default (CDS) autorizó a que los seguros antidefault argentinos ya se puedan cobrar. La decisión fue tomada con tal rapidez que sorprendió a todos.

En efecto, la situación argentina es única y complicada. Si bien el gobierno pagó, los tenedores de bonos reestructurados no recibieron la plata. Por eso, el Bank of America había pronosticado en un documento preparado por Jane Bauer para sus inversores, que ISDA tomaría tiempo en decidir si los seguros anti defautl argentinos eran cobrables.

Pero ISDA lo hizo en una mañana.

Paralelamente, hay tenedores de bonos reestructurados que teniendo en cuenta que no pudieron cobrar el vencimiento del 30 de junio ya están pensando en pedir la aplicación de la cláusula de aceleración. Esta cláusula establece que en caso de default, los bonistas (tienen que ser por lo menos el 25%) pueden exigir que se les pague el capital e intereses, todo junto inmediatamente.

Tiene 60 días para hacerlo.

Si lo hacen, eso implica automáticamente la aceleración de los pagos del 92% de tenedores que ingresaron en los canjes de 2005 y de 2010.

Cuando los periodistas preguntaron si Argentina iba a ofrecer a estos bonistas canjear sus bonos por otros emitidos bajo jurisdicción argentina, el ministro de Economía, Kiciloff, no respondió. Eso significa que por el momento el llamado Plan B no está en juego.

El alcance del default dependerá en gran parte de lo que decida hacer el juez Griesa con los bonos emitidos bajo jurisdicción europea, japonesa o incluso argentina. Hasta ahora, Griesa autorizó sólo por una vez el pago de los bonos emitidos bajo jurisdicción argentina en pesos y en dólares. Pero todavía no decidió sobre todo el resto.

Griesa también tiene que decidir qué hacen el BoNY y el JP Morgan con los pagos recibidos de Argentina. El BoNY no quiere mover los 539 millones que le depositó Argentina. Pero los buitre han pedido que esa plata sea devuelta a Argentina. Al principio, Griesa se inclinó por esta solución, pero cuando el BoNY argumentó que si devuelve la plata será objeto de una cantidad de juicios, Griesa dio marcha atrás. El veterano juez tampoco decidió qué hacer con los US$ 2.600.000 que Argentina le pagó a la filial de JP Morgan en Tokio para que sean girados a bonistas con bonos en yenes.

Durante la penúltima audiencia, Griesa dejó en claro que no conocía o no entendía la complejidad de la situación que desencadenó su fallo y por eso ha sido criticado no sólo por la prensa argentina sino que también por la estadounidense. Es decir, nadie sabe ni cuándo ni cómo Griesa resolverá todos estos temas.
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