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A propósito de Gustavo Cerati

Por Edgardo Solano

La futbolización y el prejuicio de cierta parte del público rockero condenaron por largos años al líder de Soda Stereo a un sitio que no le correspondía, por suerte el tiempo acomodó las cosas en su lugar.



La absurda futbolización de rock argentino condenó a Gustavo Cerati durante décadas a un sitio que no lo correspondía. Esa mirada miope, que arrancó en los ’80, dividió aguas entre quienes lucieron unos raros peinados nuevos y otros que, supuestamente, tenían una propuesta más barrial.

Ese maniqueísmo rockero llegó al paroxismo cuando un sector del público bramaba en los recitales de algunas bandas pidiendo por la muerte del líder de Soda Stereo y por la inmortalidad de Luca Prodan. Al margen de la ferviente solicitud de la masa, estos dos músicos compartieron los mismos escenarios del under porteño durante los eufóricos días del retorno de la democracia y hasta tenían influencias musicales similares, como The Cure por ejemplo.

El prejuicio, mal consejero si los hay, generó que las huestes de rockeros más cercano a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o a Sumo, por ejemplo, rechacen de plano a esa música condenada eternamente al infierno por comercial. También ese prejuicio también se hizo presente en la vereda de enfrente, repitiendo enfrentamientos inexplicables como el que mantuvieron cierto sector del público de Luis Alberto Spinetta y de Charly García.

Sobre estas viejas antinomias, el saxofonista de Los Redondos Sergio Dawi se declaró muy “conmovido” y con “una inmensa pena” por el fallecimiento de Gustavo Cerati, a quien consideró “un artista de un talento enorme y gigantesco”.

En diálogo con la agencia de noticias Télam, Dawi afirmó que “una parte de Gustavo va seguir vibrando entre nosotros. Hay muchos en otro estado y dimensión que están esperándolo para hacer música”.

Consultado sobre el fallecido líder de Soda Stereo, Dawi definió a Cerati como un artista con “un gran talento, una capacidad tan grande, era tan completo, era un gran cantante, un excelente guitarrista y gran letrista, que componía música de una manera excepcional”.

Respecto a la antinomia entre Redondos y Soda, Dawi fue contundente, “era falso, era parte del folclore futbolístico que contamino el rock, siempre hubo una admiración hacia la forma en que Soda y Cerati llevaron su trabajo, como llegaban a la gente, la forma en la que armaban esas canciones, siempre hubo mutuo respeto por lo que hacia el y por lo que hacia Soda”.

Esas diferencias irreconciliables siempre partieron más desde el público y hasta desde un sector de la prensa que desde los propios músicos. El Indio Solari también habló maravillas de Cerati y el líder de Soda invitó a compartir el escenario a Ricardo Mollopara una versión antológica de “Crimen”, en un encuentro cumbre.

El tiempo fue poniendo todo en su lugar y Gustavo Cerati también tiene su bronce en la historia del rock argentino y no hay exponente del género que no lamente su muerte, luego de los largos cuatro años que se mantuvo en coma.

Más allá de las rencillas pretéritas, Gustavo Cerati tuvo y conservó durante sus tres décadas de agitada trayectoria una voz cristalina y con interesantes matices, que ubican a su gola como una de las más bellas que surgieron a partir de los ’80,

También fue un destacado autor y compositor y fue creciendo en esta faceta a fuego lento hasta la maduración que encontró luego de la llegada a las bateas de un par de discos de Soda Stereo. Esta labor la profundizó aún más en sus últimos trabajos como solista, donde pudo explayar su creatividad sin los límites estilísticos de su exitosa banda.

Además, Cerati fue un excelente guitarrista rítmico y también fue digna su tarea durante los solos, con un sonido personal plagado de efectos. Es probable que Zeta Bosio y Charly Alberti, sus compañeros de ruta en Soda, nunca estuvieron a la altura de su talento, aunque cumplieron su labor de laderos sin fisuras.

“Sí hay un sueño cumplido, es este”, le dijo Cerati, con una humildad poco vista en una estrella, a Luis Alberto Spinettadurante el concierto de Las Bandas Eternas hace casi cinco años luego de que interpreten a dúo “Té para tres”, el tema más spinetteano de Gustavo, y “Bajan” del Flaco, que se ajustaba a medida a la voz de Gustavo. Cerati, al que apodaban el “Flaco” por su admiración a Spinetta, pudo partir con su sueño cumplido y también con el rock argentino rendido a sus pies.


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