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A Scioli no le cree ni Cristina y le desespera la caída

A Scioli no le cree ni Cristina y a Cristina le desespera la caída



30/10 – 12:45 - Ya no hay dudas que en segunda vuelta Daniel Scioli pierde, al menos todas las tendencias lo pintan como el gran derrotado de estas elecciones. Para colmo, el kirchnerismo hace lo que mejor sabe: despreciar, ningunear, ensombrecer, culpar y empujar al lodo al candidato. ¿De quién es la culpa?, de Scioli. El kirchnerismo se colgó de él como lo podría haber hecho de cualquiera que le debiera favores, pero está claro que nunca lo quisieron. Tantas veces anunciamos este final, que hoy, con los hechos consumados, no podemos menos que reponer nuestro punto de vista. (Por: Rubén Lasagno).

Scioli quiso independizar su mente de la acción y el kirchnerismo no se lo permitió; él no lo entendió así e insistió, creyéndole a Cristina cuando le decía que le diera para adelante, que ellos apoyaban. Ellos (los K) no lo apoyaban, lo necesitaban que no es lo mismo, porque el kirchnerismo como tal nace y muere en ellos mismos, no hay cuadros, no hay referentes, no hay representantes por fuera de los que son. De ahí la necesidad de crear al hijo pavo, en un heredanombre de su padre, armarlo un poco y largarlo al ruedo para que pique en la arena en la que bien jugaron sus padres. Como lo hemos dicho en varias oportunidades, con Scioli y Cristina, se repite la fábula del sapo y el escorpión. La naturaleza traidora y mendaz del kirchnerismo/cristinismo, es más fuerte que cualquier interés, acuerdo o compromiso hacia delante, con cualquier persona, candidato o ideología.

Scioli, claro está, se lo tiene bien merecido. Siempre fue una alfombra lustrosa y suave para el kircherismo, pensando que le iban a retribuir favores. O no lo conocía suficiente a Néstor y a Cristina, o está enfermo. Tiene lo que merecen tener los tibios, a quienes dicen que Dios los vomita y podíamos agregarle que el kirchnerismo los escupe.

No hay diputado, senador, funcionario o periodista, que pueda jugar un doble estándar dentro del kirchnerismo. Se entrega todo o no se es parte del “modelo”. Así aparecen los Víctor Hugo, los Brancatelli, los 6,7,8 y ejemplares faunísticos de la política nacional como la diputada Conti, Depetri, Aníbal Fernández, Luis D´Elía, Kunkel y tantos otros, que no viene al caso nombrar.

Scioli creyó que como lo necesitaban para no desaparecer de cara al 2016, él podía maniobrar como lo había hecho con cierta soltura, mientras era gobernador y se equivocó. Cuanto más metido lo tuvo al kirchnerismo entre sus ropas, más tóxica resultó su relación con el régimen. Cuando le pusieron a Zanini, para que “lo acompañe” en la fórmula, en realidad le pusieron un “incubus”, lo colonizaron con lo peor del kirchnerismo, para bajarlo en la primera de cambio, tal como lo tiene planeado Cristina si llegara a la presidencia, hecho que por el momento está muy lejos de concretarse.

Y el sapo (Scioli) cargado con el escorpión (Kirchnerismo/cristinismo) al hombro tuvo hasta la ilógica idea de cambiar su perfil, endureciendo el discurso, tratando de parecerse a los Kirchner. Pretendió sacar chapa de guapo para gustarle a Cristina, aún cuando sabe que la presidenta lo detesta y está claro que no lo nombra en sus discursos ni lo tiene en cuenta en sus decisiones.

Hace poco, en una cena en el Calafate, un ex Secretario de la mandataria, contó anécdotas sobre la violencia verbal que tiene CFK en sus raptos de furia y particularmente hacia Scioli, pocas veces escuchadas de la boca de una presidenta que ha hecho una norma del insulto y la descalificación hacia quienes la rodean. Este ex funcionario K ha confesado que Cristina se refiere a Scioli como “el bobo ese” y “el cara de nada”, entre las cosas más livianas que le dice en la intimidad. Esa misma presidenta, es la que en su momento le tendió un puente para que el gobernador bonaerense lo cruzara, ya que como su índice de aceptación pública era alto y el kirchnerismo se moría de inanición, necesitaba urgentemente una transfusión de votos. Scioli se la creyó, la ayudó a cruzar el río y en medio del cauce, Cristina, le clavó el aguijón de la cola.

Pero ya nada le alcanza para perpetuarse. Está prácticamente decidido el voto de la gente independiente, el de quien rechaza este modelo autoritario, corrupto, prebendario y mentiroso; han llegado las últimas luces de este populismo barato que va a dejar a los argentinos al margen, en la pobreza y fuera del mundo. Y claro que quien venga va a tener que hacer de chico malo, porque para recomponer todos los desajustes de al menos 6 años de desastre administrativo y político, no se va a poder generar políticas sobre un lecho de rosas. Y allí estarán ellos, los kirchneristas, voceando desde las sombras y recordando que cuando ellos estaban, todos estábamos bien… y especialmente para ellos.

Scioli es solo un cascarón que el kirchnerismo pretende utilizar para perpetuarse. La gente de bien, quienes quieren un cambio en serio, jamás le pondría un voto a este gobernador ambicioso, con cara de amable (por ser bondadoso en el calificativo), enriquecido en el poder, mentiroso y que lidera la política desde hace 8 años en Buenos Aires, estado provincial al que lo tiene sumido en la pobreza, el narcotráfico, la inseguridad y con sus economías regionales destruidas, sin obra pública ni infraestructura desde hace casi una década.

Lo dijimos en varias oportunidades. Advertimos quién era Scioli y quién era el kirchnerismo. No nos equivocamos. También nos adelantamos a lo que iba a pasar en las elecciones. Ahora estamos absolutamente convencidos que esta polarización generada por el ballotage, remarcará las diferencias y sacará a la luz la peor cara que el kirchnerismo no quiere ver: la derrota total y por un margen vergonzante.

Y algo de eso ya empezó a suceder. Volviendo a la fábula del principio, también como el escorpión, el kirchnerismo se suicida cuando se ve amenazado. Y el desmadre que sufre internamente, más el ninguneo increíble al que expone a quien (supuestamente) es “su” candidato, lo arrastra al fondo de un foso que amenaza con sepultarlo. Y los ladrones y oportunistas de siempre, aquellos que no han tenido moral ni convicciones con ellos, como no lo tendrán con el que venga, han comenzado a virar para no perder la jugosa mensualidad que en forma de pauta, contratos o de prebendas, llegan a sus bolsillos.

Por eso para Víctor Hugo ahora Vidal es “querible” y dice “me conviene Macri, pero detesto ese mundo” (¿?), Alberto Samid diciendo “cada vez que hablaba Cristina por Cadena perdía 700 mil votos”, el Nazi Luis D´Elía aparece como un autocrítico y los de Carta Abierta, cuestionan a Montaner. Un circo de impresentables donde la nazi Hebbe de Bonaffini es más sincera que todos, al reconocer que Scioli es una porquería, que hizo mierda la provincia de Buenos Aires y que lo tienen que votar para que no se le corte el negocio. Una vergüenza por donde se lo mire; es el resultado que nos dejó, socialmente, la década ganada.

Las segundas vueltas para los que saben que se reconocen perdedores de antemano, son una lápida en su historial político. Ni Menem se atrevió a entrar en esa picadora de carne que es el ballotage y gracias a esa escapada a tiempo, Néstor asumió legal pero ilegítimamente, con apenas un 22%, sin ningún tipo de consenso y poder en el país.

Pero está bueno que Scioli no renuncie a presentarse, aunque nadie asegura que Cristina no lo obligue a hacerlo para que con él no caiga Zanini, que es el fiel representante de la plaga K, enquistada en el poder. Tendría que legislarse sobre el tema y obligar a que cuando haya un ballotage, los candidatos no puedan renunciar. La derrota que se asoma para Scioli y Cristina, es demoledora y lo peor, no porque todos lo quieran a Macri, sino porque están cansados de ellos. Y a los fines políticos, es el peor balance que puede tener un final de mandato de 12 años consecutivos.

Los esfuerzos y el dinero van a estar puestos, no para sostener a Scioli, sino para sostenerse a ellos mismos; pues si el motonauta no gana, el kirchnerismo desaparece.

Scioli se ha quedado sin nada, ni siquiera su capital político pudo resguardar en el último tiempo. Ha salido a prometer cosas que jamás se le hubieran ocurrido antes; solo en la desesperación por cooptar el favor del voto independiente, el gobernador de Buenos Aires promete cualquier cosa que quiera escuchar la gente y que haya tirado Massa como condicionante para que su sector apueste a uno de los dos, aunque ya han sido más que claro que no aportarán al continuismo, es decir que Scioli no será votado.

El kirchnerismo ya no tiene nada; arriesgarlo todo es lo de menos. Ahora si van por todo, aunque los pronósticos sean adversos y la derrota final, irremediable.
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